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Full text of "Apuntes para la historia de Michoacán"

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¡^arbartí College l.i&rars 




FROM THE FUND 

FOR A 

PROFESSORSHIP OF 

LATIN-AMERICAN HISTORY AND 

ECONOMICS 

ESTABLISHED I913 



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APUNTES 



-PA-R?^ LA- 



HISTOBIA DE MMOÁCAN, 



ESCRITOS H)R KL 



TeÉDle GoroDel MaM Mosa 

y publicados bajo los aust>ic1o5 del Sr. 
Gobernador 

Dn, Aristeo Mercado- 



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MORELIA- 

TALLERES DE LA ESCl'ELA INDUSTRIAL 
MILITAR PORFIiílO DÍAZ. 




190«. 






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— PARA LA 




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ESCRITOS 

FOR EL mm coRom iásüel barbosa 

Y PUBLICADOS BAJO LOS AUSPICIOS DEL SEÑOR 
OOBERNADOR 



''^\JÍQ2^<* 



MORELIA. 

TALLERES DE LA ESCUELA INDUSTRIAL 
MILITAR PORFIRIO DÍAZ. 

1905, 



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/ I*. >«VARD COLLEQE UBRmY 

MAY 18 1921 

lATIN-AyÉRlCAM 






DEDICATORIA. 



aaaaa H kaS^tcart e^toi- akunteA- 

EL AUTOR. 



4-5^§W^O 



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UNA EXPLICACIÓN. 



Fui invitado por el Sr. Lie. Eduardo Ruiz para - 
que le refiriese todos los acontecimientos militares 
que conociera respecto de los hechos de armas que 
tuvieron lugar en las diferentes revueltas del país, 
hasta la época de la intervención francesa y el triun- 
fo- de Tuxtepec; haciendo constar en ellos, si dable : 
fuese, los cantares de la tropa en aquellos tiempos, 
los nombres de los caudillos, sus épocas y Jos acon- 
tecimientos más notables para acumularlos á otros 
apuntes, mediante los cuales pudiera formarse la . 
histpria general de la República y la especial de 
Michoacán, 

Mas al tratarse también de un Estado, como 
este, en donde vi la luz primera, acepté gustoso la 
invitación, por encaminarse á precisar los méritos 
y servicios de aquella entidad federativa; y, en con- 
secuencia, df principio á recojer los datos de- 
seados, tomando al efecto, por punto de partida, 
el año de 1829, fecha "en que algunos jefes federas, 
les comenzaron á desconocer el gobierno central 
del General Santa Anna, haciendo armas en su con- 
tra, á fin de hacer cambiar aquel orden de cosas. 



-6- 

De entre esos jefes, el ciudadano General Juan 
B. Codallos fué el primero en tirar el guante á ios 
tiranos, manteniendo una lucha bastante desigual, 
en la que tantos patriotas fueron sacrificados en el 
combate, en los patíbulos y presidios, sin que ese 
terrorismo fuera bastante A hacer desistir de tan 
colosal empresa á los jefes iniciadores de aquel 
movmiento, del propósito de derrocar algún día al 
gobernante absoluto. 

Llevando á efecto ese pensamiento, se le comba- 
tió periódicamente más de 17 años, hasta que por 
fin con el triunfo de "Ayutla." en Septiembre dé 
1856, los federales recojieron el fruto de sus afanes, 
de tanta sangre derramada en dicho período, de- 
rrocando por completo el Gobierno despótico del 
General Santa Anna, y concluyendo con ese moti- 
vo el Ejército permanente de aquellos tiempos, es- 
tableciéndose luego un gobierno popular, represen:- 
tativo en toda la República, y dándose en seguida 
una Constitución de que carecía el país, tan con- 
veniente, como sabia, según la sancionada y publi- 
cada en 5 de Febrero de 1857, que está vigente 
aún. 

Dicho punto de partida tuvo por objeto dar á co- 
nocer á las generaciones venideras los heroicos 
episodios militares de aquellas épocas de que en 
seguida se hará mención, para qtie en vista de 
esos hechos gloriosos, el pueblo agradecido les 
consagre siquiera un recuerdo, como defensores 
que fueron aquellos patriotas de sus legítimos de- 
rechos. 



IFEBENCIAS PABA U HISIRIA 

DEL país. 



* I 






ANTECEDENTES MILITARES - 

tantalio» ^e kutnn fmuU n vtcú^i'^ot htt'^e 18S9 
Á 1879, ftsifn tn qm iünnfi ti $iiitt 



^timua ép0m. 



I. 

Se pronimcia contra el Gobierno del General í*residente Don An- 
tonio López de Santa Anna el General Codallos, Jefe federal de 
gran popularidad en Michoacán. 

El General Don Juan José Codallos, altamente 
disgustado con el sistema de gobierno existente en 
la República en aquella época, le desconoce pro- 
nunciándose entonces por la Federación, en eí Sur 
de Michoacán, en fines de 1,829; y en 1,830 se 
acerca á las goteras d^ la capital de ese Estado 
con una fuerza respetable, situándose con ella, en 
el Llano de Santa María, amenazando á la Ciudad 
con un sitio, 

Allí pasó el día, y al siguiente se destaca una co- 
lumna salida de la plaza que atacara á la del Ge- 

2 



— 10- 
neral pronunciado quien, dando sus órdenes, se 
dispone á recibirla presentándole acción; y en con- 
secuencia, ambas fuerzas se acometen briosamen- 
te, rechazando las de fuera á las de adentra, ó es- 
tas á aquéllas, según lo determinaba el terreno ó 
lo exigía lo ejecutivo de los fuegos, resultando en 
cada maniobra de esas algunos muertos y heri- 
dos. 

Así terminó el día sin que la victoria se pusiera 
de parte de algu»a de los combatientes; y al acer- 
carse la noche, manda Godallos reunir y retirar sus 
fuerzas, á los altos^del pueblo de Santa María, re- 
concentrándose con ese motivo las del Gobierno 
á la plaza, sin que se hubiera levantado el campo, 
que quedó al frente de las tropas sitiadoras. 

A la madrugada de otro día, después del toque 
de diana, se retiró el General de aquel campo, aca- 
so porque se le hayan presentado inconvenientes 
insuperables para la permanencia del sitio y, sobre 
todo para la ocupación de la plaza; tomando en 
consecuencia, el rumbo de la sierra de Acuitzio, 
sin que se le mandase perseguir; siendo de supo- 
nerse que al retirarse Codallos de los ^iltos de 
Santa María, el campo debió ser levantado por las 
fuerzas que cubrían la plaza de la Capital. 

A los tantos días de ese acontecimiento, apare- 
ció el relacionado General en el Distrito de Tacám- 
baro, cuya población hoy lleva su nombre, y en el 
mismo territorio fué después activamente perse-, 
guido por tropas del Gobierno, á las cuales comba-* 
tió con éxito las más veces. 

Nunca se supo por qué motivo relevó el Gobier- 
no las fuerzas que antes perseguían á Codallos, re- 
poniéndolas con las del Coronel Antonio García, á 
fin de que ese Jefe siguiera en su persecución, y 
en la primera acometida que dio á las tropas de 
aquel General, éstas le dieron una mu}' buena lec- 
ción en el paraje denominado "En lo de Mariana, u 



^ -li- 
ten eno perteneciente á Ja hacienJa de San ;Anto- 
nío de ^as Huertas, é inmediato al pueblo de Nocu- 
pétaro del mismo Distrito; y en aquel lugar dej(5 
muertos algunos hombres, armamento, caballos y 
municiones, obligándole á retirarse de aquel sitio 
,con precisión, rumbo á la hacienda antes indicada; 
dando orig-fn ese hecho de armas á qiie el pueblo 
ó los parciales, exclamasen del modd siguiente: 

«No te apresures García 
Ni atormentes más tus penas 
Que has de cójer á Codallos 
Como al modo de arganenas,> 

Con motivo de lo ocurrido al Coronel García En 
lo de Mariana, se mandó una sección más á efec- 
to de que la persecución fuera más activa; pero que 
sin embargo, no dio el resultado apetecible, puesto 
que las tropas de Codallos hacían frente á sus per- 
seguidores batiéndolos con éxito. 

Más tarde y ya á fines de 1830, ocurre también 
en su persecución otra fuerza del Gobierno, á las 
órdenes del General Moctezuma y entonces y con 
ese motivo, la cosa se puso muy grave, porque se 
le persiguió con tanta actividad en sus correrías, 
que no se le daba lugar muchas veces, ni aun á 
dar pienso á la remonta; y siendo mucljo menor el 
número de su ti^opa para seguir haciendo frente á 
la situación, se vio precisado Codallos á emigrar 
con ella al interior de la tierra caliente, por cuyas 
poblaciones fué también perség'uído. y no pudíen- 
do permanecer en ellas tampoco, adoptó el medio 
de internarse al Estado de Guerrero y ocupar por 
defensa el histórico pueblo de "Barrabás," y las 
mesas de Serrato que en otra época ocupó tam- 
bién el caudillo de la Independencia Don José Ma- 
ría Morclos. En dichos países permaneció el Ge- 
neral Codallos más de un aflo, hasta que en 1831, 
.en que entraron en aumento las fuerzas federales en 



lO 

— i«# 

el Estado de Michoacán, resolvió regresar á él para 
continuar la g^uerra en contra del centralismo, apo- 
yándose Gon ellas al efecto. De paso entonces por 
la hacienda de la Loma para Tacámbaro, es ataca- 
do allí por una sección de caballería procedente del 
GobiernOr y triunfando de ella por completo, se re; 
tira de aquel campo, sm levantarlo, rumbo á Santa 
Bárbara, con fnotivo de que le perseguía muy de 
cerca el General Moctezuma. 

Pasados algunos días de esa ocurrencia, sigue 
una terrible persecución á los federales de aquella 
época, porque se mandó sobre ellos la Brigada del 
General Moctezuma, el Regimiento del 10, al man- 
do del Coronel Pedro González, y la sección de ca- 
ballería cjel Coronel García; y después de algu- 
nos meses de ser perseguido, el General Codallos 
es sorprendido con su fuerza en la hacienda de 
San Rafael Turicato, del Distrito de Tacámbaro, 
en Noviembre del referido año de 1831, por la Bri- 
gada de Moctezuma, la cual le derrotó completa- 
mente, tomando prisioneio á Codallos, y con él á 
diferentes oficiales, que fueron remitidos á Pátzcua- 
ro á fin de que se les juzgase militarmente, pre- 
vias las formalidades de estilo. 

IRRISIÓN Y MUERTE DE CODALLOS. 

Con noticia en México de la derrota y cautive- 
rio del General Codallos, la agrupación á que per- 
tenecía ese Jefe, nianda de su .s(mo al Sr. Luis Ta- 
bpada de la Miaña para que en desempeño de su 
comisión, ocurriera a Michoacán, apersonándose 
con el Gobierno de ese Estado, ó con los. Jefes 
aprehensores, solicitara indulto en favor de su con- 
socio el General Codallos; y una vez en Michoacán 
ese comisionado, pasa á Pátzcuaro, se acerca á los 
Generales Otero y Armijo coq su solicitud de in- 
dulto: éstos se niegan á concederlo por no tener 



—13— 
facultades, y en esa inteligeiraa, ocarre al Gene- 
ral Moctezuma con la misma pretensión^ ñeg^ándo- 
se también á concederla por encontrarse en el 
mismo caso que los otros Jefes, pero que sí podía, 
según sus facultades, aplazar la ejecuckSn dtí^ Co- 
dallos y compañeros para más tarde, eti caso de 
que el superior se negase á conceder el indulto. 

En esa inteligencia regresó á Morelia Taboada, 
acercándose en seguida al Gobierno de aquel Es- 
tado, presentando algunas recomendaciones que 
allí recibió de México y solicitando luego el indulto, 
que también le fué negado. - 

Con ese motivo, y dentro del plaso señalado por 
Moctezuma, se desprende de Morelia el comisio- 
nado, vuelve á México, en donde debía decidirse 
de la suerte de los prisioneros radicados en Pátz- 
cuaro. Al efecto agencia aquél tan^tén buenas y 
nuevas recometídacfones para llegar faasta el Pre- 
sidente de la República eri solicitad de sa clemen- 
cia;' pidiéndole la gracia de indulto en faiiror de 
aquellos seres infortunados que esperaban la .in- 
dulgencia de parte del Gobierno de la Nación. 

Ese último paso fué también intitíl, como (os de- 
más, porque sólo se consiguióla humillación y el 
desprecio; de donde resultó que todas las esperan- 
zas de salvación quedaron perdidas, pues lo único 
que se quería era el sacrificio de les prisioneros, 
que no tenían más delito que haber defendido una 
buena causa; Entretanto pasaban tssas ocurren- 
cias, los infelices prisioneros, fluctuaban entre la 
vida y la rñuerte, á discreción de sus enemigos y 
con todas ISis probabilidades de scht sacríñcadQS de 
un día á otro. 

Cuando el General Moctezuma estuvoseguro de 
|ue hada favorable á los prisioneros ise h^ía al- 
canzado, los mandó preparar y encaptilar en se- 
f uida, para que fuesen fusilados en la mañana del 
lía siguiente; y lo fueron, en efec^^ alas iOde.ese 



—14— 
día, frente á las tapias de una huerta de Nogales, 
situada a\ Norte del santuario de Guadalupe de la 
misma ciudad de Pátzcuaro. 

Una vez colocado d cuadro en el paraje, indica: 
do y nombrados los tiradores, se mandaroíi trasla- 
dar al General Codallos y subalternos^ al sitio de- 
signado para la ejecncióo, y estando ya colocados 
los nombrados reos poÚtico's en el lugar que á ca- 
da uno se seftaMt Codallos, que aun permanecía 
cubierto con una buena capa española, de color 
verde botello^ quita ese abrigo y pide permiso 
al jefe ejecutor para que se le acercase un hon)- 
bre del pueblo que seRflló; y sin inmutarse siquiera, 
le dice: **Toma esta prenda — poniendo en sus ma- 
nos la capa— la cual te doy, para que si se rae en- 
ciende la ropa al ser fusilado, me hagas el ser- 
vicio de mojarla y luego la caridad de apagar mi 
•cuerpo.*' El hombre indicado recibió la prenda, 
dando las gracias á su favorecedor por el obsequio 
inesperado, ofreciendo cumplir fielmente con el en 
cargo en caso dado, á cuyo fin :estaría listo mo- 
jando luego los estremos Je la capa, en la fuente 
más inmediata y colocándose con ella en el lugar 
que mejor le pareció. Luego, el misino General 
Codallos regaló á sus tiradores el dinero que le 
quedaba en el bolsillo, suplicándoles le disparaiíui 
con acierto, y también regaló al oficial su reloj. 

En seg*uida son vendados, el infortunado Gene- 
ral, lo mismo que sus subalternos, y mandados po- 
ner de hinojos en aquel sitio, se hace la señal de 
fuego y se escucharon luego con condolencia de 
los espectadores las detonaciones imponentes de 
las armas de fuego que acababan de arrebatar la 
preciosa vida de aquellos mártires que exánimes 
quedaron en el lugar de la ejecución cubiertos con 
su propia sangre, sin más delito que haber defen- 
dido los derechos de un pueblo oprimido. 

Pasada la ejecución, la multitud que á ella asig- 



tió se retiró de aquel lugar- El cuadro cambió de 
posición, formando en hileras la tropa ^ue. lo com- 
ponía, parA ponerse en marcha y regresar^ su 
cuartel. 

Los cadáveres de los ejecutados quedaron al- 
gunas horas en el lugar del suplicio, acompañados 
de algunos curiosos y cuidados de la policía, no- 
tándose entre aquéllos, el hombre de la capa que 
con ella en las manos aún, contemplaba con triste- 
za el cuerpo rígido de su favorecedor. Ma's luego 
fueron levantados y conducidos los cadáveres á su 
líltima morada, hasta donde Antonio Negrón, que 
así se llamaba el beneficiado, les hizo compañía, 
mirándoles sepultar en el panteón y separándose 
luego de aquel fünebre recirtto, perdiéíidose luego 
entre la multitud, sin haberse visto en el penoso 
caso de hacer uso de la prenda regalada con el fin 
indicado. 

En dicha época estuvieron también en Pátzcua- 
ro con una fuerza del 10 de Caballería, los antes 
dichos jefes Otero y Armijo, como auxiliares de 
Moctezuma; los cuales, después de haber permane- 
cido algún tiempo en aquella ciudad, regresaron á 
Morelia pasada la ejecución de los patriotas. 

El General Codallos sería entonces mayor de 60 
aiios, de estatura regular y delicada, de color blan- 
co pálido, pelo y barba canos, de buena cuna, de 
estilo agfí^dable, enérgico carácter y modales finos; 
ignorándose el lugar de su origen, estado y fortu- 
na. En cuanto á sus subalternos ejecutados en 
su compañía, no se tiene noticia ui aup de sus 
nombres. 

Los vecinos de Pátzciiaro se conmovieron d^^ 
masiado á la presencia de dichas ejecuciones, que 
presentaron un lastimoso cuadro, y á las cuales asis 
tió el que escribe estas líneas, por haberse encon- 
trado entonces en aquella Ciudad al servicio de 



—16— 
Don José Soria, En recuerdo de la víctima prin- 
dpal, cantaban sus partidarios: 

é 

cCodallos fué fusilado 
Por enemiga f 9xx:ión 
Como valiente soldado 
Liberal de convicción. 
En el pueblo Michoacano 
Su muerte fue muy sentida 
Pues que en tan preciosa vida 
Puso el destino su mano.> 

Por una fatalidad no pudo suceder lo que el pue- 
blo predijo en su primera cuarteta, referente al 
Coronel García, porque no admitiendo reforma al- 
guna las leyes ineludibles del destino. . el General 
Codallos tuyo que caer siempre en poder de sus 
enemigaos y que ser fusilado en Pátzcuaro, co- 
mo antes se ha dicho, concluyendo así sus días, 
tan eminente patriota, de cuya ejecución se en- 
contraban en. aquella época constancias oficiales 
en la Prefectura de la cabecera de aquel Distrito, el 
cual estuvo entonces á cargo de Don Nicolás Re- 
yes. Viven aún personas que la presenciaron. 

En 1832, no ocurrió nada notable que pudiera 
llamar la atención, en cuya fecha las fuerzas fede- 
rales siguieron la propaganda. 

Se presenta el año de 1B33 y con él la .epidemia 
del cólera, liaciendo terribles estragos en las po- 
blaciones, por cuyo motivo sé suspendieron las 
hostilidades entre los beligerantes, reconcentrán- 
dose las tropas federales á la tierra caliente» pobla- 
ciones del Sur de Michoacán, y tas del Gobierno, á 
sus respectivas plazas; mas como poco duraron los 
temores de la peáte colérica, apareció de nnevo la 
revolución en aquél Estado y los aconteciniientos 
de armas síigxiieron comoañtes.^*' 



^^ 



-17- 

11. 

Álgilnos federales son excitados á tomar las armas por 

los jefes de la rerólución para combatir al OoUemo 

OentraL— Don Gtordianp Onzmán.— Muerte 

del Coronel Oonxálex. 

* 

En 1834, el General Gordiano Guzmán, desafec- 
to á la administración del Presidente Don Antonio 
López de Santa Anna. por causaá bien conocidas 
de la Nación, se pronuncia en el Distrito de Coa- 
huayutla del vecino Estado de Guerrero,, con unos 
cuantos patriotas, y en pocos días reúne más de 
500 hombres 'regularmente montados y armados, 
mandados por buenosoficiales. 

Apoyado en esa fuerza y en la que pudiera reu- 
nírsele en el tránsito, al internarse en el Estado de 
Michóacán y llevando la propaganda de las ideas 
liberales, visita la mayor parte de sus poblaciones 
con resultado, incorporándosele algunos ciudada- 
nos listos en el servicio; dando por resultado que 
muy pronto reuniera cerca de 800 patriotas entu- 
siastas y valientes. 

Entretanto esto pasaba, el ^Cobierno recibe fre- 
cuentes partes de sus autoridades, comunicándole 
la aparición de dicha fuerza en el Estado^ y en con- 
secuencia, dispone que un Regimiento del 10, á las 
-<5rdenes de su Coronel Pedro González, se encar- 
dase de hacer una formal persecución á las hues- 
tes pronunciadas. 

Atendiendo esa orden, se manda alistar la tropa, 
se compran caballos, herrándose luego, y á los 
tantos días, sale de Morelia el repetido Coronel al 
frente de su fuerza en pos de los rebeldes, á quie- 
nes persigue empeñosamente; pero éstos no le pre- 
sentan acción, le hacen subir y bajar montañas, 
pasar caudalosos ríos barrancas profundas, reco- 

3 



-18- 
rrer planicies y poblaciones, caminos accidentados 
y veredas, sin dar lugar ni siquiera á un tiroteo li- 
gero; cuya conducta socarrona y maliciosa que du- 
ró algunos meses, hac^ trinar de rabia al Coronel 
González, porq^ue con ella se daba lugar á la deser- 
ción de la tropa y al aniquilamiento de la caballada • 
que mucho trabajaba y poco .coqjía, pues que to- 
do eso pretendían los sublevados al seguir 'tai con- 
ducta. 

Parece que todas esas ocurrencias fueron acaso 
porque aun no llegaba la hora fatal de aquél Coro- 
nel marcada por la mano del destino, hasta que al 
fin llegó el momento terrible de cumplirse, y, en 
consecuencia, en Enero de 1836 perseguidos los 
pronunciados muy de cerca por la caballería del 
10; da ti primer paso el General Guzmán, ponien- 
do en estado de defensa su tropa y formándola 
coaveníentementé en batalla sobre los callejones 
de la hacienda de Ayumbá. propiedad de los Va- 
lencias, de Cotija, para esperar al enemigo}^ batirse 
con él debidaniente, Este se avista luego y man- 
da el jefe respectivo que él priniér escuadrón die- 
se una carga á ía lanza sobre los pronunciados, 
quienes la rechazaron con brío. Sigue otra y pa- 
sa lo mismo; y en^a segunda maniobra muere el 
Coronel en Jefe Don Pe^ro González,, encargado ' 
de la persecución dé aquellos; resultando de ese 
empuje algunos muertos y heridos entre los beli- 
gerantes. Mas como el fallecimiento de González 
mterrumpió por de pronto las operaciones del ene- 
migo, sin mayor dificultad continuó el General 
Gordiano su marcha interrumpida por dicho .acci- 
dente, en dirección á Cotija, pero sin dejar de ser 
perseguida la fuerza de su mando por otra del 
mismo Regimiento, hasta inmediaciones del Cerro 
Verde. 

Molestado con ese hecho el General Gordiano 
dispone: que el Mayor Castoreña y el Capitán Lo 



-19- 
variaas se pusieran á la cabeza de la fuecza y die- 
ran sobre aquellos ^^ perros flojos^'' — palabras favo- 
ritas del General cuando estaba mole^ado— una 
media vuelta, cargando á la garrocha, y que en 
seguida su asistente José María el MachacbáUi le 
ensillara el caballo Caimán, porque le parecía que 
los perros gobiernistas estaban muy enojados. 
Así lo ejecutaron respectivamente aquéllos con la 
violencia del caso; mas como el enemigo hizo alto 
sobre el ^aminOj sólo hubo un ligero tiroteo, resul- 
tando de él algunos muertos, 1q mismo que he- 
ridos; y como muy pronto entró la npche, las 
tinieblas de ella pusieron fin á la lucha, retirándose 
de aquel paraje las fuerzas del Gobierno en direc- 
ción á Cotija, y las fuerzas de los pronunciados 
rumbo é Petacala, con objeto de establecer el 
cuartel general donde mejor conviniera, para aten- 
der á los heridos, reponer la remonta y dejar lista 
la brigada á fin de continuar )a campaña. 

El cadáver del Coronel González fué llevado á 
Tingüindín para darle sepultura y hacerle los ho- 
nores de ordenanza; y tanto la tropa que- sirvió de 
escolta al muerto, como la qüe perseguía á Don 
Gordiano hasta el Cerro Verde, se unieron en 
aquel pueblo para regresar á Mortíia. La fuerza, 
con motivo del fallecimiento de González, quedó 
de pronto á las ordénes del Teniente Coronel Lu- 
cas González, hermano del finado. 

Con motivo de la muerte del Coronel González, 
ocurrida en el lugar del combate, la gente del pue- 
blo discurrió la composición siguiente: 

«Mira la escolta que viene, 
Oye la voz del clarín ; 
Pero no vienen cabales 
Porque se quedó Gozález 
Enterrado en Tingüidín.» 



\ 



—20- 



En las diferente5; expediciones del General Guz- 
tnán verificadas en Michoacán en Febrero de 1834, 
llega á Taretan ese Jefe pernoctando allí por ne- 
cesidad« y en la noche visita á su compadre Don 
Migitel Meléndez, empleado entonces de la recep- 
toría de rentas de dicho pueblo; y entre otras co- 
sas de que trataron en la visita, le dice el General 
al compadre: que encontrándose enfermo de la 
vista el Coronel Don Rafael Degollado, que le ser- 
vía de Secretario en la expedición, por haber que- 
dado en el mismo caso en Coahuayutla el Coronel 
Don Manuel Ramos, que desempeñaba aquel ofi- 
cio, le merecería el favor de que por unos días 
le prestara uno de sus escribientes para que He 
vara la correspondencia al Señor Degollado. 

Dicho empleado contestó de conformidad á la 
petición de su compadre, fijándose para el desem- 
peño de esa tarea en el escribiente de la sección 
de contribuciones que esto escribe, como el más 
ú propósito de todos los de la oficina, por su edad y 
<:omo célibe. En consecuencia, se le hizo saber 
^sa determinación que cuidó de comunicar ásu 
madre Doña Manutla Mendoza y no hubo más 
remedio qua obedecerla y luego montar el caballo 
que se le presiintó para la marcha, entregando el 
General á la Señora Mendoza, cincuenta pesos, por 
cuenta de haberes que debía vencer su hijo Ma- 
nuel, y que con abundantes lágrimas recibió aquella 
señora. En seguida la tropa pronunciada salió de 
Taretan, llevándose un pedazo del corazón de una 
afligida madre y tomando el rumbo de la sierra del 
Poniente de Michoacán. 

Concluidas por esos vientos las correrías del Ge- 
neral Guzmán, toma el del Sur del mismo Estado, 
tocando á Tancítaro, Acahuato y Apatzingán, ^n 
donde ya se hito constar la alta del joven esc - 
"biente, en las filas federales como sargento 2^. ( n 
14 de Febrero de 1834; continuando en el servic o 




— 2l~ 
de la Brigada con esa clase, hasta el 30 de Enero 
de 1844, fecha en que se separó de las filas indica- 
das, con licencia de aquel Jefe para ponerse en cu- 
ración de una grave enfermedad de que fué ataca- 
do- 
Una vez en la Capital de Michoacán el Regi- 
miento de que antes se trata, recibió el mando de 
él el General Ángel Guzmán; á quien desde luego 
se comisionó por aquel Gobierno para que hicie- 
ra la persecución de los sublevados, comisión que 
ejecutó con actividad, pero sin resultado. 



■«B<- 



CONTINÚAN LAS SUBLEVACIONES EN 

MiCHOACAN. 

FEONTTNOIAMIENTO DE ANGÓN, 

Con motivo del triunfo alcanzado por las fuer- 
zas, federales, en la hacienda de Ayumba, en 1834, 
tuvo lugar en la ciudad de Tacámbaro el pronuh- ' 
ciafniento de los ciudadanos Juan Calderón, Juan 
Flores, Antonio Muñiz, José Orta y Manuel Vilez, 
con otros vecinos que sería cansado referir, secun- 
dándose ese movimiento en la sierra de Ácuitzio 
por José María López y Antonio el Palomo, veci- 
nos del rancho de Panzacola: por Don Francisco 
Ronda, en Cotiro, y en Huayumbo, por Don José 
María Sierra, en unión de Don Ramón Ochoa, ve- 
cino de Morelia, comenzando todos desde luego á 
or£;*an!;^ar las fuerzas que debían formarse de los 
comprometidos para emprender la campaña en 
xntra del centralismo, como sucedió luego. 

El General Don Isidro Reyes desconociendo 
i su Señor» se pronuncia en la plaza de More- 
ia, en Octubre de 1834, siendo Gobernador y Co- 
mandante Militar de aquel Estado, y con ese moti^ 



-22-^ 
vo, consiente en que ocupe la plaza de la Capital 
el rebelde Coronel Antonio Angón, con las fuerzas 
pronunciadas que .mandaba, haciéndose fuerte en 
la Ciudad, en los puntos que juzgó más á propósito, 
y el General Reyes, con su pequeña fuerza de 
Provinciales, en el ex-convento de San Diego para 
prevenir, sin duda, alguna sorpresa de parte de 
las tropas del Gobierno General. 

Ambos jefes unidos ya, lograron tener á sus ór- 
denes fuerzas de- las tres armas, aunque en reduci- 
do número. En medio de esas activas prevencio- 
nes de defensa improvisada de un día para otro, se 
acerca á los muros de Morelia en uno de los días 
del mismo mes de Octubre el General Rayón, man- 
dado de la Capital de la República, con una fuerza 
de las tres armas bastante respetable, bien arma- 
da y con mejores elementos, con orden de batir y 
castigar á los rebeldes y de restablecer legítima- 
mente el orden en aquella entidad federativa. 

Mediante esa visita, los de adentro se prepararon 
á recibirla tomando las medidas conducentes A la 
defensa, comenzando el ataque al siguiente día de 
la llegada de Rayón, cuyas maniobras resistitrron 
los pronunciados valerosamente tres días con sus 
noches, y durante ese tiempo, los fuegos de arti- " 
Hería en competencia fueron demasiado ejecutivos, 
dejando en la Ciudad algunas señales indelebles de 
ello, como la que se ve aún en uno de los ángulos 
de la torre de Catedral que da vista al Oriente» 
pues esa parte quedó desbordada por una bala de 
cañón de grueso calibre, que se mandó de fuera 
para adentro; lo mismo que la fachada del Colegio 
Seminario entonces, hoy Palacio del Gobierno del 
Estado, quedó también señalada por otro proyec- 
til igual, en el mismo hecho de armas, cuyas seña- 
les están visibles hasta la fecha; y durante las no- 
ches de ataque, al correr la palabra en los puntos, 
ocupados respectivamente, por ambas fuerzas, des- 



n^ 



-23- 

pués del grito de «centinela alerta,» decían los si- 
tiados que; «¡Muera el tuerto Rayón!, y los sitiado- 
res contestaban que «¡Muera el manco de Angón!» 
porque tanto un jefe como otro, se encontraban 
lesionados de un modo bastante visible, según de- 
cían los centinelas y las personas que los conocie- 
ron. 

Pasados los tres días de resistencia, ya no pudie- | 

ron los pronunciados hacer frentej al cuarto por la I 

mala situación en que se encontraban y la inferio- 
ridad de su tropa, atacada además por una fuerza 
nuLnerosa, educada militarmente y provista de to- 
dos los elementos necesarios. Entonces y con ese 
motivo de giado ó por fuerza, tuvieron los pronun- 
ciados que abandonar la plaza con precisión, reti- 
rándose de ella la infantería de Angón por el rum- 
bo de los Urdíales para salir al Barreno, perdiendo 
algunos de tropa que se ahogaron al pasar las co- 
rrientes del río de aquel nombre, y la caballería 
del mismo Coronel salió de la plaza por la calle 
principal de la Merced, haciendo resistencia en re- 
tirada hasta la puerta de la Quemada, lugar en 
que dejó de perseguirle el enemigo regresando al 
centro> En Sindurio, se reunieron los infantes al 
grueso de la fuerza, la cual ascendería á unos 500 
individuos de tropa, dejando en su retirada la arti- 
llería y parque de que se sirvieron los rebeldes du- 
rante el ataque; quedando en consecuencia la plaza 
de la ciudad en poder del General Rayón, así como 
los muertos y heridos de los rebeldes dentro de la 
Capital, dando sepultura á los cadáveres en el Pan- 
teón de los Urdiales y asistencia á los heridos por 
cuenta de los vecinos; mas en cuanto al General 

yes, quedó ignorado su paradero. 

l1 retirarse Angón de Morelia llevando el rum- 
I I de Sindurio, -tomó el camino que conduce al 
I I Mecito de San Nicolás, para salir de Undameo 



—24— 
con más precisión y de allí á la sierra de Acuitzio^ 
sin que se le persiguieran entonces. ' 

En 1835 apareció de ni^evo ese jefe con su fuer- 
za en el Sur de Michoacán y con él Don Antonio, 
su hijo^ Capitán de una de las compañías de ía ca- 
ballería, propagando las ideas liberales y hostili- 
zando al Gobierno centralista de diferentes modos, 
bien provocando escaramuzas para dar lugar á la 
deserción de la tropa forzada, yá impidiendo que 
los recursos llegasen á su destino y que la reunión 
de reemplazos para el Ejército llegaran á las cabe-- 
ceras de los Distritos, y por último, asaltando algu- 
nas veces á los remonteros del Gobierno para to- 
marles algunos caballos, como pasó en la hacienda 
del Mayorazgo. 

Con motivo de esas ocurrencias tan frecuentes, el 
General Vargas, de Tacámbaro. encargado en 
aquella época de la persecución de los sublevados, 
se molesta demasiado y recomienda á sus subor- 
dinados lo que debía hacerse de preferencia, sin 
tregua ni cuartel, á las gavilas del Coronel Angón. 
En efecto, la persecución fué terrible, porque con 
frecuencia ni hombres ni caballos tenían descanso 
ni tiempo de atender siquiera á las necesidades de la 
vida, ni el preciso para dar pienso a la remonta^ si 
no era allá en las altas horas de la noche y en los 
bosques más intrincados de las montañas. 

En esa alternativa pasaron algunos años, hasta 
que, por fin, reducida la fuerza de Angón por las 
vigilias y falta de salud; la remonta aniquilada y 
padeciendo de muermo, quedaron con ese motivo 
tropa 3^ remonta, en la más completa inacción. Me- 
diante esas fatalidades que el enemigo sabe, este 
no pierde tiempo, sé aprovecha de la situación de 
aquel patriota para destruirle, y lo consigue sin 
mayor dificultad, asaltándole, en combinación con 
otras fuerzas, en la estancia de ^Lci Laja,»» destro- 
zando á los soldados que hicieron resistencia y 



--25— 
acribillando á balazos al Coronel y á su hijo Don 
Antonio, al hacer una heroica defensa en unióij de 
sus subordinados, quedando, sin embargo, venci- 
dos del enemigo, privados de la existencia, en la 
misma estancia del Distrito de Tacámbaro y sus 
cadáveres sepultados en el lugar conveniente. Se 
recojieron caballos, armas, heridos y prisioneros. 
Este acontecimiento tuvo lugar en Marzo de 1840, 
después de cinco oños de constantes fatigas y pri- 
vaciones. 

El referido Coronel Angón reconocía como ori- 
gen el municipio de LaHuacana; era hombre recto, 
activo y valiente: manejaba regular las armas y 
caballo; representaba entonces ser mayor de cin- 
cuenta años, de estatura regular pero fuerte, de 
color trigueño, de poca barba, pelo lacio entreca- 
no, de muy mala catadura, de un corazón amable 
y bondadoso. Su joven hijo tenía buena presen- 
cia y de un valor casi temerario; tendría en es épo- 
ca veinte años, á lo sumo. 

De paso el Coronel Angón por las alturas que 
dominan el pueblito de San Nicolás, á la vez qué 
se retiraba de Morelia derrotado por completo, 
abrazó con una mirada* el hermoso panorama de la 
Ciudad, que desde aquellas eminencias se deja 
ver bien, y al contemplarla, después de un melan- 
cólico suspiro, dijo á sus Ayudantes: -«Siempre que 
las ocurrencias de la guerra me lo permitan, con 
gusto volveré á ver esa simpática capital, cuna de 
la libertad; mas si fueren desfavorables, será esta 
la última vez que disfrute ese placer; y, en conse- 
cuencia, recibe mi despedida, predilecta pobla- 
ción, :>> Y continuó su marcha en seguida, triste, 
muy triste, y pensativo, con el presentimiento de 
que moriría tal vez, sin volver antes y así fué. 



—26— 
Pronunciamiento en Tacámbaro. 

Los jefes pronuciados en dicha ciudad, en 14 de 
Marzo de 1836, comenzaron á hostilizar enernfica- 
mente á las fuerzas del Gobierno, combatiéndolas 
por el sistema de guerrillas en aquel Distrito, al- 
, canzando algfunos triunfos, aunque de poca impor- 
tancia. 

Lueg^o que pusieron sus tropas en alta fuerza» 
cada uno de aquellos tomó el camino que mejor le 
pareció j tratando de independerse entre sí; y ha- 
biéndose fijado en el municipio de Taretan, el Ma- 
yor Juan Calderón ocupa aquella plaza en el mis^ 
mo mes y año antes citados, y después de alg'u* 
ñas horas de permanecer en ella, es sorprendido 
por fuerzas del Gobierno, compuestas del Rendi- 
miento Activo de Morelia, á las órdenes del Ge- 
neral Ángel Guzmán. 

Esa ocurrencia obliga á los pronunciados, á en - 
trar en desorden poniéndose en dispersión, y en el 
alcance que se les dio, de la plaza de esa pueblo á 
la hacienda del mismo nombre, quedan muertos 
sobre el camino algunos soldados y entre ellos el 
Mayor Calderón, dejando en poder del enemigo to- 
do el botín de o^-uerra que produjo la sorpresa, y to- 
mando los dispersos el rumbo de Ario y de Nue- 
vo Urecho. Los cadáveres de los soldados y el 
del jefe Calderón, fueron recojidos por las autori- 
dades del lugar y mandados sepultar en el panteón 
de aquel pueblo. 

Como en dicho alcance quedó herido de muerte 
un soldado de los pronunciados, sobre la calle que 
conduce al costado oriente de la parroquia de Ta- 
retan, donde tuvo lugar el suceso y al descender el 
herido del caballo, con aquel motivo, solicitó un 
ministro católico que le diera los últimos auxilios- 
Impuesto de esa petición, el Sr. Juan José Gonzá* 






—27— 
kz, comerciante piadoso y de prestigio en Michoa- 
c^Hj se separa de su tienda de abarrotes» situada 
en un local de la misma calle, y con la violencia del 
caso ocurre al templo inmediato, solicita el Minis- 
tro, sale con él para llevarlo al herido necesitado, 
lo que no le fué dable hacer porque una de las di- 
ferentes balas arrojadas por las tropas del Gobier- 
no sobre los pronunciados dispersos, chocando, 
se infiere, en las canteras de la parroquia, fué á 
alojarse, por una fatalidad bien lamentable, en el 
cráneo del piadoso González. De ese golpe cayó 
tendido en tierra, el Ministro que auxiliara primero 
^\ comandante y en seguida al soldado, que murió 
luegOj asf como González, al tercero día. Con esa 
ocurrencia está demostrado aquello de que: ^fLos 
hombres" tiran las balas y Dios las reparte," pe- 
ro que siempre lo ha hecho entre los presentes en 
€l lugar del siniestro. 

En el estado antes referido de los acontecimien- 
tos de la revolución enlMichoacán, y en Noviem- 
bre de 1837, encontrábase Don Eustaquio Arias 
preso en la cárcel de Morelia, en donde se le ase- 
guró, además con pesados grillos y estrechas es- 
posas como reo conspirador en contra del Gobier- 
no de aquella época, mandado á la capital del Es- 
tado por el Sub'preíecto de Puruándiro Don Fran- 
cisco Lozano. 

Dicho prisionero, sin embargo de encontrarse 

imposibilitado de todo movimiento hostil, y deseoso 

de libertad, se determina á pronunciarse dentro de 

la propia cárcel con la mayor parte de la prisión, 

sacándole desde luego del calabozo, forzando sus 

cerraduras y presentándose en esos momentos en 

L puerta de la misma cárcel el valiente joven Don 

ntonio Chacón, natural de Los Reyes, con mu- 

.Aos hombres del pueblo regularmente armados, 

ira protejer aquel movimiento. Ese joven, al ser 

'asentado Arias en las puertas del cajón de la 



—28— 
referida cárcel, le recibe en sus espaldas y custo- 
diado de los del pueblo y auxiliado de los mismos 
en el trasporte de aquella carga, le conduce hasta 
el ex-convento del Carmen, en donde con mil di- 
ficultades y peligros, le despojan del estorbo de las 
esposas y grillos que le inutilizaban, dejándole así 
expedito para ofender y detenderse, á cuyo fin se 
presentaron de improviso por unos paisanos, dos 
caballos ensillados, de los cuales montó uno Arias 
y el otro Chacón, poniéndose ambos al frente del 
movimiento. 

Encontrándose Arias ya en plena libertínl, apare- 
ce en aquel lugar el Coronel D.José Ugarte con una 
fuerza de ca^ballería á sus órdenes, mandado por 
el Comandante General del Estado Don Panfilo Ga- 
Galindo, á efecto de que sofocase aquel motín y 
castigara á sus autores. En consecuencia, las 
fuerzas de ambas partes tuvieron un terrible cho- 
que, y observando Arias que las del Gobierno se 
aumentaban con los de la guarnición, hizo un su- 
premo esfuerzo abriéndose paso con lanza en 
ristre por entre sus enemigos y deiando señalado 
para siempre al Coronel Don José Ugarte, al ha- 
berle partido Ja nariz en aquella refriega. Con 
ese motivo, Arias tuvo tiempo de salir de la 
Capital por la garita de Chicácuaro, rumbo A Pu- 
ruándiro, sin ser perseguido y llevando á sus órde- 
nes poco más de 200 hombres que jamás había 
mandado, pero para lo cual contaba con el valor, 
pericia militar y actividad de su libertador el Te- 
niente Chacón. 

Muy próximo Arias con los suyos á las goteras 
de Puruándiro. los exploradores déla guarnición 
de aquella plaza penetraron en ella á escape, dan- 
do parte de la aproximación del Capitán Arias á 
las orillas de la Ciudad. 

En vista de esa noticia, el je e del destacamento 
Don Cruz Vega, se prepara á resistir tomando sus 



-.-29— 

precauciones. No tardó aqael. en aparecer y en 
atacar con valor heroico á la gvíarnicíóñ de aque- 
lla plaza. Poco después, la plaza fué tomada, 
Don Cruz Veg^a huyó con unos cuantos soldados, 
dejando armameñtOt mumdüiies, algunos muertos 
y prisioneros, entre éstos á Don Francisco Loza- 
no, quien, con sus compañeras <)e desgracia, fue- 
ron encerrados eñ la sala de acuerdos del Ayun- 
tamiento de dicha Ciudad. 

Levantado el campo de batalla y restablecido 
flespués el orden, el Capitán Arias impuso un prés- 
tamo forzoso á los véanos, y á es ñamando lla- 
mar al Subprefecto Lozano para que hiciese la<3e- 
rr^tma. Bien se acorbaba el desgraciado funciona- 
rio que habfa sido él quien remitió á Morelia al fa- 
moso Capitán, y por ese h^ho estaba bastante afli- 
gido, temiendo un procedimiento en su contra, de 
fatales consecuencias. Aria^é generoso, que con 
nadie guardaba rencor, se apresuró á explicar á 
Lozano el objeto de su llamado, y oído por éste 
con admiración y reconocimiento^ se esforzó en lo 
posible el Sr. Subprefecto en practicar la derrama 
haciendo efectivo el préstamo forzoso de la; canti- 
dad de pesos inárcada por el Capitán y que rio es da- 
ble precisar por ignorarse cuál haya sido. Mas ha- 
biendo dado ese guerrillero otro paso adelante so- 
bre el camino de la rebelión, le fué preciso conti- 
nuarlo hasta su términot fuera cuál fuera d resul- 
tado de ese propósito; y, en consecuencia, comenzó 
desde lufego á combatir á las fuerzas del Gobierno 
que le perseguían, según se vio por los diferentes 
encuentros que con ellas tuvo, usando en seioejan- 
tes casos dé su agilidad en el caballo, de su valor 
personal, tan sereno como reposado en el peligro, 
y de la lanza, su arma favorfta. para ofender y de- 
fenderse en cualquier hecho de armas por com- 
prometido que fuese. 

Bajo ese precedente se le hicieron al Capitán pro- 



-30- 
puestas de indulto que no aceptó, dando pruebas 
de firmeza en el servicio de su causa y sigue como 
antes combatiendo al enemigo; más después de al 
gunos días, en fuerza de tanto instarle con ofreci- 
mientos de indulto, infiu3rendo al ^ecto sus aoiis- 
tades, y deudos, se aplazó el guerrillero para re- 
solver definitivamente. Entre tanto, se enferma 
su libertador, el Teniente Antonio Chacón, y con 
ese motivo se separa del lado de su Capitán Arias,, 
para ponerse en curación en un lugar de seguri- 
dad. . 

Así pasaron algunas semanas y volviendo á las 
instancias de indulto por haberse" vencido el plazo 
fijado para resolver, lo hizo él Capitán admitiendo 
á su pesar tal otrecimieuco, y disolviendo en con 
secuencia, en Comanja, Michoacán, sus fuerzas, 
mediante las debidas garantías, y solo con su asís 
tente ocurre á Zacapu á que le presentasen sus pa- 
drinos y amigos al Jefe de las armas, quien le reci- 
bió con mucha atención, dejándole en liben adí 
para que viviera en donde lo creyese conveniente, 
Arias fijó su residencia en Cománja. 

A poco tiempo llegan á Zacapu los Capitanes 
centralistas Camacho y Zapata, y de allí le dirigen 
á Don Eustaquio una. carta invitándole á que ocu- 
rriera á aquel pueblo á tener una conferencia con 
ellos, como oficiales del Gobierno, á cuyas órdenes, 
estaba desde el momento en que se había someti- 
do á su autoridad. El referido Capitán Arias, no 
encontrando inconveniente para asistir á la cita, se 
encaminó á dicha población acompaftado de isu fiel 
asistente, presentándose á los capitanes expresa- 
dos, quienes lo recibieron con demostraciones de 
aprecio- 
Pasada la supuesta conferencia, le invitaron tam- 
bién á comer y le asesinaron miserablemente, por- 
que esa debe de haber sido la consigna que reci- 
bieron aquellos oficiales de parte del superior* El 




~3l- 
Capitán Arias acepta el convite, y, en consecueacia, 
se dirije con su asistente á la casa que fué de Don 
Cirilo Gaona, alojamiento entonces de aquellos Ca- 
pitanes- Esa casa tiene, entre otras pieza» sala y 
recámara comunicadas ambas por una mampara, 
y al través del lienzo de que fué formada, se maiv- 
daron colocar con sigilosa anticipación cinco dra- 
gones del 10 de caballería, con orden de hacer fue 
go sobre el lienzo de aquella mampara, apuntan- 
do ú las espaldas de Arias, mediante la señal de 
un ''brindis*' entre los Capitanes invitados y Don 
Eustaquio, que ya se tenía convenido. Por eso 
fué que todo fué uno, escucharse aquél y oirse las 
detonaciones de las armas de fuego, y verse sobre 
el pavimento de la sala el cuerpo exánime del ma- 
logrado Capitán Arias bañado en su misma san- 
gre, repitiéndose en seguida ojtras detonaciones en 
la puerta dei zaguán de la propia casn, que dieron 
muerte también al asistente dé aquel valiente gue- 
rrillero, á quien esperaba el infortunado hombre, 
en la mencionad^ puerta, según la orden de su 
jefe, ^ 

Ambos cadáveres fueron recojidos y sepultados 
en el camposanto de Zacapu; y los caballos y mon- 
turas que pertenecieron á los dos finados, queda- 
ron en poder de los Capitanes referidos. 

Los asesinatos que se vienen mencionando estu- 
vieron algún tiempo en el misterio, pero pasando 
los días, se hicieron bastante públicos con todas 
sus peripecias, no sólo en Zacapu, sino aún en las 
poblaciones vecinas y hasta en la Capital del Esta- 
do. 

Los padrinos, amigos y deudos del finado Arias 
que tanto se interesaron en que ésie admitiera el 
indulto tañías voces ofrecido, se molestaron de- 
masiado con el procedimiento de los oficiales Ch- 
macho y Zapata en contra del Capitán Ari^is y su 
asistente; y, en consecuencia, ocurren al Gobierno 



-32— 
de Míchoacán quejándose por medio de una solici- 
tud, que no fué atendida, porque "no hay peor sor- 
do que el que no quiere oír.** 

No está por demás hacer constar en éstos apun- 
tes, las producciones del pueblo en aquella época^ 
y fueron las sigruientes: 

cCuando Arias mandó llamar 
A Don Francisco Lozano, 
Llegó queriendo llorar, 
Con el sombrero en la mano. 
Le dijo: mi Capitán 
Perdóneme V. la vida 
Que estoy puro y sin salida. 
Como el juego del cunqután. 
Amigo: ese juego del cunquián 
Es un juego muy ingrato, 
Me puse á jugar un rato 
Y perdí hasta el barragán. 
Viernes diez y ocho de Enero 
Me recuerdo fué por cierto 
Cuando en Zacapu fué muerto 
Arias, famoso guerrero. > 

En las-primeras expediciones que hizo en el Es- 
tado el Capitán Arias, en Diciembre de 1837, tocó 
la ciudad de Uruapan* llevando una fuerza de más 
de 200 hombres, con objeto de imponer un présta- 
mo forzoso al vecindario de 4,000 por orden del 
General en Jefe de las fuerzas federales. Don 
Gordiano Guzmán, que con ese fin lo recibió en el 
pueblo de Apatzingán, como subordinado de aquel 

El primer procedimiento entonces del Capitán 
Arias fué el de recojer de ía Administración dé 
Rentas de la ciudad las existencias en numerario 
que había en caja y que no pasaron de 500 pesos* 
Lueg-o exigió de los vecinos presentes el préstamo 
de 4,000 pesos que el superior le ordenó: todo 



-33- 
para atenciones de las tropas federales, de los cua- 
les solo se pudieron reunir 1,000 que el Capitán ex- 
presado recojió de la Ciudad. 

Por último, solicitó del Cura de la misma, Pres- 
bítero Don Pedro Rafael Conejo, el producto de 
los diezmos que existiera en caja, y después de una 
dilatada y acalorada conferencia entre el Cura y el 
Capitán, entró la calma y vino la reflexión, por lo 
que el Párroco, con ese motivo, tuvo voluntad de 
entreg-ar al Capitán 500 pesos que había existentes 
por la recaudación de diezmos, que, uniéndose esta 
suma á la de 1,500. recaudados por préstamos y 
rentas fiscales, arrojan un total de 2,000 pesos con 
que Arias se conformó, en atención á las circuns* 
tancias, abandonando ese Capitán la ciudad, como 
á las cuatro de la tarde de uno de los días del mes 
citado, tomando el rumbo de Taretan. 

De lo expuesto antes se vendrá en conocimiento 
de que al exigir el Capitán la entrega de los produc- 
tos del diezmo, surgía ya en el cerebro de aquél 
hombre, desde época lejana, idea de lo que real 
mente debía de suceder con ese impuesto en 
1860, en virtud de lo mandado en las sabias y bené- 
ficas leyes de reforma, que han suprimido la coac- 
ción civil en la recaudación de diezmos, las añejas 
obvenciones Parroquiales y otros varios impuestos 
clericales con que se explotaban las familias en 
aquellos tiempos. 

A la muerte del referido Capitán, tendría 30 años 
á lo más, era célibe, reconocía como su origen la 
hacienda de Serano del Distrito de Puruándiro. La 
mayor parte de su vida la pasó en el servicio de 
las fincas de criadero y de labranza del propio Dis- 
trito. Su fisonomía era simpática, su voz suave y 
elgada como la de un niño; su estatura mediana 
\ delicada; su color trigueño, de ojos negros y vi- 
arachos, pelo y cejas del mismo color^ de escasa 
)arba y de movimientos expeditos. 



-34- 

El que escribe estas líneas tuvo ocasión de co- 
nocer de pacífico á Don Eustaquio Arias, en Pu- 
ruándiro, en la Pascua de Navidad; en Uruapan y 
en Apatzingán, mandando como pronunciado una 
fuerza federal de caballería. De aquella fecha á 
la presente (1900) han trascurrido más de 60 años. 

El Coronel Manuel Vélez, regresando de la ha- 
cienda de Santa Efigenia, en dirección de la ciu- 
dad de Ario de Rosales, en Febrero de 1838, se en- 
cuentra en el camino con una fuerza enemiga, á 
las órdenes del General Ángel Guzmán. Le aco- 
mete el General con los suyos lanza en ristre, lo- 
grando con ese empuje que la necesidad determi- 
nó; cortar la escolta que cubría la retaguardia del 
Regimiento mandado por Don Ángel, fallecienda 
en ese hecho de armas el Capitán que la mandaba, 
algunos de tropa y el trompeta Olguín. 

Como en vista de ese acontecimiento, se des- 
prende de entre las filas del mismo Regimiento 
una fuerza en auxilio de la retaguardia, el Coronel 
Vélez, atendiendo á esa determinación, se retira al 
trote del lugar de la lucha, introduciéndose en la 
sierra inmediata, sin que el enemigo le persiguiera. 

El Capitán, trompeta y soldados del enemigo 
muertos en la escaramuza del camino indicado, que 
conduce también á la hacienda de Araparícuaro, 
allí fueron sepultados, el primero, dentro de la sa- 
cristía de la capilla de la misma finca y los demás 
en el cementerio respectivo. Mas al inhumarse el 
cadáver del Capitán, se hizo también la exhuma- 
ción de unas 400 onzas de oro acuñado, pertene- 
cientes, según la crónica, á la familia Mercado, 
cuyo jefe residió allí como arrendatario, y el cual 
tesoro se encontró conforme á la relación, al ca- 
varse la fosa en que descansan los restos del Ca- 
pitán, quedando el oro, sin duda, á disposición de 
los soldados que cavaron el sepulcro ó de sus ofi- 
ciales que se encargaron de sepultar el cadáver; 



—35— I 

y luego, como es de suponerse, a las órdenes del 
Jefe clel Regimiento activo de Morelia. 

Del entierro de dicho teí^oro se adquirió conoci- 
miento por la relación respectiva de su existencia, 
en el sitio de Puebla, comunicada por el sargento 2"^ 
Nicolás Palomares, natural que fué de la indicada 
hacienda de Araparícuaro, que al sepultarlo en el 
lugar antes expresado, arrimó material ese sargen- 
tOj cuando era adolescente aún, á su padre que fun 
cionaba entonces en la finca como maestro alba- 
ñil y de mucha confianza para el finado Don Ma- 
nuel Mercado, que murió intestado y que fué dueño 
del oro indicado. La relación de ese tesoro fué con- 
fia» da con sus respectivas señas, al Mayor de infan- 
tería Timoteo Tirado, estando herido aquel sargen- 
to en el hospital de sangre establecido en Puebla, 
en la época de la intervención francesa y del llama- 
do imperio, en cuyo establecimiento falleció el sar- 
gento 2° depositario del secreto. 

Después del restablecimiento de la República, el 
mayor Tirado invitó en Erongarícunro ul que esto 
escribe para que le acompañase á sacar un tesoro 
oculto bajo ciertas condiciones, las cuales aceptó 
el invitado; dirigiéndose ambos, al siguiente día, á 
ja hacienda de Araparícuaro, en Agosto de 1869, 
en pos de tal tesoro. 

A ese. fin se solicitó permiso del Administrador 
de la finca, Donjuán Chávez, para hacer la esca- 
vación en el lugar correspondiente^ interesándole 
con buenos ofrecimientos que aceptó; y en conse- 
cuencia, se dispuso aquella para la noche siguiente, 
ejecutándose esa maniobra en la sacristía de la ca- 
pilla de la misma hacienda, en vista de la relación 
del sargento antes citado, pero desgraciadií mente 
ese procedimiento se verificó fuera de tiempo, por- 
que el tesoro que se buscaba había desaparecido 
desde 1838, fecha en que se sepultó el Capitán en 
dicha localidad y en que fué extraído el tesoro de 



i 



-36- 
400 onzas de oro españolas, al sepultarse el cadá- 
ver del soldado del centralismo, según se ha dicho 

^ntes, encontrándose sólo dentro de la fosa remo- 
vida los restos del Capitán, las señales y vestigios 
á que aludía la relación del finado sargento, que ya 
cuando ella se dio á conocer, estaba descubierto 
el secreto de una manera casual, después de 31 
años trascurridos de una fecha á otra. 
Repuesta la desvelada de la noche anterior, en 

■ que se hizo la escavación, al siguiente día regresó 
el que pone estas líneas, en reunión del Mayor Ti- 
rado, quedando éste en Ario, lugar de su origen, 
y aquél siguiendo hasta su pueblo de Erongarícua- 

TO. 

Entre tanto, la revolución promovida por íos Je- 
fes federales en contra del Dictador de aquella épo- 
ca se preparaba en Michoacán y Jalisco, con espe- 
ranzas del triunfo, que al fin se consig-uió después 
de 17 años de lucha, contando con escasos elemen- 
tos. 



^^0ttttbit épútti. 



^iguenlas hostilidades en contra del j^rimer 
JMagistrado de la J^ación. 



En el centro del Estado de Michoacán a parece ^ 
por segunda vez el patriota General Gordiano Guz- - 
man, con una Brigada dispuesta á la campaña, 
pernoctando en Tacámbaro, como punto de reu- 
nión, la noche del 19 de Mayo de 1838, y en dicha 
ciudad se reunieron á aquélla las fuerzas del Ge- 
neral Coronel Antonio Angón^ Coroneles Nieves 
Huerta, Manuel Vélez, Francisco Ronda y las de 
otros Jefes que sería cansado referir, cuyas fuer- 
zas unidas dieron en total de 2,100 individuos de 
tropa, según los estados de fuerza disponibles que 
presentaron sus respectivos Jefes antes de la «Gran 
Parada» que se verificó en el llano del Aguacate y 
lomas del cerro de la Alberca, puntos inmediatos 
á la ciudad. 

Concluidas esas maniobras, en la noche del díax 
20 del mes citado, se convoca á junta general de 



-38- 

jefes y oficiales para hacer el nombramiento de 
los que debían mandar la columna, en la expedí' 
ción intentada sobre Morelia, resultando electo pa- 
ra mandar en Jefe el General Palafox, tanto por 
sus conocimientos militares, como en virtud de ha- 
bérsele comisionado en el centro federal éif Méxi- 
co á íin de que pasara á Michoacán á dirig-ir la 
campaña, 

Luegfo fué electo como su segundo, el General 
Gordi^mo Guzmán; para Mayor General, el Coro- 
nel Nieves Huerta; para Hev^ar la vanguardia, el de 
igual clase Francisco Ronda; para el centro, Gene- 
ral Coronel Antonio Angón: en la reserva, Coro- 
nel Manuel Vélez; para la retaguardia, Teniente 
Coronel Antonio Muñiz, y para cubrir los flancos 
los Comandantes de Escuadrón, José Orta y Juan 
Flores; quedando así terminada la Junta de guerra, 
Á las 12 de la noche del mi^mo día, en cuya sesión 
reinó la cordialidad y el mayor entusiasmo. 

A pocas horas, se dejó Ver la luz del siguiente 
día, en el cual se proveyó á la colomna de lo muy 
preciso para marchar; y al efecto, en la orden de 
la plaza, se dispuso la salida de aquella en la ma- 
ñana inmediata. Tal determinación íué cumplida 
Á las cuatro de ella, hora en que comenzaron á 
desfilar los cuerpos que componían la columna, la 
cual pernoctó la noche de ese día en Acuitzio. De 
esa población, se llegó á inmediaciones de Morelia,' 
y al asomar la aurora del día 22, ya se dejó ver la 
columna en las goteras de la Capital, en el llano y 
alturas de Santa María, distribuida conveniente- 
mente, en sus respectivas posesiones y en preven- 
ción para resistir algún ataque del enemigo. Allí 
se pasó el día sin que ninguna fuerza de la plaza 
saliera a hostilizarla» y muy avanzada la tarde, se 
dispuso la retirada de la columna, rumbo á Unda- 
meo, para acampar en el punto de ese nombre. 



—39— 

Se dejó ver la luz del día 23 y la marcha se em- 
prendió en dirección á Tiripetío; mas lú llegar al 
paraje de la puerta del Atole, allí fué la de Dios es 
padre, porque de improviso se encontró la colum- 
na con el primer Regimiento de Morelia, antes el 
10 de caballería, al mando del General Ángel Guz* 
man, á quien, como enemigo, se le resistió en su 
tránsito, obligándole por la fuerzi á entrar en di- 
cho pueblo y pasar en él la noche, acampando lue- 
fo la cokimna de los federales en la Hacienda de 
an Antonio Coapa, situada á las goteras casi de 
la propia población; mandándose cubrir en segui- 
da todas las avenidas que convinieron con la sufi« 
cíente fuerza, para tener en jaque á Don Ángel en 
aquel pueblo. De tal encuentro resultaron algu- 
nos muertos y heridos pertenecientes A la coluai- 
na, suspendiéndose por ese día las hostilidades, con 
motivo de la aproximación de la noche. 

Amaneció el día siguiente, jueves de la Ascen- 
ción, 24 de Ma3^o de 1838, y entonces las tropas fe- 
derales asaltaron á las del Gobierno, con valor he- 
roico, an'ojñndolas de la plaza de Tiripetío hasta 
los planes contiguos á los límites de Undameo por 
el rumbo del Oriente, cuyas labores se resguardan 
al estar en fruto^ con la referida puerta del Atole* 
y en ese sitio el combate fué muy sangriento; por- 
que la mayor parte de las cargas parciales que se 
dieron ese día, fueron casi personales á sable y 
lanza, pues de las armas de fuego muy poco se hi- 
zo uso; razón por qué en ese hecho de arjnas, que 
debe ser memorable, se derramó la sangre con pro- 
fusión, ocurrencia que quedó demostrada A la vista 
de los muchos cadáveres de los contendientes que 
fueron levantados del campo de la lucha y de los di- 
ferentes heridos que se recogieron; quedando tam- 
bien destruida la caballada, porque en las maniobras 
perecieron algunos caballos, resultando otros heri- 
dos, y mediante esos acontecimientos se notaron 



-40- 
gfrandes bajas en ambas fuerzas entre muertos, he* 

ridos y dispersos del enemigo. 

En tal situación los combatientes, se aproxima la 
noche de ese día; y tanto las tropas federales, co- 
mo las del Gobierno, vuelven á acampar en sus 
mismos puntos para continuar la lucha al sig^uien- 
te día, quedando, como antes, las avenidas cubier- 
tas á fin de que el enemigo continuase vigilado. 

Aparece la aurora del 25 del mes citado, y lue- 
go se mandan colocar, por medida precautoria, en 
sus respectivas camillas, 60 heridos de la columna 
federal que había en Coapa, lugar que sirvió de 
hospital de sangre á esa columna durante los días 
de fatiga militar en aquel punto, y en cuya finca se 
prodigaron servicios á los heridos, dignos de men- 
cionarse. Se condujeron aquéllos con una escolta 
de confianza, A Acuitzio y de allí á Tacámbaro pa- 
ra su curación y seguridad, porque el éxito del 
combate era dudoso, según el juicio del General 
Palafox, y más aún, si de Morelia le llegaba algún 
auxilio fi Don Ángel, como debía de espei^i^rse/ 
Los mencionados heridos llegaron á Tacámbaro 
sin novedad alguna en el tránsito, asistié/idoseíes 
en esa ciudad debidamente. 

Sonaron las 8 de la mañana del 26, hora en que 
las fuerzas contendientes se aprestaron de nuevo 
al combate, y una vez avistadas ambas, los trom- 
petas de órdenes lo anunciaron con los toquen de 
ordenanza. Luego se ponen á tiro, escuchándose 
la voz de mando: i'fuego," que comenzó en se- 
guida por el flanco derecho de la batalla; cuyo 
tiroteo muy en breve se hizo general en toda la 
línea. Esa maniobra duró muy poco y después de 
una ligera pausa fué sustituido aquél con una car- 
ga al sable, la cual terminó pronto, para que los 
lanceros entraran á funcionar dando su pri mera 
carga. 



* 



—41- 

Pasado un corto tiempo, se manda dar otra y 
Uieg^o la última, á las tres de la tarde del mismo 
día. hora en que se suspendió la batalla, en la que, 
como el día anterior, se hizo una matanza sin piedad; 
y no habiendo sido enteramente decisiva, sin em- 
barg^o de tanta sangre derramada^ los jefes com- 
batientes vinieron, sin duda, en conocimiento de 
que la tropa se hallaba ya muy reducida y en la 
mayor impotencia para dar término á la ba- 
talla por medio de las armas. Por esto es que 
el General Ángel Guzmán, dominado acaso por 
esas consideraciones, mandó retirar del campo de' la 
lucha á sus soldados que estaban á la defensiva, 
dándose al efecto los toques de reunión; y una vez 
congregados, dispuso se organizaran por seccio- 
nes, cubriendo cbnvenientemente su retaguardia. 
En esos términos emprendió su marcha para Mo- 
relia, después de las tres de la tarde del 26 de Ma- 
yo citado» abandonando el campo á discreción del 
enemigo, ó para que, en su detecto, lo levantara la 
piedad pública; no siendo dable á los federales per- 
seguir en su retirada á ese General, porque la co- 
lumn:i quedó aniquilada por completo en los he- 
chos de armas del 23 al 26 de Mayo citado. 

Sin embargo de haberle cedido el campo el ene- 
migo al General Pakfox, este jefe, temeroso tal 
vez de la salida de alguna fuerza de la capital ó 
de las plazas inmediatas en auxilio de Don Ángel, 
cuyo empuje no podía resistir con éxito; en virtud 
délas ocurrencias indicadas y mediante ellas, si- 
guió el ejemplo de su enemigo, retirándose tam- 
bién del campo con los restos de la columna, en 
dirección á Tacámbaro, y con ese motivo no se 
dio en la cabeza á la víbora; resultando, en conse- 
:uencia, que la pelea fuera tablas. 

Las autoridades y vecinos de Tiripetío, siguien- 
io el pensamiento de Don Ángel en el sentido de 
a piedad pública, levantaron el campo, cavando 

6 



~42— 
luego en una parte de él, una gran fosa en el cos- 
tado del llano que da al Oriente, á un lado del ca- 
mino que conduce del pueblo de Acuitzio á More- 
lia, en cuyo sitio fué la lucha, y en el seno de esa 
fosa fueron sepultados los muertos de los conten- 
dientes, qucí según el juicio público, pasaron de 400; 
recogiendo también los heridos que se encontraron 
en el campo sin movimiento por su gravedad, á 
quienes se asistió con mucha solicitud, muñéndose 
unos y salvándose otros. 

En dicho sitio se conserva hasta hoy una cruz 
de 'madera de grandes dimensiones que allí fué co- 
locad h, en memoria de las víctimas que en aquel 
lugrar desean sun en paz, sacrificadas en los hechos 
de armas indicados ya, en los planes de la memo- 
rable puerta del Atole, cuyo paraje lleva ese nom- 
bre desde tiempo inmemorial porque eíi él han 
vendido ese alimento las familias de los campesinos 
que cuidan la puerta. 

El General Palafox llega por fin á Tacámbaro, 
recojiéndo en su tránsito algunos heridos; y des- 
pués de cuatro días, dispuso que las fuerzas auxi- 
liares sobrantes regresaran con sus respectivos je- 
fes á sus localidades, quedando en curación sus 
heridos en aquella Ciudad; y al siguiente día se se- 
pararon de ella, llevando cadjrjefe el rumbo que le 
convenía. 

Al sexto día, de acuerdo con el superior, salió 
también Don Gordiano de dicha Ciudad en direc- 
ción á Aguiüihí, llevando consigo su fuerza sobran- 
te 3^ sus heridos en camilla, para seguirlos curando 
y utilizar después sus servicios. 

A la mañana siguiente, se separa también de Ta- 
cámbaro el General Palafox, después de dejar sus 
órdenes al Coi'onel Vélez y subalternos, dirigién- 
dose á México, á dar cuenta del resultado de la co- 
misión que se le encomendó; quedando dicho Co- 
ronel en el Distrito de Tacámbaro. del cual to- 



-43- 
có en segfíiida alg'unas poblaciones, difundiendo 
las ideas liberales. Con tar motivo^ ese jefe, fué 
más tarde perseguido del General centralista An- 
^el Gazmán. cogiéndole algunos subalternos que 
mandó fusilar luego, infundiendo así el terrorismo 
^ue más tarde dio poj: resultado el indulto de otros, 
y con tal procedimiento de parte de ese General, 
se fueron reduciendo en Michoacan las fuerzas fe- 
derales. 

Antes de abandonar la ciudad de Tacámbaro los 
jefes de las fuerzas que asistieron A los hechos de 
armas antes referidos, el General Palaíox les pi- 
dió un estado de fuerza, armamento y caballos, 
que, respectivamante le tueron presentados; y for- 
mando con ellos el general, se vio de su contenido 
que la columna federal había sufrido una baja con- 
siderable de 360 individuos de tropa, entre muer- 
tos y heridos, así como de 150 dispersos y 40 ca- 
ballos muertos é inútiles, que se repusieron con 50 
que dejó el enemigo el día 23 en la referida puerta 
del Atole, al encontrarse con él. En ese hecho de 
armas resultaron heridos el General Coronel Anto- 
nio Angón y el Coronel Francisco Rondti; y muertos 
dos Comandantes. 11 Capitanes y 20 subalternos; 
cuya baja total ascendió á 438. según el estado ge- 
neral que. deduciéndose de 2,100 combatientes que 
asistieron á la lucha, resulta un sobrante de L562 
hombres pertenecientes á los distintos jefes que 
en ella combatieron. 

Con motivo de haber faltado á su ofrecimiento 
algunos liberales vecinos de Morelia que ofrecie- 
ron aumentar las fuerzas federales avistadas en di- 
cha época á las goteras de la Capital, con el ingre- 
so á las filas de alguna tropa del enemigo que en- 
tonces ocupaba aquella plaza, con las que estaban 
le acuerdo para pasarse á las tropas federales, los 
íoldados pertenecientes á ellas cantaban el siguien- 
;e juguetillo: 



—44— 

«Bonitas las amarillas 
calandrias de los nopales, 
¿para qué dicen que sí, 
si al cabo no son formales? 

De paso Don Gordiano por Tepalcatepec para 
Aguililla, se ie incorpora su leal amigo y buen Se- 
cretario Coronel Manuel Ramos, enteramente res- 
tablecido de la salud, quien con ese motivo se diri- 
gía en pos de la Brigada para continuar en ella 
sus servicios. Esa persona fué bien recibida dei 
General dándole las gracias y luego un estrecho 
abrazo, previniéndole que al día siguiente tomaría 
de nuevo posesión de la Secretaría, que por sus 
enfermedades había desempeñado algán tiempo el 
Coronel Rafael Degollado, para que al quedar ex- 
pedito ese Jefe, mandarlo á Colima y Jalisco á de- 
sempeñar una comisión interesante que debía con- 
fiarle relativa al servicio y á la propaganda de las 
ideas liberales. 

A otro día recibió el General aviso de estar dis- 
puesto para marchar el Jefe Degollado, y luego se 
le entregaron los pliegos que acreditaban su im- 
portante comisión y los recursos indispensables, 
entregando antes el archivo de la secretaría, por 
medio de mveñtario, al Coronel Ramos, quien co- 
menzó á funcionar, en seguida y ordenando finab 
mente el General, pasase á la mayoría como antes 
el que esto escribe, en su clase de sargento 2*^, en 
donde seguirían utilizándose sus servicios- 

Luego dispuso el General viniese á su presencia 
el Ayudante Zenteno, á quien ordenó dijese á su 
Secretario pusiera una carta al flebotomiano de 
Coal coman para que pasara á Aguililla á encar- 
garse de la curación de los heridos que pronto lle- 
garían á ese pueblo, debiendo ser el portador de la 
carta José María Flores (á) ElMachachán, el me- 



RT-- 



-—45— 
jor de sus asistentes; y que luegfo que estuviera 
concluida, la llevase á la firma el Secretario en per- 
sona. No tardó mucho en presentarse éste al ve- 
terano con el pliegfo que firmó y que en seguida 
filé entregado al asistente, quedando solos en el 
despacho los dos viejos en completo silencio, inte- 
rrumpido por Ramos, alcabo de un rato, di- 
ciendo: ¡Mi General,! una pregunta, que le suplico. 
no lleve á mal. Contestó luego aquel Jefe: habla, 
buen amigo, y te escucharé. Pues bien, Señor Ge- 
neral; aprovechando su deferencia, de que estoy 
agradecido, se servirá Ud. decirme ¿qué no habría 
sido demasiado peligroso atacar la plaza de More- 
lia con pura caballería por mucha y disciplinada 
que fiíese? Esa determinación, amigo mío. no so- 
lo S9ría de consecuencias, sino aun ridicula y fue- 
ra de toda regla militar; pero como el pensamiento 
fué distinto, al tratarse solo de proteger la deser- 
ción de la tropa, y salida de aquella plaza, de un 
batallón con su cuadro de oficiales que estaba dis- 
puesto á ingresar á nuestras filas, é imponer al 
enemigo con la presencia de más de 2,000 comba- 
tientes que ocuparan las goteras de la Capital; pe- 
ro que faltando al ofrecimiento hecho en ese sen- 
tido por cartas de los buenos liberales de Morelia» 
no dio resultado la expedición hecha con ese fin, 
puesto que ni el Batallón del enemigo se pasó á 
nuestras filas, según indicaron aquéllos, ni tampo- 
co hubo desertores que recoger, sin embargo de 
haber estado la columna más de un día en las go- 
teras de la ciudad, en espera de ambas cosas. 

Esa invitación de parte de los liberales de dicha 

Capital para que la fuerza federal se situase frente 

á los muros de ella, para el electo indicado, nos 

^usó, como es de suponerse, mucho disgusto y 

a falta no dejó de comprometer los intereses de 

causa al distraernos de otras operaciones, y en 

I nsecucncia, tuvimos que retiramos abandonan- 



-46- 
do á Morelia para encontrar al siguiente día con 
las fuerzas enemigas que mandaba el General Án- 
gel Guzmán en la referida puerta del Atole, de cu- 
yos hechos ya tiene conocimiento mi buen amig-o. 
Una vez satisfecha mi duda de la manera más bon- 
dadosHi me retiro, con su permiso, dijo el Secreta- 
rio, siempre que no haya algo que mandar. Hazlo. 
pues, contestó el General, cuando por ahora nada 
ocurre. 






^ttttva épútú. 



LA OPINIÓN PUBLICA DE PARTE 
DE LA REVOLUCIÓN. 



El Coronel Rafael Degollado, cumpliendo con la 
comisión encomendada por el General D. Gordiano, 
en Mayo de 1842. y en el trascurso de la cual le 
dirige de Colima y Jalisco algunas cartas con an- 
tecedentes del estado que por aquellas regiones 
guardaba la política de entonces; y en la última 
que le despachó en Octubre del año citado^ le de- 
cía entre otras cosas: que convenía mucho á los in- 
tereses de la causa que se había propuesto defen- 
der, dispusiese una expedición por aquellos países, 
porque con motivo del general desafecto á la ad- 
ministración del General Santa Anna, entencjía que 
con la presencia de una fuerza moralizada, se avan- 
zaría mucho, por la cual vieran los contrarios que 
el edificio social comenzaba á desbordarse al em- 
puje de la opinión bastante generalizada ya; y en- 



-48- 
tonces los pueblos se convencerían de que enmedio 
de los desastres de la revolución, contarían con el 
apoyo y gfarantías de las tropas federales, siendo 
esto un poderoso estímulo para que la causa tu- 
viese en aquel territorio algunos colaboradores y 
muchos adictos; robusteciéndose con ello más y 
más la opinión pública. 

Entonces el General, de acuerdo con las indica- 
ciones de Degollado, comienza á organizar de nue- 
vo la Brigada de su mando, haciéndose los prepa- 
rativos necesarios para la expedición, y todo listo 
en fines de dicho año, se mueve de Aguililla el Ge- 
neral en dirección á Jalisco, dando aviso á su co- 
misionado de haber emprendido ya su marcha. 

Una vez las fuerzas de Don Gordiano en el terri- 
torio tapatío, se le persigue por una fuerza respe- 
table del Gobierno de aquel Estado, al mando del 
General Montenegro, y encontrándose entonces la 
Brigada lederal en San Isidro, llega al Arenal su 
perseguidor, se le da parte de ello á Don Gordia- 
no y luego se dispone á tomar las medidas conve- 
nientes al buen éxito déla defensa, presentando 
acción al enemigo, la cual duró algunas horas de 
uno de los primeros días de Octubre del aílo an- 
tes citado; y siendo como fué bastante reñida la la- 
cha, resultaron bajas de consideración en las fuer- 
zas contendientes, entre muertos y heridos, termi- 
nando ese hecho de armas hasta la puesta del sol 
del día citado, en que lias tropas del Gobierno tu- 
vieron que dejar á San Isidro y el Arenal, retirán- 
dose en desorden rumbo á la Capital de Jalisco» 
quedando con esa ocurrencia en triunfo los fede- 
rales y el campo á discresión de los jefes vencedo- 
res que lo mandaron levantar en la mañana del 
día siguiente. 

A los dos días de pasada la acción, evacuó tam- 
bién el General Gordiano las referidas haciendas, 
tomando el camino de Zayula, llevando 39 camillas 



^49- 
en que se trasportaron heridos cíe g^ravedad y de- 
jando sepultados sus oiuertos, lo mismo que los del 
enemigo, en el lug-ar de costumbre. 

Alajada ya la tropa en dicha población, pide lue- 
go el General á los jefes de cuerpos un estado de 
fuerza, armamento, municiones y caballos, el cual 
le fué presentado, y por él ve con sentimiento, la 
baja de la brigfada, así como la irreparable pérdida 
de algfunos oficiales dignos de su estimación. Entre 
muertos y heridos ascendió la baja á L92; y en cuan- 
to á caballos, los que se inutilizaron se repusieron 
con los que el enemig^o abandonó en su retirada. 
Tal fué el resultado del hecho de armas ocurrido 
hacía cuatro días, quedando la Brig-ada reducida á 
558 individuos de tropa. 

Al tercer día salió dicho jefe de la población za- 
yulteca, tomando- el rumbo de Chápala, sin que se 
le persiguiera, y de allí el de Michoacan, no siéndo- 
le dable permanecer algún tiempo más en el terri- 
torio ta patío, por que las fuerzas salidas de la ca- 
pital en su persecución, eran muy superiores, se- 
gún estaba informado y no podía resistirlas con 
éxito, pues que si hubiera pensado en tal locura, 
se perdería la victoria que las armas federales al- 
canzaron, íl tan caro precio, en la jornada de San 
Isidro, en cuya ünca se asistieron con solicitud los 
heridos pertenecientes A la Brigada, y mediante 
esa conducta, que debe ser mencionada en estos 
apuntes, conviene secundar en este caso lo que 
otros muchos han dicho: qMe también en Jalisco 
hay hombres. 

Firme el General Guzmán en su propósito de no 
comprometer la victoria de que antes se trata, re- 
gresa á su cuartel genei'al de Aguililla en espera 
de nuevos acontecimientos y en consecuencia, á 
su llegadat pone en descanso su fuerza, mandan- 
do luego curar á los heridos que ocuparon las ca- 
millas, de los cuales murieron algunos. 



-50— 
Las fuerzas federales de la época indicada, des- 
pués de los acontecimientos de la puerta del Ato- 
le, se organizaron de nuevo y siguieron combatien- 
do á los tiranos, triunfando unas veces y otras per- 
diendo; entretanto vino el plan de Ayutla, y enton* 
ees sí se le dio en la cabeza á la víbora. 



Inl>ulto del Mayor D. Juan Flores. 
—Varios Jefes. 



A poco tiempo del hecho de armas del Co- 
ronel Manuel Vélez por el camino que de Santa 
Eíigenia conduce á Ario de Rosales, se indulta el 
Mayor de caballería Donjuán Flores, subordinada 
de aquel Jefe, y considerando lo que pasó en Ta- 
fetán al de igual categoría Juan Calderón, se siv 
baiternaron á Vélez los Jefes Muñoz, Orta. los de 
Panzacola y otros varios que siguieron combatien- 
do á los tiranos; mas respecto de los ciudadanos 
Sierra y Ochoa, éstos se separaron de las filas fe- 
derales para desempeñar en la frontera del Norte 
comisiones interesantes del servicio. 

Después de algunos meses que regresaron esos 
comisionados de aquel rumbo, ya las tropas fede- 
rales en su mayor parte habían separad use de la 
escena política por una fatalidad, y otras puestas 
en receso para volver á la lucha en mejores cir- 
cunstancias. 

Estando el Mayor Flores al servicio de las tro- 
pas federales, y Don Camilo su hijo á las del Go- 
bierno central, era de esperarse que uno ú otra 
abandonasen las filas, por ser tan repugnante esa 
división entre familias, y peor aún entre padres é 
hijos defendiendo opuesta causa, y mediante esa 
consideración, no pudo ser otro el resultado. 



—51— 
El indulto del Mayor Flores úiú lugar á que las 
tropas federales de aquella época cantaran en sus 
marchas el sig^uiente juguetillo: 

«Yo ayer tarde lo vi 
y Usted, no me quiso hablar, 
luego al punto conocí 
que Usted no sabía amar; 
ya no soy boba yó 
vayase Usted a pasear. > 

En cuanto al Coronel Francisco Ronda, este Je- 
te hostilizó á las tropas del Gobierno centralista 
impidiendo la conducción de reemplazos para el 
Ejército, quitándolos en su tránsito del poder del 
enemig-o y dándoles libertad en seguida, teniendo 
que sacrificar al efecto alg^unos soldados y que po- 
ner ubres A los prisioneros que se le hacían al ene- 
mig-o en las acometidas que se le daban. 

Algunas veces asaltaba las escoltas enemigas 
conductoras de equipo, armamento y municiones 
que el Gobierno de Michoacán remitfa para el ser- 
vicio de los destacamentos» quedando ese botín en 
poder del Coronel, y, por último, también en diver- 
sos casos sorprqndfa correos del enemigo, recogién- 
doles la correspondencia y dejándoles enteramente 
libres, 

Asaltaba con frecuencia*;! las fuerzas contra- 
rias en sus respectivas plazas, ocupando algu- 
nas con buen éxito, y retirándose de otras mejor 
fortificadas; pei^o no sin dejar de aprovechar opor- 
tuniJades» recogiéndoles caballos, armas y cuanto 
más se podía, distribuyéndolo todo entre sus sol- 
dados. 

Los acontecimientos antes mencionados tuvie- 
m lugar en fines de 183S, dándose parte de ellos 
i Cuartel General» establecido entoncts en el Dis— 
"ito de Apatzingán. 



V 



-52- 

En 1839. estando confiada la plaza de Taretan al 
Coronel Carlos María Gordillo y á sus órdenes la 
fuerza que mandaba el Capitán José María Huerta, 
se aproxima Ronda, por Patúan, á esa población 
en uno de los días del mes de Mayo del año citado, 
saliendo luegfo á su encuentro los relacionados je- 
fes con hi tropa que tenían á sus órdenes, á fin de 
ahuyentar á Ronda del municipio y darle una bue- 
na lección. 

jBuena fué! que ellos la llevaron, porque como á 
las cuatro de la tarde de aquel día reg'resaron de la 
hacienda de Patúan los gfuardianes de la plaza de 
Taretan, á todo escape, metiéndose en sus trinche- 
ras, llevan Jo alg"unos soldado^ heridos y menos ca- 
ballos, con motivo de que la fuerza de Ronda los 
persiguió en su retirada, tiroteándoles hasta las go- 
teras de la población 3^ en esos momentos los sol- 
dados del Gobierno perseguidos tan de cerca, se 
escapaban por los bosques, abandonando armas 3^ 
caballos que los de Ronda recogieron, retirándose 
luego rumbo á la inmediata sierra de Tingambato. 

- Como ese Coronel continuó en sus afanes de mo- 
lestar á las tropas del Gobierno en cuanto le fué 
dable» despojándolas por la fuerza del dinero que 
para haberes de tropa llevaban 3" que como pro- 
ducto de recaudación se remitían, tanto á los des- 
tacamento -^t como á lá Tesorería General del Es- 
tado v comandancia militar del mismo, el Gene- 
ral Gobernador Panfilo Galindo mu3'' molestado 
por esa conducta, dispuso salir como lo verificó, 
de la Capital personalmente con una Brigada, re- 
5íuelto á hacer á Ronda una tenaz persecución. 
Durante ella, por pueblos, montañas, barrancas, 
caminos, bosques y veredas, nada, absolutamente 
nada, pudo alcanzar e! Sr. Goberníidor. porque los 
acontecimientos hostiles 3- las causas generales que 
daron en pie. 




^ ^. • ^53- 

Luegfo viene ú Michoacán una fuerza de Guana- 
juato. á las órdenes de los Generales Pedro y Luis 
Cortíizar, hermanos, obrando en convinacfón con 
el Gobierno de aquel Estado, estableciendo en se- 
guida destacamentos en las poblaciones más im- 
portantes del mismo Estado^ con objeto de estre- 
char el terreno á los soldados de Ronda, 

Más tarde salen en persecución de ese cabecilla 
las fuerzas de ambos Estados, con sus respectivos 
JefeSi y sin embargo sucedió lo mismo que antes, 
porque ese Coronel federal les trajo en su persecu- 
ción, no obstante la unión de las tropas de los dos 
Estados, que no le perdían la vista, pero sin conse- 
guir por ese medio el exterminio de los de Ronda, 
ni establecer la paz en Michoacán, mediando al 
efecto ]a> distintas determinaciones del Gobierno 
en ese sentido. 

Los Generales indicados, con la conciencia, tal 
vez, de que nada podrían hacer de provecho por 
dilatada que fuera la persecución, de acuerdo pro- 
ponen indulto á Ronda, que despreció muchas ve- 
ees y siguió con más empeño hostilizando al Go- 
bierno. Convencidos, pues, los gobernantes de 
aquella ópoca de que era difícil alcanzar algo en 
favor del Centralismo, ó quizá llamados á su pues- 
to por asuntos de mayor importancia que no fal- 
taban entonces, resolvieron de conformidad aban- 
donar la persecución emprendida en contra de los 
pronunciados, regresando a su centro, para aten- 
der debidamente á sus preferentes atenciones y á 
Ronda dejarle hacer su voluntad. 

Después de algún tiempo, es perseguido de nue- 
vo ese cabecilla, y en una de sus correrías necesi- 
ta pernoctar con su fuerza en las mesas del pue* 
bío de Naranja — nombre que lleva una altura inme- 
diata á la misma población— con objeto de mandar 
de allí, al amanecer, por un dinero para socorrer á 
a tropa, y en la madrugada del día siguiente que 



-54- 
corresponde ú uno de los del mes de Octubre de 
1839, ordena Ronda á su secretario. Capitán Juan 
López, se ding*iese á dicho pueblo, solo, para no lla- 
mar la atención, á decir de su parte al Teniente de 
Justicia del mismo lugar, le mandara por su con- 
ducto los 60 pesos que, de Bellas Fuentes debían ha- 
berle mandado sus parciales. 

Dicha autoridad, que conocía bien á López, le 
entreg-ó la cantidad expresada, recogiendo el co- 
rrespondiente recibo. En seguida se despide el Ca- 
pitán de la autoridad, llevando el camino que con- 
duce á Zacapu, por el cual debía tomar el que ne- 
cesitaba para llegar al lugar en que le esperaba 
su jefe; pero antes de separarse de esa vía, le en- 
cuentra una avanzada del enemigo, la cual salió de 
la plaza de ese pueblo á vigilar el camino que de 
(31 conduce á Pátzcuaro, y en seguida cl Coman- 
dante de ella, le dio el ¿quién vive? á que contestó 
López de un modo maquinal por la sorpresa: ¡El 
Supremo Gobierno! Luego le interrogó A donde 
se dirigía, respondiendo el Capitán que á Zacapu, 
á participar al Comandante de la plaza, que una 
fuerza pronunciada se encontraba en Bellas Fuen- 
tes, causando á los vecinos de esa finca algunas 
vejaciones. 

En vista de esa contestación, el oficial interro- 
gante, que nada sospechó, le concede el paso y aun 
le dio razón del alojamiento de su Jefe, despidién- 
dose en seguida y abandonando López á poco an- 
dar, el camino que traía para tomar el de La Mesa. 
Un poco repuesto con la sorpresa que recibió con 
aquel inesperado encuentro, y libre ya del gran 
peligro en que se vio en ese incidente si hubiera 
sido descubierto, llega, por fin, sin otra novedad 
al paraje donde le esperaba su Jefe: le refiere á és- 
te prolijamente lo que había pasado y el gran sus- 
to que le causó aquelía sorprendente entrevista^ 
entregándole luego los sesenta pesos. 



-55- 

Con motivo de tal informe, el Coronel m:mda so- 
corr'er con violencia la tropa y se pone en marcha 
á las 12 del dfa, siguiendo el camino que llevaba la 
escolta del enemigo, y ú las cuatro de la tarde 
fué aquella sorprendida de los de Ronda, en el pa- 
raje de la ''Barranca honda/» quedando prisioneros 
los soldados que la componían, á ex^cepción del co- 
mandante de ella, que pudo escaparse. 

La noche de ese día pernoctó el Coronel en la 
sierra de Zinciro y al siguiente puso en libertad á 
los 15 prisioneros de la escolta dicha, devolviéndole 
sus maletas y dando 25 centavos á cada uno para 
que regresaran á sus inmediatos pueblos, quedan- 
do en poder del Coronel, caballos, armas, equipo 
y municiones, que pertenecieron á la escolta. 

Con motivo de esas ocurrencias, se le persigue 
también por la fuerza de Zacapu y con eso se le 
obliga á pasarse á la sierra de Purépero. de la cual 
se dirije al rancho de Casas Viejas para dar pienso 
á la remonta y algo de comer á la tropa; y á eso 
de unas cuantas horas de permanencia allí, apare- 
ce sobre el camino que conduce á Zamora una es- 
colta del Gobierno que regresaba de aquella ciu- 
dad, después de dejar unos reemplazos. Mandada 
batir luego y una vez derrotada, se tomaron 25 
hombres prisioneros de que se componía aquella, 
y A su comandante el Teniente José Macías; en 
cuya virtud, quedan también en poder de Ronda 
objetos de guerra y muebles iguales en su clase A 
los que recogió dos días antes de la escolta de Za- 
capu; de cuyos muebles y demás objetos procuró 
desembarazarse con oportunidad para expeditarse 
& la defensa. 

Pasado ese hecho, se dirige con sus prisioneros 
. la sierra de donde antes había salido, tomando 
1 camino que de Caurio conduce al puerto de San- 
an, y en ese solitario sitio, da Hbres á los 25 horn- 
ees 'de tropa que tomó prisioneros en Ca^as Vie- 



—56- 
jas, auxiliándoles con 25 centavos á caüa unot en- 
tregándoles sus maletas y salvo conducto para que 
reg^Vesaran al lugar de su origen, remitiendo al Te- 
niente José Macías al cuartel general, que se en- 
contraba entonces en el Distrito de Apatzingán, 
para que allí se dispusiera lo conveniente* 

Terminado ese acontecimiento y editando en 
Clierán dando un pienso á. la remonta, se le da avi- 
so al Coronel de que por la sierra de Sevina venía 
una tropa del Gobierno en dirección á aquel pue- 
blo. En vista de esa noticia se manda ensillar lue- 
go y se pone en salvo la remonta recojída en el 
último encuentro, remitiéndola á lugar seguro con 
un piquete de caballería; y avistada que fué la van- 
guardia del enemigo en las goteras de Clierán, 
emprendió Ronda su retirada por el paraje de la 
Cofradía, rumbo al cerro del Mesteño, sin que sus 
perseguidores notaran ese movimiento, el cual pu- 
dieron descubrir cuando el Coronel estaba fuera 
de su alcance. En pos de sus huellas se le sigue 
hasta dicho cerro. De allí á la sierra de Zacapu y 
luego á la de Pichátaro, sin darle alcance en nin- 
guno de esos puntos. 

Fastidiadas, tal vez, las fuerzas del Gobierno de 
tan frecuentes y dilatadas correrías en persecución 
de Ronda sin resultado alguno, abandonan esa ta- 
rea^ resolviendo reconcentrar sus fuerzas en sus 
respectivas plazas: las de Cortázar á la de Tare- 
tan, 3^^ las de Galindo, á Pátzcuaro; siendo testigo 
presencial como actor en la demandíi, el General 
Florencio Antillon. que vive aún en esta Capital, 
como subordinado entonces de Cortázar^ sirviendo 
la Pagaduría de la Brigada de Guanajuato y ale- 
lado en la casa de Don Agustín Solórzano, del co- 
mercio de aquel pueblo. 

Entonces el repetido Coronel, no despreciando 
esa oportunidad, baja también de la sierra á Eron- 
garfcuaro el 22 de Junio de 1840, con algunos he- 



-57- 
ridos y remonta bastante estropeada. Con ese 
motivo ocurre á la autoridad respectiva pidiéndole 
un caballo en calidad de pronta devolución, ofre- 
ciendo dejar, entre tanto, en poder de aquélla, el 
que se encontraba enfermo; solicitando, además» 
del vecindario por el mismo conducto, un auxilio 
de 50 pesos para socorrer la tropa. 

Mediante ese pedido se reunieron los vecinos á 
la autoridad, y haciéndoles presente la solicitud del 
Coronel, unos manifestaron conformidad y otros 
se neg-aron, resolviendo al fin la mayoría que no 
debía de atenderse la solicitud de dicho Jefe, y en 
consecuencia se la hiciera esperar, ofreciéndole al- 
go entre tanto se mandaba á Pátzcuaro un mozo 
de confianza, dando aviso al General Galindo de la 
visita que tenía en el pueblo, á fin de que mandase 
una fuerza en su persecución, que alejara á Ron- 
da de aquel lugar para no darle ni un centavO; ni 
el caballo que pedía. Así lo hicieron esos malos 
vecinos que, tras de la culpa lleváronla penitencia; 
y á las tantas horas del citado día se aproxima una 
sección de caballería á Erongfarícuaro procedente 
del Gobierno. 

Ronda entonces comprende lo que pasaba y en 
seguida se dirige á la autoridad, indicándole algo 
de la traidora conducta del vecindario, recordán- 
dole también las consideraciones de amistad que 
siempre había dispensado á los vecinos, insistien- 
do en lo que pedía y reprobando con disgusto tan 
infame proceder. 

Estando en esas explicaciones con la autoridad, 
no faltó quien anunciara la aproximación de las 
tropas del , Gobierno, por el inmediato pueblo de 
Urecho; y seguros de ello los vecinos, se reunieron 
los principales, montados en buenos caballos, é 
hicieron armas contra Ronda. Este Jefe, no obs- 
tante estar sentido, y con justicia, por la conducta 
3e los vecinos, les suplica á los amotinados no le 

8 



-58- 
pusieran en el penoso caso de ofenderlos en defen- 
sa propiíi, porque sentiría mucho cualquiera des- 
gracia en alg-uno de ellos ó de los su^^os. 

Sin embarg"o de esa indicación, no se fijan en ella, 
se empeñan en consumar su traición á la amistad, 
y con lanza en ristre y armas de fuego en mano, 
se le echan ensima al Jefe amigo en las calles de 
aquel pueblo ingrato. Con ese motivo, Ronda en 
vista de que tan directamente se le acomete, se po- 
ne á la defensiva, haciéndoles a su pesar algunos 
muertos de los principales vecinos, entre parientes, 
paisanos y amigos, puesto que en dicho pueblo de 
Erongarícuaro' vio la luz primera el Coronel, reti- 
rándose en seguida á las orillas de esa población, 
sin el dinero y caballos solicitados, pero con el sen- 
timiento de que los que reputaba como sus me- 
jores amigos, le traicionaran proponiéndose entre- 
garle miserablemente en manos de sus persegui- 
dores, de los cuales vio desde aquel punto llegar 
una parte á Erongarícuaro, en cuya localidad no 
encontró á quien combatir, sino únicamente asom 
bro, lágrimas, consternación y luto por los suce- 
sos antes indicados y unos cuantos cadáv^eres en 
las casas de sus deudos y á éstos con las lágrimas 
en los ojos. 

La fuer za salida de Pátzcuaro en persecución de 
Ronda, teniendo noticia de las autoridades de aquel 
pueblo de que ese Jefe se encontraba aún muy cer- 
ca del lugar, se mueve de él, sale á su alcance, 
pero todo inútil porque en aquella hora, ya ni en 
Zinciro se encontraban los de Ronda, mientras 
tanto ese cabecilla, tomó la sierra de Azajo con el 
pesar en el alma por los acontecimientos que aca- 
babíin de pasar. No siendo dable á sus persegui- 
dores darle alcance, regresan á Erongarícuaro, 
pernoctando allí la misma noche del 22 de Junio 
de 1840, fecha antes citada. A las cinco de la 
mañana del siguiente día, se marcha la fuerza del 




^ 



-59- 

Gobierno en dirección á Pátzcuaro, dejando la po- 
blación envueltL'i en el naás luctuoso cuadro que con 
horror se reg^ístra en su historia contemporánea. 

Con motivo de haberse suspendido la persecu- 
ción que las tropas de Guanajuato y Michoacán hi- 
cieron en combinación por tanto tiempo al referido 
Coronel sin resultado, las del primer punto regre- 
san A su Estado* y las del segfundo se reconcentran 
á su Capital. En consecuencia» Ronda disolvió su 
fuerza, en treguándose á la vida privada en el seno 
de la familia, rad i chindóse entonces en el rancho 
de Cótiro cultivando la tierra para poder vivir, sin 
que nadie le molestase, pero como tenía ese Jefe 
eoemigfos emboscado?, óstos lo mandaron asesinar 
en Coeneo traidoramente después de algfún tiem- 
po, quedando ese crimen en la impunidad hasta 
hoy. 

Dicho Jefe tendría cuando murió cerca de cin- 
cuenta años; era de constitución fuerte, de esta- 
tura regfular^ de color^ blanco, huero, de ojosazules» 
vivos y garandes, de pelo y barba rubios, de bue- 
nos modales, y muy expedito para el caballo y ma- 
nejo de armas, de estado casado y de ejercicio 
ag-ricultor: 

Al separarse Ronda en el rancho de Cótiro de 
oficiales y tropa, su secretario. Capitán Juan Ló- 
pez, llevando la voz de aquéllos, se despide de su 
Jefe, ofreciéndole sus servicios siempre que los vol- 
viera á necesitar y dándole las gracias por los con- 
sideraciones que les dispensó, cuando por tanto 
tiempo estuvieron á sus órdenes; y medíante ha- 
berlos disuelto montados y armados, tomaron lue- 
go oficiales, Secretario y tropa, el rumbo que á ca- 
'^'^ uno convino, quedando Ronda reconocido por 

is atenciones. 

El Coronel Manuel Vélez después de las corre- 

s anteriores y de las expediciones hechas por 

poblaciones del Sur de Michoacán^ en 1840, lo- 




—60— • 
gró reponer en ló posible la Sección de su man- 
do de las tfajas que tuvo en la jornada de la puerta 
del Atole, verificada en Mayo dej año antes citado, 
y en el siguiente de 1841. le ocurrió en uno de tan 
tos días visitar el destacamento que cubría la pla- 
za de Tacámbraro, encomendada entonces al Ge- 
neral Ángel Guzmán. En esa visita se le recibió 
hostilmente, haciendo fuego los dragones que la 
cubrían, A los asaltantes soldados del Coronel visi- 
tante. 

Tal recibimiento fué contestado en los mismos 
tcírminos, madando desde luego una compañía de 
tropa federal sobre el cementerio de la Parroquia 
de aquella ciudad, á fin de que batiera A los dra- 
gones que gaarnecían dicho punto, trabándose 
luego una lucha desesperada, en la cual falleció el 
Capitán jefe del punto. Lino Antilla, en una de las 
puertas del atrio que da al Sur de la expresada ciu- 
dad* 

En ese hecho de armas en que el enemigo hizo 
en aquel lecinto una buena resistencia, murieron 
algunos dragones, falleciendo también de parte de 
los asaltantes tres individuos de tropa, dos caba- 
llos que fueron baja en la sección y algnnos heri- 
dos. 

Concluida esa operación, el Cot*onel Vélez com- 
prendió, sin duda, que ya era tiempo de retirar- 
se de la población para no exponer el triunfa al- 
canzado por las armas federales, porque en bre- 
ve llegaría un auxilio que no podría resistir, y 
en seguida Li persecución, como en efecto se man- 
dó una fuerza competente que le persiguiera rutn- 
bo á la hacienda de Chupio, que era el que llevaba 
el íete asaltante, pero que no se le dio alcance ea 
virtud de ser bastante conocedor del teneno, y es- 
ta circunstancia hizo que el enemigo le perdiera 
la pista. Con la utilidad de ese conocimiento, se 
salió el Coronel con su tropa de las diferentes cela- 



-61^ 

das que el enemig-o le puso, á fin de cogerle en 
ellas, aun de las que creía más favorables al efec^ 
to» tal como la que se le fragfuó en el mineral de 
Tongfimón y barrancas del Encanto, pertenecien- 
tes á las fronteras déla Sierra Madre del Sur, en 
donde en vez de capturarle, recibieron una re- 
cular lección los belicosos dragones del Primer Ac- 
tivo de Morelia, cuyo regimiento en alta fuerza 
estuvo entonces al mando del citado General Án- 
gel Guzmán. 

Respecto del Coronel Nieves Huerta, este jefe 
falleció después del acontecimiento de la memora- 
ble puerta del Atole, quedando con ese motivo sus 
subordinados y tropa en receso. 

En una visita que el General Galindo hizo al 
pueblo de Taretan en 184 K autorizó á Don Alejo 
García, vecino de ese lugar, para que persiguiera 
á los sublevados de aquella época, y en uso de esa 
autorización toca á Erongarfcuaro' con su guerri- 
lla, sorprende á aquellos en ese lugar, y en el al- 
cance que se les dio, murió en el potrero del Si- 
d rae ayote, perteneciente á la hacienda de Napíza^ 
ro. el Teniente Francisco Cano, y á inmediaciones 
de Arocütíii* el Alférez Juan Castro, ambos natu- 
rales de Erongaricuaro, y subordinados que fue- 
ron del Coronel Francisco RondLK 

Luego se pasa el guerrillero García A Quiroga: 
allí aprehende A algunos prisioneros, mata a otros 
y entre ellos al joven Manuel Antúnez [á] el Churi- 
po, también del propio pueblo y en cuya época 
cantaban sus soldados pronunciados, algunos ju- 
guelillos, como el que sigue: 

«Cuatro reales he de dar 
Contados de uno en uno 
Tan solo por ver bailar 
El jarabito gatuno, 
Vengan pues los cuatro reales 



-26- 

Bailaremos el jarabe 
A las cinco de la tarde 
Que lleguen los federales. > 



El Coronel Manuel Velez también 
se indulta ^ 



Pasad:is las ocurrencias de Tacambaro, el Coro- 
nel Vélez, continuó en sus correrías y los contra- 
rios persig-uíéndole y hostilizándole en cuanto les 
fué dable!^ d:índole asaltos y sorpresas, de las que 
escapó felizmente, hasta que por fin los sufrimien- 
tos de la persecución, la taita de elementos y aun 
de tropa para afrontar la situación: la escasez de 
remonta con que proveer A los soldados y la falta 
de apoyo de otras fuerzas, le pusieron en el caso 
de indultarse, A su pesar, en fines de IS41, ponién- 
dose A disposición del Comandante militar de la lí- 
nea de! Sur. entonces general Ani^el Guzmán. á 
cuyas órdenes sirvió algún tiempo en el Primer 
Reg^imiento activo del Estado de Michoacán, den- 
tro del cual fué atacado el Coronel de una penosa 
enfermedad. Je la que falleció en Tacambaro, en 
el seno ¿c la familia. 

Al indultarse ese Jefe dejó los 103 hombres de 
tropa que pertenecían A su sección, A cargo de sus 
comparteros y paisanos. Teniente Coronel Antonio 
MufViz y Mayor losé Orta, para que si les parecía 
continuasen con ellos al servicio de la causa* y en 
caso contrario pusieran A los de tropa fuera de pe- 
liiífro, devolviendo los caballos que montaban A sus 
respectivos dueños, que conocían demasiado. En 
consecuencia, di Aos Jefes incorporaron á sus fi- 



r 



-osó- 
las los 100 soldados de que se trata, sigfuiendo la 
misma CLiusa, experimentando también persecucio- 
nes y privaciones de todo género, con peligro de 
la vida, pero siempre firmes y constantes á sus 
compromisos; omitiendo hacer referencia del per- 
sonal y cualidades del Coronel, porque fué muy 
conocido del de la mayor parte de los habitantes 
de Michoacán, como agricultor y también como 
soldado del pueblo. 

Respecto de sus subordinados Miñiz y Orta, es- 
tos sufridos patriotas, después de muy dilatado 
tiempo de persecuciones y no pudiendo resistirlas» 
ni queriendo tampoco traicionar á su causa, se pro- 
pusieron disolver los soldados que les quedaban, 
entregando á sus dueños los caballos que monta- 
ban y emigrando luego al v^ecino Estado de Gue^ 
rrero, en donde tuvieron quietud y garantías; y al- 
cabo de nlgiinoí^ meses de permanencia en aquella 
zona, se determinaron á regresar á su país natal, 
en donde vivieron pacíficamente sin ser molesta- 
dos en manera alguna. 

Después de pasado el tiempo, fueron atacados 
uno después de otro, de distintas y graves enfer- 
medades, falleciendo en la ciudad de Tacámbaro, 
lugar de su origen y dejando bien puesta su repu- 
tación^ como leales servidores de la causa que se 
propusieron defender; cuyos Jefes, respecto de an- 
tecedentes personales se encuentran en el mismo 
caso que el Coronel Vélez, por haber sido bastan- 
te conocido en Michoacán, y muy especialmente 
entre los hombres de armas. 

También en esa época falleció en la misma ciu- 
dad de Tacámbaro el Mayor Juan Flores, defensor 
ue fué de los derechos del pueblo, abandonando 
1 causa para pasar á las filas enemigas; y más 
trde murió también su hijo Don Camilo que sir- 
io en las fuerzas centralistas, á las órdenes del 



—64— 
General Ángel Guzmán con la categoría de Capi 
tan secretario. 

En cuanto á José María y José el Palomo, subal- 
ternos que fueron de Vélez, murieron también en 
su rancho de Panzacola, después de haberles con- 
fiscado sus enemigos los bienes que tenían en los 
campos de aquel rancho, quedando sus familias 
con ese motivo en la mayor miseria. 

Haciendo referencia, por último de los ciudada- 
nos José María Sierra y Ramón Ochoa pronuncia- 
dos en Guayumbo, pn defensa de la causa federal; 
de éstos vive aún el primero, y en cuanto al segun- 
do, falleció hace algún tiempo; mas en relación al 
ciudadano Agapito López, soldado de aquellos 
tiempos, en las filas de los Generales Codallos y 
Gordiano, existe aun en Morelia. Ese buen patrio- 
ta, lo mismo que Sierra se encuentran én aquella 
capital enfermos, en avanzada edad y bastante ne-. 
cesitados. 



v\ 



iff^^ ^ iJbi iiíí iíí i4¿ ^ i*í iá^ri^ ilfeí ^ 



ffiuitrtfi éf0ta* 



froeedímientos abusivos del peneral ^ingel 

puzmán como ^efe de la J^ínea del Sur 

en 1841. 

::^ ^< 

Conviene referir en estos apuntes muy somera- 
mente, alg^o de los procedimientos de ese Jefe ser- 
vidor del centralismo, comenzando por decir, que 
estando confiada al relacionado General en 1842, 
la persecución de las fuerzas pronunciadas en la 
Knea del Sur» en contra de la admmistración del 
General Presidente Don Antonio López de Santa 
Anna, y en virtud de las fatigas concernientes á esa 
comisión, la remonta del Primer Regimiento Ac- 
tivo de Morelia que, entonces mandaba ese Jefe, 
quedó bastante estropeada por las fatigas; y tra- 
tando de reponerla, le ocurrió asignar de su orden 
un préstamo forzoso de caballos que mandó hacer 
afectivo en toda ía línea de su mando* 

9 



—66- 

Impuesto, los vecinos de ella de tal determina- 
ción tan injusta como abusiva, unos cuantos que 
mucho temían el procedimiento inconveniente de 
parte de aquel General dieron los caballos que te- 
nían asignados, pero la mayor parte de ellos, que 
estaban lejos de aquellos temores, se excusó con 
pretextos que no faltan en semejantes casos, tra- 
tando de ganar tiempo para quejarse, como lo hi- 
cieron, ante el Presidente Don Antonio López, por 
los conductos debidos. 

En vista de esa acusación que no tardó mucho 
en atenderse, dispuso ese magistrado que ocurrie- 
se á su presencia sin pérdida de tiempo, el General 
Guzmán, libriíndose al efecto las correspondientes 
órdenes. Tal determinación es obsequiada, ocu- 
rriendo á México dicho Jefe, á los pocos días de 
ser notificado por la autoridad militar competente, 
presentándose aquél al General /Santa Anna: éste 
le recibe con agrado, interrogándole en seguida 
respecto del estado en que se encontraba la opr- 
níón pública en Michoacán en el sentido de la revo- 
lución. El interrogado contestó con lealtad, di- 
diendo al superior: que según había podido traslu- 
cir, el sentimiento de la ma3^or parte del puebla 
michoacano estaba al lado de la revolución, y que 
por lo mismo, nada de provecho podría conseguir- 
se, ni con una activa persecución á los pronuncia- 
dos, ni aun estableciendo con ellos los efectos del 
terrorismo; cuya contestación tan franca como ve- 
rídica, preocupó demasiado el ánimo del Presiden- 
te. 

Pasado un momento, llama el Magistrado á un 
Ayudante, y le dice: diga Usted de mi parte al Sr. 
Ministro de Guerra, me mande el ocurso de los ve- 
cinos de Tacitmbaro que contiene una acusación 
en contra del Sr. General Ángel Guznián. Poco 
tardó el Ayudante en regresar á la sala presiden- 
cial y en presentar el expediente que se había pedi- 



V 



-67- 

do; y una \hí2 con ella ep la mano S. A. S., se la^ 
pasó al acusado que se hallaba de pié á su frente, 
diciéndole: «Vea Usted lo que dicen sus subordina- 
dos de la ciudad de Tacámbaro, conózcalos y sepa 
quienes son allí sus enemigos para que se cuide de 
ellos.» En seguida^ el General pasó la vista por 
aquel pliego, inmutándose un tanto, y devolvién- 
dolo luego al Presidente, le dá las gracias por sus 
consideraciones; quien concedió asiento al acusado 
y continuó diciendo: «Sabrá Usted que en Acape- 
tlahuaya, pueblo perteneciente al Distrito de Telo- 
loapan del Estado de Guerrero, se han sublevado 
los indígenas Beltrán y Bobadilla en los pueblos de 
aquel rnmbo poniendo por pretexto lo oneroso de 
la (Contribución de capitación que ha estado co- 
brandóse, y que es por ahora una de las rentas 
más productivas al Gobierno- Por lo que, tratan- 
do de reducir al orden á esos trastornadores, he fí- 
jádome en Usted. Sr. General, por sus buenos an- - 
tecedeqtes, actividad y pericia militar: y en ese 
concepto, marchará cuanto antes á reunirse á su 
Regimiento para emprender la campana, á cuyo 
fin están ya poniéndose las órdenes relativas, en 
las'cuales se le conceden amplias facultades, en ha- 
cienda y guerra, nombrándosele además Coman- 
dante militar de la línea del Sur, autorizándole, por 
último, para que compre caballos que destinará al 
servicio del mismo Regimiento, con cargo al teso- 
ro Nacional. I! 

Con lo expuesto terminó la entrevista de las dos 
personas de que se trata, y en consecuencia, Don 
Ángel marchó al^siguiente día para Morelia, satis- 
fecho y orgulloso del resultado de su comparecen- 
cia ante S, A. S. el General Presidente y con el de- 
eo de vengarse de sus acusadores, comenzando 
esde lut'go á organizar en Michoacán la expedi- 
ion encomendada sobre Acapetlahuaya. 



I 



L 



-68— 
A los pocos días marcha Don Ang^el para aque- 
lla región, deiando á su paso destacamentos en 
Hiletamo, Tlalchapa y Ajuchitlán, continuando su 
correría hasta el cerro del Gallo, donde se creye- 
ron fuertes los pronunciados; y en esa inteligencia 
allí lo esperan, resistiendo con valor algunos días 
de ataque por la fuerza de Don Ángel; pero incen- 

' diadas por las tropas de ese Jefe las montañas in- 
mediatas al campamento de los sublevados, se co- 
municó el fuego con extraordinaria velocidad y 
cu3''os avances no les fué dable contener; teniendo 
en consecuencia que abandonar el campo, y que 
lamentar el no haberse fijado en ese incidente para 
prevenirlo; dejando en aquel lugar los pronuncia- 
dos á discreción de las fuerzas del Gobierno re- 

-rnontas, semillas y muebles que allí tenían, r€;co- 
.giendo todo las mismas tropas, como botín de gue- 
rra; y en regular cantidad, fué trasportada esa va- 
riedad de objetos á la hacienda del Mayorazgo que, 
entonces tenía el General en arrendamiento, en el 
Distrito de Tacámbaro» vendiendo en el tránsito 

' semillas y muebles y dejando otros para el fomen- 
to de dicha finca. 

A pocos meses volvió á aparecer la revoliíción 
en el Distrito de Tololoapan, acaudillada por los 
mismos cabecillas Beltrán y Bobadilla; y con ese 
motivo, no tardó Don Ángel en organizar nueva 
expedición para llevarla por segunda vez á aquel 
país; pero entonces, lo mismo que antes, no pudo 

' conseguirse la pacificación porque al aparecerías 
fuerzas del Gobierno en la región sublevada, los 
pronunciados se disolvieron por completo, y en- 
tonces solo sobre los ganados de éstos y de los ve- 
cinos pacíficos se cebó la cólera del Comandante 
de la línea del Sur» pues fueron recojídos por 1 
fuerza, cómo botín de guerra y llevados, lo mism 

-que los anteriores, á- la hacienda del Mayorazgo. 
Al regresar Don Ángel de México á Morelia, e 



-69- 
el tránsito le refirió á su Secretario Capitán Cami- 
lo Flores, en quien depositaba gran confianza, to- 
das las ocurrencias que antes se refieren habidas 
entre el Presidente Santa Anna y el General Guz- 
raán, las cuales trasmitió el Secretario á su padre, 
el Mayor Juan Flores, por cuyo conducto lo su- 
pieron algunos Jefes federales de aquella época, . 
siendo uno de ellos el General Gordiano, y con ese 
motivo pudo también saberlo, el que esto escribe,^ 
como sargfento 2"^, empleado entonces en la mayo- 
ría de la Brigada federal que mandábanse' antiguo 
Jefe, por haberse tratado de ello, estando aquel 
presente en la misma oficina. 

Mientras tanto pasaban los acontecimientos que 
antes se refieren, aparece en las goteras del pue- 
blo de Apatzingán, una fuerza de pronunciados, al 
mando del patriota General Don Gordiano Guz- 
mán. en 184L;, poniendo sitio á la plaza de aquella, 
cubierta por tropas del Estado, maniobra que du- 
ró dos días, después de los cuáles fué tomada, fa- 
lleciendo en ese hecho de armas algunos indivi- 
duos de tropa de ambas fuerzas y diferentes subal- 
ternos muertos y heridos; quedando en poder de 
los vencedores remonta, armas y demá*^ pertre- 
chos de guerra, recojidos al enemigo. 

Al tercer día de t'Jrminada esa acción, se enca- 
mina el General Gordiano para Los Reyes de Sal- 
gado, cuya plaza también estaba guarnecida por 
tropas del Estado; mas al aproximarse la Brigada 
federal á dicha población, el Comandante de aque- 
lla, tuvo aviso oportuno de esa visita, y en conse- 
cuencia, no pudiendo resistir, le fué preciso aban- 
donar la plaza luego, levantando el destacamento 
Que condujo á Zamora por vía de seguridad, sin 
yar los pronunciados de ocupar la plaza de Los 
eyes, por algunas horas; saliendo de ella la Bri— 
ada federal con dirección á Colima y regresando 
Aguililla sin novedad, después de algunos meses- 



-70- 
-dé correrías en aquel territorio, difundiendo los 
principios de liberalismo. 

En 1843 emprendió el General Gordiano otra ex- 
pedición al Sur de Jalisco, pero sin resultado; por 
que entonces la fortuna le negó sus favores, con- 
cediéndole únicamente la gracia de que llegase al 
hogar sin accidente alguno que lamentar, teniendo 
solo el disgusto de ver algo destruida la Brigada 
de su mando que después de algún tiempo de des- 
canso repuso para seguir luchando contra los tira- 
nos. 

Trascurridos algunos días del regreso del Gene- 
ral Guzmán á Aguililla, enfermó ese Jefe de inter- 
mitentes. Ocurrencia fué esa que hizo entrar en 
cuidado á la familia, pero que con el auxilio del 
doctor tapatío Don Rafael Finoamante, que le asis- 
tió con solicítud,pronto cedió el mal y el Benemé- 
rito enfermo se restableció por completo, quedan- 
do en consecuencia, listo para continuar la campa- 
ña. 

En la segunda expedición á Teloloapan verifica- 
da por el Jefe de la línea del Sur, General Ángel 
Guzmán, con motivo de haber aparecido de nuevo 
en aquel Distrito la revolución promovida antes 
por los cabecillas Beltrán \^ Bobadilla, no encontró 
ya á quien combatir en aquella zona, porque los 
pronunciados se disolvieron por completo, al apa- 
recer las tropas del Gobierno en aquellas pobla- 
ciones; y en consecuencia, quedó sin efecto la ex- 
pedición de Don Ángel teniendo que regresar, por 
lo mismo, á Tacámbaro, con el Regimiento que 
mandaba, y á su llegada dar parte de lo ocurrido 
al Gobierno General. 



—71— 

Preparativos para combatir al in- 
VASOR Ejercito del Morte. 

- — ^^«\^fe= ' */ ^ 

En esa inteligencia, los Estados de la confedera 
cidn mexicana, comienzan á orgfanizar sus Guar- 
dias Nacionales, Artillerías y cuerpos auxiliares, 
desde 1846. 

En el Colegio Militar se prepara fá los alumtios 
para la defensa del territorio, dándoseles con mu- 
cha preferencia instrucciones en las maniobras mi- 
litares y las academias conducentes. 

Después de algunos meses, el Ejército Mexicano 
se pone en alta fuerza aunque armada con fusiles 
de chispa y^mala artillería ¡gran ventaja por cierto 
para el enemigo! Además, se forman y organizan 
cuerpos de Guardia' Nacional en la Capital con las 
denominaciones de Victoria. Bravos y otros varios 
como el de los Polkos y Puros. 

El partido liberal se une al conservador» en cu- 
yas manos estaba entonces depositado el Poder, á 
fin de auxiliar al Gobierno en lo posible, corriendo 
un velo al pasado por tratarse de la Patria. 

Los pronunciados en el Sur de Michoacán en 
contra de la admieistración del General Presidente 
Don Antonio López de Santa Anna, tan luego co- 
mo supieron que la Patria estaba seriamente ame- 
nazada por los vecinos del Norte, suspendieron to- 
da hostilidad en contra del Gobierno de aquella 
época, uniéndosele con las tropas que mandaban 
-?ara ayudar á la defensa del país. 

A ese fin el General Gordiano Guzmán, inspíra- 
lo también en los mismos sentimientos que sus 
ompañero^ de armas, dirige desde Aguililla, en la 
=^cha indicada de 1846, atenta y respetuosa carta 



-72- 
á S. E. El General Presidente, escrita de mano del 
que escribe, manifestándole: que las fuerzas fede- 
rales que le estaban subordinadas en el Sur de Mi- 
choacán, antes enemigas de su Gobierno por cues- 
tiones de opinión y ahora enemig'as por las de la 
patria, estaban dispuestas á unírsele como herma- 
nas para cuplir con un sagrado deber, al hacer la 
defensa de la Nación, y á efecto de robustecer con 
ellas al Ejército Mexicano; y que, en consecue xia, 
quedaban aquellas desde luego á las órdenes del 
Gobierno, con sus respectivos Jefes, superiores y 
subalternos; por lo que, dispuesto á cumplir como 
soldado y caballero sus ofrecimientos, se ocupa ya 
de organizar lo mejor posible las mencionadas 
fuerzas á fin de marchar con ellas á la Capital de 
la República, y presentárselas al Gobierno, para 
que del modo que lo estimase conveniente, se utili- 
zaran sus servicios que con gusto prestaría con los 
suyos, en favor de la defensa de la Nación tan in- 
justamente amenazada. 

A esa manifestación sincera que reviste los más 
perfectos sentimientos de patriotismo y abnega- 
ción, contestó el General Santa Anna, aceptando 
el ofrecimiento de Don Gordiano, dándole las gra- 
cias por sus respetuosas atenciones y dejándole en 
libertad para que marchase á México en auxilio 
del Gobierno, tan luego como estuviesen listas las 
tropas de su mando para entrar en campaña. 

Entretanto^ los acontecimientos de esa época se 
violentaron demasiado y con ese motivo emprende 
su marcha Don Gordiano, en dirección ' á México 
dispuesto á prestar sus servicios, según lo tenía 
ofrecido. Llega en los primeros días de Enero de 
1847, al Distrito federal tocando á San Agustín 
Tlalpam y desde luego se pone á las órdenes del 
General Don Juan Alvarez, que allí se encontraba 
con el mando de las caballerías del Gobierno, y 
por ese respetable conducto, sus respetos y subor- 



-73— 
dinación, disponiendo el Presidente en contestación 
que permaneciese Don Gordiano á las órdenes del 
General Alvarez, hasta nueva disposición. 

Al separarse de Aguililla el General Guzmán 
con su brigada para ingresar al Ejército Nacional 
en México, con el propósito de combatirá los in- 
vasores del Norte, deja en comisión en aq^iel pue- 
blo al Mayor Francisco Castoreña, para que con 
la brevedad posible organizara la Guardia Nacio- 
nal de aquella comarca, y con la que reuniera, se 
pusiera en marcha en dirección á la Capital de la 
República, pues que se necesitaba utilizar sus ser- 
vicios, en la campaña ó en donde el superior lo dis- 
pusiera. 

Por fin, la Guardia llega á la Capital á las órde- 
nes del Mayor Castoreña; se presenta con ella en 
tiempo oportuno y de orden superior, se le manda 
incorporar en el 2° cuerpo de Matamoros que fué 
al mando del Dr. Coronel Juan Ruiz, accidental- 
mente, á fin de utilizar sus servicios. 



MiMo k trojai! i la Gapl le la üeiiiM 

a las órdenes de 1 General Sanl^ Anna, 
para marclnar á refor^zar el Cantón mili- 
tar de San Ltais Potosí. 



El General Santa Anna de regreso de su destie- 
rro á la Capital, en Septiembre de 1846, y después 
de algunos düís de descanso, manifiesta su opinión 
1 Gobierno respecto de la invasión, indicándole 
er conveniente que lo más pronto posible, se man- 
asen tropas á la frontera del Norte, para conte- 
er los avances del invasor, proponiendo el mismo 

10 



—74— 
General marchar á la cabeza de ellas. El Gobier- 
no de esa época atendiendo á tan justa^ como con- 
veniente indicación, ordenó saliesen de la Capital 
3,000 hombres de las tres armas, verificándose asi 
en los últimos días del año antes citado, marchan- 
do socorridos con el haber de ocho días y á las ór- 
denes del propio General, según lo solicitó, á don- 
de debía establecerse el Cuartel general, como se 
hizo á los pocos días. 

• Mas tarde, en medio de circunstancias bien difí- 
ciles y de la pobreza del Erario Nacional, recibe 
el mando en Jefe del Ejército Mexicano; cuyo co- 
metido desempeñó hasta donde le íué dable y le 
permitió su pericia militar, logrando organizar tro- 
pas de todas armas, en menos de dos meses y au 
mentarlas á la regular cifra de 1^,000 combatien- 
tes. 

Muchas y muy grandes penalidades atormentar 
ban á los patriotas que acantonados en San Luis 
Potosí, se ocupaban en recibir instrucción en las 
maniobras militares para acometer al invasor, sin 
que después el Gobierno General hubiese manda- 
do ün solo peso, en Diciembre de 1846 y Enero de 
1847, pero en defecto, de esa remisión el General 
en Jefe asignó algunas cantidades que destinó & 
gastos milit;^res. 



jEs comunicada al 5E|¿rcit0 la orden de 

marcfia pata salir al encuentro del 

innasor Harte americano* 



Sin embargo de todas las ocurrencias indicadas, 
se da la orden de marcho para ir al encuentro del 
enemigo que se hallaba entonces en »»Agua Nue- 



^ 



-75- 
vají Ese movimiento se emprendió, comenzando 
á salir las fuerzas escalonadas de San Luis, del 27 
al 30 de Enero y por fin el 2 de Febrero de 1847. 
Hiciéronse en esa marcha 14 jornadas á paso for- 
zado, del cantón Potosino á Angostura, tocando el 
Ejército en su tránsito las localidades siguientes: 
haciendas del Peñón y de las Bocas, pueblo de la 
Hedionda y del Venado, Mineral de Charcas, ha- 
ciendas de Laguna Seca, de Solís. de Presas y pue- 
blos de Matehuala y el Cedral, última localidad en 
que pernoctó eY Ejército en poblado. 

Esa expedición estuvo agobiada por innumera- 
bles sufrimientos, pues hasta los elementos parece 
que se conjuraban en contra del sufrido Ejército 
Mexicano, escaso de vestuario, y con ese motivo 
resintieron más los patriotas soldados que lo for- 
maban, los crueles efectos del temporal que tan 
horriblemente se desencadenó en la última parada 
hecha en el Cedral que debe ser memorable; por- 
que desde las seis de la mañana del día 30 de Ene- 
ro del año citado, comenzó á caer la nieve como 
si hubiera sido un polvo de harina sobre aquella 
masa de hombres; y aumentando por grados el 
frfo, al desprenderse las aguas coaguladas, en tan- 
ta cantidad que l^s tropas mal calzadas y peor ves: 
vestidas y alimentadas, caminaban sobre una al- 
fombra de nieve, de más de siete centímetros de 
espesor, en algunas partes, y en otras, como de 
cincuenta. Muchos soldados, mujeres y niños su- 
cumbieron por los terribles efectos de la nevada, 
en aquel funesto día. llevando la peor parte los 
cuerpos á quienes sorprendió ese desastre al entrar 
al inmenso llano que hay desde el Cedral hasta el 
Saltillo- 
No fueron menos los sufrimientos de las tropas 
en las siguientes jornadas; porque pernoctando en 
campo raso, sin alimentos y sin agua, la salud del 
Ejército iba decayendo y sus fuerzas se extinguían 



—76- 
por grados. La jornada que se hizo en un paraje 
llamado las Animas, en donde solo se encontró una 
noria con agua salada y ni un pequeño arbusto en 
que refugiarse, no fué menos mala que las anterio- 
res; ocurrencias todas que hicieron decaer mucho 
la moral de la tropa. La siguiente tuvo lugar en 
la hacienda del Salado. Al siguiente día se hizo 
otra en el rancho de San Salvador, que no produ- 
ce pastos y en donde su agua es doblemente sala- 
da; y la última se verificó en la hacienda de la En- 
carnación, ambos puntos de terrenos ingratos por 
no llamarles malditos, faltos en lo absoluto de agua 
potable, y en este último predio fueron haciendo 
alto los cuerpos del Ejército á efecto de organizar- 
Ios, supuesto que el enemigo se hallaba á corta 
distancia; y en todas esas jornadas, lo mismo que 
en la primera, se resintió mucho la salud del Ejér- 
cito. 

En esa inteligencia, los días 18. 19 y 20 de Fe- 
brero se ocuparon las tropas en alistar sus armas 
y prepararse para la batalla. 

El sábado 20 á las cinco de la mañana, se pasó 
revista general y por los estados de fuerza, apare- 
ció un total de 14,018 individuos de tropa de todas 
armas. La orden de marcha se dio en la misma 
hacienda de la Encarnación á las ocho de la maña- 
na de ese día y todo quedó preparado para el si- 
guiente día 21 del mes citado. 

Amaneció el día ¡Un sol abrazador agobiaba el 
espíritu y anunciaba que sería la última vez, en 
que el Ejército le miraría á pié firme! En la maflí^- 
na indicada, por todas partes los soldados, mujeres 
y niños, corrían á las Norias para tomar y pro- 
veerse de agua, pues por la orden general, se pre- 
vino que no se tomara ese líquido en todo el cami- 
no, sino hasta quitarlo al enemigo. En medio de 
aquel desorden espantoso por el afán de llevar el 
agua, la orden de marcha se acercó, y en conse- 



ik.-^. 



—77— 
cuencia. el clarín á las 11 de la tnaflana del citado 
día, anunció el momento de partir^ marchando 
á la vanguardia los cuerpos lig-eros con una bate- 
ría de artillería, y la correspondiente dotación de 
municiones. Le siguióla primera División, al man- 
do del General Manuel Maita Lombardini; luego 
la segunda á las órdenes del General Francisco 
Pacheco; y después la tercera, á cargo del Gene- 
ral José María Ortega, todas con su artillería y 
dotación de municiones. 

Desde el momento de la marcha, no paró el 
Ejército un instante, hasta las dos de la mañana, 
en una cañada que forman los puertos de Peñones 
y el Carnero para descansar mientras venía la luz 
del día, recibiendo el Ejército una cruel y espanto- 
sa helada que se descargó en aquel paraje, siendo 
tan intenso el frío que el alcohol de mezcal y el 
agua salada que llevaban algunos en botellas, se 
cong^elaron por completo. 

Viene el día 22 y á sus primeras horas, se em- 
prendió la marcha sobre el enemigo que se supo- 
nía á muy corta distancia, más como él había sa- 
bido la aproximación del Ejército Mexicano, aban- 
donó la hacienda de Aguahueva, después de ha- 
berla quemado y arrojado la menestra que iba A co- 
men y se retiró poco más de 25 kilómetros distan- 
te de ese punto, al paraje denominado el Chupade- 
rOr ó sea la ^> Angostura. > 

Por fin, se llegó A ese lugar tan deseado y el 
enemigo no parecía, siguiéndose la marcha en pos 
de él; y después de haber caminado 33 kilómetros 
desde el punto del Carnero hasta la cañada de ^ An- 
gostura," al fin >c encontró al enemigo y se hizo 
alto á su frente, esperando la hora del combate. 

Ya cuando llegó el Ejercito al lugar antes indica- 
do^ el Gener^íl Snuta Anna, acompañado del Co* 
mandante general de Artillería. General Antonio 
Corona, había reconocido el campo, y en seguida 



-78- 
distribuyó en persona las Divisiones y Brigadas 
que debían combatir en aquel sitio. 

En vano parece referir el estado en que llegó el 
Ejército Mexicano á los campos en que se trabó la 
lucha, porque el público conoce bien todos los epi- 
sodios de esa campaña, pero no está por demás 
mencionarlos someramente como un recuerdo: 
"Eran las cuatro de la tarde y la mayor parte de 
las tropas no habían bebido agua desde el domin- 
go 21, y en todas las jornadas del tránsito desde 
San Luis Potosí, se alimentaron muy mal.»» 

Las caballerías quedaron bastante aniquiladas 
por no haber recibido pienzo, puestas sus montu- 
ras dos días sin quitárselas un momento siquiera, 
porque así lo exigieron las circunstancias. En to- 
das partes presentaba el Ejército Mexicano un cua- 
dro desconsolador y triste; pero dentro ;de los va- 
lientes que lo componían ardía el fueg*o patrio, que 
todo lo robustece. Aquellos valientes soldados de 
México parecían avasallados por la miseria, el mal 
temporal, el cansancio y otros contratiempos; pero 
al siguiente día lunes 22 del mes citado, dieron 
muestras de fiereza y vencieron en "Angostura" 
al orgulloso Ejército del Norte. 

Mas ese triunfo obtenido en los momentos en 
que las pasiones políticas luchaban en la Capital de 
la República, y dos partidos denominados Polkos 
y Puros, se agredían mutuamente |por cuestiones 
de los bienes del clero, no se aprovechó ese hecho 
de armas ni se le dio el mérito debido, sino que se 
dio preferencia á la discordia precursora de tantas 
desgracias para el pafs y que lo condujeron hasta 
el humillante grado de hacer tratados de paz con 
el enemigo, tan ignominiosos como los llamados 
de *<Guadalupe Hidalgo/* celebrados el 2 de Fe- 
brero de 1848, á los que se opusieron varios va- 
lientes y buenos mexicanos que fueron víctimas 
de su patriotismo. 




-79- 

Si se describiera la penosa retirada de \os nume- 
rosos enfermos de tropa atacados de disenteria, 
por causa del agua salacfíi y malos alimentos que 
tomaron en la expedición, quedando muchos muer- 
tos en diversas poblaciones del tránsito, no solo de 
aquella enfermedad sino aun de insolación, y pu- 
diera describirse el cuadro conmovedor que pre- 
sentaban los heridos hechos por el enemigfo» se 
atormentarían los corazones de los bueno mexica- 
nos ^ se llenarían de liorror y se prestarían á la ven- 
ganza, contra quien haya sido la causa de tantas 
latalidades. 

De regreso el Ejército mexicano del lugar de la 
lucha á San Luis Potosí, y después de algunos días 
de descanso, la mayor parte de él siguió su mar- 
cha para la Capital de la República, en donde se 
hacía preciso la presencia del General en Jefe D. 
Antonio López de Santa Anna, quedando en aque- 
lla población varios cuerpos á las órdenes del Co- 
mandante general Don Juan Valentín Amador, cu- 
ya persona estaba encargada del cuartel maestre 
del Ejército del país. 

Una vez en la Capital el Qeneral en Jefe con las 
tropas llegadas de San Luis, se destinaron éstas A 
la defensa del Valle de México^ entrando en nue- 
vas fatigas en los hechos de armas que tuvieron 
lugar en Padierna y Churubusco. en los días 19 y 
20 de Agosto de 1847. En el Molino del Rey, 
el 8 de Septiembre, y en Chapultepec, el 13 del 
mismo mes y aflo, fecha en que por una fatali- 
dad el Ejército Mexicano fué derrotada por com- 
pleto en aquel lugar por las huestes invasoras. A 
esas acciones de armas asistieron las caballerías 
que mandaba el Jefe insurgente General Suriano 
Donjuán Alvarez; délas cuales formó pártela 
Brigada del patriota General Gordiano Guzmán, y 
por motivo de aquella derrota 'cada uno Je los Je- 
fes de Brigada ó cuerpo sobrantes, regresaron de 



-80- 
orden superion á los puntos de su procedencia, 
contramarchando también para Ag-uililla el Sr. 
Gordiano al frente de su Brigada. 

El que escribe estas líneas fué testigo presencial 
de los episodios militares que antes se refieren y 
de los sufrimientos de las tropas mexicanas en la 
campaña de tiAng^ostura/' lo mismo que de los 
ocurridos en el Valle de México, por haber comba- 
tido en 1847 contra los invasores del Norte, en la 
clase de sargento 2% agregado al Regimiento Ac- 
tivo de Morelia, que mandaba entonces el General 
Ang'el Guzmán. 

El General Gordiano al abandonar á Chapulte- 
pee, último punto de defensa que, en verdad, fué 
bastante heroica la que allí se hizo por los alumnos 
del Colegio Militar auxiliados de las fuerzas del 
Gobierno, deja escapar un suspiro lleno de melan- 
cólica expresión, diciendo algunas frases que elM^- 
yor de infantería Francisco Castoreña interpretó 
en los términos de la siguiente poesía. 

<Si los preclaros héroes que á la Patria 
Gloriosa libertad darle supieron 
Se levantaran de sus quietas tumbas 
Hoy de las armas el feroz estruendo 
Y el estrellado pabellón del Norte 
Vieran flotar en nuestro patrio suelo, 
De nuevo morirían avergonzados 
De hijos ingratos que olvidar pudieran 
Tanta preciosa sangre derramada 
Tanto heroico valor y tanto esfuerzo 
Nueva muerte les dará la amargura 
Al contemplar hollando al extranjero 
En cuarenta y siete la Nación que un día 
Libre y altiva nos dejaron ellos 
Desventurada patria mia tu congoja 
Tan solo puede remediarla el suelo. > 

' Sin embargo de los acontecimientos de Chapul- 
tepec, el 13 de Septiembre de 1847, sin embargo 



-81- 
tambíén de haber ocupado los invasores con aquel 
motivo la Capital de la República, y sin embargo, 
por último, de la notable superioridad del ejército 
del Norte, respecto del de México, en virtud de su 
buen armamento, magnífica artillería y abundan- 
tes municiones ele guerra y boca, el insurgente 
General Gordiano esperaba que el Gobierno de la 
Nación reorganizara y aumentara su Ejército para 
volver á la carga, aun con su mal armamento y 
peor equipo» á efecto de que se decidiese en el 
campo del honor cuestión tan intrincada en aque- 
lla época; y en ese concepto esperaba ser llamado 
de un día á otro al servicio en defensa de un asun* 
to de tanta importancia para los intereses y digni- 
dad nacionales. 

Más por desgracia no fué así, en virtud de que 
la administración de entonces, arregló sus diferen- 
cias con el Norte en el terreno de la diplomacia; y 
en atención á lo convenido entre los representan- 
tantas de ambas naciones, el Ejército del Norte 
abandonó el suelo mexicano después de aprobados 
y firmados los convenios de paz, celebrados en 
Guadalupe Hidalgo, el 2 de Febrero de 1848. En 
consecuencia ya no hubo otra cosa que hacer; y 
en virtud de ese arreglo, el referido General Gor- 
diano, continuó en el hogar disfrutando de los go- 
ces de la vida privada. 

De la expedición á ia Angostura y defensa del 
Valle de México, existen todos sus antecedentes en 
el archivo de la Secretaría de Guerra, de donde se 
han tomado los anteriores. 

En la época de que se viene tratando, tendría 
Don Gordiano unos 60 aflos; era de complexión 
fornida, regular estatura» de buena salud, color tri- 
iieño; pelo y barba negros, entre canos rasurados 
or completo; de regular educación, buenos senti- 
lientos, carácter serio, pero amable y de fisono- 
lía simpática: hablaba poco y nunca salia de sus 

11 



-82- 
labios uoa insolencia por molestado que estuviera; 
pues lo más que se le oía decir en fuerza de la 
cólera era: **Mire que perros flojos/' porque esa ex- 
presión la estimaba el General como la mayor in- 
juria que podía hacerse á un hombre- Manejaba 
bien las armas y caballo; no temía el peligro y en 
él tuvo siempre mucha serenidad. 

El origen de ese jefe, según la tradición, esja- 
lisciense, y por muchos años fué vecino de Agui- 
lilla del Distrito de Coalcom'án, en cuya población 
tenía familia y algunas propiedades en terrenos y 
muebles. 

Dicho jefe acostumbraba vestir A lo charro con- 
forme á la moda de aquellos tiempos, pero con 
buen gusto y elegancia. 

En ese traje y montado á caballo, aparece retra- 
tado el General Gordiano, en el Salón de Acuerdos 
del Ayuntamiento de Uruapan, por regalo que de 
ese retrato hizo últimamente el Sr Lie. Eduardo 
Ruiz, natural de esa ciudad que lo adquirió de sus 
padres. 



El bizarro Cuerpo de Matamoros, procedente de 
Michoacán, con su valor conocido y pericia militar^ 
prestó á la Nación interesantes servicios en la bata- 
lla de "Angostura»» 3^ Valle de México, en las fe- 
chas antes indicadas, combatiendo con heroísmo 
en todos los hechos de armas que allí tuvieron lu- 
gar, contra el invasor del Norte. Dicho Cuerpo lo 
mandó entonces el Coronel Donjuán Ruiz, por ha- 
ber enfermado en México su Coronel efectivo Don 
Manuel Elguero. 

El General Manuel García Pueblita, prtstó igual- 
mente en él sus servicios en la clase de Capitán de 
una de las compañías de laquel cuerpo, así como 



■1», 



-83- 
muchos oficiales michoacanos y otros de aquella 
época, pues qae de los subalternos de ese tiempo' 
pertenecientes á **Matamoros,»» vive aún el que fué 
su porta bandera, Isidro Alemán, cuyo oficial supo 
defender el valioso depósito que se le confió, pasan- 
do por mil peligros y conservarlo después A su 
cuidado algfunos años como un recuerdo de que 
aquella bandera perteneció al valiente cuerpo de 
"Matamoros/' que por salvarla del enemigo arries- 
gó tantíis veces su vid«; y con motivo delfat¿il des- 
calabro sufrido por el Ejército Mexicano en Cha- 
pultepec, el 13 de Septiembre de 1847, quedó en 
poder de Alemán tan preciosa reliquia que regaló 
después ar Gobierno de Michoacán, en la adminis- 
tración del Si\ Lie. Pudenciano Dorantes, para que 
se conserve y conozca en la Sala de armas y tro- 
feos de aquella Capital, como recuerdo de una épo- 
ca lucttiosa y del h^^roico cuerpo á que perteneció. 

El General Ángel Guzmán también concunó ú 
la jornada de Angostura, que tuvo lugar el 22 de 
Febrero de 1847, dando eti aquel sitio una. buena 
lección á los orgullosos j^ankes, con una carga á 
la lanza que se le mandó diera con el Regimiento 
activo de Morelia, el cual mandaba en Jefe ese Ge^ 
neral; quedando sorprendidos los soldados enemi^ 
gfos al ver los efectos de aquella maniobra inespe- 
rada, tanto por la sorpresa que produjo el movi- 
miento, como por la matanza sin piedad que de él 
resultó, al arrojarse los belicosos dragones sobre 
la artillería enemiga, de que fué despojada la tro- 
pa invasora más de una vez; pero que al fin una 
columna respetable del enemigo batió á los drago- 
nes y les obligó á abandonar las baterías que ha* 
bían recojido al carísimo precio de tanta sangre 
"nexicana. 

La mencionada carga, según los inteligentes 
^ue la presenciaron, y de los cuales viven a gunos, 
ué estimada por ellos como la única que se vio en 



i 



-84- 
aquellos tiempos, falleciendo en ella algunos Jefes 
y oficiales, encontrándose entre sus cadáveres el 
del malogrado Mayor, José Ignacio Santoyo natu- 
ral de Zacapu, persona muy querida por su valor 
y pericia militar, siendo muy sentida su muerte 
por sus compañeros y amigos, perdiendo el Regi- 
miento un excelente jefe, su familia un deudo muy 
querido, y la Nación un buen patriota. 

La primera Compañía de lanceros de dicho Re- 
gimiento, mandada por su Capitán Don Nazario 
González, se distinguió por su arrojo en el hecho 
de armas de que antes se hace mención, y en 
aquella Compañía se encontraba detenido enton- 
ces el que esto escribe, como prisionero de guerra, 
en su calidad de sargento 2? de las bandas federa- 
les, aprehendido en Huetamo en 1844, por el Jefe 
de dicho Regimiento. General Ángel Guzmán; y 
con ese motivo se encontró en la batalla de Angos- 
tura y Valle de México, prestando sus servicios á 
la patria. 

En esa época los cantares de las tropas michoa- 
canas fueron los siguientes: 

«Ahí vienen los Yankes 
por ahí vienen ya 
y á la pasadita 
tandarin darán. 

Una margarita de esas del portal ^ 

se fué con un Yanke en coche á pasear 
ellos dicen que aman; pero no es verdad 
y á la pasadita, tañdarzn, darán. 

El General Nicolás de Regules prestó sus servi- 
cios á la Patria como subalterno de la Guardia Na- 
cional, combatiendo en Angostura y Valle de Mé 
xico. á los invasores det Norte, en 1847, de cuya 
fecha parece que dan principio los que después si- 
guió prestando al país. 



-85— 

El joven presbítero Celedonio Domeco de Jarau- 
ta, sin embargo de ser extraajeio, prestó á la Na- 
ción muy buenos servicios en 1847» combatiendo 
contra la injusta invasión del Norte, como Coro- 
nel de la fuerza que con tan loable objeto organi- 
só y mandó en dicha época, en la que por una fa- 
talidad fué vencido el Ejército del país, en Sep- 
tiembre del año citado, quedando derrotado á la 
vez y en consecuencia, las tropas sobrantes del 
Gobierno quedaron tan reducidas» que tuvieron 
que reconocer á sus respectivos Estados para repo- 
nerse y el enemigo que ocupar en triunfo la Capi- 
tal de la República, viéndose entonces con indig- 
nación flamear el pabellón de las estrellas en las 
alturas de sus Palacios, con sentimiento de los pa- 
triotas. 

Así pasaron las cosas algunos meses, dentro de 
los cuales se celebraron tratados de pazcón el in- 
vasor, en Febrero de 1848, y desconociéndolos en 
todas sus partes el aludido Coronel Jarauta, se 
subleva en San Luis Potosí para contrariarlos, 
Ocurre á Guadalajara y allí le atacan y derrotan 
fuerzas del Gobierno á las órdenes del General 
Bustamante- En consecuencia, se toma prisione- 
ro á ese Jefe con algunos de sus subordinados y 
después de algunos días se les trae á Guanajuato 
y allí son pasados por las armas, el Coronel Jarau- 
ta, el Capitán Manuel Carrera, con otros oficiales 
de quienes no se recuerdan sus nombres; y como 
el relacionado Presbítero fué tan querido del pue- 
blo guanajuatense, sus vecinos, después de la sen- 
tida ejecución, exclamaban con la mayor condo- 
lencia en alta voz: 

**Un martes por la mañana 
Jarauta ftié fusilado 

Y de todos fué llorado 

> Como bueno y generoso, 

Y entre sollozos decían. 



—86- 

¿Donde estás Jarauta amado, 
Dónde estás, bien de mi vida, 
Dónde estás prenda querida? 
i En Valenciana enterrado! 

En efecto, los restos de dicho sacerdote fueron 
depositados en Valenciana, no siendo posible dar 
raejor testimonio de su amor al suelo mexicano 
>que el sacrificio de su vida en temprana edad. 



En el período en que el General Ang-el Guztnán 
tuvo el mando de la línea del Sur, aplicando en sen- 
tido subversivo las determinaciones del Gobier- 
no para conjurar la revolución en 1842, mandó 
aprehender á los ciudadanos Bocanegra, de Ario 
de Rosales, Anacleto Tabares, de Coyuca» residen- 
te en ese tiempo en San Juan Huetamo, y á Mace- 
donioChávez, vecino también da aquella ciudad, 
consignándoles como reos políticos, ó conspirado- 
res contra el Gobierno, á la prisión de San Dieg-o 
de Acapulco, en donde los hermanos Bocanegra 
permanecieron muy poco tiempo, por aquello de 
que con dinero no se olvidan los encargos y con 
ese metal en manos de los hombres, se vencen los 
imposibles. 

En cuanto á Tabares, poco tardó en obtener su 
libertad, prque tambián tenía algún dinero, y res- 
pecto de Chávez, que no tenía un solo peso, tuvo 
que permanecer mucho tiempo encerrado en las 
cuadras del cuartel del Primer Regimiento Activo 
de Morelia. en la ciudad de Tacámbaro» aun ha- 
ciendo la limpieza, hasta que por fin se le puso ea 
libertad bajo de fianza. 

Después de algunos años de esos acontecimiea 
tos, murió el agente de los tiranos, Sr, Guzmán, 
atacado de cólera, en 1851, dejando en Tacámba 



-87- 
ro buenas propiedades urbanas que con el trabajo 
de los infelices no remunerado, construyó en aquel 
tiempo; siendo en esa demanda las principales víc- 
timas^ ios pobres borrachines sentenciados á traba- 
jos de obras públicas, cuya pena extinguían traba- 
jando quince días y hasta un raes, en las diferen- 
tes construcciones de dichas fincas, que pasaban 
ante el pueblo como obras del municipio, destina- 
das á la beneficencia pública y alojamientos de tro- 
pa; y bajo esa consideración, las autoridades de la 
ciudad, condenaban á los ebrios escandalosos y á 
los pendencieros A los trabajos referidos. 

Por los abusos de que se viene hablando^ el Sr. 
Guzraán, no estuvo bien aceptado en el Distrito de 
Tacámbaro; y más si á esto se agrega el instinto 
feroz y sanguinario de ese jefe con motivo de las 
frecuentes ejecuciones que mandaba hacer dentro 
y fuera del cuartel, recayendo la mayor parte de 
ellas, por desgracia, en hombres de bien y traba- 
jadores, ágenos á la política y en otros individuos 
desvalidos, todo con el objeto de estabieóer el te- 
rrorismo en aquella época de turbulencias. 

Dicho jefe vestía de negro decentemente y de 
uniforme en el combate, en asuntos del servicio y 
en las festividades nacionales, siendo natural de 
un pueblecito perteneciente al Estado de México, 
según la crónica. 

La tropa federal cantaba sobre la marcha en la 
época referida; la composición siguiente: 

*' Dicen que los federales 
Tienen la vida vendida, 
Ténganla, ó nunca la tengan 
Federales de mi vida.*' 



-88- 

VIM DE JALISCO. 



La hermosa Guadalajara presenció el 26 de Ju- 
lio de 1852 el movimiento revolucionario que acau- 
dilló en aquella localidad el Coronel Blancarte, de- 
nominándole «Plan de Jalisco,» el cual secundó en 
Guanajuato el General José López Uraga, apoya- 
do en la fuerza que mandaba, dirigiéndose luego á 
aquella Capital á fin de sostener el movimiento. 

También Velarde y Bahamonde lo secundaron 
en la Piedad de Cabadas. Michoacán, lo mismo que 
el Coronel Ramón Vargas en Apatzingán, organi- 
zando luego ese Jefe una expedición que llevó á 
Aguililla en persecución del General Gordiano Guz- 
man, quien residía entonces en ese lugar, con una 
Sección de caballería que atacó luego Vargas, el 
que por un revés de la fortuna, fué derrotado en el 
lugar del combate y herido de la boca en el labio 
y mandíbula inferior; obligándosele por ese acon- 
tecimiento á regresar al pueblo dicho de Apatzin- 
gán, no habiendo reconocido el Sr. Gordiano ese- 
plan, ni menos secundádole por estar entonce á las 
órdenes del Gobierno de Michoacán. 

Entretanto pasábala ocurrencia de Aguililla, 
Velarde y Bahamonde comienzan á expedicionar 
tocando á Purépero, á la vez que se encontraba en 
Tlazazalca la fuerza del Gobierno del Estado, la 
cual fué enviada en persecución de aquellos cabe- 
cillas, compuesta de las tres armas y al mando del 
Coronel Dr. Juan Ruiz. Este Jefe' es acometido 
por los pronunciados, en esa localidad, obligándo- 
le á capitular entregando al enemigo, con ese mo- 
tivo, algunas armas, y á contramarchar á More- 



-89- 
lia, íil tercer día con su elegíante Brigada, sin ha- 
ber quemado un solo cartucho. ¿En qué consistiría 
esa capitulación? Se ignora aún. 

Después de algunos días del acontecimiento que 
antecede, se dirigieron á Morelia los pronunciados 
defensores de dicho plan, tocando á Pátzcuaro de 
tránsito; y en las inmediatas lomas de San José, se 
encuentran éstos con una fuerza del Gobierno del 
Estado, al mando del Coronel José María Calde- 
rón, en la cual figuraba el General Manuel García 
Pueblita, como Capitán de una de las compañías 
de dicha fuerza. En consecuencia, comienza el 
ataque y después de algunas horas de combate, es 
derrotado Bahamonde, retirándose con precipita- 
ción á Pátzcuaro, y con ese motivo, ocupa luego 
esa plaza que abandonó la fuerza que mandaba el 
Coronel Calderón, regresando á Morelia á pocos 
días. 

Luego se manda á Pueblita en su calidad de Ca- 
pitán, con una sección de caballería, á desempeñar 
ana comisión á Pátzcuaro: llegó á esa ciudad, cum* 
plió con su cometido y al regresar á la Capital los 
vecinos rebeldes de esa localidad le dieron alcance 
en el camino, teniendo una escaramuza de poca 
importancia, después de lo ocurido en las lomas de 
San José, regresando Pueblita a Morelia sin nove- 
dad alguna, á rendir su comisión. 

Sin enibargo de lo ocurrido en las lomas indica- 
das, los jefes pronunciados Velarde y Bahamonde, 
se dirigieron á Morelia con sus fuerzas, ocupando 
en seguida la capital sin hostilidad alguna y en- 
trando en arreglos con el Gobierno del mismo Es- 
tado, quedando éste á discreción de los subalternos, 
siendo en esa época Gobernador del referido Esta- 
do, el ilustre demócrata Sr. Ocampo. 

Así pasaron los días y más tardé, la cosa públi- 
ca tomó el aspecto que necesariamente debía de 
eguirse en aquellas circunstancias. 



-90- 

BESULTAIIO DE Mk WmSi 



En 1835, siendo Prefecto de Pátzcuaro Don Vi- 
cente Franco Bolaños, y perteneciendo entonces el 
pueblo de Paracho á aquel Distrito, remite por 
la que era entonces Sub-prefectura de Uruapan, á 
los municipios de su jurisdicción ejemplares de una 
circular enviada por el Gobierno de Michoacán, 
procedente del Ministerio respectivo, en la cual se 
mandó prohibir con severas penas, toda reunión 
de ciudadanos en los parajes públicos que pasara 
de tres personas- Por lo que, en el ejemplar que 
contenía esa disposición dada á conocer del púllico 
fijándose en los parajes de costumbre, que el ve- 
cindario de Paracho recibió muy mal, no íaltó 
quien adhiriera clandestinamente una tira de papel 
al calce de esa determinación y. en tal tira, las si- 
guientes frases: 

'*De tanto rodar la bola, 
De tanto correr los años, 
Se juntaron año y bola % 
Y enjehdraron á Bolaños.*' 



Süoiiimienttt renttlurittnario en fanor del 



En 1854, es secundado en Michoacán dicho mo- 
vimiento, poniéndose al frente de él en el munici- 
pio de Coeneo de la Libertad el ciudadano Epitacio 



-91— 
Huerta, con el carácter de Coronel que le dieron 
sus subordinados y á sus órdenes los Coroneles Je- 
sús Díazi de Paracho, y Manuel García Pueblita, 
encontrándose también en las filas como subalter- 
nos de Huerta, los ciudadanos Nicolás de Rég^ules 
y Eduwigfis Martínez y tanto el Jefe principal co- 
mo Pueblita y Regules, ascendieron á Generales 
por su constancia, patriotismo y buenos servicios 
en favor de la República. 



Kl Escuadrón dé los labriegos del 

É!ANCHO DE PaNZACOLA. 



El ciudadano Eduwigfis Martínez, originario de 
Morelia y dueño de algunas propiedades urllanas 
en aquella Capital, secunfló también el Plan de 
Ayutla, formando y organizando un bonito cuerpo 
de caballería denominado Escuadrón de Panzacola, 
con el carácter de Coronel, apoyado entonces por 
el General Don Juan Alvarez. 

Tal denominación se le dio á esa fuerza, en vir- 
tud de ser procedente de aquellos ranchos, la ma- 
yor parte de los de tropa, y con ella auxilió opor- 
tunamente el Sr. Martínez al Coronel Huerta, en el 
ataque dado por él en la plaza del Valle de San- 
tiago, en la hacienda de la Gachupina. en Morelia 
y en otras distintas plazas que en aquella época 
íueron atacadas y ocupadas por las fuerzas libera- 
les, manejándose bizarramente ese Escuadrón, en 
todos los hechos de armas á que concurrió, habien- 
de fallecido el Coronel Martínez jete de él, en la Ca- 
pital de Michoacán, poco después de haber triun- 
fado el Plan que defendió en la época citada. 



» i 1 < 



—92- 

GUERRILLA DEL PUEBLO DE SaNTA Ma" 
RÍA. ErONOARÍCUARO. 



El guerrillero de Erongfarícuaro, Capitán Eras- 
rao Orozco, dueño que fué de algunas propiedades 
en aquel lugar, organizó una guerrilla de 50 hom- 
bres en favor del plan de Ayutla, de acuerdo con 
el Coronel Huerta, y con esa fuerza hostilizó en- 
tonces á las fuerzas del Gobierno del General 
Santa Anna, de cuantos modos le fué dablc- 

Asistió á todos los hechos de armas á que fué 
llamado por el superior, y tanto en ellos como en 
el tratamiento que dio á las pueblos en la línea que 
teníft encomendada, se condujo debidamente. Ése 
guerrillero falleció en jíu pueblo mucho después del 
triunfo de la causa que se propuso defender. 



Don GorliaiHt Tisita al taal issarpQte Don JiaiiAlTm 



El General Gordiano Guzmán, tratando de des- 
conocer al Gobierno despótico del General Santa 
Anna, se pone de acuerdo con Don Juan Alvarez; 
y estando en los preliminares del movimiento, cu- 
ya conclusión esperaba aquel jefe en Santiago Za- 
catula, íué invitado, entretanto Don Gordiano, lo 
mismo que su Secretario Coronel Manuel Ramos, 
para asistir á una función de gallos que debía te- 
ner lugar en la misma población, el próximo 2 de 
Febrero de 1854. 



-93— 

Dicha invitación es aceptada por el General, su 
Secretario y otros vecinos amantes de eisa clase de 
diversiones- Llega al fin el día citado para la fun- 
ción: ésta da principio, y estando en ella, son sor- 
prendidos los concurrentes por una íiierza del Go- 
bierno procedente del Distrito de Huetamo, Michoa- 
cán, y traicionados vilmente aquellos dos jefes, 
Guzmán y Ramos, por el infame Ramón Cañó que 
se vendió al General Gordiano, como uno de sus 
mejores amigos para tener ocasión de entregarle 
miserablemente en manos de sus enemigos me- 
diante la invitación que se les hizo para la función 
de gallos. 

Consumada esa traición, son aprehendidos luego 
los Señores Guzmán y Ramos, lo mismo que otros 
concurrentes, sin atender á los ofrecimientos de 
fianza 3^ seguridad de los vecinos de aquel lugar 
hechos al Comandante de la fuerza aprehensora á 
fin de que continuaran esos dos jefes en la función, 
protestando ponerlos ante la autoridad que se les 
dejase bajo su responsabilidad. Nada pudo conse- 
guirse ú. ese respecto, y en consecuencia son con- 
ducidos los prisioneros bajo buena custodia, á dis- 
posición del Prefecto del Distrito de Huetamo, Don 
Francisco Cosío Bahamonde/ desapareciendo de la 
reunión momentos antes de la sorpresa, el infame 
Ramón Cano, el pérfido Judas que vendió á las víc- 
timas, con las cuales había estado momentos antes 
muy complaciente. 

Los relacionados presos fueron entregados al 
Prefecto indicado quien los mandó asegurar po- 
niendo en libertad á otros de los remitidos en com- 
pañía de los presos principales. Dicho funciona- 
rio tan sanguinario y de feroces instintos, según lo 
demostró lá última vez que estuvo á su cargo la 
Prefectura de Zamora, en cuya época no tuvo esa 
autoridad, el menor inconveniente en mandar fusi- 
ar indistintamente, en la plazuela del Teco de la 



1 



-94— 
ciudad, á un anciano, una mujer y un niño de cor- 
ta edad, bastante p,obres, por solo el hecho de ha- 
berles cojido los veladores de las cementeras inme- 
diatas á la población, con unos cuantos elotes ó 
mazorcas de maíz, que por hambre y escasez de 
semillas habían tomado de aquellas milpas sin pe- 
dirlas, para alimentarse; juzgándoles entonces sin 
compasión alguna y sin respeto á sexos y edades; 
pudiendo haberles aplicado una de tantas penas co- 
rreccionales, adecuada al delito de robo. 

Mediante esos antecedentes que tanto conoce el 
vecindario zamorano, ¿qué consideraciones de 
clemencia y piedad podrían influir en los sentimien- 
tos del Coronel Bahamonde, respecto de un ene- 
migo tan terrible como lo era el General Guzraán 
por su valor person¿\l y guerrero, así como por su 
popularidad, no estimándose en menos el Coronel 
Ramos por su inteligencia y conocimientos milita- 
res? Claro es que ninguna; y en ese concepto, na- 
da favorable podía esperar de un hombre como el 
Coronel Bahamonde desprovisto de todo senti- 
miento humanitario. 

Capturados los presos indicados y puestos á las 
órdenes del Prefecto, Don Gordiano 3^ Don Ma- 
nuel, éste se mandó á Morelia, á fin de que allá se 
le juzgase y en consecuencia se le fusiló á pocos 
días, en la plazuela del Colegio de las Rosas de 
dicha Capital, en el año y mes antes citados, ha- 
ciéndosele sufrir horriblemente en el funesto día 
del fusilamiento, con las diferentestransiciones, en- 
tre el perdón y la pena; porque cuan presto se le 
colocaba en el patíbulo, se le mandaba volver á la 
prisión mediando la influencia de personas muy 
respetables que solicitaron del Gobierno la gracia 
del indulto, que no se consiguió, y por fin fué pasa- 
do por las armas. 

Una vez pasada la ejecución del Coronel Ramos, 
el Prefecto Bahamonde, tratando de conocer per- 



-95- 
sonalmeate al General Gordiano, que gozaba de 
tanto prestigio y con el deseo de cambiar con él 
alg-Linas frases, antes de disponer otra cosa, le ha- 
ce una visita en la cuadra en que estaba su prisio- 
nero, y presente el Coronel en ese local, des- 
pués de saludar muy cortesmente á su prisio- 
nero, le hace algunas preguntas que aquél dejó sa- 
tisfechas, diciéndole en seguida el visitante, ser 
conveniente se preparara, porque dentro de tres 
días debía mandarlo á Cutzamala, de orden supe- 
rior, para que se quedase allá. 

A esa notificación contestó con enteresa el Ge- 
neral Guzrci^in á su interlocutor, manifestándole 
que bastante comprendía, se le mandaba á aquel 
lugar con el objeto de asesinarle, lo mismo que á 
su Secretario* Ramos, al ser mandado á Morelia; 
pero que tuviera entendido que con ese procedi- 
miento, el mismo Bahamonde se había formado su 
proceso, de cuyas diligencias, fallo, .sentencia y 
ejecución de muerte, deberían encargarse en los 
momentos supremos, sus compañeros de armas, 
los federales, al ser ocupada por éstos alguna vez 
la plaza de Huetamo que estaba al cuidado de Ba- 
hamonde, y que en consecuencia, se fuera también 
disponiendo el Coronel visitante, porque con él se- 
rían tres los muertos, cada uno en su puesto, es 
decir, Ramos en Morelia, el General Guzmán en 
Cutzamala, y el Coronel Bahamonde en aquella 
plaza, por lo que en esa inteligencia, podía dispo- 
ner de su individuo, como mejor le pareciera. 

En los términos antes inicados quedó termi- 
nada la conversación habida en la visita, separán- 
dose luego el Prefecto 3^ quedando Don Gordiano 
dispuesto á marchar al lugar señalado para su su- 
plicio- Sin embargo de las indicaciones anterio- 
íes hechas á ese funcionario por el prisionero, éste 
fué mandado á Cutzamala, al tercer día para ser 
fusilado en aquel lugar, como lo fué el día 11 de 



-96- 
Abril de 1854, á las 10 de la mañana, dándole se- 
pultura al cadáver en el lugar correspondiente y 
poniéndose en seguida á Morelia el parte de cos- 
tumbre con motivo de la ejecución. 

Con ese procedimiento todo quedó termina- 
do por entonces y las discordias política más re- 
crudecidas aún, en virtud de las cuales, ambos je- 
fes, Guzmán y Ramos, fueron las víctimas de la 
infamia y de la intriga, por cuyo medio solo pudo 
el Prefecto de Huetamo, haberlos cojido. quedando 
muy complacido con el traidor á la amistad, 
como lo fué el pérfido Cano, en razón de haber 
asegurado tan interesante presa, como resultado 
de la función de gallos del 2 de Febrero de 1854. 

En la cuadra en que Bahamonde visitó al Gene- 
ral Guzmán, se encontraba herido de un brazo y 
como prisionero de guerra, el Teniente de infante- 
ría Telésforo Ahumada, natural de Pátzcuaro, 
quien por una casualidad pudo escuchar la conver- 
sación cambiada en la cuadra, entre el General 
Gordiano y Bahamonde, de la cual se hace men- 
ción con todos sus pormenores. 

Un tanto restablecido Ahumada y en una opor- 
tunidad propicia, logró fugarse de la prisión con 
el propósito, según dijo, de reunirse á la primera 
fuerza liberal que á su paso encontrara, presentán- 
dosele la acasión de hallar una en la cuesta de Zin- 
zongo, muy inmediata á Ario de Rosales, pertene- 
ciente á su jefe y paisano el General Pueblita, á 
quien se le presentó y comunioó todo lo ocurrido 
en la cuadra de Huetamo entre los militares aludi- 
dos antes. 

Como causó tanta novedad entre oficiales y tro^ 
pa la aparición inesperada de aquél subalterno, se 
deseaba saber la causa que la motivaba. No pa- 
saron muchas horas sin que las fuerzas liberales 
conocieran los acontecimientos, por los cuales el 
subalterno Ahumada había ingresado á las filas 



^. 



-97— 
que mandaba el General Pueblita, así tomo todo 
lo ocurrido en la cuadra de Huetamo, entre el Ge- 
neral Gordiano y el Coronel Bahaitionde, en vir- 
tud de que ese oficial trasmitió á oficiales y tropa 
todo lo ocurrido en la repetida cuadra; y de cuyos 
hechos también tuvo conocimiento el que esto es- 
to escribe, por haberlos referido en su presencia el 
General Pueblita, al Coronel Jesús Díaz, en el pue- 
blo de Los Reyes. . 

El repetido General Pueblita topió en seguida el 
rumbo de Taretan con objeto de dar un^olpe á la 
plaza de ese pueblo, que nq atacó por haber sido 
abandonada del enemig*o la noche anterior, recon- 
centrándose á la plaza de Uruapan. 

Como ese golpe fracasó por la razón indicada, el 
General tomó el rumbo de Nuevo Urecho, para de 
allí dirigirse á Carácuaro á recibir órdenes del Ge- 
neral en Jefe que accidentalmente se épcontraoa 
en aquel lugar. 

Es de suponerse que la Brigada del General 
Gordiano, encontrándose ya sin sus principales je- 
fes, con motivo del fallecimiento de ellos, debió de 
haberse disuelto, como sucedió, en el pueblo de 
Aguililla, lugar donde se encontraba entonces, 
causando tales ocurrencias, un gran sentimiento 
•en toda aquella comarca, en los Estados de Mi- 
choacán y Jalisco, en cuyas entidades tuvieron los 
finados jefs mucha popularidad; pero muy especial- 
mente el Sr. Gordiano en Uruapan, en donde por 
^stinoiación se conserva su retrato. 



Los niovimientos de Jalisco y Ayutla, fueron se- 
mndados en Tancítaro por el padre é hijos Tena y 
¿O Los R0yes d^ ^algacÍQ, lo hicieron también los 
ciudadanos Antóniq Chacón, libertador del Capi- 
án Arias y MianuelTreviño, lo mismo qué los her* 

13 



-98- 
manos Picaso; pero que al fin no pudieron progre- 
sar de pronto, si no fué hasta mayo de 1854, fecha 
en que se pronunció en favor del plan de Ayutla 
el Coronel Epitacio Huerta y con él en la misma 
categoría militar el ciudadano Manuel García Pue- 
blita, secundándolo asimismo en Paracbo el Coro- 
nel Jesús Díaz, en Julio del mismo año, tiempo en 
que se incorporó ájesos jefes, reconociendo al pri- 
mero como á su inmediato superior. 

Después de los hechos de armas del Ojo de 
Agua de Pajarito, Santa Clara de Portugal, Tiris- 
taran y el primero de Uruapan, en Junio del año 
citado, comenzaron las expediciones del Coronel 
Díaz, de Paracho. 



Ataque y ocupación de la plaza 
de Huetamo. 



No se hizo esperar mucho el día en que el par- 
tido, liberal quedase vengado, porque en uno de los 
días del repetido año dé 1854, fué atacada la plaza 
de Huetamo que en dicha época defendía el Coro- 
nel Francisco Cosío Bahamonde, como servidor 
del centralismo y tomada en asalto por fuerzas li- 
berales que acaudillaba el valiente Coronel Igna- 
cio Díaz, procedente del mismo lugar, después de 
un sangriento cómbate en el cual, como de ordi- 
nario, resultaron muertos y heridos de los asaltan 
tes, cayendo prisionero el jefe que la delendía con 
algunos oíkialos é individuos de tropa, á quienes 
se les mandó poner en libertad ^in condición alga 



1 



• ) 

-99- 
níí, castigfándose únicamente al Coronel Bahamon- 
de, con la última pena que se le aplicó en dicha lo 
caJidad; en represalia de la infamia cometida entre- 
el ejecutado y su cómplice Ramón Cnno en contra 
de los patriotas Guzmán y Ramos; quedando así 
saldada la cuenta pendiente; y con el propósito de 
perseguir á aquel traidor á nn de ajustarle tam- 
bién la suya, aplicándole también la misma pena . 
que á su Coronel Bahamonde. 

Luego se mandaron curar los heridos, asegurar 
todos los pertrechos de guerra que se r acogieron 
del enemigo y dar sepultura á íos muertos de am-- 
bas partes, en el lugar señalado, dándose el corres- 
pondiente aviso al Coronel General. 

Sin embargo de los acontecimientos antes indi- 
cados, )a revolución siguió con más entusiasmo 
aún, atacando los liberales ' las plazas ocupadas 
por el enemigo, acometiéndole con tropas de los 
Coroneles Huerta, Pueblita y Díaz, combatiendo 
también con el auxilio de este último jefe, en algu- 
nos encuentros con las fuerzas enemigas, entre los^ 
que se cuenta, como el primero de aquella época, 
ei ocurrido en la hacienda de Tiristarán. en Julio 
de 1854, entre fuerzas defCoronel Epitacio Huet ta 
y el del resguardo fiscal, procecjente de Morelia, 
que mandaba en jefe su comandante José María 
de la Cueva, ^ quien después de algunas horas de 
lucha, fué derrotado en dicho sitio, dejando caba- 
llos, armas^ monturas y equipo, en poder de los 
vencedores. 

Ese comandante del resguardo falleció en More- 
lia mucho después del triunfo de Ayutla. siendo su 
muerte muy sentida como buen amigo y cumplid 
do caballero. '" . 

^ pocos días se tuvo otro encuentro con fuerzas 
de Gobierno al mando del comandante Nazario 
G izález, en Santa Clara de Portugal, resultando 
ce ^se motivo herido elCapitán Francisco Gao- 



—100— 
na. de Quiroga, dejándole por muerto según lo 
consideró el enemigo y enteramente desnudo so- 
bre la vía que conduce de aquella población á la de 
Pátzcuaro, teniendo que abandonar la pelea la tro 
pa liberal, por ser mayor en número la del enemi- 
go centralista; y repuesto que fué, un tanto el he- 
rido Gaona, pudo salvarse, ocultándose de pronto 
en un bosque inmediato, de donde regresó á su 
pueblo cubierto con una sábana de manta qué por 
caridad le dio un campesino en el tránsito. Tal 
acontecimiento tuv^o lugar en mitad del mes de Ju- 
nio del año antes citado. 

No tardó mucho en tenerse otro encuentro en el 
Ojo de Agua del Pajarito, con fuerzas del mismo 
comandante González, las que después de una es- 
caramuza en ün paraje tan accidentado, como es 
aquel, tuvieron que retirarse á Zacapu las tropas 
del Gobierno, en los últimos días del mes y año an- 
tes citados, así como los liberales, en dirección á 
Purépero de Echáiz. sin desgracia alguna que la- 
mentar. 



,URUAPAN. 



La plaza de la ciudad de Uruapan guarnecida 
con tropas del Gobierno, se atacó y ocupó por 
fuerzas liberales al mando de los Cproneles Huer- 
ta y Puéblita, en Junio de 1854, quedando en po- 
der de los vencedores armamento y municiones y 
ala vez herido de una pierna el Coronel José Ma- 
nuel Escudero que la defendía» viviendo aún d» 1^ 
jefe mutilado de ese miembro. 

Minutos después de tomada la plaza, apai rce 
en las goteras de aquella población por el rv^ bo 



r 



---101- 
Oriente el Escuadrón de Querétaro-, á las órdenes^ 
de su comandante José María Huerta, en auxilio- 
de la plaza, tan bien montado como equipado y ar- 
mado. 

Los liberales en vista de esa aparición, se retira- 
ron de la ciudad en dirección á la quinta y rancho^ 
de Cheranguerán, rumbo al Poniente, obligando 
al enemigo á que les persiguiera por aquel viento 
á fin de batirlo en lugar á propósito^ á las manio- 
bras de caballería. Así sucedió: los dragones que- 
retanosmuy seguros acaso de su triunfo, siguie-; 
ron á los pronunciados por los parajes in^licados y 
aquellos cuando vieron que el terreno era á propó- 
sito para luchar, dieron media vuelta sobre sus 
perseguidores, comenzando luego la refriega que 
después de un corto tiempo, terminó con una brus- 
ca carga á la lanza sobre aquellos belicosos 
soldados, de cuya maniobra, resultó la completa 
derrota del Escuadrón que fuó metido á la ciudad 
á palos con las bastas de las lanzas; porque no tu- 
vieron voluntad de matar á otros los pronunciados 
ni de herir á los soldados indefensos del repetido 
Escuadrón. 

En consecuencia los derrotados sobrantes sq en- 
, caminaron á Pátzcuaro y los vencedores á su cuar- 
tel general, de Tunguitiro, bien provistos de ar- 
mas, caballos vestuario y municiones, quedando 
sin guarnición la mencionada ciudad de Uruapan 
y sus vecinos comentando con sorpresa aquella de- 
rrota, cuando ellos, atendiendo á la buena organi- 
zación del Escuadrón que iba en persecución de 
los liberales, se habían formado el concepto de 
que ja pobre chinaca, sin duda debería concluir en 
es^ día; pero felizmente no fué así, porque la ma-^ 
no de la fortuna, se puso de parte de ella, en ese 
he ^o de arinas. 

mbién áe atacó en el mismo mes y a fio la pla- 
za ' Taretah por fuerzas liberales á las órdenes^ 



-102- 
-de los Coroneles Pueblita y Silva, haciendo resis- 
tencia en ella el General Ramón Tovar^ teniendo 
•^que retira! se aquellas de la población á falta de 
municiones con que seguir atacando. 

Otro hecho de armas ocurrido en los suburbios 
del pueblo de Paracho, en Julio de 1854» con tro- 
pas del Gobierno al mando de los Coroneles Lobo 
Guerrero y Jesús Malo, con las de los jefes pro- 
nunciados Huerta, Pueblita y Díaz, fecha en que 
se incorporó la sección de ese último jefe, con la 
brigada del Coronel Huerta. Dichos patriotas tu- 
vieron que abandonar el campo de la lucha, des- 
pués de algunas horas de combate, por ser supe- 
rior en número las tropas enemigas que con los 
fuegos de su infantería se hacía un gran daflo, que- 
dando aquella plaza con ese motivo, ocupada por 
-el enemigo ese mismo día. 



APATZINGAN. 



En uno de los primeros días de Agosto del año 
antes citado, se dieron cita y reunieron en Tancí- 
taro las fuerza liberales, á las órdenes de sus res- 
pectivos jefes Pueblita, Francisco y Antonio Teje- 
da. hermanos, procedentes de Ario de Rosales, con 
las del joven Coronel Manuel Magafla. natural de 
aquella población con objeto de combinar el ata- 
que intentado sobre la plaza de Apatzingán, la 
cual después de un día y una noche de rigurr o 
combate, quedó en poder de los liberales, result i- 
-do algunos muertos y heridos entre oficiales y t >- 
pa de los combatientes, como el Coronel Anto o 



-103- 
Tejéda y su hermano el Capitán Cesáreo, heridos 
en los momentos del combate y muerto el Sr, Sil- 
va, Prefecto entonces de aquel Distrito, con cuyo 
carácter hizo la defensa de aquella plaza, así como 
dos de sus más queridos Ayudantes. 

Concluido el ataque y ocupación de la plaza, las 
tropas pronunciadas se separaron de la población 
al siguen te día dirigiéndose cada uno de los jefes 
con los suyoSi á los puntos que tenían encomenda- 
dos por los superiores; habiéndose dividido entre 
sí, la remonta, armas y parque recogidos del ene- 
migo, mandándose, ante todo, curar los heridos y 
sepultar los muertos, poniéndose al fin en libertad 
los prisioneros del enemigo. 



ZITACUARO- 



En una expedición de las fuerzas liberales á las 
órdenes del Coronel Epitacio Huerta por el Distri- 
to de Zitácuaro, en el mes de Agosto de 1854» y 
estando confiada ;la plaza de aquel lugar al Capí- 
tan Juan N. García, ese oficial con los 50 dragones 
que le obedecían, traicionó al Gobierno central de 
quien era servidor, abandonando la plaza y pasán- 
dose con sus soldados á las tropas pronunciadas 
para prestar en ellas sus servicios en favor de la 
causa del pueblo* 

Más tarde ascendió á Coronel ese Capitán, falle- 
endo en Morelia, después del triunfo de Ayutla, 
riéndosele los honores de ordenanza al verificar- 
la inhumación de su cadáver en el panteón de 
n Juan de aquella capital. 



-104- 
La plaza de Tamazula, Jalisco, se ocupó en. No- 
viembre del año antes citado por fuerzas liberales 
pertenecientes á los Coroneles Díaz y Mág-aña, á 
las órdenes del General Antonio Díaz Salgado, 
procedente del Distrito de La Piedad; quedando en 
poder de los vencedores, armamento, caballos y 
municiones del enemigo. 

Al siguiente día de la ocupación de aquella pla- 
za, se presenta en las goteras de la población una 
fuerza de infantería y caballería, procedente del 
Gobierno de Guadalajara, á las órdenes del Gene- 
, ral Ramón Ramírez, quien desde luego mandó 
cargar sobre los liberales, derrotándoles á pocas 
horas de combate 3'' poniéndoles en dispersión por 
el campo de San Juan, en dirección al mineral de 
Dolores y ranqhos de Petacala. 

Ese camino es decierto y tan accidentado que 
tuvo que recorrerse en cinco días hasta el último 
punto; pero afortunadamente estaba provisto ese 
pesado trayecto de agua y frutas silvestres, de 
«timbiriches,* con que ia tropa dispersa pudQ so- 
brellevar las vigilias de esos días, y al tocar de pa- 
so para Los Reyes los ranchos de, Petacala, la tro- 
pa abus ó de los alimentos que encontró y de en- 
y tre ellos 1 la miel de colmena de que tomó con 
exceso; razón por que comenzó á notarse entre los 
soldados, muchos enfermos al pernoctar en aque- 
lla población al día siguiente, siempre bajo las ór- 
denes del mismo General Díaz Salgado. 

A otro día se notó el aumento de enfermos en- 
tre los dispersos, motivo por que se ocurrió al auxi- 
lio de la facultad médica, de Los Re^^es, y esta de- 
claró: que la tropa estaba atacada de «colerín» y 
de irítermitentes, por lo que se le mandó atendei 
debidamente, y sin embargo fallecieron en los 
cuarteles de aquel lugar más de cuarenta de tropa 
en el perentorio término de cuatro días, á quieup 



—105- 
se les mandó dar sepultura en. el lugfar correspon- 
diente. 

Por fin, al cabo de algunos días de radical asis- 
tencia, se restablecieron los servidores del pueblo, 
lo mismo que el General Díaz Salgado de sus ca- 
Jen turas cogidas en Istapan de la Sal, dejando la 
población de Los Reyes y agradeciendo al vecinda- 
rio su hospitalidad con los enfermos, dirigiéndose 
también la sección Díaz, al inmediato .mando, en- 
tonces, del que esto escribe, como jefe accidental 
de ella. A su cantón en Paracho: el Coronel Alagu- 
na, al snj^o, en Tancítaro y el General Díaz Salga- 
do, á Cotija, donde tenía la familia en aquella épo- 
ca, dando las gracias á tos jefes de las secciones 
al separarse de ellos por la parte que habían toma- 
do en hi defensa de los derechos del pueblo, así 
como por la subordinación y respetos militarss con 
que se habían coaducido los días que militaron á 
sus órdenes. 

En cuanto á la remonta, quedó maltratada, por 
lo que tuvo necesidad de descanso y se le dio al- 
gunos días. 



La pia7:n del Valle de Santiago se ataco y tomó 
en Noviembre de 1854 por fuerzas federales de los 
Coroneles Huerta y Díaz, y en la tarde del día del 
ataque tuvieron que batirse también con una fuer- 
za enemiga en la hacienda de la Gachupina, proce- 
dente de Guanajuato que se mandó en auxilio de 
aquella plaza, á las órdenes del Coronel Becerra, 
quedando derrotada en aquel sitio y en poder de 
los vencedores, acémilas, parque y caballos con 
monturas" 

Entre los prisioneros del enemtgo cogidos en la 
friega, se encontraron dos dignos oficiales de los 
le defendían la plaza haciendo fuego á los libe- 
les, desde la parroquia v sus alturas, los cuales 

14 



' —106- 
permanecieron presos en la sección Díaz algún 
tiempo; y debido á su buena cenducta y á los ser- 
vicios que prestaron en los ataquévS de algunas pla- 
zas, se les dejó en libertad en üruapan después de 
su segunda ocupación, dándosele caballos en ajuar 
de montar para su trasporte, dinero y salvo con- 
ducto, todo sin ser solicitado por ellos, separán- 
dose de los liberales muy reconocidos, mediante 
esa muestra de generosidad, y manifestando al Co- 
ronel Díaz su inolvidable reconocimiento. 

En cuanto al Coronel Becerra, éste quedó derro- 
tado, como se ha dicho antes, en el campo de la 
Gachupina, regresando á Guanajuato con solo dos 
subalternos pero sin tropa, porque la sobrante se 
le desbandó y los muertos de los combatientes fue- 
ron sepultados en el panteón del Valle y asistidos 
los heridos. 

En ese hecho de armas auxilió muy oportuna- 
mente á los liberales el Escuadrón de Panzacola. 
al mando del Coronel Eduwiges Martínez, vecino 
que fué de Morelia, en donde murió después de al- 
gún tiempo en edad avanzada. 

Las tropas liberales que concurrieron á esa fun- 
ción de armas, abandonaron la plaza del Valle al 
siguiente día, separándose la del Coronel Díaz de 
las del Coronel en jefe, tomando el rumbo de Coe- 
neo éstas y aquéllas, el de Penjamillo dirigiéndose 
á Paracho. 



.^SS^^-BE- 



Nomlirainieiito ie Umalor en to leí General Megaray. 



su NIUERTE. 



A las 10 de la mañana del dí;i 23 de Noviembre 
de 1854, de orden superior entregfó el General 



-107— 
Francisco Noriega, el mando del Gobierno y Co- 
mandancia militar del Estado de Michoacán que es* 
tuvo Á su cargQ, al General Domingo Echegaray 
quien lo recibió desde luego. 

Alumbró la luz del día 215 del repetido mes y 
ano, y en las primeras horas de la maflana, apare- 
ció ya en las goteras de la Capital, una fuerza de 
los liberales distribuida en distintos puntos y en 
disposición de acometer á la plaza. Mas lueg'o se 
oyeron en algunas calles céntricas de la ciudad 
frecuentes descargas de fusilería, interrumpidas 
también por el estruendo del caflón, y por último 
se escuchó en las mismas calles el tropel de los ca- 
ballos que montaban los soldados que las recorrían. 

Con ese motivo se mandaron cubrir por orden 
de la plaza las alturas más interesantes de la ciu- 
dad y otros varios puntos para la defensa de ella, 
mandándose colocar la artillería en los sitios más 
a pro pósito á las maniobras militares. 

Esos preparativos y los avances de las tropas li- 
berales en los suburbios de la ciudad, daban á en- 
tender que se preparaba un combate reñido, como 
se vio á pocas horas. 

En consecuencia, entre 10 y 11 de la mañana del 
24, una fuerza liberal de infantería, á las órdenes 
del Capitán Francisco González, procedente de la 
Sección Díaz, cargó sobre unos soldados del ene- 
mi§^o que cubrían las alturas y bajos de la finca 
dtl Primitivo Colegio de San Nicolás Hidalgo; 
y teniendo el General Echegaray su alojamiento 
muy inmediato al referido Colegio, se alarmó sin 
duda al oir las activas detonaciones de las armas 
de fuego cambiadas entre los combatientes, tuvo 
la ocurrencia ese jefe de asomarse á uno de los 
balcones del alojamiento que dá vista al templo de 
la Compañía, y entonces ¡hay! del infortunado Go- 
bernador, una bala perdida le penetra por la fren- 
te botándole la visera de la cachucha que traía 



—ios- 
puesta y también el cráneo, quedando con ese mo- 
tivo sin vida en el mismo balcón. 

En atención á esa inesperada ocnrrencia y á fin 
de que en aquellas circunstancia • no quedase en 
acefalía el Gobierno, vuelve de nuevo á encargar- 
se del Poder que la noche anté¿ había entregado 
el Grai; Noriega, aldesventrado Echegaray y po- 
niéndose inmediatamente al frente de la fuerza ar- 
mada para afrontar la situación y defender á la 
vez á la plaza tan ^ériamente atacada. 

Bajo ese propósito, el combate siguió con ma- 
yor fuerza, porque los liberales tenían tomadas al- 
gunas posesiones de importancia, que tanta san- 
gre costaron al ocuparlas y continuaban atacando - 
otras con valor heroico, entre ellas, Catedral y la 
Factoría; mas sin concluir ésas maniobras, apare- 
ce por las lomas del Zapote 'la Brigada Tavera en 
auxilio de la plaza, y entonces los pronunciados, al 
toque de reunión, abandonan los 'puntos tomados, 
se reconcentran formando ya un solo cuerpo, y 
dejando la capital» se encaminan á la sierra del 
Poniente de Michoacán., 

Al Verificarlo el enemigo le^ dio alcance en la 
Plazuela de Capuchinas y allí corrió sin piedad la 
sangre de los contendientes, lo mismo que en'la 
del colegio de las Rósas; en donde los soldados 
Chapaleños* dieron una prueba más de su valor te- 
merario. Una vez fuera de la ciudad la fuerza li- 
beral, se suspendió la persecución de las tropas del 
Gobierno que se esperaba más avanzada, y en tal 
virtud aquella continúo su marcha, como á las 2 de 
la tarde del 25 del mes y año antes citados, sin otra 
novedad que lamentar. 

El ataque de la plaza debió comenzarse en la 
madrugada del 24 fracasando esa determinación, 
porque la fuerza del Gral. Pinzón que se espera- 
ba á esa hora para la combinación del ataque, no 
le fué dable llegar al plazo acordado, con motivo 



-109— 
de que marchando á ese fin aún de noche, el guía. 
se desorientó en las montañas de Jesús del Monte 
que se venían atravesando para estrechar las dis- 
tancias y llegar con oportunidad. Mediante esa 
desfavorable ocurrencia, tuvo que llegar tarde á 
las orillas deMorelia y que entrar desde luego en 
combate, como á las 8 de la mañana de aquel día 
24, circunstancia, por la cual pudo llegar el Gral. 
Tavera á la hora dada en auxilio de la plaza pues 
que de otro modo ya había sido tarde su llegada, 
y en ese caso, de seguro aquella hubiera quedado 
en poder délos liberales. 

El combate en lo general» dentro de ^ capital, 
estuvo demasiado rudo, especialmente en el Car- 
men, la Fábrica y plazuela de las Rosas, eii donde 
los prófugos de Chápala, á las órdenes de sus res- 
pectivos jefes, Rocha, Suro y Guzmán cargaron á 
la bayoneta, despojando en dos veces á los peloto- 
nes de artilleros enemigos de las piezas con que se 
les batía en aquel lugar, mas al cargarles mayor 
número de fuerza, volvieron aquellos á rehacerse de 
ellas con mucha pérdida de tropa y aún de algu- 
nos oficiales que también los liberales tuvieron en- 
tre muertos y heridos. 

Con ese motivo un oficial de los defensores de la 
plaza, dijo en la plazuela de las Rosas á uno de sus 
camaradas en los momentos del ataque, lo que se 
leerá en seguida: 

«Morelia se está perdiendo 
¡Que, suerte tan infeliz! 
Se acabaron los azules 
Del Batallón de San Luis.> 

Al siguiente día 25 del propio mes y año, en cal- 
ma ya Ja ciudad, se hacen los honores de ordenan- 
za y honras fúnebres ál cadáver del General Eche- 
garay^ dándole sepultura en el Panteón de San 



—no- 
Juan, terminando con ese acto todos los episodios 
ocurridos con motivo de la Jornada del día 24 de 
Noviembre de 1854 en la Cfapital de Michoacán, 
y en cuanto al General Tavera, éste con su Bri- 
gfada abandonó la ciudad á los pocos días. 



En 8 de Diciembre del año antes citado, se ata- 
có sin resultado la plaza de Chilchota, Michoacán^ 
üCupLida entonces de tránsito por fuerzas del cen- 
tralismo falleciendo en ella el Mayor Wando, en 
unu de losr portales de la misma plaza, al estar to- 
mando la merienda, y un trompeta de órdenes que 
muerto por una bala descendió de la torre de la 
torre de la parroquia al cementerio de la misma, 
retirándose de, aquel pueblo las tropas liberales, su- 
bordinadas respectivamente á los Coroneles Huer- 
ta y Pueblita, y al que esto escribe como Capitán 
de una compañía de infantes, perteneciente á la 
sección Díaz, por cuya orden se incorporó con el 
primero de esos jefes á sus inmediatas órdenes, lle- 
vándose algunos heridos y tomando el rumbo de 
la sierra del Poniente por disposición del Coronel 
Huerta, llegando á su cuartel general, al siguiente 
día, y á pocas horas, el enemigo salió también de 
la población, llevando el rumbo de Zamora, yá 
las órdenes de su jefe Don Nazario González. 



Muerte le i perrillere entre lossiyosconiüYoleÉnnas 
vecneicias 



Ocurrencias en Enero de 1855: en esa época los 
jefes más caracterizados de la revolución de Ayu . 
üat fueron los ciudadanos Huerta, Pueblita, Pinzón 



—111— 

Jesüs Díaz, Antonio Guzmán y algún otro. Tam- 
bién merodeaban muchas partidas sueltas manda- ^ 
das por guerrilleros, como los Tejedas. de Ario, 
Juan Sánchez, Martín Silva, Estanislao Vargas y 
otros muchos que se decían subordinados á las 
secciones de aquellos jefes sin ser cierto; porque 
en realidad obraban á su arbitrio sin respeto á nin- 
gún superior. 

Entre las pequeñas fuerzas pronunciadas, hubo 
una que se distinguió por su moralidad y mejor 
disciplina que pudo imponerle su jefe, el joven Co- 
ronel Miinuel Maguña, que lleno de patriotismo y 
fé en la causa á que se había consagrado, cui- 
daba siempre de inspirar á sus subordinados entu- 
siasmo por aquélla, y respeto á los pueblos. 

A la sazón se hallaba en Uruapan el Lie. Anto- 
nio Florentino Mercado, quien siendo miembro del 
Consejo de Gobierno del General Santa Anna. tu- 
vo el valor de indicarle á ése Magistrado, ocurrie- 
ra al voto público para que supiese si su Gobierno 
era aceptado en el país. El General disgustado 
por la audacia de su consejero, le castiga deste- 
rrándole á Tulancingo, pero Mercado no aceptó el 
destierro y se encaminó á la ciudad expresada de 
Michoacáni centro entonces de sus relaciones de 
familia, y también de la revolución contra S. A. S. 
el General Presidente. 

El Lie. Mercado audaz y vehemente en sus pa- 
siones, con antecedentes y relaciones en el centro 
de la alta política del país, fué visto por los libera- 
les sus amigos de Uruapan como el más á propósi- 
to para aprovechar los elementos dispersos que 
por entonces consumían los recursos y cansaban 
ios pueblos; y así se lo propusieron, contando co- 

pié de fuerza la sección Magafia que se com- 

)nía de unos cien hombres, poco más ó menos. 

Puesta en práctica la idea por el Sr. Mercado, uno 

los últimos días de Enero ya citado, como á las 



-112- 
6 de la mañana, se veía formada la sección Mag^a- 
ña en la plaza de Uruapan en figura de cuadro 3^ 
luejg-o salió Mercado de su alojamiento montando 
un brioso caballo de color retitito y colocado fren- 
te á la tropa, fué dado á reconocer por el Coronel 
Magaña como el jefe superior de la sección de ca- 
ballería que le era subordinada, refiriendo á la tro- 
pa las esperanzas de que bajo su dirección progre- 
saría la revolución y contribuirían con ésto al triun- 
fo completo de la causa. En seguida el Lie. Mer-» 
cado. á su vez, con la voz estentórea que tenía y 
un galano discurso que pronunció, dio á conocer 
su programa y desbordó su entusiasmo por las 
vías que se proclamaban, convenciendo á su audi- 
torio. Pasada esa ceremonia regresó Mercado á 
su alojamiento v se entregó á los trabajos de gabi- 
nete con una actividad vertiginosa. 

Dicho acontecimiento no fué del agrado del 
guerrillero Estanislao Varg-as, y sus paniaguados, 
comprendieron bien que cesaría su dominio en los 
pueblos que esquilmaban, y sabiendo el^guerrillero 
esa ocurrencia, en uno de los primeros puntos que 
tocó de tránsito de Uruapan á Ario, á donde se ha- 
bía dirigido pocos días antes, regresó con los su- 
yos entrando á Uruapan el V de Febrero de 1855, 
sin dar aviso á los jefes Mercado y Magaña de su 
arribo á la ciudad, ni aparentar aptitud alguna de 
hostilidad. Luego con sus trescientos y tantos 
hombres, formó en cuadro en la plaza de aquella y 
colocado Vargas dentro de él, manda una escolta' 
de soldados desmontados con orden de que ocu- 
rriera al alojamiento de Mercado y le tomasen pre- 
so: hecho así fué llevado á su presencia dicho abo- 
gado que se encontraba en la casa de su hermano 
político Don Ramón Parías, situada en lá mism. 
plaza de cuyo hogar salió con su patrulla al cánt( 
acompañado de los ciudadanos Miguel Barcena 
Antonio Calvillo^ sus amigos y parientes que r 



. —113- 
•estaban ligados en los acontecimientos políticos 
que entonces se agitaban. 

Aquellos, lo mismo que Mercado, caminaban sin 
armas, y Vargaá que los esperaba en el centro de 
su fuerza y estando ya en su presencia el aboga- 
do le increpó con frases duras é inconvenientes, re- 
prochándole que á juzgar de sus actos, se venía 
en conocimiento que pretendía torcer las aspiracio- 
ne,s y sentido de la revolución, amagándole con 
una bocamarta que portaba el guerrillero. Mer- 
cado con energía contestó las increpaciones de 
aquél, mirándole con desprecio y rechazando la hu- 
millación que se le quiso hacer; y mediante la in- 
tervención de los expresados ciudadanos Becerra 
y Calvillo. Mercado volvió á su alojamiento, preso 
bajo su palabra, según Vargas, libre á su volun- 
tad, según dijo el jurisconsulto en aquellos mo- 
mentos. 

Ese incidente inesperado estuvo á punto de pro- 
ducir un rompimiento entre la fuerza de Magaña, 
•que acuartelada esperaba algo y la de Vargas que 
se mantenía en formación con el mismo objeto ; 
pero los vecinos amigos de unos y otros, lograron 
•que los acontecimientos no llegaran á las armas. 

Al siguiente día 2 de Febrero, llegó á Uruapan 
^1 Coronel Antonio Guzmán, procedente de Tare- 
tan, que se desprendió de la fuerza del General 
Pinzón, con el fin de evitar un conflicto entre aque- 
llas tropas amigas; y con buenos resultados ese 
pensamiento, el Lie. Mercado se dirigió á Paracho, 
Magaña se llevó su sección á Tancítaro, en unión 
del Coronel Guzmán y entretanto Vargas siguió 
merodeando con los suyos. 

Una vez en Paracho el abogado Mercado, con- 

íno con el Coronel Jesús Díaz, en que viniese una 

erza de caballería de la Brigada Huerta, á Urua- 

n, la cual mandaba el Coronel Juan N. García, 

15 



-114— 
á efecto de reducir al orden al guerrillero Vargas. 
Ese convenio puedo concluido un sábado de ios 
primeros días de Marzo del aflo citado, llegan- 
do á la ciudad entre 7 y 8 de la noche, dicha tuer- 
za; ocurriendo en su arribo un ligero tiroteo entre 
la caballería visitante y las tropas de Vargas que 
desorganizadas se batían unas y se desorganiza- 
ban otras. En ese estado las cosas. Vargas no 
acertando qué hacer enniedio de la confusión que 
produjo el choque tan inesperado, resolvió por fin 
tomar sólo la vía por donde se dirigían á Urua- 
pan, Mercado, Díaz y García, y encontrándose so- 
bre la misma vía,' le hicieron una descarga los sol- 
dados de aquellos jefes, poniéndole en retirada, 
persiguiéndole, sin embargo, el Capitán Florian 
Romero, subordinado del Coronel Díaz, y Dionisio, 
mozo que fué de Mercado, haciéndole fuego hasta 
verle caer del caballo en uno de los callejones de 
la Quinta á consecuencia de haber sido herido y en 
ese estado quedó el guerrillero en aquel sitio y pu- 
do entrar á uno de los sembrados de trigo que ha- 
bía inmediatos, donde quedó muerto y encontrado 
su cadáver la mañana del domingo siguiente, qui- 
tándose ese elemento de discordia entre los pro- 
nunciados de aquella época. 

La fuerza del tinado guerrillero fué reorganiza- 
da y refundida en las secciones de los Coroneles 
Díaz y Magaña, en las que prestaron sus servicios 
los ciudadanos que la componían, hasta el triunfo 
del plan de Aj^utla; y el cuerpo de caballería de la 
Brigada Huerta, regresó á su cuartel general al 
siguiente día. 

El que esto escribe fué testigo presencial de to- 
da la tragedia indicada antes, por haber estado al 
servicio de la sección Díaz como Capitán de infan- 
tería. 



—115— 
Después de seis meses de haber atacado la pía- 
xa del Valle de Santiago, aparece de nuevo en eV 
municipio de Coeneo el jefe centralista Nazario 
GonzíUez, con una sección de caballería, en perse- 
cución de los pronunciados; y tocando de paso el 
rancho de Tunguitiro, manda incendiar sus princi- 
pales fincas, recogiendo por fin cuantos muebles es- 
tuvieron á su alcance para llevarlos consigo; sien- 
do la finca incendiada y muebles avanzados de la 
propiedad de la familia Huerta» haciéndose más no- 
table para los vecinos ese hecho, por haberse efec- 
tuado en viernes santo, uno de los principales días 
de la semana mayor. 



Expedición de la Brigada Huerta 
al Estado de Jalisco. 



Combate en Cocula, en que este jefe resultó gravemente 

herido. 



En Febrero de 1855, el General Epitacio Huerta, 
con su carácter entonces de Coronel en jefe de las 
fuerzas que secundaron en esa época el movimien- 
to revolucionario de Ayutla, en Michoacán, orga- 
nizó una expedición que llevó á sus órdenes á dife- 
rentes puntos del Estado de Jalisco, haciendo la 
propaganda de los principios liberales, solicitando 
correligionarios en aquel país y combatiendo á los 
^'"anos siempre que se presentaba ocasión de ba- 
'os con resultado, y de regreso á Michoacán en 
D de !os días del mes citado, tuvieron sus tropas ^ 
encuentro con las del enemigo, al mando del 
*^eral Ramón Tavera, en Cocula de Jalisco^ re- 



i 



-116- 
siiltando de ese hecho de armas ^Igunos muertos 
y heridos levemente, entre oficia4tis y tropa. 

Mas en cuanto al Coronel en Jefe, éste fué tam- 
también herido de gravedad, por haber sufrido 
en el brazo izquierdo urta lesión inferida con un 
proyectil del enemigfo, que después de algunos 
días de penosos sufrimientos, le fué amputado 
aquel miembro en la Villa de Quiroga por entendí- 
dos Profesores, y con ese motivo quedó mutilado 
de su brazo el jefe Huerta, dispuesto, sin embargo, 
al servicio de la República. 

Mediante la incapacidad de ese jefe para conti- 
nuar al frente de la Brigada, ésta quedó á cargo 
del General Santos Degollado y de su segundo 
Luis Ghilardi, como Mayor general de ella; y bajo 
las órdenes de aquél, continuó la Brigada haciendo 
la campaña. 

En esas circunstancias, de paso por el pueblo de 
- Atapan con el herido, el General Degollado dirige 
de aquel lugar al de Los Reyes de Salgado, un re- 
cado escrito al que escribe estas líneas, que se ha- 
llaba entonces expedicionando en aquel Distrito, al 
frente de la sección Díaz, de Faradio, y el conte- 
nido de aquel recado, que original tiene á la vista, 
es como sigue: 

"Señor Don Manuel Barbosa y compañeros, Don 
Ángel Medina y Don Francisco Cha vez.— Muy 
Señores míos: — Participo a .Ustedes que el- Sr. Co- 
ronel Huerta y su sección, han vuelto de una larga 
expedición á Jalisco, en que resultó herido ese jefe 
y otros oficiales. Por esta causa, la tropa necesita 
descanso y lo va á tener por unos días; y entretan- 
to suplico á Ustedes, vigilen sobre el camino en 
que aparezca el enemigo y en caso necesario no: 
avise a Coeneo ó Tunguitiro, lo que ocurra poi 
-conducto de nuestro amigo Leonardo López que 
les lleva esta carta que, suplico á Ustedes dispen 



—117— 
sen á su afmo. amigo y. compañero que los estima 
S- M B—Sa^ttos Degollado.— Rubricada. — Sr. 
Manuel Barbosa.— Donde se halle.»» 

Dicho VGC'ddo fué recibido y contestado eij la 
misma fecha, en Los Reyes, por conducto del por- 
tador López, ofreciendo vigilar los movimientos 
del enemigo y dar aviso, en caso necesario, remi- 
tiendo con el propio, al Sr. Degollado, ai pueblo der 
Atapa, algunos comestibles y objetos de asisten- 
cia para enfermos y heridos, de los cuales se acu- 
só el correspondiente recibo, dando las gracias al 
remitente. 

También se mandó en el mismo año por el men- 
cionado Coronel Huerta, otra expedición al propio 
Estado de Jalisco á las órdenes del Coronel Juan 
García, la cual llevó algunos días por aquel país 
con buen éxito, regresando á Michoacán sin nove- 
dad alguna. 

Dicho Coronel falleció después en la Capital de 
Michoacán, dejando en jalisco bien puesta la repu- 
tación de las tropas liberales de aquel Estado y al- 
gunas personas comprometidas á tomar las armas 
en defensa del plan de Ayutla y muy especialmen- 
te, en lu localidad de Adobes, pueblo tapatío, las 
cuales, á pocos días, saltaron á la arena. . 

Los prófugos de Chápala, regresaron con sus 
jefes al Estado dp Jalisco, quedando algunos en 
Michoacán al servicio de lasi fuerzas liberales que 
siguieron atacando y ocupando algunas plazas 
enemigas, cuya marcha emprendieron aquéllos, 
después de la ocupación de Morelia. 



-118- 

ATAQUE Y OOÜPACIOll DE U PLAZA 

DE PURUANDIRO. 



La plaza de Puruándiro de Calderón, se atacó y 
ocupó en Marzo de 1855, con fuerzas de la Briga- 
da Huerta, dei Coronel Pueblita y de la sección 
Díaz, de Faradio, ésta á las inmediatas órdenes 
del que esto escribe; y todas á las del General en 
jefe Santos Degollado y del Mayor general Luis 
Ghilardi: en ese hecho de armas fué bastante útil 
la artillería de montaña de la Brigada Pueblita que 
á cargo del Comandante de la arma José Trinidad 
Zavala y del Teniente Miguel Mancera, ya finados, 
obró tan bien en el ataque de la fortaleza de dicha 
plaza, teniendo aun que vencer, al efecto, algunas 
dificultades del arma que se improvisaron empeño- 
samente á fin de tener resultado. 

Como ese ataque duró más de 24 horas sin po- 
derse decidir, se derramó con abundancia la sangre, 
y mirando con pena el General Degolladora ma- 
tanza ocurrida en ese período, no le fué dable re- 
sistir los impulsos de su sensible y noble corazón 
y con ese motivo antes de ver el resultado defini- 
tivo del combate, pretendió suspender el ataque y 
retirar las fuerzas, liberales de la ciudad para evi- 
tar la efusión de sangre, pensamiento que comuni- 
có á Ghilardi y á Pueblita. derramando gordas lá- 
grimas que brotaban de sus ojos; mas esos jefes 
supieron calmarle y disuadirle de tal intento, ase- 
gurándole que la plaza en ataque quedaría á si 
órdenes en la tarde de ese mismo día. 

Esa indicación le calmó un tanto, y el combat 
siguió con mayor fuerza, por lo que, á fin de J 



iQ 



-119— 
vario á buen término, el Mayor general Ghilardi se 
propuso estimular á la tropa para que se batiera 
con brío en el asalto preparado sobre la plaza de 
la ciudad, adoptando el medio para conseg"uir el fin 
de despertar en el soldado el sentimiento de la co- 
dicia, arengándole al efecto im ese sentido en la 
garita de San Antonio, en los términos siguientes» 
sobre un poco más ó menos: 

» ¡Soldados defensores del plan de Ayutla! Siem- 
pre que en el asalto intentado sobre el enemigo, 
quedase la plaza tomada en fuerza de vuestro arro- 
jo y de la pericia militar de los jefes que os con- 
duzcan al triunfo, tendréis libertad de manos; y en 
ese concepto, si os cogéis en ellas hasta la custodia 
y paramentos de la parroquia, no habrá quien ba- 
jo ningún pretexto los arranque de vuestro poder, 
porque no se atenderán reclamaciones de ninguna 
clase, ni menos valdrían influencias; y continuó di- 
ciendo: ¡Soldados del pueblo! ¡que viva la libertad 
y mueran los tiranos! 

Y estando ya los asaltantes al frente de las trin- 
cheras, se dio la voz de fuego. Luego se oyeron 
las detonaciones de las armas, las notas de los cla- 
rines tocando á fuego, entre gritos, imprecaciones 
y silvidos del pueblo, en distintas direcciones, si- 
guiendo el combate en maj'-ores proporciones, en- 
tre llamas, escombros y descargas de artillería que 
jugaba de lo lindo; por lo que en pocas horas de 
encarnizada lucha, la plaza enemiga quedó en po- 
. der de los asaltantes, la tarde del mismo día 19 de 
Marzo de 1855, según el ofrecimiento hecho al Ge- 
neral Degollado por dicho jefe, y mediante el estí- 
mulo que los soldados vencedores supieron apro- 
vechar, cogiéndose algunas pequeneces del vecin- 

ario, respetando las alhajas del templo y algunas 

ropiedades. 
Las frases dirigidas á la tropa por el Mayor ge- 

íral Ghilardi momentos antes del asalto, las oyó 



._120— 
salir de los labios de ése jefe el que esto escribe 
por haber asistido á ese hecho de armas al frente 
de 50 infantes de la sección Díaz, como Capitán y 
jefe accidental de ellos en aquells fecha. 

Concluido el ataque se recogieron armas, caba- 
llos y diferentes objetos de guerra; se curaron los 
heridos y. se mandaron sepultar los muertos de am- 
bas fuerzas, tomándose prisioneros algunos indi- 
viduos de tropa y entre ellos al Coronel Valenzue- 
la que defendía la plaza, al Mayor de la fuerza ene- 
miga, cuyo nombre no se recuerda, y á otros su- 
balternos. entre los cuales se encontraba el subte- 
niente Timoteo Bernal; natural de la ciudad venci- 
da. 

Al siguiente día de la ocupación de la plaza de 
que se Wene tratando, se tuvo noticia del pronun- 
ciamiento de la plaza de Zamora con una parte de 
sus oficiales, promovida por los Capitanes Negrete 
y TrejO; en el mes y año antes citados; y en con- 
secuencia, á otro día se alistó la fuerza liberal, em- 
prendiendo luego la marcha en dirección á aquella 
ciudad, á las órdenes siempre del General Degolla- 
do. 

De paso la División por el pueblo de Janamuato, 
fué aprehendido por la vanguardia de ella, el jefe 
de acordada del Distrito de Puruándiro, Don José 
Ortiz, que tanto liberal fusiló en aquella época, pa- 
gando en la propia moneda la deuda que debía y 
quedando su cadáver pendiente, la mayor parte 
del día de su ejecución, de una soga colgada en eU 
umbral de una puerta de golpe, puesta sobre el ca- 
mino que de Puruándiro conduce a la hacienda de 
Villachuato. Lo mismo pasó á Navarrete, otro je- 
fe de acordada de San Francisco Angamacutiro^ 
que siguió la conducta de Ortiz con algunos servi- 
dores de la causa de Ayutla. 

El 22 del mes citado abandonaron la plaza de 
Puruándiro las tropas liberales para dirigirse á Zb 



mora, con el objeto de cerciorarse de aquel movi- 
miento, pernoctando la tarde de ese día en la ha- 
cienda de Villachuato. alojándose el General en je- 
fe, en una de las principales viviendas de la finca. 
Poco después, se manda anunciar al superior la 
lleg-ada del guerrillero de Penjamillo, Juan Grande, 
con 25 hombres de caballería, bien montados pero 
maLarmados, con lanzas todos, banderolas encar- 
nadas, y uno que otro con sable y mosquete. 

Luego se dirige el guerrillero al alojamiento del 
General en jefe, dejando entretanto sus soldados 
en formación frente á la entrada principal de la ha- 
cienda indicada, le saluda y habla muy respetuosa- 
mente al general Degollado, solicitando ingresar á 
la colurnna de su mando, á fin de prestar en ella 
sus servicios. El jefe indicado le recibe cariñosa- 
mente tendiéndole la mano, y le dice quedar des- 
de luego obsequiada su solicitud, tomando .en con- 
secuencia el alojamiento y cuartel para sus solda- 
dos que le señalara el Ayudante que tenía á su 
frente, en la inteligencia de que á la hora conve-^ 
niente pasaría su revista, á efecto de darle á reco- 
nocer en la columna. 

En seguida el jefe de ella interroga al guerrille- 
ro respecto de su categoría militar: éste le contes- 
ta ser la de General de Brigada, según el despa- 
cho que le otorg'ó -en la Providencia el General 
Donjuán Alvarez, el cual con otros documentos 
de importancia, perdió con su maleta de viaje, al 
ser derrotado más antes en el Distrito de Apatzin- 
gán en 1854, por el Coronel Ramón Vargas, ser- 
vidor del Gobierno central, Bien está, querido 
compañero, le dice Don vSantos^ será Ud. recono- 
cido con ese carácter y se le guardarán los respe- 
5 y consideraciones de su empleo; pero conviene 
cerle saber que los sueldos señalados á los 
rvidores de la columna, son bien reducidos y 
:asos io más y que á ellos debe Ud. sujetarse, si 

16 



—122— 
le conviene. Sean cuales fueren los sueldos, 6 na- 
da, cuando no haya, replicó el g-uerrillero, estoy 
enteramente conforme, Señor General, pues no es- 
toy dominado por el interés de los haberes, sino 
por el deseo de reconocer un centro superior y no 
andar de partida suelta, merodeando en los pue- 
blos. Las g-racias, Sr. compaflero, dijo Don San- 
tos, por su patriótica deferencia; y apoyado en ella 
es bueno forme Ud., su presupuesto, un estado de 
fuerza y noticia de caballos, para en su vista pro* 
veer lo conveniente, despidiéndose luego el Gene^ 
ral del guerrillero. 

Al presentarse éste al jefe de la columna, se no- 
tó que su apellido bien correspondía con su grande 
estatura, fuerte y fobusta, con apariencias de ser 
mayor de cincuenta años, de color trigueño, rasu- 
rado por completo, de ojos negros grandes tam- 
bién, pero sin expresión, de pelo y barba entre ca- 
nos. Usaba calzón blanco doble, de manta común, 
camisa de lo mismo, chamarra de dril plomo, ci- 
ñendo sobre ella gran cinturón de baquetilla, del 
cual colgaba un sable americano; y también tenía 
colocada en el mismo lugar, una canana de piel de 
zorra, repleta de parque común y balas de 15 adar- 
mes. Portaba sombrero de palma de ancha falda, 
dentro del cual guardaba sus papeles; calzaba bo- 
tines de vaqueta, bastante usados y una frazada 
gris sobre el hombro izquierdo; pero eso sí, buen 
patriota, aunque de educación enteramente vul- 
gar. 

Sin embargo, el talante del General guerrillero, 
dijo Don Santos, al jefe de Estado Mayor: gente 
se necesita, compañero, y la vamos adquiriendo, 
sea cual fuere la categoría militar que quieran II p- 
var los ciudadanos que la presenten, bajo la cu 
conviene recibirles, al fin y al cabo, si nuestra caí 
sa triunfa, el Gobierno resolverá lo que sea de s 



r-123- 

agrado de esos nombramientos, provisionales de 
las exigencias de esta época. 

Después de dos-días de marcha, llegan á Zamo- 
ra las fuerzas liberales; y una vez en la plaza de 
esa ciudad, se apersonaron éon el Sr. Degollado 
los subalternos del centralismo Don Miguel Negre- 
te y Don Anastasio Trejo, poniendo en su conoci- 
miento lo ocurrido en aquella plaza y á sus órde- 
nes los dos cuerpos de infantría procecedentes de 
Puebla y San Luis Potosí, con que habían secun- 
dado el movimiento de Ayutla en la misma ciudad, 
en pos de un movimiento administrativo. 

En consecuencia, unidas las tropas liberales á las 
que cubrían la plaza indicada, el General en Jefe. 
Sr. Degollado, dispuso llevar una expedición al Es- 
tado de México y Distrito Federal/como lo hizo, 
saliendo de Zamora con ese fin, el día 8 de Abril 
de 1855, pernoctando la noche de ese día en Tan- 
gancícuaro, alojándose el General en jefe en la ca- 
sa del patriota vecino Don Manuel Juárez; y por la 
noche del propio día. el cura párroco del propio 
pueblo, Presbítero Don Antonio Traspeña, se des- 
prende de la sotana para llevar la blusa encarnada 
con que se distinguían entonces los ciudadanes ar- 
mados en defensa del plan de Ayutla, solicitando 
ese sacerdote incorporarse á las filas indicadas pa- 
ra prestar en ellas sus servicios, en el Estado Ma- 
yor del Sr. D,egollado, y una vez admitida su soli- 
tud, se le extendió despacho ó nombramiento de 
Coronel como capellán de la columna expedicio- 
naria, dándosele á reconocer con ese carácter á la 
misma, en la orden del día siguiente; nombramien- 
to fué ese que recibieron con beneplácito los jefes, 
ioficiales y tropa que componían la columna. Al 
igresar el Presbítero Traspeña á las filas libera- 
os, dejó encargado del curato al sacerdote que ser- 
ía la vicaría, quedando así expedito para marchar. 

ego. 



—124- 

En la tarde del día 8 citado perteneciente al mes 
de Abril, concedió también el General en jefe en la 
misma localidad algunos ascensos á diferentes je- 
fes y oficiales de la/*columna, y 'de entre ellos íué 
uno de los agraciados el que esto escribe, ascen- 
diéndole de Capitán á Comandante de Batallón, co- 
mo encargado en esa fecha, del mando de la infan- 
tejía de la sección Díaz con aquel carácter. 

Al siguiente día 9, emprendió 3U marcha la co- 
lumna ocupando las poblaciones de su tránsito, y 
entre ellas algunas del Estado de México y Distri- 
to Federal, á donde se dirigía el General Degolla- 
do con obieío de unirse á la Brigada del General 
PfuiarcQ González que, entonces se encontraba en 
los llanos de Apam y caminar de acuerdo en la 
dem^inda. según estaba convenido, para empren- 
der algunas correrías de provecho y hacerse fuer- 
tes en el mismo Estado. A ese fin, tuvo que de- 
sempeñar el Coronel Traspeña una comisión de im- 
portancia y de peligro, á entera satisfacrión de los 
jefes liberales por sus buenos resultados; de cuyo 
desempefiü se dedujo que ese sacerdote había equi- 
vocado la vocación del ministerio con la de las ar- 
mas, en cuya carrera habría sido ese sacerdote 
muy útil á la patria. 

Dicho convenio con el General González arre^ 
glaüo con la intervención del capellán de la colum- 
na, como comisionado á ese fin por Don Santos, 
no pudo tener efecto, porque desgraciadamente las 
tropas del Gobierno, al mando del General Tavera, 
interrumpieron el tránsito de la columna, batiéndo- 
la en Tizayuca, en el mes y año antes citados, de- 
rrotándola y puesto en dispersión con ese motivo 
el personal que la formaba. 

Entonces los vecinos de aquel pueblo presencií 
ron con horror la hecatombe que tuvo lugar al co^ 
tado Norte de la Parroquia de aqulla localid ad, ; 
ser fusilado de orden del vencedor, todo un pique*^ 



-125-- 
de ínfíinteria del cuerpo ''Guardias de Degollado,»* 
que cubría las alturas del templo en número de 25 
hombres y en seguida los oficiales que lo manda- 
ban. Francisco y Antonio Vega, hermanos, natu- 
rales de Morelia, y jóvenes de esperanza, dejando 
á su anciana madre desamparada enteramente, en- 
ferma y en Ja mayor miseria. 

Los infortunados oficiales y soldados que com- 
ponían dicho piquete, pretendieron abandonar las al- 
turas luego que notaron en la plaza el desorden de 
las tropas de la columna, pei^o no les fué dable con- 
seguirlo; por que, al tomar poseción de ellas, el 
campanero cerró luego la puerta de la torre que 
les dio ascenso á la azotea, llevando consigo la lla- 
ve, sin fijarse en ello los oficiales, pues que si lo 
hubieran advertido, habría^a recogido aquélla para 
no quedar A merced del campanero, á la hará su- 
prema, y salir cuatido les conviniera; pero fata:l- 
mente no fué así, y una vez asegurados de ese mo- 
do oficiales y tropa, imposible se hizo la salvación 
de uno siquiera, de los que componían ese desgra- 
ciado grupo de patriotas 

Los relacionados jefes González y Degollado/ 
murieron después, combatiendo á los sublevados 
de aquella época que proclamaban "Religión y 
Fueros," el primero, en el paraje del Platanilio. Es- 
tado de Morelos, y el segundo, en el "Monte de las 
Ouces.i* 



De paso por la ciudad de Uruapan el Sr. Gene- 
ral Don Ignacio Comonfort. en Junio de 1855, con 
rumbo á Jalisco, ordenó al Coronel Jesús Díaz, de 
Paracho /jefe entonces de aquella línea, se encar- 
.se, bajo su más estricta responsabilidad, de nian- 
r vigilar el camino que de aquella población con- 
ce á la de Los Reyes, con tropa y oficiales de 
afianza, á fin de que, si d Ministro de la Guerra, 



-126- 
General Santiago Blanco, que le perseguía muy 
de cerca, continuaba en su seguimiento, se le diese 
de ello oportuno aviso por el jefe de la fuerza que 
lo vigilara. 

Esa orden fué ejecutada desde luego poniendo á 
disposición del Teniente de caballería Santos Alva- 
rez, de Corupo, 50 hombres montados de la sección 
Díaz; con sus respectivos subalternos, Ángel Me- 
dina y Francisco Cha vez. de Parangaricutiro. or- 
denándose al Teniente Alvarez, como conocedor 
del terreno, lo mismo que á sus subordinados, se 
situase con la fuerza en el paraje más á propósito 
para la mejor vigilancia del camino, reconociendo 
como jefe inmediato de esa comisión con su carác- 
ter de Ma}or de infantería, al que escribe estas lí- 
neas. 

Después de un día de cstableciJa la escolta de 
vigilancia sobre la vía indicada, aparece uno de los 
exploradores de la misma sección, como á las 4 de 
la tarde, dando aviso de que la tropa de los mo- 
chos, como se les llamaba entonces á las fuerzas 
del Gobierno, que habían pernoctado en Uruapan 
la noche anterior, se comenzaba á mover con rum- 
bo á la sierra de Parangaricutiro, según la direc- 
ción que llevaban algunas mujeres soldaderas que 
había encontrado. Mas luego se presenta otro ex- 
plorador de la misma sección, diciendo también: 
que la formación de la columna enemiga sobrp la 
calzada de la quinta de aquella ciudad, daba á en- 
tender que se trataba de seguir la marcha del Ge- 
neral Comomort, la cual llevó por el mismo rum- 
bo. En consecuencia, luego se participó á ese je- 
fe superior tal ocurrencia por extraordinario vio- 
lento, á donde se encontrara, lo mismo que al Co- 
ronel Díaz á Paracho. 

Llegó la noche de ese día y como á las 9 de ella 
hora en que comenzaba á anunciarse una fuerte 
tempestad en aquella serranía, comenzó á oirse ^ 



— 127- 
lo lejos ladridos de perros sobre el camino que se 
vigilaba. Mas luego voces de mujeres y llantos de 
niños» comenzando ya á desenvolverse la tormen- 
ta, con un viento horrible que se agitaba en el cen- 
tro de aquellas dilatadas y lóbregas montañas. 

Convencidos hasta la evidencia los guardianes 
del camino, de que en efecto era la tropa enemiga 
la que venía avanzando por él, se mandó alistar la 
fuerza de vigilancia, si no para ofender, al menos 
para defenderse, situándose convenientemente á 
derecha é izquierda de la vía, con señal conveni- 
da para acometer ó retirar, en caso necesario co- 
mo conocedores de aquellos montes. 

Entretanto la columna enemiga seguía Su mar- 
cha, el huracán á su vez, se desenvolvía fuertemen- 
te, haciendo más horroroso el caso las repetidas 
descargas eléctricas, que se dejaban oír en todas 
direcciones comedio de una densa obscuridad; y 
como resultado de aquéllas muchos árboles secu- 
lares hechos girones; los cuales silvavan sobre las 
cabezas de los vigilantes y vigilados, cuyo cuadro 
habría hecho estremecer de espanto al más calmu- 
do en el peligro. 

Sin embargo de esos contratiempos, la fuerza 
enemiga, no llegó á abandonar su tránsito; pues 
por el contrario, en esos momentos se hacía sen- 
tir con mayor fuerza, y en consecuencia, ya que 
se calculó haber pasado por la vía una gran parte 
de la colunma enemiga, se mandó á los soldados 
vigilantes hicieran fuego, mediante la señal conve- 
nida bübre aquella masa informe de hombres para 
su mayor confusión. 

Ese percance fué el más terrible aún enmedio 
f^f^ la tormenta; porque la tropa enemiga comenzó 
abandonar la vía, en pelotones, atropellándose 
os á otros en el mayor desorden y aprovechando 
^s momentos de terror que ligeramente se pu- 
^on ver á la luz'de los relámpagos, se mandó 



-128— 
hacer más ejecutivo el. fuego y las descargas bléc- 
tricas auxiliando á su vez esa maniobra, funcionan- 
do de lo lindo, como si estuvieran de acuerdo en 
protejer las libertades de un pueblo .oprimido, ne- 
cesit^ido de aquel auxilio, 5^ también el viento, ese 
terrible elemento destructor de todo cuanto se opo- 
ne á su paso, no fué indiferente, porque en aquellos 
momentos contribuyó con su estrepitoso contin- 
gente en aquella noche, en contra de los seres que 
componían dicha columna, y como si la tempestad 
con todos sus rigores hubiera estado á las órdenes 
de los vigilantes del camino, ayudando así á des- 
truir las maniodras emprendidas por los tiranos dé 
un pueblo, como un efecto providencial que trata- 
ba de protejer una buena causa. 

Terrible fué la confusión entonces, porque los 
pelotones del enemigo comenzaron á desbandarse 
en' distintas direcciones, hasta quedar enteramente 
fraccianada aquella respetable columna que, en to- 
das circunstancias no tuvo más jefe que su volun- 
tad, ni obligaciones á que atender, sino la única de 
su propia conveniencia; y en consecuencia, muy 
en breve aquel camino quedó como antes, desierto 
enteramente; porque la tropa se perdió en aque- 
llas bastas serranías, y una pequeña parte de 
ella que se encontró en dichas montañas á las ór- 
denes dé sus respectivos jefes, con esa regresaron 
á la ciudad de Uruapan, llegando á ella á la ma- 
drugada del siguiente día para volver á Morelia de 
donde había salido la columna en persecución del 
General Comonfort; y en la fecha antes citada, ter- 
minó por completo I9 tempestad en la madrugada 
de ese día, quedando despejado el Oriente. 

Con ese favor del cielo concluyó la persecución 
que se le hacía al General Comonfort por ese run 
bo, dándose al amanecer parte de esa ocurrrenci? 
con extraordinario violento desde **Anga^ua** í 
expresado General, de aquel feliz acontecimienti 



—129— 

lo mismo que al Coronel Díaz, á Paracho, y al Ge- 
neral Pueblita que se encontraba entonces en Co- 
lija, en donde mandó ese jefe celebrar con salvas 
el indicado suceso. 

Se esperaba que al amanecer aparecerían sobre 
€l camino vigilado algunos muertos y heridos, y 
en efecto, se encontraron varios que se mandaron 
sepultar y heridos que se recogieron y curaron; 
pero eur abundancia, muchos dispersos de los di- 
ferente3 cuerpos de que se componía la columna 
del Ministro Blanco, pertenecientes á Huicha- 
pan, Puebla, Chalchicomula, San Luis Potosí, Som- 
brerete, Piedras Negras y otras poblaciones que 
no se recuerda, cuyos dispersos, según fueron en- 
contrándose en la sierra, lugar de la dispersión, se 
iban poniendo á las órdenes de los vigilantes del 
camino, con las armas, municiones y equipo, que 
aun conservaban, ofreciendo sus servicios en pro 
de la causa que defendían aquéllos, ascendiendo el 
número de los presentados, á la cifra de 260 infan- 
tes 5^ 12 dragones, recogiendo además, en las mon- 
terías indicadas, fusiles abandonados, parque, for- 
nituras y equipo de que se despojaron los soldados 
que tomaron otros rumbos; produciendo por últi- 
mo, esa recluta, más de 200 fusiles de percusión, 
que tan útiles fueron á las tropas pronunciadas de 
aquella época. 

Por la tarde de ese día se dirigieron á Paracho 
de orden superior, los vigilantes del camino que 
quedó libre y con ellos sus prisioneros y demás 
útiles de guerra que fueron levantados en la sierra; 
y al siguiente, después de una revista accidental en 
la sección Díaz que tuvo por objeto incorporar á 
los prisioneros en la infantería que organizó en Pa- 
.acho para el servicio de aquélla, el -Capitán Fran- 
dsco González, bajo la dirección del que esto es- 
::ribe, incorporándose también á la caballería que 

17, 



-130- 
mandaba el Capitán Florian Romero, los^ 12 dra- 
gones dispersos del enemigo. , 

Concluida esa tarea, se emprendió la marcha pa- 
ra Uruapan, en donde fué recibida aquella comiti- 
va militar con demostraciones de. júbilo, en virtud 
de lo ocurrido en los montes de San Juan tres días 
antes. Hecho fué ese que preludiaba ya el térmi- 
no de la revolución y eLtriuufo de la causa que 
tanto sacrificio venía Costando. Con tal creencia 
entonces, que no salió fallida, las mejores familias 
de Uruapan, con motivo de la noticia que tuvieron 
de que la tropa de la sección Díaz estaba escasa 
aún de ropa interior con que cubrirse, en un arran- 
que de patriotismo que también excitó los sentimien- 
tos de filantropía, se reunieron en un lugar conve- 
nido, á fin de acordar el modo de atender á aque- 
lla necesidad, proporcionándose las señoras entre 
sí elementos para comprar algunas piezas de man- 
ta blanca y confeccionar con sus propias manos la 
ropa de que tanto necesitaban los soldados, reu- 
niéndose en un día de aquella época, más de 20Q 
calzoncillos, camisas en igual número y aun algu- 
nos pantalones que las damas mandaron regalar á 
la tropa que vigiló el camino de San Juan, cuyo ob- 
sequio pasó á su destino por medio de una comí- 
sión, con permiso de los jefes que, en el acto de la 
entrega estuvieron presentes, y quienes por con- 
ducto de la misma comisión, dieron las más expre- 
sivas gracias de su parte y á nombre de la tropa 
beneficiada, á las familias obsequiantes, manifes- 
tándoles su reconocimiento, portan distinguido ser- 
vicio, y en verdad que ese regalo le vino tan bien 
á la tropa, como un anillo en el dedo, siendo digno 
de hacerse de él mención honorífica, como se hace 
en estos apuntes. 

Durrante ese día se proyectó un baile para en I? 
noche, con el que el vecindario felicitó al Corone 
Díaz y á sus oficiales por la feliz ocurrencia en lor 



-131- 
montes de San Juan, teniendo lu^ar dicha diver- 
sión en la casa del Sr. Toribio Ruiz, terminando és 
ta á las 5 de la mañana del siguiente día, y en. ella 
reinó la mayor cordialidad. Se dijeron^ algfunos^ 
brindis alusivos á las circunstancias de aquella épo- 
ca diversos vivas, con protestas de adhesión á la 
causa que se defendía; ocurrencias que agradaron^ 
demasiado á las familias que asistieron quedando 
satisfechas con ese motivo. 

A otro día abandonó la ciudad de Uruapan lay 
sección Díaz, para continuar las fatigas de la cam- 
paña hasta vencer ó morir, en la cual fueron mu}^ 
útiles los servicios del Coronel Eduiwiges Martínez, 
con su valiente escuadrón de Panzacola, del Coro- 
nel Jesús Villanueva, los del patriota ciudadana 
Apolonio del Corral y de Antonio Fuentes con las 
tropas que mandaban; figurando igualmente éntre- 
los defensores da la propia causa et Mayor Antonio 
Maciel, los hermanos José María y Ramón Villase- 
ñor, de los cuales murió este último en Tacubaya 
batiéndose con su cuerpo en contra de los reaccio- 
narios, con el carácter de Teniente de una de las 
compañías del mismo cuerpo, procedente deMorelia. 
Los señores Sosa, de Paracho, prestaron tam- 
bién sus servicios á la sección Díaz, distinguiéndo- 
se entre los capitanes de la misma, el ciudadano 
Florian Romero con su compañía, como el más ac- 
tivo en el servicio militar en aquella época. Asi- 
mismo, cooperaron con su saber y buenas relacio- 
nes en favor de la causa de Ayutla, los patriotas 
ciudadonos Toribio Ruiz, Trinidad Bravo^ Ramón 
Parías, Antonio Chapina y otros vecinos de la du- 
dad de Uruapan, y de Tangancícuaro, muy espe- 
cialmente, el patriota Francisco Garibay. 
Algunos de los dispersos en las montañas de 
n Juan Parangaricutiro, reconocieron al cuartel 
neral de las fuerzas liberales, establecido enton- 
^ en el rancho de 'Tunguitiro, presentándose ak 



-132— 
Coronel en jefe Epitacio Huerta, hoy General dé 
División del Ejército Mexicano, ofreciéndole sus 
servicios en favor de la causa que* defendía, acep- 
tando ese jefe tal ofrecimiento de buena voluntad, 
ingresando aquéllos á la Brigada con sus armas y 
equipo, en la cual sirvieron hasta el completo triun- 
fó del plan de Ayutla. 

En vistavde lo ocurrido en la sierra de San Juart, 
el General Comomfort, con toda calma atacó y 
ocupó la plaza de Zapotlán el Grande, Jalisco, el 
22 de Junio de 1855; cuyo hecho de armas fué muy 
sangriento por la tenaz resistencia de sus defenso- 
res, dirigiéndose en seguida á Guadalajara. con 
objeto de atacar también aquella plaza, que, al fin 
quedó en poder dé los liberales, en dicha época. 

Concluidas algunas correrías de las tropas libé- 
rales que tuvieron por objeto la destrucción del 
enemigo, es ocupada la plaza de la ciudad de Pátz- 
cuaro, al ser abandonada por el General Panfilo 
Galindo, defensor del centralismo, llevando consi- 
go las tropas que le obedecían rumbo á Morelia, 
cuya ocurrencia, tuvo lugar en los primeros días 
de Septiembre de 1855. 

Mas luego la Brigada Huerta abandonó la plaza 
de Pátzcuaro, el 10 del mes y año antes citados, 
dejando en ella un destacamento para apoyo de las 
autoridades y garantía del vecindario. Por la tar- 
de del mismo día llega á la Villa de Quiroga, en 
donde fué recibido el jefe de ella con demostraciones 
de júbilO; con arcos triunfales, repiques á vuelo y 
cohetes que se quemaron. 

Estando j^a la Brigada en esa Villa, llega el día 
de la gran tiesta Nacional del 16 de Septiembre de 
1810, y con la cooperación de los vecinos amigos 
de la causa de Ayutla, el General Huerta á'^^ sus ór- 
denes para la celebridad de tan memorable fec 
que se solemnizó con una esplendidez relati 
agradando mucho esa fiesta á los concurrentes. 



—isa- 
Dos días después, de orden del propio General 
en jefe, sale de Quiroga el Coronel Rafael Rang"el 
en dirección í^ Morelia y llcíí'a al siguiente á la ha- 
cienda de la Huerta inmediata á esa ciudad y en 
esa finca se aloja con la fuerza que mandaba, con 
instrucciones de vigilar los movimientos del ene- 
migó y de ocupar la plaza de la Capital, tan luego 
como la evacuara el General Panfilo Galindo que 
debía ser pronto, y en efecto, á los tantos días sa- 
lió ese General para México con la tropa centralis- 
ta que guarnecía la plaza de Morelia» y en conse- 
caencia, es ocupada por las fuerzas liberales que^ 
en número de 800 hombres de infantería y caba- 
llerÍLK llevó á sus órdenes con tal fin el Coronel 
Rangel, dando en seguida aviso al General en jefe 
de aquella, de estar ya en pos(^sión de la mencio- 
nada pjaza. en cuya localidad quedó desde luego 
restablecido el orden, disfrutando de garantías el 
comercio y los vecinos, entre tanto el cuerpo de 
Ejército hacía su entrada triunfal en la Capital de 
Michoacán que por fin tuvo lugar en los- últimos 
días del mes y año antes citados, colocándose á la 
cabeza de él su General en jefe de riguroso unifor- 
me, con su respectivo Estado Mayor. 

En ia fecha antes indicada recibió en su seno la 
Capital de Michoacán dicho cuerpo de Ejército con 
bastante beneplácito, repiques á vuelo, arcos triun- 
fales y otras demostraciones de júbilo, 

Al siguiente día se establecieron autoridades 
provisionales, entre tanto se convocaba á eleccio- 
nes para los Poderes del Estado; y así quedó en 
Michoacán terminado el expediente relativo, á la 
revolución de Ayutla; y á consecuencia de ese 
afo, vuelto á la Capital de la República el Ge- 
"I Gahndo, último Gobernador de aquella épo- 
.n Michoacán, lo mismo que al Estado el Coro- 
Rafael Degollado, quien en comisión de los je- 
herales se hallaba en Colima, avecindándose; 



-134- 
^uego en Colija, donde fabricó una elegante casa 
de habitación embellecida con un primoroso jar- 
dín de esquisitas flores, en la que murió después de 
algunos aflos en avanzada edad; y en aquellos 
tiempos la tropa cantaba para suavizar las fatigas \ 

del camino, la letra siguiente: i 

€¿A dónde vas, Isabel, 

¡Mi Capitán! 
Al cuartel de la Unión 
A tomar una copa 
Por la federación. 

¿De dónde viene Ud. Isabel? 

¡Señor Mayor! 
De un taller de la maestranza 
De ver tomar dos morteros 
Pulidos por los obreros 
Y de oír tocar una danza. * 

¡Úrsula! ¿qué andas haciendo? 
Por la calle real borracha, 
¡Mi Jefe! ando divirtiendo 
Con los Señores de la hacha. 

V Ya yo no quiero sembrar 

Ni quiero vivir en rancho, 
Me quiero civilizar 
Con esos del sombrero ancho. 

^ No quiero ser maderero 

De la sierra de Sinciro, 
Ni tampoco carretero 
Del rancho de Tunguitiro.> 



ILECCIOIISS FiBA LOS FODEBES DE IdOiCM. 



Una vez convocado, el pueblo michoacano pai 
elecciones de los Poderes del Estado, y como cow 
secuencia de ella, quedó electo de esa entidad fe ' 



—135- 
rativa, el ciudadano General Epítacío Huerta para 
regir sus destinos; cuya elección dependió del su- 
fragio popular, entrando en cqfnsecuencia, á funcio- 
nar los electos, en sus respectivos puestos, previa 
i a protesta de ley. 



Los Coroneles Rafael Arias» Rañtel Garnica, Ra- 
fael Rangel, Rafael Ahumada, Juan Cervín déla 
Mora, Hilario Cervín. Mariano de Jesús Gordillo, 
Antonio Huerta, padre, Nicolás de Regules, Jesús 
Díaz y José María Guerrero, muerto al tomar 
la plaza de Uruapan. y los Mayores Ignacio Agui- 
lar> fallecido también en Tacubaya, combatiendo 
la reacción^ Eugenio Ronda, Francisco Salinas, 
muerto al ser atacada la plaza de Guanajuato, 
Francisco Pineda, José Olmos, Antonio Chávez 3^ 
Capitanes Antonio Ruiz Carrillo, Antonio Ruiz Va- 
lladares, Domingo Herrera, Vicente Castillo, fusi- 
lado en Puruándiro por fuerzas del Gobierno, co- 
mo detensor del plan de Tuxtepec. Blas Andrade, 
Eleuterío León, Justo Torres, Anastasio Ceja» fuan 
Tena y sus hijos, José María y Valentín Águilar, 
Antonio Madrigal José María F£]trías, Agustín y 
José Juárez, de Moroleón, y el que esto escribe. 

Todos estos ciudadanos y otros cuyos nombres 
se han perdido al paso de los años, con los servi- 
cios que prestaron en defensa del plan de Ayutla, 
como buenos patriotas, levantaron la Brigada 
Huerta» á la altura en que mereció ser colocada, 
quedando, en consecuencia de guarnición, en la 
plaza de Morelia. á las órdenes del mismo Sr. Huer- 
ta, como Gobernador y Comandante MÜitar del 
Estado y en mejores condiciones para educarse mi- 
' 'ármente, encontrándase entonces el General Ré- 
Liles con su carácte de Coronel, sirviendo la Ma- 
>rfa de plaza de la Capital de Michoacán, cuyo 
cargo desempeñó con el acierto que exigíanlas 
cunstancias de aquella época. 



—136— 

A la Sección Díaz perteneciente á esa Brig-ada, 
prestaron importantes servicips el Teniente Coro- 
nel Luis Díaz, Luis Alvarez, Cesarlo Sosa, Ra- 
fael Díaz. Rafael Silva, Cristóbal Sosa, Francisco 
Morantín, José María Silva, los hermanos Olivares 
Juan y Nicolás, Antonio Chapina, Antonio Maciel, 
Tomás Ceja, Juan Duarte. Hilario Ladroso, Rafael 
Cortés, Antonio Osegfuera, José María González, 
Emeterio Gaspar muertos estos dos en Zamora el 
31 de Mayo de 1858, al tomar aquella plaza las 
fuerzas del Gobierno; y de San Juan Parang-aricu- 
tiro y Corupo, el Teniente Santos Alvarez, Alférez 
Angfel Medina. Francisco Chávez y otros que mi- 
litaron á las órdenes del Coronel Díaz, en Jefe de 
la Sección de su nombre; pero que no se mencio- 
nan en estos apuntes, por no recordar suá nom- 
bres ni la clase en que sirvieron. 

En la referida época de Ayutla, estuvieron al 
frente del Gobierno y Comandancia Militar de Mi- 
choacán, Don José Ug-arte. Generales Francisco 
Noriega, Anastasio Torrejón, Panfilo Galindo y 
Domingo Echegaray, el último de aquel tiempo 
que murió á pocas horas de haber recibido el man- 
do supremo del Estado, al ser atacada la plaza de 
la capital, en la fecha antes indicada. 



Mención honorífica de un Insurgente- 



Conviene hacerla en estos apuntes de otro ciu- 
dadano de que se va á tratar en seguida, quien en 
épocas más anteriores, tuvo también el mando del 
Estado de Michoacán, y ese caballero fué el insur- 
gente General retirado Don José Salgado, que tu- 
vo el honor de ser favorecido con ese encargo, se- 



—137— 
gún el decreto número 1 de 13 de Agosto de 1825 
expedido por el Congreso de Michoacán, nombrán- 
dosele Vicegobernador del mismo Estado, encar- 
gándose en seguida del Gobierno con ese carácter- 
y por vez primera, el 9 de Noviembre de 1827, per- 
maneciendo en el poder, hasta el 2' de Diciembre 
de 181]8, fecha en que fué suspenso por decreto de 
la propia legislatura. 

Se decía entonces por los enemigos políticos del 
Sr. Salgado, que teniendo ese gobernante cai*ácter 
militar, y dependiendo por lo mismo de/ la Federa- 
ción, no podía ser Gobernador^ y con ese motivo 
se le suspendió, comenzando á instruirle expedien- 
te de responsabilidad. Mas como pocos días des- 
pués se le hubiese levantado la suspensión, porque 
se declaró no haber incurrido en responsabilidad 
alguna el Sr. Salgado, supuesto ser solo un militar 
retirado sin percepción de haberes y no existir la 
causa de nulidad que se indicaba, volvió en conse- 
cuencia, á encargarse del Gobierno, en el que per- 
manedió hasta el día 6 de Octubre dé 1829, en que 
tomó posesión del Poder, como Gobernador Cons- 
titucional para que fué electo, por decreto de 18 de 
Agosto del mismo año. 

Con tal carácter de propietario permaneció en- 
cargado del Poder Ejecutivo hasta el 5 de Marzo 
de 1830, fecha en que fué desconocido por el Ayun- 
tamiento de la Capital, que alegaba según parece 
la misma causa de nulidad en la elección del Sr. 
Salgado* de que ya se hizo mérito; y esos aconte- 
cimientos le obligaron á salir de Morelia, al frente 
de varios cuerpos cívicos para defender la legiti- 
midad de su elección, según manifestó entonces en 
na proclama que dirigió al pueblo Michóacano. 
Calmado ese movimiento revolucionario, volvió 
Sr, Salgado á ejercer el Poder Ejecutivo el 18 
5 Enero de 1833, en cuyo puesto fué confirmado y 
'tenido en virtud del plan de **Zaval«ta** y conti- 

18 



—138^ 
nuó desempeñando sus funciones hasta el 26 de 
Mayo siguiente, en que el pronunciamiento del Te- 
niente Coronel Ignacio Escalada^ trajo la revolu- 
ción al Estado, dejando acéfalo su óobierno por 
haberse reducido á prisión el Sr. Salgado y disuél- 
tose el cuerpo legislativo. 

No hay noticia exacta del tiempo que duró aquel 
gobernante en prisión ,y sólo se recuerda de una 
manera vaga que logró evadirse de ella el prisio^ 
ñero, merced á la astucia de uno de. sus Ayudan- 
tes y que volvió al Gobierno el Sr. Salgado, el 1° 
de Julio del mismo año, continuando en su encar- 
go, hasta el 6 de octubre de dicho año. de 1833 en 
que concluyó el período constitucional para que 
fué electo. 

Como se ve de lo expuesto y se comprende de 
las revoluciones constantes de aquella época, la 
administración del Sr. Salgado fué muy interrum- 
pida y llena de contrariedades que le" impidieron 
dedicarse con tranquilidad á las tareas administra- 
tivas. 

El Sr. Salgado perteneció siempre al partido li- 
beral y su Gobierno fué siempre en todas sus épo- 
cas llevado en la forma democrática, representati- 
va federal. 

No obstante lo azaroso de la administración de 
ese jefe, atendió con eficacia suma á todos los ra- 
mos encomendados á su cuidado, proveyendo muy 
especialmente á la conservación de la paz y tran- 
quilidad pública y al mejoramiento de la hacienda, 
como lo demuestran los hechos de que las contri- 
buciones directas hubieran comenzado á aumentar, 
en el tiempo de aquel gobernante: que se haya me- 
jorado de una manera notable la renta de tabacos 
y la de papel sellado, así como los diezmos corres- 
pondientes á Michoacán, y sin embargo de ese au- 
mento extraordinario que originaban los gastos de' 
Estado, las continuas discusiones interiores y de h 



_139— 
Nación, año por año resultaba en caja una existen- 
cia que variaba de 20 á 70.000 pesos, después de 
cubiertas las atenciones del Estado y de amortizar 
una parte de su deuda. 

Las tendencias políticas del Sr. Salgado que se 
manifiestan en varios documentos oficiales y so- 
bre todo en los informes que rindió al Congreso 
sobre el estado de la administración y medios que 
creyó convenientes para mejorarla, demuestran 
claramente las liberales y progresistas ideas de 
aquel gobernante que desde los tiemj^os indicados 
ya anhelaba por la libertad y mejor organización 
de los municipios, por la reforma' fundamental de 
la enseñanza primaria, por la colonización y en- 
grandecimiento de las labores agrícolas; y en ñn 
por todos los principios económico-políticos en 
que en los actuales tiempos, se quiere fundar el 
adelanto de los pueblos. 

Las constancias oficiales ya indicadas que exis- 
ten aún en el archivo de la Secretaría del Gobier- 
no de Michoacán, son el mejor testimonio que pue- 
da darse de la administración y conducta política 
de aquel gobernante. 

El General Salgado nació en la Villa de los Re- 
yes, antes cabecera de Distrito y hoy, el de muni- 
cipalidad» en el de Uruapan, llevando, al presente 
el nombre, de los "Reyes de Salgado," en memo- 
ria de aquel distinguido patriota, ignorándose la 
fecha de su nacimiento y su estado civil. 

De su familia existen aun algunos parientes en 
la población de su origen, y sus sobrinos los Seño- 
res Lie. Manuel A. Mercado. Subsecretario actual 
de Gobernación y Aristeo Mercado, Gobernador 
Constitucional del Estado de Michoacán. 



—140— 

Colpe le Eüiillo iel Gnl GoiirL 



Con motivo del golpe de Estado del Presidente 
Comonfort, en 17 de Diciembre de 1857. el Con- 
greso de la Unión quedó disuelto y las fuerzas reac- 
cionarias en triunfo en la Capital de la República, 
y en consecuencia, salen de ella marchándose para 
el interior á lat órdenes del General Luis G, Oso- 
lio, llevando sangrienta guerra al Ejército Repu- 
blicano, 

Las fechas de ese acontecimiento están toma- 
das de la Secretaría respectiva. 

La Coalición de Salamanca en 1856. no dio re- 
sultado en pro del partido liberal, y antes bien, se 
tuvo que lamentar la derrota que sufrieron las tro- 
pas del Gobierno, mandadas en esa época por el 
General Anastasio Parrodi, en la jornada del 10 de 
Marzo del año citado, en que se libró la batalla en 
el paraje denominado ** Arroyo feo,'« quedando 
triunfantes las fuerzas reaccionarias que en aquella 
lecha mandaba en jefe, el citado General Osollo, 
perdiendo además, el partido liberal en ese hecho 
de armaS; al valiente demócrata Coronel José Cal- 
derón,que murió en el campo de la lucha, al car- 
gar sobre la artillería enemiga. 

Pasada la batalla de Salamanca, el General Pa- 
rrodi se dirijió á la Capital de Jalisco con el resto 
del Cuerpo de Ejército derrotado en aquel punto, á 
fin de reconcentrarse con él; y más luego las fuer- 
zas reaccionarias triunfantes alas órdenes de Oso- 
llo, marcharon también para Guadalajara, en don- 
de esperaban un nuevo favor de la fortuna que no 
les fué concedido. 

Con motivo del pronunciamiento del Teniente 
Coronel Antonio Landa verificado en aquella Ca- 



—141— 
pital, el 13 de Marzo de 1858» mandó' reducir á pri- 
sión ese jefe sublevado, al Presidente Juárez con 
su Gabinete al estar en junta en uno de los salones 
de Palacio de la propia ciudad, dejándoles bajo' la 
custodia de la tropa reaccionaria que mandaba él 
Teniente Filomeno Bravo. Esa fuerza poseida de 
indig-nación en contra de los presos intentó fusilar- 
los, á cuyo fin sé mandaron preparar las armas, 
pero que habiéndose presentado oportunamente 
en el lug^ar de la escena, el Teniente Coronel Lan- 
da, este ordenó á los agresores con voz enérgica 
suspendieran la ejecución que intentaban. 

Debido á esa orden, alas elocuentes frases de 
Don Guillermo Prieto y á su enérgica peroración 
á los soldados agresores, encarándose, además con 
valor heroico al viejo que los mandaba, les dice: 
¡Levanten; sus armas! ¡los valientes no asesinan! 
Esto pasó en el segundo intento de los agresores- 
Luego colocándose elSr. Prieto al frente de Don 
Benito y con los brazos abiertos, como quien espe- 
ra algo^ siguió diciendo: ¿quieren sangre? bébanse 
la mía; por lo que aquel viejo de la barba cana con 
quien se encaró Don Guillermo, levantó luego el 
fusil y á imitación de él los soldados hicieron \q 
mismo. Con ese motivo ese caballero vitoreó á Ja- 
lisco. 

Los soldados inspirados por la peroración qué 
habían escuchado con agrado y admirados del va- 
lor del Sr. Prieto, al ver aquella actitud dispuesta 
al sacrificio, sí era dable, lloraban, emocionados 
protestando no matar á los prisioneros que tenían 
bajo su custodia, retirándose en seguida del salón. 

Conjurado ya el peligro el Sr. Juárez abrazó á 
su libertador que formaba parte entonces de su 
gabinete, como Ministro de Hacienda. Sus com- 
pañeros Ocampoi Degollado y Guzmán, le abraza- 
ron también, llamándole su salvador, lo mismo que 
d n> la Reforma, y él Ministro aludido, bastante 



—142— 
emocionado por tan serios acontecimientos, dejó 
escapar una lágrima. 

No dejó de influir en el asunto la energía del Ca- 
pitán Peraza y las súplicas de José María Méndez, 
cabo muy estimado de la tropa aprehensora, en 
que se contuviera el asesinato que se quiso come- 
ter con los prisioneros. Mediante esas fatales ocu- 
rrencias y la de haberse suspendido las hostilida- 
des entre^ las fuerzas contendientes que atacaban 
Í defendían la plaza de Guadalajara, el repetido 
anda, mandó poner en libertad los prisioneros, 
en la mañana del 21 de Marzo del año antes cita- 
do; y en consecuencia, la tarde de ese día salieron 
de la ciudad, rumbo á Colima, escoltados por tro- 
pa liberal á las'órdenes del Coronel Iniestra Coman- 
dante de Escuadrón, Ignacio María Escudero y 
y otros subalternos, cuyos nombres se han perdi- 
do al paso de los tiempos? 

Al día siguiente intentó el mismo Landa, arre- 
pentido de su obra, volver á capturar á los que ha- 
bían sido sus prisioneros el día anterior; y con ese 
deseo les dio alcance en Santa Ana Acatlán, 
pero no lo consiguió porque el General Montene- 
gro los había salvado ya sacándoles del mesón en 
que estaban alojados, entre tanto, la tropa que los 
custodiaba rechazaba con brío á la de Landa que 
tuvo que retirarse para reunirse á las fuerzas ven- 
cedoras en Salamanca y marchar en dirección á 
Guadalajara. 

Dicho episodio conoce el que escribe estas líneas 
por haberlos oido referir del Sr. General Dego- 
llado, en San Pedro Analco, al Sr. General Coronel 
Rafael Garnica, á cuyas órdenes servía entonces 
en la fuerza republicana que mandaba proceden - 
te de Michoacán. 




-^><^ 



extinta épúta. 



Guerra de tres años ó sea la de 
Reforma. 



La guerra de tres años se inició en Michoacán 
por los reaccionarios de aquel tiempo, en fines de 
Diciembre de 1857, apareciendo en el Distrito de 
Maravatío una fuerza de ellos, al mando del lepro- 
so Coronel Villanueva, procedente de Yuririria, 
Guanajuato/ y teniendo aviso el Gobierno de Mo- 
relia de esa aparición en el Estado, dispone: que 
una fuerza de infantería y caballería á las órdeneá 
de los Coroneles Manuel Menocal y Andrés Iturbi- 
de, saliese de la Capital en persecución de aquélla. 
Así hecho, y después de algunos días de forzá- 
is marchas, se le dio alcance á las bandas de Vi- 
mueva, en Santa María Amialco y San Geróni- 
Acúleo, en los días 15 y 17 de Enero de 1858,. 



if 



—144- 
logrando derrotarla por completo, recogiendo ar- 
mas, caballos y otros útiles de guerra, con algunos 
prisioneros que después de haberse puesto á dis- 
posición del Gobierno, éste tuvo á bien conceder- 
les la libertad y mandar curar los heridos, en el 
hospital civil de la ciudad. 

La ciudíad de Morelia en esa época, tuvo que la- 
mentar la pérdida de algunos individuos del pue- 
blo sacrificados come auxiliadores del Gobierno 
del Estado, con motivo de la rebelión que, en con- 
tra de las primeras autoridades militares de la Ca- 
pital cometieroa los cabecillas José Calvo y Can- 
delario Servín en aquella plaza sublevando la guar- 
nición, de acuerdo con el alto clero de la ííiudad el 
r de Enero de 1856. 

Ese movimiento quedó terminado ese mismo día 
en fuerza del valor y patriotismo de los Generales 
' Pueblita, Huerta y Regules quienes con el eficaz 
auxilio del vecindario, dejaron restablecido el orden 
sepultándose en seguida los muertos y curándose 
los heridos: Dicha revolución fué ajustada por 
los padrecitos de aquellos días con los cabecillas 
referidos, á quienes premiaron esos ministros de 
paz y de caridad, por sus agencias, con muchas 
monedas de cobre y pocas de buena plata, pues 
que de ese metal sólo cogieron los revoluciona- 
rios, algunos duros buenos al forzar las cajas de la 
Tesorería General del Estado, en los momentos 
del desorden, fugándose los cabecillas y sacrificán- 
dose en auxilio de ellos el Cabo Nicolás (á) el güe- 
ro servidor entonces de la policía de la Capital, el 
Capitán Vailejo de Zacapu y otros de la Cañada, 
de quienes se ignora sus nombres. 

Más tarde aparece en Acámbaf o el General reac- 
cionario Leonardo Márquez, con una fuerza á sus 
órdenes y en dicha localidad fué atacada por oti 
de Morelia, al mando del Gobernador y Comai 
dante Militar de aquel Estado, General Epitac 



— 145— 
Huerta, con auxilio de tos Generales Pinzón y Pue- 
bljta y allí es rechazada valerosamente la columna 
del Gobierno liberal, que con ese motivo y ei de 
-ser superior en número la del enemigo, tuvo que 
regresar á Morelia para reforzarse; quedando la 
<;uestión de ai^mas pendiente. 

En San Luis Potosí también trató de enseñorear- 
se la reacción; pero muy en breve las tropas del 
Gobierno !e pusieron en quietud, conja ocupación 
úe aquella plaza, en 30 de Junio de 1858. 

A pocos días volvió A aparecer por Moreliy, en 
el Distrito de iMara vatio otra fuerza reaccionaria, á 
las órdenes del Coronel Ramón Vargas, disponien- 
do en seguida el jefe del Estado, se mandase un 
escuadrón á cargo del Coronel Rafael Garnica, á 
fin de que uniéndose á ese jefe el Mayor Méndez 
'Olivares con infantería, persiguiera sin descanso A 
los reaccionarios; y con motivo de esa demanda 
se encontraron ambas fuerzas cerca de la pobla- 
ción, resultando derrotada la de Vargas despuós 
de algunas horas de combate, así como varios 
muertos y heridos, no faltando prisioneros de tro- 
pa, entre los que se encontraban los subalternos 
-Solorio y Hernández, y con ellos su Coronel Var- 
gas, jefe de los \*encidos y puestos esos prisioneros 
á las órdenes del Gobernador, éste los dejó en li- 
bertad, mandando se curasen los que estuvieran 
.heridos. 

También la ciudad angélica experimentó las te- 
rribles consecuencias de la t^eacción, mediante el 
pronunciamiento en aquella plaza de Don Anto- 
nio Haro y Tamariz con sus paniaguados, en con- 
tra del Presidente de la República Don Ignacio 
Comonfort, en 17 de Enero de 185S; y tratando ese 
Magistrado de llamar al orden y de castigar debí- 
iamente á esos jefes desleales, dispuso atacados 
personalmente en dicha localidad. 

19 



—146— 

Después de algunos días de riguroso combate 
fué por fin ocupada la plaza de la ciudad por fuer- 
zas del Gebierno, en 22 de Marzo del año antes ci- 
tado» en virtud de haber capitulado los revolucio- 
narios, evadiéndose de pronto el General Joaquín 
Orihuela, quien de orden superior fué perseguido 
y capturado por fuerzas de Michoacán^ al mando del 
General Pueblita. quien dio parte de la aprehen- 
sión al Gobierno General, el cual dispuso se iden- 
tificase ese prisionero y se le mandase fusilar lue- 
go, como en efecto lo fué, en San Andrés Chalchi- 
comula, después de dos días de su aprehensión; 
dándose aviso al superior de estar cumplidas sus 
órdenes. 

Las constancias oficiales de los acontecimientos 
que anteceden, se encuentran en la Secretaría de 
Guerra, en donde fueron leídas por el que esto es- 
cribe, con permiso previo. 

La plaza de Ixtlahuaca, Estado de México, que 
ocupaban los reaccionarios en Febrero de 1859, fué 
atacada por fuerzas liberales» á las órdenes del Ge-- 
neral Manuel García Pueblita y Coronel Andrés 
Iturbide y ocupada en el mismo día en que se ba- 
tió; teniendo que lamentar muy deveras la muerte 
de los hermanos Ramón y Miguel Gómez, subal- 
ternos de esos jetes, así como la de algunos indivi- 
duos de tropa y la gravedad del Coronel Iturbide 
con motivo de la herida que recibió en el asalto de 
dicha plaza, falleciendo ese jefe á consecuencia de 
ella, en la H. Zitácuaro, después de ocho días de 
horribles sufrimientos; haciéndosele en aquel los 
honores de ordenanza, al ser inhumado su cadá- 
ver en el panteón respectivo, y en consecuencia 
ese malogrado joven Coronel que prometía tantas 
esperanzas en bien de la patria y del Estado de 
Michoacán que le vio nacer. ¡Que descanse en pazL 

En los momentos de la ocupación de dicha pla- 
za se recojieron caballos con monturas, armas^ 



-147— 
parque 3" otros objetos de guerra, todo pertene- 
ciente ai enemigo. También se tomaron prisione- 
ros algunos de tropa y entre ellos varios heridos 
que se mandaron curar, lo mismo que los que re- 
sultaron entre la fuerza asaltante, dándose parte 
de ese hecho de armas al Cuartel General respec- 
tivo y poniéndose en libertad los prisioneros del 
enemigo. 

La herida que recibió también el General Pue^ 
blita al ocupar la plaza indicada ni causó alarma» 
ni fué de consecuencias por ser bastante leve. 

La ciudad de Zamora secundó también el plan 
reaccionario y fortificados sus defensores en aque- 
lla plaza se les mandó atacar por el Gobierno de 
Michoacán con una Brigada de las tres armas á 
las órdenes del Coronel en Jefe Manuel Menocal y 
como su segando el de igual categoría Antonio 
Guzmán hijo del Insurgente General Gordiano del 
mismo apellido, cooperando á aquél fin los auxilia- 
res de su mando, lo mismo que el Dr Macíel con 
los que le obedecían. 

Después de las diferentes peripecias tan comu- 
nes en la guerra y de un reñido combate sosteni- 
do por algunas horas, la plaza de la ciudad fué to- 
mada el 31 de Mayo de 1858 y en las que el Coro- 
nel Vargfasque la defendía, lució» entonces, sus fe- 
roces mstintos de crueldad y salvajismo, mandan- 
do arrojar al fuegfo que se propagaba va en las ca- 
sas de la ciudad con motivo del incendio en los mo- 
mentos del ataque, á cuanto soldado de los libera- 
les encontraba herido ó moribundo en las diferen- 
tes calles qué recorrió con sus soldados, en las 
'^nales se enseñoreaba el incendio en diversas fin- 
ís, comenzando ese vorax elemento á hacer sus- 
lectos por la que ocupaba la antigua tienda de la 
"ampana*' cuya íinca ardía como esponja empa- 
ida en alcohol, saliendo abundantes llamas coa 



— R8- 
el impulso del viento, por balcones, puertas 3^^ sa- 
guAn, hasta la calle que conduce á la garita de Ja- 
cena* 

En esa accidental hoguera, dio principio el Co- 
ronel Varg-as á su tarea de crueldad, ordenando á 
sus soldados arrojasen á ella á los heridos vi\ os 
José María González, de Zacapu, y á Emeterio 
Gaspar, de Paracho, servidores del Gobierno; di- 
ciendo luego aquel jefe á sus Ayudantes: ¿No les 
parece á Ustedes ser bueno que á mi presencia en- 
cuentren desde aquí esos impíos abiertas las puer- 
tas del infierno? ¡Señor, como Ud. disponga! con- 
testaron aquellos. ¡Pues bien! al fuego con ellos, 
dijo el salvaje jefe á sus soldados; y al fuego fue- 
ron arrojados luego sin piedad, los infelices indfge^ 
ñas serranos 3^ devorados muy en breve por el te- 
rrible elemento. 

Concluida esa faena en aquel lugar, se dirigió el 
tirano jefe á otros distintos de la ciudad, y en ellos 
observó con los heridos que encontró en las c;illes 
la misma conducta que con los primeros, en la fin- 
ca de !a Campana, con la mayor sangre fría» cuyos 
instintos feroces se comprendían desde luego á la 
simple vista del personal de Vargas; pero á pocas 
horas fud ocupada la plaza, como se ha dicho an- 
tes, y tomádose prisionero á su defensor, en unión 
de algunos subalternos é individuos de tropa, que 
más tarde se consignaron al superior, á fin de que 
dispusiese lo conveniente; y al siguiente día de la 
ocupación de la plaza se identificó la persona del 
Coronel Vargas.- mandándosele fusilar en seguida 
por el jefe vencedor, en la plazuela de la '^Cí*!/* de 
la misma ciudad, en castigo de sus hazañas de cruel- 
dad y salvajismo, recojiéndose armas, cabíillos ^^ 
todos los elementos de guerra que pudieron encui 
trarse- 

A ese hecho de armas concurrieron también e 
auxilio del Gobierno la guarnición de Purépero ó 



—149— 
Echáiz al mando del jefe de ella ciudadano Ramón 
Montenegro y los 50 hombres de caballería que se 
encontraban en Penjamillo alas órdenes del Capi* 
tan Tranquilino Navarreteyá las inmediatas del 
que esto escribe quien como Monteneg^ro al presen- 
tarse al jefe de la expedición, recibieron instruccio- 
nes de atacar y vigilar el punto que á cada uno le 
fué encomendado por la Tuna y^Chaparaco respec- 
tivamente; y una vez la plaza de la ciudad á dispo- 
sición de las fuerzas del Gobierno, al siguiente 
día de la ejecución de Vargas se mandó regresa- 
ran las tropas auxiliares á sus respectivas locali- 
dades; emprendiendo más luego su marcha la Bri- 
gada de operaciones & Morelia, siendo allí puestos 
en libertad los prisioneros del enemigo. 

Si desde que fué prisionero en Maravatío el Co- 
ronel Vargas por el General Garnica se le hubie- 
ra ejecutado como en Zamora, se hubiera omitido 
la efusión de sangre y los procedimientos salvajes 
ocurridos, además» en aquella plaza* 

Después de batallar algunos días, la plaza de 
Guadal ajara fué ocupada por fuerzas liberales el 
22 de Octubre de 1860, al mando de su General en 
jefe Santos Deg^ollado, la cual defendía el General 
Severo del Castillo, más con motivo, de que el 
reaccionario Leonardo Márquez se aproximaba 
á aquella Capital en auxilio de la plaza con tropas 
muy competentes, dispuso el mismo General en 
Tefe; que, sin suspenderse el ataque de aquella lo- 
calidad, saliese de ella una fuerza respetable, & su 
encuentro, al "Puente de Calderón" á las órdenes 
del General Pedro Ogazón, con objeto de inte- 
rrumpirle el paso. 
Kn cumplimiento de esa orden se dirige Ogazón 
1 puente indicado, en cuyo lugar, al encontrarse 
s fuerzas liberales con las de Márquez, se trab6 
n reñido combate, la mayor parte del día 1^ de 
'oviembre del aflo antes citado, y al declinar esa 



—150— 
fecha, fué más sangrienta la lucha, porque ambas 
se disputaban el triunfo- En ella tomaron una 
fiarte muy directa las caballerías de Michoa- 
can y de otros Estados de la confederación que en- 
tonces mandó en jeíe el General Hpitacio Huerta, 
lográndose con tan eficaz auxilio derrotar por com- 
pleto las fuerzas de Márquez, en aquella fecha. 

Con esa feliz ocurrencia, quedaron en poder de 
los liberales, la artillería enemiga, con sus peloto- 
nes, bastante parque, muchos y diferentes pertre- 
chos de guerra, remontas y acémilas, resultando 
de esa jornada bastantes muertos y heridos de am- 
-^bas fuerzas, lo mismo que prisioneros del enemigo, 
inclusive sus infanterías, no habiéndose logrado la 
captura de sus principales jefes, porque ni la obs- 
curidad de la noche ni las circunstancias del mo- 
mento lo permitieron y solo se recojieron sus equi- 
pajes, lo mismo que los de algunos oficiales, de 
*que también tuvieron conocimiento los superiores 
respectivos. 

Del modo indicado quedó terminada la lucha co- 
^menzada por la capital jalisciense y concluida de- 
finitivamente, tanto en el centro de ella como en el 
Puente de Calderón, según se ha táicho antes; por- 
allí si se le dio á la víbora en la cabeza, como se 
(necesitaba. 

En Noviembre de 1860 el reaccionario Francisco 
García procedente de las antiguas Arandas, sor- 
prendió en los primeros días de ese mes la redud- 
^da guarnición que cubría la plaza de la Piedad de 
Cabadas; y entre tanto se llevaban á efecto los pe- 
didos exigentes del cabecilla, el Prefecto de aqttel 
Distrito Ciudadano Pedro Avila en compañía de 
algunos vecinos y moralizada ya la tropa de infan- 
tería que cubría dicha plaza, hizo un esfuerzo su 
premo sobre las chusmas, logrando arrojarlas d^ 
4a ciudad, mediante la tuerza, resultando de ese he 
^:ho de armas herido aquel funcionario, lo mism< 



—151— 
-que alg^mos vecinos é individuos de tropa y una 
de aquellos muerto en la plazuela de la Purísimo 
del mismo lugar. 

Más como Garcfa con los suyos pernoctó la no- 
che de! día de la carga en el pueblecito de San Ig- 
nacio Ayutla muy inmediato á la Piedad, se abri- 
garon temores de otra acometida á la plaza; y en 
consecuencia el mandatario indicado pidió auxilio 
á Zamora á los Jefes militares de Purépero y Pen- 
jamillo. como pertenecientes esos últimos al mis- 
mo Distrito de La Piedad, bien para impediria, 6 
bien ya á efecto de hacerle una formal persecu- 
ción- 
La solicitud de dicha autoridad fué atendida des- 
de luego, poniéndose en marcha para la Piedad el 
Comandante Carlos Gómez con 100 hombres mon- 
tados procedentes de Zamora, el Ciudadano Ra^ 
món Montenegro con 80 y el que esto escribe, con 
su carácter de Mayor, con 50 lanceros á sus órde- 
nes, procedentes de PenjamillOt al mando del Ca- 
pitán Tranquilino Navarrete, así como el hacenda- 
do Don Juan N. Peredo que de un modo expontánea 
se presentó al Comandante Gómez» poniendo á sa 
disposición IDO rancheros de su dependencia, bien 
montados, regularmente armados y bastante co^ 
nocedores del terreno, á fin de que se sirviese de 
ellos en la persecución que se intentaba hacer al 
cabecilla García, 

Una vez llegados á La Piedad los auxilios expre- 
sados y aceptado por el jefe respectivo el servicio 
de los campesinos del propietario Peredo, en la ma- 
ñana siguiente y sin ocurrencia alguna, se organi- 
zó la persecución de Garcfa, dividiéndose los 330 
lombres de que se componía la fuerza expedicio- 
aria, en dos secciones para su mejor éxito, enco- 
endadas cada una de ellas respectivamente, á los 
fes Montenegro y Cardoso, como los más apro- 



--152— 
pósito y con arreglo á tal combinación, el cabeci- 
lla García fué perseguido con bastante actividad y 
muy de cerca; por lo que, no quedándole á ese 
reaccionerio otro recurso entonces que el de huir 
para salvar la vida y el de disolver la gavilla inca- 
pacitada de presentar acción, salvando así tambiéa 
á los individuos que la componían, optó por aquel 
medio, señalando á sus subordinados distintas di- 
recciones de escape y en seguida, el cabecilla alu- 
dido, tomó las de Villadiego internándose al Esta- 
do de Jalisco acompañado de|un mozo, según las no- 
ticias adquiridas por el Prefecto repetido, que pron- 
to sanó de la herida recibida en los momentos de 
rechazada la agresión reaccionaria, dejando así 
García A sus perseguidores con un palmo de na- 
riz. 

Al disolverse los pronunciados, según se ha di' 
cho, las fuerzas que ocurrierpn en auxilio de la 
plaza de La Piedad, ya no tuvieron objeto en aque- 
lla localidad, y en esa virtud regresaron á las po- 
blaciones de su procedencia, con la satisfacción,, 
tal veíí, de haber prestado al Gobierno un pequeño 
servicio, por el cuál el funcionario expresado, hizo- 
presente á jefes, oficiales é individuos de tropa y 
particulares, y á nombre del vecindario de La Pie- 
dad, las más debidas gracias. 

El reaccionario José María Cobos visitó también 
en la mismo época Con sus hordas el Estado de 
Michoacán, pero pronto salió de aquella entidad 
federativa, en donde fué perseguido. 

Las tropas reaccionarias de aquel tierhpo, can-^ 
taban la letra siguiente: 



<Sí él valiente de Osollo viviera 
Y los puros quisieran triunfar, 
Correrían los arroyos de sangre, 
Como corren las olas del mar.> 



—153- 
Los Coroneles José Trinidad Rivera, José Tron- 
cóse y Mayor Eug^enio Villanueva» en la de que 
se viene hablando, merodearon algfún tienapo en 
los Distritos de Puruándiro y La Piedad; y una vez 
persegruidos por tropas del Gobierno á las órdenes 
del jefe político de Calderón, ciudadano Albino 
Fuentes, en un hecho de armas fueron derrotados 
Rivera y Villanuevaj muerto este en el municipio 
de Yurécuaro y aquel disperso en el pueblecito de 
Santa Fé del Río; quedando en consecuencia des- 
truida al total esas dos gfavülas. En cuanto al Co- 
ronel Troncoso, con motivo de la persecusión que 
se le hixo y de estar cubierta la plaza de Penjami- 
Uo con 50 lanceros, se separó del Estado emigfrím' 
do al de Guanajuato^en donde se le persiguió tani- 
bien, ignorándose si pereció en la demanda. 

Tributando honor al mérito, es justo contesar 
que, el prefecto Fuentes se distinguió en aquella 
época entre los demás de su categ-orfa, por su va- 
lor y constancia en persegnir á los enemigos del 
Gobierno y de Ja paz pública. 

En la misma época el jefe reaccionario Pérez 
Gómez ocupó algunos días la plaza de Zamora: 
Mas luego regresó íí Morelía; y de allí marchó á 
Jalisco con una Sección de caballería obrando de 
acuerdo con Márquez; por lo que participó tam- 
bién del percance del ••Puente de Calderón,*' 



DeiTota iel toeral Ipel MiraiDíii. 



El 22 de Diciembre de 1860» el General Gonzá- 
íz Ortega, en jefe de las fuerzas liberales que le 

20 



1 



—154 

obedecían, propinó á las reaccionarias que milita- 
ban bajo las órdenes del General Miramón, una 
derrota completa en los campos de San Miguel 
Galpuluapan, y ^n virtud de la cual fué ocupada 
en seguida la Capital de la República por el Cuer- 
po de Eiéréito vencedor, mandado por el mismo 
General González Ortega. 

En ese hecho de armas se lucieron en la carga al 
enemigo, el General Regules, en jefe de las fuer- 
zas de Michoacán, que á ella concurrieron y su 
subordinado, el Coronel José María Méndez Cardo- 
na, que con valor y eficacia desempeñó la consig- 
na del superior, en los momentos del combate: gue- 
rra fué esa tan interesante, como necesaria, para 
que las leyes de Reforma tuvieran en el país 
el acatamiento debido, y así el pueblo pudiese 
entrar en el goce de las prerrogativas que ellas le 
han otorgado, mediante heroicos sacrificios, en vir- 
tud de los cuales, las preocupaciones entrarían en 
decadencia y el fanatismo religioso desaparecería 
más tarde, 

A todos los hechos de armas ocurridos en los 
tres años de lucha constante y que han tenido lu- 
gar en algunos Estados de la confederación Mexi- 
cana. Michoacán tiene la honra de haber sido el 
primero en llevar á ellos su contingente de sangre 
y sus recursos pecuniarios, en auxilio de los dere- 
chos del pueblo durante la guerra de reforma ini- 
ciada en Diciembre de 1857 y terminada en igual 
mes de 1860 lecha en que pasaron los aconteci- 
mientos de Calpulalpaa, referidos antes»- y como 
recuerdos de estos y de otros de regular importan- 
cia, los republicanos cantaban entonces los jugue - 
tillos siguientes: 



€lPor qué veniste al Golfo, 
Pirata Papachín, 



—155— 

Tan sucio y tan tiznado 

Y en forma de violín? 

Qué hermosos ;hay Diost 
Nos van á bombardear. 
El Miramón por tierra 

Y el Papachín por mar. 

Por qué veniate al ferro 
Tan tonto y tan simplón. 
Patriarca de los mochos, i 
Señor San Miramón? 

Cangrejos al compás 
Marchemos para atrás, 
Sí, sí, sas, sas, 
Viva la libertadl 

Cangrejos al compás 
^ De pito y chirimía, 
Monjas y frailes 
Dejaron sus conventos, 
Sí» sí, un paso adelante 

Y ninguno para atrás. 

- Sí, sí, sas, sas y que viva la libertad. 

Allá viene el General Zuloaga 
Montado en caballo de oros 
Cargando los tesoros 
Que ha podido ocultar. 
Cangrejos para atrás 

Y viva la libertad. 

El ser puro, es ser libre, ser grande, 
Arrostrar con valor dura suerte, 
Prefiramos primero la muerte 
Que dejar de gritar ¡Libertadl 

Si es de Dios la doctrina cristiana 
La que brote del pecho de un puro. 
Que aunque viva ignorado y obscuro 
A su patria sabrá libertan 



—156- 

En toda la campaña de que se viene hablando, 
verificada en el sur de Jalisco y muj principalmen- 
te en los hechos de armas ocurridos en las barran- 
cas de Atenquique, se supo distinguir entonces 
por su actividad, pericia militar y acreditado valor 
el Mayor Ignacio María Escudero entre los ayu- 
dantes del General Degollado, por lo que se hizo 
acreedor alas merecidas consideraciones de los 
superiores y al respeto de los subalternos, así co- 
mo á la estimación de sus compañeros y amigos. 

Al trascurso de algunos días, sale de la Capital 
de Michoacán el General iMárquez: llega á Zamora 
y allí comunica algunas órdenes ^Ü comandante de 
la plaza, dirigiéndose luego, de esa ciudad á !a de 
Guadalajara llevando á sus órdenes una respeta- 
ble columna militar de las tres armas, en auxilio 
de aquella plaza que, no pudo tener efecto, porque 
el General Pedro Ogazón con fuerzas liberales le 
derrotó por completo, en el »»Puente de Calderón*' 
según se ha dicho antes. 

Después de la derrota de las tropas del reaccio- 
nario General Márquez en el lugar antes indicado 
y de la ocupación de la plaza de Guadalajara» en 
la fecha ya mencionada, por las tropas del Gene- 
ral Degollado, dispone ese jefe que las de Michoa- 
cán y las de otros Estados que asistieron á esas 
dos jornadas en auxilio de las liberales, se devol- 
viesen á sus respectivas localidades, y en conecusen- 
cia, á los dos días de ser notificadas, comenzaron 
á abandonar la Capital Jaliscience, llegando A Mo- 
relia las de Michoacán, sin novedad alguna- 



—157 



TVprehensión y fusilamiento de Don 
^ Melchor Ocampo. 



En í^ de Junio de 1861, un piquete de tropa reac- 
cionaria, á las órdenes del español Lindoro Cagi- 
ga, asaltó la hacienda de Pomoca, en donde tenia 
entonces su residencia como propietario de elia, el 
ilustre demócrata ciudadano Melchor Ocampo, le- 
jos de la política de aquella época, tomándole pri- 
sionero. 

Luego fué llevado A Arroyo Zarco á presencia 
de Zuloagfa que fungía de Presidente, con motivo 
del golpe de Estado del General Comonfort, Una 
vez el prisionero á disposieión de ese mandatario, 
varios oficiíües reaccionarios pidieron con inasisten- 
cia el fusilamiento de Ocampo, á lo que de pronto 
se negó Zuloaga; pero como en esos momentos se 
hizo necesario el movimiento de la fuerza reaccio- 
naria de aquel lug,ajr, ^in decidirse nada sobre la 
suerte de Don Melchor, éste quedó bajo ia custo- 
dia del General Antonio Taboada, jefe de las caba* 
Herías. 

Al siguiente día aprehendieron también los reac- 
cionarios al Coronel León Ugalde, procedente de 
las filas liberales; y de esa captura tuvo luego 
conocimiento Zuloaga, quien ordenó á Márquez 
aquel mismo día. el fusil í mi iento det prisionero, pe- 
^o como había dos prisioneros, Ocampo v Ugalde, 
se ignora habita hoy como un misterio, en cual de 
ellos debió ejecutarse la orden, que de una manera 
accidental, ó maliciosa, se hizo recaer en !a perso- 
na del Ciudadano Ocumpo como el j>reso mus pro- 
nincnte. 

Una vez notificada A ese prisionero la orden de 
"jsilamiento, en Tepejí del Río^ él solicitó permiso 



— 158- 
de sus verdug-os de hacer su testamento tan cono- 
cido del pueblo michoacano 3^ que le fué concedido- 
Terminada esa tarea se le conduce al patíbulo se- 
ñalado en terrenos de la hacienda de "Tlalteng^o*' 
la tarde del día tres del mes y año antes citados, 
sin inmutarse siquiera la víctima, como lo han he- 
cho siempre los hombres de su temple; pues se ha 
venido aclarando que ese asesinato revistió todos 
los caracteres de una veng-anza poh'tica. ¡Que en 
paz descanse nuestro buen paisano! 

Los episodios que anteceden son tomados de 
constancias oficiales existentes en el archivo de la 
Secretaría respectiva, ignorándose aún cómo pu- 
co salvarse de sus enemigos el Coronel León Ug-al^ 
de. 



Por disposición de la Secretaría de Guerra, sale 
de Morelia el General Epitacio Huerta, el 13 de Fe- 
brero de 1862, con la fuerza de aquei Estado en 
auxilio de la plaza de Puebla, amagfada por inva- 
sores y traidores; quedando encargado del Gobier- 
no y Comandancia militar del mismo, el General 
Santiago Tapia, quien con su carácter organizó 
desde luego la institución de la Guardia Nacional, 
y en consecuencia, estableció la correspondiente 
Mesa de Guerra, que estuvo á cargo del patriota 
General Miguel Zincúnegui como jefe de ellla, de- 
sempeñando la Oficialía ma3^or de ese ramo el que 
esto escribe, con el carácter de Comandante de Ba- 
tallón, según su despacho. 

De paso entonces por Tacubaya la fuerza de ca- 
ballería de Michoacán que se dirigía á Puebla, á 
las órdenes del mismo General Huerta, abandonó 
la expedición y contramarchó á su Estado, sin or- 
den superior alguna, cuya fuerza se denominaba 
^Primer Cuerpo Lanceros de la Libertad,'* que 



'-^^ 



maniUiba iamediatamente su Coronel Rafael Cár- 
nica, A merodear, sin dada, en el Estado de los 
*i Amarillos.'» nombre que les dio entonces el pue- 
blo por estar uniformado el Cuerpo t;on capas de 
color amarillo. 

El repetido General HuertM, al recibir aviso de 
esa deserción, i'indió á los superiores los corres- 
pondientes partes, poniendo también en conoci- 
miento del Gobierno de Morelia ese accidente para 
la persecución dei insubordinado cuerpo y demás 
procedimientos del caso. 

El Gobierno de Michoacan en vista de la noticia 
comunicada por el General Huerta desde la Capi- 
tal de la República, se ocupó de orgfanizar una 
fuerza de caballería» á fin de tenerla disponible pa- 
ra perseguir y llamar al orden, al insubordinado 
cuerpo Lanceros de la Libertad, 



Persecución á los amarilios 



El Gobierno de Morelia* en atención al aviso del 
General Huerta respecto de los lanceros, dispone 
que, el Coronel Rosal ío Elizondo, con la fuerza de 
su mando, marchase en persecución de aquellos, 
emprendiendo luegfo su marcha en pos de los lan* 
ceros; cu3'^a persecución duró algún tiempo sin re- 
sultado. Entretanto el General Huerta continuó 
su marcha á Puebla con la fuerza de infantería y 
alguna caballería, los prófugos visitaban las pobla- 
ciones más interesantes del Estado, como Puruán- 
liro, La Piedad, Zamora, y muy de paso ala Ca- 
>ital 
No conforme el General Tapia con los procedi- 
lientos del Coronel Elizondo, organiza una sec- 



—160- 
ción compuesta de las tres armas y sale tambiéa 
personalmente de.la Capital en persecución de los 
lanceros. Esta demoró algunos días sin conse- 
guir algo favorable, y con ese motivo muy moles- 
tado el General por verse contrariado pide a Gua- 
najuato el auxilio de una fuerza para hacer más 
eñcaz la persecución. Dentro de poco viene aqué- 
lla al Estado á las órdenes del General Garma y 
en su tránsito para la capital encuentra en Zamora 
á los Lanceros de la Libertad, luego les acomete: 
éstos resisten; y por poco le derrotan en las gote- 
ras de la ciudad. A los tantos días tienen otro en- 
cuentr9 y pasa lo mismo* En seguida el mismo 
General Tapia bate también á los lanceros á inme- 
diaciones de Puruándiro, haciendo aun uso de la 
artillería colocada convenientemente para ofender, 
.y sin embargo solo consiguió que abandonara el 
campo. ^ 

Entonces el General Tapia considerando lo im- 
potente del auxilio de Guanajuato para el fin pro- 
puesto, io manda regresar á su Estado, dándole las 
gracias al jefe de la fuerza, mandando pagar sus 
alcances y volviéndose luego á Morelia con e! pro- 
pósito de administrar á los jefes, oficiales y tropa 
del cuerpo lanceros que en Tacubaya se substrajo 
á la obediencia de los superiores. Esa determina- 
ción del General Tapia tan conveniente como acer- 
tada, porque en aquellas circunstancias no había 
otra que tomar, dio el resultado ^que era de espe- 
rarse, supuesto que los prófugos apoyados en tal 
concesión de parte del- Gobierno se sometieron 
desde luego á su obediencia poniéndose á sus ór- 
denes con algunas condiciones ajustadas entre sí 
que se cumplieron recíprocamente, y en conse- 
cuencia, el Gobierno mandó abrir las puertas de la 
Capital á los lanceros que en la . garita de Santa 
Catarina esperaban órdenes para entrar en aque- 
lla, A disfrutar de las garantías ^y reposo de que 




-161— 
tanto nececitabari; mandándoles, al efecto^ aloiar 
en el mesón de San Agfustín y quedando los jefes 
y oficiales, en sus erapleos respectivos, perdona- 
dos asimismo del delito de insubordinación en que 
habían incurrido^ sin que se tengfa que extrañar 
esa conducta de parte del jefe del Estado, porque 
el Gobierno liberal siempre ha sido indulgente, 3' 
en esa vez ¡o fué más, en atención á las circuns^ 
tancias de la época que demandaban prudencia pa- 
ra evitar el derramamiento de sangre entre herma- 
nos y conseguir la unión* 

La entrada de dicho cuerpo á Morelia, fué moti- 
vo de júbilo para los patriotas por haber vuelto so- 
bre sus pasos personas amigas y amentadas en el 
servicio, como el General Garnlca con sus subal- 
ternos, y á los indiferentes ó enemigos de la Pa- 
tria, molestia y profundo desagrado* al ver des- 
truida la espí tranza que fundaban en la división en- 
tre los patriotas, que tanto les halagó al principio. 

En esa época, el Gobierno del Estado tuvo por 
conveniente utilizar los servicios del Ma3^or de ca* 
baliería Trinidad Valdés y del Capitán de la mis^ 
ma arma, Pedro Ortiz, de Quiroga, ambos como 
escribientes de la mesa de guerra y en la vigilan- 
cia de los trabajos de fortificación, dispuesta en al- 
gunos puntos deja Capital. 

Teniendo el General Tapia que pasar al Ejército 
de Oriente, de orden superior, á prestar en él sus 
servicios, el Gobierno de Michoacán, que entonces 
estuvo A su cargo, quedó al del Lie, Luis Couto. 
Después de algunos días de ese cambio, se encar- 
gó de él el General José López Uraga, y de éste 
pasó al del Generar Felipe Berríozáb^l, quemas 
tarde entregó al General Juan Caaniaflo. de orden 
superior. 

Los lanceros de la Libertad, en la duración de 

'a lucha Contra "el llamado imperio, se condujeron 

satisfactoriamente, prestando á la República inte- 

21 



—162— 
Tesantes servicios, dando ejemplo de moraliJad y 
constancia. 

En la época en que el Gobierno del Estado de 
Michoacán estuvo radicado en la hermosa ciudad 
de Uruapan, sirvió la Secretaría Oficial del mismo 
á satisfacción de su personal y del público, el pa- 
triota Lie. Manuel A. Mercado, con el acierto y eíi 
cacia que entonces exigían las circunstandias; y en 
consecuencia, nada dejó- que desear. 

En la administración del General Tapia, Hegfó á 
Morelia el General Arteaga muy enferraor¿i conse- 
cuencia de una herida que recibió en una pierna, 
al batirse con los imperiales en la jornada de las 
cumbres de »»Aculzing"o," y entonces el Gobierno 
del Estado dispuso que, con cargo á los gastos de 
guerra y de las rentas comunes del mismo, se le 
pasaran 4 ese jefe ocho pesos diarios, como un 
auxilio á sus gastos ordinarios, que recihió el 
patriota enfermo con reconocimiento, de manos del 
que esto escribe, como oficial primero de la Mesa 
de Güera; y tan luego como mejoró dicho jefe, sa- 
lió de la Capital, en dirección al cuartel general,. 
á efecto de continuar en él sus servicios en favor 
de la.República. 



3ímiQvatiún &e algunas famUioJS ní £s- 



Próximas las fuerzas imperialistas á ocupar al- 
gunas de las principales Ciudades de la República^, 
varios patriotas procedentes del Distrito FederaU 
del Estado de México y de Morelia, resolvierorv 
abandonar sus hogares y awn sus mt^r^se, huyen- 



-163- 
do del contacto con los enemíg'os de la Patria, y 
emigrando á Michoacán esos patriotas, fijaron su 
residencia en Quiroga, los ciudadanos Francisco 
Lerdo de Tejada, Pedro Echeverría, Lie. Francis- 
co W- González, Rafael García de León» todos con 
sus familias, y otra de México, no recordando el 
nombre de su jefe» 

En Uruapan, los ciudadanos Licenciados Gabino 
Ortiz, Carlos González ürueña y Bruno Patino» 
procedente de Moreliap á donde habían ingresa- 
do antes las familias Trejo y Alva de Toluca, y en 
Panindícuaro, el Lie. Ricardo Villaseñoo con la 
suya, lo mismo que Don José María Torres, deMo- 
relia, y otros ciudadanos de quienes no se recuer- 
dan sus nombres; volviendo todos á sus hog'ares 
después del triunfo de la República- 
Dichas personas emigradas á Michoacán fueron 
muy bien aceptadas en las poblaciones referidas^ 
por su amable trato y amor á la Patria. 



f 



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^^m^ * (P^K^ 



^^m^^^m^^. m 



^mta éfútn. 



VIOLAeiON OE LOS PRELIMINARES DE LA 
- ^ SOCIEDAD. 



Después de haberse devnelto de las aguas de 
Veracruz, las Escuadras ingiesa y espaflola, A los 
países de su procedencia, en virtud de estar ins- 
pirados sus respectivos jefes en la justicia que asis- 
tía á México para defenderse, y mediante esa con- 
sideración, observaron en su favor una conducta 
digna de su ilustración y rectitud, destruyéndose 
con ese motivo la triple alianza que venía A inter- 
venir en los negfocios del país; quedando en él solo 
las fuerzas francesas aliadas con traidores. 

Después de las conferencias entre el Lie. Don 

lanuel Doblado y Mr de Saligni en Drizaba» en 

is cuales se acordó por compasión: que las tropas 

ancesas pasaren de Vera cruz á Drizaba, á con- 

ícuencia de que la peste las estaba ditzmando en- 



—166- 
'tonces, solicitud que fué concedida» mediante los 
ofreciniientos y condiciones que se impuso el jefe 
francés, y 

Después, por último, de los hechos de armas de 
la memorable jornada de las cumbres de "Aculzin- 
go.'* de la inolvidable batalla del 5 de Mayo de 
1862 esos tratados quedan sin efecto de parte del 
jefe francési y sin más valor después que, el del 
papel en que fueron extendidos, puesto que faltó á 
sus compromisos de honor, como militar y á sus 
ofrecimientos como caballero, todo mientras conse- 
guía la salida de sus tropas, de una zona mortífe- 
ra, como la de Veracruz. 

Pasados los acontecimientos citados en las pági- 
nas anteriores, el Gral. Leonardo Márquez, se des- 
prende de la Capital de la República con una Bri- 
gada imperialista para operar en Michoacán. ocu- 
pando al efecto la plaza de Morelía el día V de Di- 
ciembre de 1863, y á la aproximación de dicha Bri- 
.guda, A las goteras de la Capital, el Gobierno del 
Estado con sus empleados, abandona la plaza el 
mismo día. saliendo de ella con dirección á Santa 
María, y de allí á Pátzcuaro, en donde estableció 
e! Gobierno provisionalmente pasando más luego 
-á Uruapan. 

El Gobierno de Michoacán recibió con beneplá- 
cito las fuerzas republicanas, que indistintamente 
fueron ingresando al Estado, desde 1863 á 1865, á 
las órdenes de sus respectivos jefes, procedentes 
de Toluca, Guanajuato y Guadalajara, poniéndose 
á disposición de su personal, quien acordó fuesen 
atendidas aquéllas con sus haberes, con arreglo á 
los que percibían las tropas del Estado en aquella 
^época. 

Dicha orden fué cumplida y las fuerzas ingre 

snntes prestaron sus servicios en aquella entídac 

federativa, hasta el 8 de Octubre de 1865, fecha er 

-que el cuartel general tuvo á bien disponer el frac 



-167- 
cionamiento de aquéllas en tres partes, con las 
cuales se fornió la columna que asistió á Uiuapan 
con motivo de la gran parada y protesta de ban- 
deras, celebrada un día antes en el llano contiguo 
á la Magdaleniu barrio pintor^.sco de aquella ciu- 
dad; y en virtud de aquella disposición, las tropas 
emigr;".ntes al Estado toncaron las direcciones que 
se expresan, en el lugar y fechas correspondientes. 

Con ese procedimiento el Gobierno de Morelia, 
no hizo otra cosa que lo que debía, al acoger en el 
seno del Estado^ en aquellas circunstancias, á sus 
Qompaüeros de infortunio perseguidos del enemi- 
go, en sus respectivas líneas, sin contar en ellas 
con apoyo alguno. 

En acatamiento de la orden que antes se cita, 
los jefes de los cuerpos que asistieron á la gran pa- 
rada en la ciudad de Uruapan, siguieron con ellos 
el rumbo que se señaló á cada uno, como se verá 
en el lugar correspondiente, con expresión de 
los sucesos, localidades y fechas en que se verifica- 
ron; de todo lo que tuvo conocimiento m¿ís luego, 
el cuartel general del Ejército del Centro- 



Al ser ocupada la plaza de Morelia, en la maña- 
na del 1° de Diciembre de 1863, el General Don 
Felipe Berriozdbal, Gobernador y Comandante Mi- 
litar de Michoacán, dispuso: que el Mayor, en esa 
época Don Eugenio Ronda, con una parte del cuer- 
po lanceros de la Libertad, que estaba á sus órde- 
nes se situara en la plaza de armas de la ciudad, 
en observación de los movimientos del enemigo 
Dará que se los comunicara, siempre que lo per mi- 
:ieran las circunstancias. 

Así hecho sale de la localidad el General Berrio- 

'ábal y toma los altos del pueblecito de Santa Ma- 

a, con objeto de presenciar dede allí la entrada 



—168- 
á la Capital de Michoacán de la columna enemig-a 
que, alcabo de algunas horas, llega por la garita 
del Zapote, penetrando en la plaza de armas; y 
arrojando de ella la fuerza de Ronda, la pone en 
retirada por la calle principal de la Merced, tiro- 
teándola aún fuera de garitas hasta los tres puen* 
tes, donde termina la calzada de Chicácuaro que 
está al poniente de la ciudad, regresando de allí 
sus perseguidores al centro de la Capital. 

Ronda entonces, libre 3^a de la persecución si- 
gue al Gobierno y se le incorpora dándole en se- 
guida parte de lo ocurrido; y de paso por el pueblo 
de Huiramba en dirección á Pátzcuaro, le ordena 
aquel superior se quede ahí de avanzada con la 
caballería que mandaba, á fin de que le diera par- 
te de cuanto ocurriera de importancia por el cami- 
no de aquel rumbo y sus inmediatos; cu^-a pobla- 
ción se encuentra al oriente de Pátzcuaro, la cual 
ciudad, fué el recreo de \(bs españoles, en la época 
Virreynal, según la tradicción, y se encuentra á 
cinco leguas de distancia de aquella localidad, so- 
bre el camino que de ella conduce á Morelia, to- 
mando por los pueblos de Tiripetío y Undameo. 

En acatamiento de tal orden, el Mayor Ronda 
quedó con sus Lanceros en Huiramba y el Gene- 
ral Berriozábal en posesión de la plaza de Pátz- 
cuaro, estableciendo en ella el Gobierno, muy 
provisionalmente. 

Entretanto Ronda repuso algo la remonta del 
Cuerpo, aumentó en lo posible su personal y prac- 
ticó en persona frecuentes expediciones por los di- 
versos caminos que de Morelia y Tacámbaro con* 
ducen á Pátzcuaro, vigilando de ese modo, para 
evitar una sorpresa del enemigo, bien fuera á los 
lanceros que tenía á su cargo ó bien al Goberna- 
dor en el lugar de su residencia, sin haber ocurri- 
do novedad alguna durante su permanencia en 
Huiramba. 



—169— 
Por fin, los acontecimientos de la revolución 
obligaron al General Berriozábal á dejar la ciudad 
de Pátzcuaro y á dirigirse con $us empleados A la 
de Uruapan, afrontando la sitaacióni y después de 
algunos meses de permanencia en ella, recibe aviso 
de que un jefe francés llamado Margueritte, había 
salido de Zamora con una fuerza imperialista, rum- 
bo íl Los Reyes y de allí á la estancia de los Tasu- 
mos y hacienda del Pilón, con objeto de capturar 
los diferentes materiales de guerra que el Gobier- 
no del país mandaba escoltados por tropas repu- 
blicanas al Distrito de Coalcomán por vía de segu- 
ridad; dispuso en seguida el mismo Magistrado, 
desprender de la plaza de Uruapan el cuerpo lan- 
ceros de la Libertad que mandaba el Mayor Ron- 
da, con orden de avanzar y permanecer en el pue- 
blo de San Juan Parangaricutiro en observación 
de los movimientos del enemigo, hasta nueva or- 
den, dando parte de lo que aquel ejecutara. 

Trascurridos unos cuantos días del mes de Fe- 
brero de 1864, los exploradores que Ronda est^i- 
bleció luego por el camino que de San Juan con- 
duce á Los Reyes, avisaron que el enemigo se mo- 
vía con dirección á San Francisco Peribán, y que 
no sería remoto que de allí tomara el de Uruapan 
por Píirangaricutiro. Con tal motivo, Ronda tras- 
mitió ese aviso al General Berriozábal, en virtud 
del cuál dispuso ese jefe superior, se inutilizaran al 
uso del enemigo las piezas de artillería que se halla- 
ban por el rancho de Cheranguerán, en camino 
para Coalcomán, tomando Ronda en seguida sus 
precauciones, míindando destruir los puentes de 
madera que facilitaban el tránsito á la población, 
dejando para transeúntes y regreso de sus expío- 
adores, un pequeño paso. 

Pasada esa operación al siguiente día regresan 
quellos á Parangaricutiro. dan parte de que el 
nemigo venía en sn seguimiento á corta distan- 

22 



—170— 
cia, y en vista de esa noticia, Ronda mandó des- 
truir por completo los puentes que dan ascenso á la 
población de San Juan. Al fin llegfan los france 
ses A las goteras del pueblo intentando penetrar en 
él, y al efecto reforman uno de los puentes con la 
madera que quedó útil y se abren paso.* Entre 
tanto el Mayor comunica al Gobernador la llega- 
da del enemigo á dicho pueblo y alista desde lue- 
go sus lanceros para defenderse, saliendo fuera del 
lugar y situándose sobre la vía que conduce á 
Uruapan. Llegan á su frente los franceses y co- 
mienza luego una escaramuza, enmedio de la cual 
Ronda penetra en la sierra, el enemigo le sigue 
haciéndole fuego y aquel se defiende valerosamen- 
te, ignorándose por qué los franceses suspendie- 
ron sus fuegos, haciendo alto en aquel paraje. 

En vista de esa ocurrencia, continuó Ronda con 
calma su marcha para Uruapan. mandando avisar 
al Gobernador que el enemigo vendría luego á su 
retaguardia á fin de que dispusiera lo conveniente. 
Atendiendo á esa noticia el General Berriozábal se 
dispone á montar á caballo y se prepara á la de- 
fensa. Mientras esto pasaba, Ronda viene en ca- 
mino perseguido de quevo por el enemigo y casi 
juntos, entran en la ciudad de Uruapan. 

El Sr, Berriozábal en vista de ese acontecimien- 
to, da sus órdenes y espera la presencia del enemi- 
go, que poco se hizo aguardar, apareciendo éste 
por las calles de la ciudad; y entonces el Gobierno 
indicado abandona la plaza, llevando consigo la 
fuerza de Ronda, siendo pereguidos por el enemi- 
go hasta la hacienda de Santa Catarina y cuesta 
de Taretan, de donde contramarchó esta para 
Uruapan, enmedio de un mal temporal y de all 
rumbo á Zamora. 

Después de todos esos contratiempos, el Gene- 
ral Berriozábal entrega el mando del astado d< 




] 



-171— 
Michoacán, de orden superior, al General Juan 
Caamaüo, y en consecuencia llega á Taretan aquel 
jefe, de allí, á Tomendán, tomando la dirección 
de la sierra de Sinciro, acompañado aún de la fuer- 
za de Ronda, y entre los terrenos de esa finca 
agfrícola, se encuentra un preciosa Daño en que 
ag'ostan los ganados, bastante húmedo con motivo 
de los abundantes hielos que allí se aglomeran, al- 
canzándose los de un día con otro, siempre está 
mojada la superficie, donde se ven también mu- 
chos hoyos de tuzas que hacen mu}^ falso el terreno. 

Sin embargo de todos esos inconvenientes, 
agració demasiado aquel sitio al General, y recor^ 
dando, sin duda, los momentos de agilidad de su 
juventud, montado en brioso caballo y en albar 
don le ocurrió á ese jefe ejecutar en ese lu- 
gar, un jaripeo muy de paso, coleando buenos- 
toros, con toda la perfección del arte, sin arredrar- 
le lo desliza ble y falso del terreno, per el cual ejecu- 
tó sin novedad aquella moniobra de campo que ad- 
miraron los lanceros de Ronda, como competentes 
en t;sa clase de ejercicios, tanto más cuanto que la 
ejecución de ese juguete, que presenció el que esto 
escribe, no se hizo en silla baquera, como lo hacen 
en su mayor parte los campesinos del país. 

Pasaron esos agradables momentos de distrac- 
ción, que aun se recuerdan, y el General Berríozá- 
baí continuó su marcha para San Luis Patosí, a 
unirse al Presidente Juárez, á fin de prestarle sus 
servicios; por lo que Ronda tuvo que contramar- 
chara encargarse de la línea de Occidente que se le 
tenía encomendada entonces. 



--172— 



P<i«tttti««f« vtnúiutimaviú en htftnta ht la 



El Capitán Rosendo Márquez, se incorporó á las 
fuerzas liberales de Michoacán. en Mayo de 1863, 
prestando sus servicios en e1 Batallón Matamoros 
que fué á las órdenes del General Manuel García 
Pueblita, después de haberlos prestado en el Ejér- 
cito de operaciones que mandó en jefe el General 
Ignacio Comonfort. 

Estando al servicio del cuerpo de Matamoros el 
Capitán Márquez, se pronunció él en la plaza de 
Morelia en defensa del Gobierno constitucional 
de aquel Estado. Ese oficial, entonces, con el ca- 
rácter indicado, mandaba la 2^ Compañía de aquél 
Batallón, funcionando en él> como Mayor por estar 
encargado del Detall. 

El Gobierno General desde San Luis Potosí de- 
claró en ese tiempo en estado de sitio á Michoa- 
cán. 3^ con ese motivo nombró Comandante mili- 
tar y Gobernador del mismo al General Santiago 
Tapia. El coronel Juan Cervin de la Mora no quiso 
reconocer la declaración del estado de sitio en Mi- 
choacán y se pronunció en Zamora en aquella épo- 
ca, dando á las tuerzas de su mando la denomina- 
ción de »» Defensores de la Legalidad y el Orden,*' 
Secundaron ese movimiento el Coronel Cervin, los 
de su clase Rafael Garnica, José María Méndez 
Olivares y Mayor Eugenio Ronda, con el cuerpo 
Lanceros de la Libertad. 

Mas luego el Gobierno general llamó al Sr. Ta- 
pia para encargarle el mando de otra fuerza expe- 
dicionaria, quedando al frente del Gobierno de Mi- 
choacán. el Lie. Luis Couto que nunca había sido 
militar, y por consiguiente los soldados no esta- 



-173- 

ban muy conformes con estar al mando de un abo- 
gfado, sin ningunos antecedentes eñ milicia. El 
Capitán Márquez entonces, hoy General de Divi- 
sión del Ejército Republicano y miembro del Sena- 
do, convocó en 1^ de Agosto del referido año^ á 
toda la oficialidad del Batallón Matamoros hacién- 
doles la proposición de salirse de la Capital con el 
Cuerpo, é incorporarse á los defensores de la Le- 
galidad y del Orden,** de cuyas fuerzas tenía d 
mando el Coronel Cervín de la Mora* Todos acep- 
taron el plan que Márquez les propuso, menos los 
Capitane5; Villanueva hermanos procedentes de la 
Villa de Quiroga. 

En vista de esa resolución y sin pérdida de tiem- 
po ordenó el Mayor Márquez, formara el Batallón, 
se aparejasen las muías, se cargasen los depósitos 
y calderos del Rancho. Luego se obligó al Paga- . 
dor á que entregase los fondos, de los cuales le ex- 
tendió el Mayor aludido, el correspondiente recibo 
que trrmó con los Capitanes Felipe Montenegro y 
Ascensión Gómez Calvillo. 'En consecuencia las^ 
compañías de dicho cuerpo, en el naejor orden, , sa- 
lieron á formar en batalla frente al cuartel que ocu- . 
paba el Batallón. - 

Cuando estuvo listo aquél, se emprendió la mar- 
cha pasando por frente al de Cazadores, que m'an- . 
daba el Coronel Cácerez. Colocado Márquez á la 
cabeza del de Matamoros, le habló á dicho Coro- 
nel que se encontraba en la puerta del cuartel con ' 
varios oliciídcs, diciéndole: •♦Mi Corond; Ud. muy 
tranquilo y los lanceros en la garita," á lo que con- 
testó Cáceres, diciéndole: **pues bien, si yo nó sé ■ 
"jíida de eso, ni he recibido ninguna tícdeil, entonc- 
es vava Ud á la Comandancia, porque Vo voy 

batirlos. Durante efea conversíadón el Batallóa 
vanzabu y cuando acabó de pasar muy tranqui- • 

mente, se despidió Márquez del Coronel, voiviea- 



—174- 
do ú colocorse á la cabeza de su cuerpo, para con- 
tinuar su marcha. 

La tropa que veía á los oficiales á la cabeza de 
sus compafiías, marchaba sin saber á donde, ni 
con qué fin. En cuanto á los capitanes y al pa- 
gador que no secundaron el movimiento, los dejó 
Márquez encerrados en el calabozo. 

Después de haber caminado como una legua fue- 
ra de garitas, mandó Márquez hacer alto y 
habló en seguida á la tropa y le expuso en brevas 
3^ enérgicas frases su movimiento. Cuando hubo 
acabado de hablar, vitoreó á la República, al Go- 
bierno constitucional y la tropa secundó sus vivas 
con entusiasmo. Luego continuó su marcha y al 
amanecer llegaron al pueblo de Tiripetío, en virtud 
de que su marcha ó movimiento al salir del cuar- 
tel, lo verificó á las 9 de la mañana del día ante- 
rior. 

En la plaza del referido pueblo, mandó el Mayor 
Márquez formar pabellones, poner la tropa en des- 
canso y procedió desde luego á sustituir á los Ca- 
pitanes, ascendiendo á los Tenientes, pues m1 Capi- 
pitán Montenegro lo mombró Mayor y al Capitán 
Ascensión, G. Calvillo, le dio el mando de un pi- 
quete de caballería que organizó Márquez con al- 
gunos ciudadanos que de antemano había invitado 
y que se le incorporaron sobre la marcha. 

A la tropa se le dieron dos días de haber y algunas 
provisiones alimenticias. A la una de la tarde vol- 
vió á emprender su marcha, con dirección á Zamo- 
ra; había caminado cosa de dos leguas^cuando ob 
servó que las mujeres de la tropa, que cominaban 
á vanguardia, retrocedían corriendo. Márquez 
preguntó el motivo de aquella ocurrencia, y se Je 
coniestó que una fuerza de caballería vestida de 
cuero estaba formada al frente. En ese momento 
dos exploradores que Ji^bía dejado á retaguardia, 
se dirigían á galope á aquel lugar á darle aviso d<: 



-175— 

quexinu fuerza compuesta de las tres armas, ve- 
nia en su alcance. A la izquierda, v cerca del ca- 
mino en que recibió tal noticia, había un buen cer- 
co de piedras que cubría un potrero y dos peque- 
ños cerritos, de los cuales se apoderó Márquez, es^ 
tableciendo en ellos una pequeña fuerza y el resto 
la formó en batalla, sirviéndole la cerca de trinche- 
ra. 

Aun no acababa de establecer su línea de bata- 
lla ó de defensa, cuando se oyó el estallido del ca- 
ñón, cuyas granadas hicieron explosión á retaguar- 
dia de la tropa, sin ofenderla. Una fuerza de in- 
fantería como de 500 hombres del batallón de Ca- 
zadores, formaba en línea de batalla, con dos'obu- 
ces de 12, cubiertos sus flancos con caballería. La 
artillería siguió haciendo fuego y una línea de tira- 
dores avanzó sobre su frente, rompiendo los fue- 
gos de fusilería, entre ambas fuerzas; y 15 minu- 
tos después se trabó un combate c^si personal que 
duró poco más de media hora, siendo en él recha- 
zadas las tropas del Gobierno, las que emprendie^ 
ron con ese motivo su retirada, llevándose la arti- 
llería. 

En ese hecho de armas, que bien puede llamarse 
de desesperación, quedaron en poder de Márquez 
22 muertos de tropa y un oficial 14 soldados heri- 
dos y 53 prisioneros. Por su parte tuvo 18 muer- 
tos a»- 21 heridos, A falta de caballería, no pudo 
persaguir al enemigo; la pequeña fuerza que había 
de esa arma, Márquez la organizó y puso bajo las 
órdenes de Calvillo, la cual era insuficiente á ese 
fin; y en consecuencia la ocupó en dirigirse á Tiri- 
petío á disponer que las^ autoridades mandasen re- 
ger y dar sepultura á-losi muertos y regresaran 
s heridos del Gobierno á Moreíia, pues que, en 
\anto á los de su cuerpo los levantó, con excep- 
►n de dos que, por muy graves, no se pudieron. 



—176— 
mov^er, ni llevar en camilla^ espirando á pocos mo- 
mentos. 

Levantado el campo, emprendió el mayor su 
marcha rumbo á Zamora, tocando la población de 
Zacapu. 



El Mayor de caballería Mig-uel Ordorica encar- 
g^ado de vigilar el camino que conduce de Marava- 
tío á Ixtlahuaca, en fines de 1863, teniendo á sus 
órdenes una pequeña fuerza de caballería bien ar- 
mada y mejor montada, dispuso avanzar con ella 
hasta el pueblo de San Felipe del Obraje, y estan- 
do á corta distancia de ese lug^ar, sabe por unos 
viajeros que la íuerza de los Cazadores de Áfri- 
ca se encontraba acuartelada en un local del cen- 
tro de dicho pueblo, quienes á esas horas, que se- 
rían las 10 de la noche, se encontraban calentándo- 
se en una fogata que tenían puesta frente al cuar- 
tel que ocupaban. 

Aprovechando Ordorica esa noticia, se dispone 
á darles una sorpresa, á cuyo fin pasa á sus solda- 
dos una revista de armas y parque, municionando 
á los que carecían de ese material de guerra. Lue- 
go avanza acercándose á la población, como á las 
12 de la noche con el mayor silencio; y una vez 
en las goteras de ella, distribuye su tropa por dis- 
tintas-calles de las que conducían al cuartel; 3" es- 
lando á tiro da orden de fuego sobre el pelotón de 
los imperialistas que se calentaban en la hoguera. 

De esa maniobra resultaron váriios heridos y 
muertos, seguri se dijo al día siguiente por 
los transeúntes. Con motivo de tal acontecí - 
miento, los cazadores, pasados l<>s momentos de 
sorpresa, sé pusieron todos sobre las arnias para 
entrar en defensa y perseguirá los republieaüos 
asaltantes. En esos momentos^ ya Ordorica se ha 
bía retirado sin novedad con los sayos» rumbo á h 



— 177— 
**Veiita del Aire,*^ punto de observ^^ición determi- 
nado por el superior, dando lueg-o el correspon- 
diente piwte A Maravatío, de esa ocurrencia. 

A las primeras horas del siguiente día, los Caza- 
dores AíVicanos, sig'aíeron la pista á Ordorica por 
las inmediaciones del pueblo de San Felipe, para 
darle una lección, sin üuda, pero ya no les fué da- 
ble encontrarle. 

Los Cazadores de África, en Junio de 1863, tu- 
vieron un encuentro en uno de \o^ pueblos del Dis- 
trito de Maravatío con la 1^ compañía del cuerpo 
"Lanceros de la Libertad*^ que mandaba su Capitán 
Simón Garnica, enea robado entonces de la vig^ilan- 
cia del camino que de Morelia conduce á la cabe- 
cera de aquel Distrito. 

Con motivo de tal encuentro, ocurrió una esca- 
ramuza de poca duración, resultando de ella muer- 
to un soldado de los de Garnica, perteneciente á la 
misma compañía y ongfinario del rancho de Tun- 
gTjitiro de la municipalidad de Coeneo de la Liber- 
tad, ig'norándose su nombre, 

Al reconocer el Capitán indicado !a superioridad 
del enemig'o con que combatía, se retiró del cam- 
po de la lucha batiéndose en retirada en buen or- 
den^ en dirección á la H:-icienda de Pomoca hasta 
donde el enemig'o dejó de perseguirle, dirigfiéndo- 
se luegfo al mismo Distrito á vigfilar la línea que se 
ie tenía encomendada, dando en seg^uida el corres- 
pondiente parte A su inmediato jefe. 

En cuanto al cadáver del soldado de Tungiiitiro 
fué recogido y sepultado por e! encargado de una 
hacienda inmediata, según el parte remitido á Ma- 
ravatío^ 

Los dos hechos de armíis entre Republicanos v 
Cazadores de África, los conoce el que esto escri- 
be, por haber visto en la Comandancia Militar de 
'^lorelia, los correspondientes partes de ellos- 

23 



—178- 



Ataque á la plaza de la Ciudad de 
Morelia. 



Alg^unos dias después de los acontecimientos 
que anteceden se dirije á Morelia con el Kjér- 
cite Republicano del Centro en alta fuerza, el Gene- 
ral en jefe, José López Uraga, y emprende el ata- 
que de aquélla plaza el 18 de Diciembre de 18ó3, 

Hl General Márquez que la ocupaba entonces, se 
defiende con los zuavos; y después de un dui de re- 
nido combíUe en que se derramó con profusión la 
sangre de los patriotas, perdiendo en la carga va- 
rios viilientes y buenos jefes, sin resultado favora- 
ble» el General en jefe »»á la linda hora," manda 
suspender el ataque y retirar las fuerzas de las 
garitas de Morelia, sin causa conocida,, para se- 
mejante disposición, porque ni amenazaba en esos^ 
momentos ningún peligro mayor, ni la aproxima- 
ción de algún auxilio en favor de la plaza, ni se 
carecía de parque; ni demás útiles de güera con que 
combatir con éxito, ó tres días niAs; pues que la 
mayor parte de los mejores cuerpos quedó en los 
Ejidos fuera de combate, sin haber quemado un 
soto cartucho, y esa retirada tan inconveniente del 
Ejército, se hizo equivalente á una derrota; porque 
de los procedimientos del General en jefe'se tras- 
luce que, en esa jornada, sólo se procuró de mala 
fC% el aniquilamiento de los patriotas, olvidando 
aquel jefe, el dicho vulgar, pero evidente de que 
¡No es buen pastor, el que, á sus ovejas ma- 
ta! De lo expresado antes puede deducirse, que 
el Ejército del Centro, fué llevado entonces A aque- 
lla plaza, como cochinos al matadero; quedando 




— 179— 
con ese motivo desmoralizadas las fuerzas que, 
el General Uragfa» de?;piiés de ia matanza, condu- 
jo al occidente de Michoacán también con bastardas 
miras y dejando con esos motivos, en triunfos de 
mala ]e3\ ú los mochos y traidores enemigos de 
la Patria. 



Se atoe la ciipaia eo MígMii contra mperialisías j trai- 
Sores, efl 18 ieDmlrGie 1,863. 

Desde esa memorable fecha quedó abierta la 
Campaña» en Michoacán, y en consecuencia, se 
fueron presentando los diferentes acontecimientos 
que en seg^uida se irán refiriendo* 

Uno de los más noÍ:ables en su esencia fué la re- 
tirada del General Urag^a de los suburbios de Mo- 
relia, sin causa legfal conocida, tomando el ruir^bo 
que antes queda indicado para expeditar su paso A 
las filas enemigas; quedando etitonces el Hicrcito 
del Centro A cargo del General Arteagfa, quien de 
tránsito con él por Jiquilpan, sufrió un contratiem* 
po al salir de aquélla pobldciun, en 21 de Noviem- 
bre de 1S64. 

En Febrero del año antes citado, tocan á Eronga- 
rícuaro los Gen érale -i Zires y Guliérrez, mandando 
una Brigada imperialista, con la cual se dirigieron 
por Fátzcuai o á Morelia, incorporándose á la fuer- 
za del General Leonardo Márquez, y en esos días 
e encontraba en aquella población el CoroPiel Juan 
^ervín de la Mora, organizando una fucj'zíi de ca- 
aiíerfa para unirse al Ejército del centro, y pres- 

r en él sus servicios, y á sus órdenes el que esto 



— ISO— 
escribe, con otros oficiales, quienes al llegar la 
fuerza imperialista á Erongarícuaro, son sorpren- 
didos, con peligro de la vida; y la remonta que se 
hallaba en un mesón, muy expuesta á ser presa 
del enemigo, pero que al fin se salvó también por 
una casualidad, mediante el auxilio de los vecinos 
y la energía de soldados y asistentes que con vio- 
lencia la sacaron del pueblo dirigiéndose A Pátz- 
cuaro y dando aviso al General Pascua! Miranda, 
de aquella ocurrencia, como Comandante de la 
plaza de la ciudad, para los efectos á que hubiere 
lugar. 

Los imperialistas pernoctaron la noche del 6 de 
Febrero de 1864 en Erongarícuaro y á la mañana 
siguiente abandonaron la población tomando el 
rumbo de Pátzcuaro, y en la tarde de ese mismo 
día, se reunieron en aquel pueblo, jefes oficiales, 
asistentes y tropa para continuar al servicio de la 
República. 

Siguiendo los movimientos del'Mayor Márquez, 
en jefe entonces de la fuerza que tenía á sus órde- 
nes en defensa de la »» Legalidad y del orden,»» lle- 
ga á Zacapu después de algunos días de marcha. 
Pereseguido por el Coronel Elizondo, hizo alto en 
ese pueblo, donde se propuso resistirlo. Dadas 
sus disposiciones al efecto, se le incorpora el Ma- 
yor Eugenio Ronda, jefe del Cuerpo lanceros de la 
Libertad, á quien había nombrado el Coronel Cer- 
vín para que le protegiese: Márquez se puso des- 
de luego á sus órdenes y unidas ambas fuerzas, 
obligaron á Elizondo ó suspender el ataque que 
intentaba y á retirarse, tal vez, por temor de un 
contratiempo que dejase mal puesto su nombre an- 
te el Gobierno y la sociedad. Pasado ese aconte- 
cimiento, permanecieron las tropas de Ronda y 
Márquez, dos días en Zacapu, y al siguiente em- 
prendieron su marcha para Zamora, á cuya plaza 
entraron el 5 de Enero de 1864. 



^' -181— 

En Septiembre del mismo íiño fué nombrado 
Gobernador y Comandante Militar del Estado de 
Michoacán el General José López Ura^a, quien 
con autorización del Gobierno General, celebró 
tratados con e! Coronel Cervín de la Moni, y en 
consecuencii-h como resultado de ellos, Cervín áe 
sometió con todas sus tropas á la obediencia del 
Gobierno. Al Mayor Míiírquez se le reconoció el 
empleo indicado, > en esa virtd fué nombrado Ma- 
yor de Ordenes de la 3^ Brigfada de la 3*"^ División 
que era A las órdenes del General Carlos Salazar, 
en cuyo Estado Mayor permaneció hasta el des- 
graciado ataque de la plaza de Morelia, dado por 
el General Tose López Uraga, el 18 de Diciembre 
de 1863, En ese ataque fué herido el General Sa- 
lazar, á quien acompañó Márquez hasta Santa Cla- 
ra de Poitugfíil, lug'ar que se eligió para la cura- 
ción y seguridad del expi*esado jefe^en atención A 
su buen clima y á los patriotas y buenos liberales 
que han sido .siempre sus vecinos. 

El General López Uraga, ña! sustituido por el 
de igual clase Felipe Berriozábal, quedando como 
Gobernador y Comandante Militar del Estado de 
Michoacán y jefe de la 3^ División del Ejército del 
Centro: por disposición de dicho General Rosendo 
se encargó del mando de una Legión de Honor que 
fué formada de los jefes y oficiales sobrantes en 
la nueva organización que aquel jefe dio al Ejérci- 
to después de la retirada de Morelia. Con esa Le- 
gión expedicionó Márquez por los Estados de Mi- 
choacán, Guanajuato y JaHsco, escoltando al Paga- 
dor general del mismo Ejército Narciso Garcilaso- 
Concluida su comisión al lado de ese empleado, 
Márquez estuvo siempre en observación de las 
fuerzas enemigas y batiéndose diariamente con los 
guerrilleros imperialistas, hasta el 3 de Noviembre 
de 1864, fecha en que recibió orden del Comandan- 
te Militar de la plaza de Pátzcuaro General Pas- 



—182— 
cual Miranda, de ocurrir á pasar la revista de Co- 
misario á aquella plaza. 

En esos días -el General Miranda se había puesto 
ya á disposición del imperio, sin contar con la 
' g-tiarnición que se componía entonces de una parte 
del Batallón de Toluca, el primer Regimiento 
de caballería que mandaba el Coronel Miguel 
Eg-uiluz, y el 2^ de lanceros que íué á las órdenes 
del de igual categoría Hilario Cervín. Már- 
quez con su fuerza cubriendo el camino de Pátz- 
cuaro á Morelia, era un inconvejnente para las mi- 
ras del traidor Miranda; y por consiguiente, al for- 
mar en la plaza de aquella ciudad, con motivo de 
la revista, fué sorprendido Márquez por el Primer 
Regimiento v hecho preso en compañía del Co- 
mandante Agreda, Calvillo y Capitán Vera. A los 
demás oficiales y tropa que mandaba Márquez en- 
tonces, se les mandó custodiar por una fuerza de 
-caballería á incorporarse al cuartel general, que en 
aquella época residía en la ciudad deUruapan. 

En ese tiempo el Gobierno General expidió una 
circular previniendo á todos los jefes de fuerzas 
republicanas, se prohibiera la entrada de elemen- 
tos, á las plazas ocupadas por el enemigo y que 
pudieran ser útiles á las tropas imperialistas.' Ade- 
más, autorizaba dicha circular á los jefes republi- 
canoSí á repartir los productos ó efectos recogidos 
entre las fuerzas aprehensoras. Márquez, en esa 
inteligencia, con las de su mando, aprehendió en la 
diligencia que viajaba de Pátzouaro á Morelia, á 
dos oficiales disfrazados, mandados á la capital del 
Estado por el comercio de aquella ciudad, al Ge- 
neral Leonardo Márquez, según las constancias de 
remisión recogidas á los conductores; y luego lo 
repartió entre los §oldados que eran á sus órdenqs, 
sin recoger para sí ni un sólo centavo, ,queda.ndo 
-en libertad los oficiales aprehendidos, de orden su- 
perior. 



L 



-183- 

Miranda, aunque estaba persuadido de que Már- 
quez, en aquella operación y distribución de diñe- 
ro había obrado con arreglo á la deternúnación 
del Gobierno, lo mandó encausar y ju^gfar por uti 
consejo de gfucrra, del cual salií5 absuelto. 

El mismo día que tuvo lugar el jurado, Don Pas- 
cual Miranda y algunos jefes 3^ oficiales de su Es- 
tado Mayor, Sídiercn de Píítzcuaro en diligencia 
especifil ú presentíirse en Moreiia al traidor Leo- 
nardo Márquez. 

Consumada la traición de Miranda, asumió el 
mando de la plaza de Pátzcuaro, el Coronel Miguel 
Eguíluz, quien puso en entera libertad á Márquez, 
mandándole á Santa Clara de Portugal para qne 
diera aviso al General Salazar, de t:il ocurrencia 3'' 
se pusiera á sus órdenes. Este Sr. General en vis- 
ta de esa noticia y sin embargo de no estar ente-. 
ramente sano de la herida que recibió en Moreiia, 
salió de dicha población en un mal carruaje para 
Pátzcuaro y se puso al frente de la guarnición que 
como se ha dicho antes, se componía de dos cuer- 
pos üe caballería y un batallón. Entretanto, Már- 
quez quedó encargado de la plaza de Santa Clara, 
por disposición del mismo Sn Salazar* con orden 
de organizar un escuadrón que se tituló "Libres de 
Portugal/' lo que verificó con extraordinaria acti- 
vidad; de modo que al mes ya se contaba con al 
gunos hombres útiles. 

El General Salazar, se vio obligado á abandonar 
la plaza de Pátzcuaro* porque, el traidor Márquez 
venía á ocuparla con fuerzas muy superiores. 

En vista de esa ocurrencia, el Mayor Rosendo 
Márquez abandonó también la plaza de Portugal 
para incorporarse de nuevo en Uruapan á las ór- 
denes del General Salazar, donde sirvió como ex- 
plorador, siempre al frente del enemigo. 

El republicano Márquez, continuó con el mando 
5 su cuerpo lanceros de Portugal, y á las órdenes 



—184— 
de aquel jefe hasta la desgraciada batalla de "Lo- 
ma Hue^ja/* á inmediaciones de Tacámbaro, en 
cuya acción fué hecho prisionero y conducido á 
Morelia, con sus compañeros de infortunio en don- 
de permaneció preso hasta el cangfe celebrado en 
Acuitzio. en 5 de Diciembre de 1865, fecha en que 
volvió al servicio de la República. 

Por Febrero de 1864 se encontraba el Coronel 
Juan Cervín de la Mora en comisión del Gobierno 
del Estado en el Distritito de Apatzingán y muni- 
cipio de los Reyes de Salgado, con 50 soldados á 
sus órdenes, y hallándose en esa época en Para- 
cuaro en el desempeño de su cometido, acertó á 
pasar por aquel pueblo, en dirección al de Aguili- 
lla, el General José Justo Al varez, y acercándose 
luego al Coronel, solicita de él algún dinero para 
los gastos de viaje, que ofreció Cervín remitir á 
Apatzingán en cantidad de 50 pesos, en la tarde 
de ese mismo día, por conducto de uno de sus su- 
balternos, cuya suma recibió el General en su alo- 
iamiénto» casa de los Murillo en Apatzingán, acu- 
sando el recibo correspondiente y continuando su 
marcha al siguiente día, entregando el oficial con- 
ductor tal documento á su Coronel que recibió y 
mandó poner en caja. 



En fines del mes y año antes citados, es persegui- 
do el ciudadano General José María Arteaga por 
una fuerza imperialista que mandaba el Geaeral 
Ramón Méndez y el Coronel Vanderesmisen, jefe 
de la Legión Belga, que cubría entonces la plaza de 
la ciudad de Tacámbaro de Codallos, dándole al- 
cance y derrotándole en el paraje de *»Loma Hue- 
ca.'» en el<:ual avanzando á escape por el enfilade- 
ro de un barranco, se precipitó con el General á 
su fondo, la bestia que montaba, tendiéndole la 



—185— 

mano en esa íatal ocurrencia* el Coronel Manuel 
López, para levantarle y auxiliarle al montar de 
nuevo> recibiendo aquel jefe con ese accidente do- 
lorosas contusiones y la renovación de Ui herida 
afistulaüa que recibió en una pierna en la batalla 
de las cumbres de '*AcuItzingo.'^ 

Los dispersos con aquel motivo volvieron á sus 
respectivas filas, al sig-uiente dfa y el Genera! á la 
enfermería para curarle y una vez repuesto, conti- 
nuó la campaña; notándose entre los dispersos, pre- 
sentados» la falta de alíTunos jefes y uficiales que 
capturó el enemig'o, llevándoles consigo á iMorelia 
como prisioneros de guerra y que después de al- 
gún tiempo recobraron su libertad en virtud del 
cange celebrado en Acuitzio, el 5 de Diciembre de 
1865, volviendo aquéllos á sus respectivas filas. 



Con motivo de una inconsecuencia cometida al 
Gobernador del Estado por el Coronel José María 
Méndez Cardona, dicha autoridad se disgusta por 
esa falta que trató de corregir debidamente^ man- 
dando al Teniente Coronel Ronda con una fuerza 
para que le sometiese al orden: en 2 de Febrero de 
1864, sale de Pátzcuaro ese jefe con dirección á 
Quiroga, en donde se encontraba el Coronel incon- 
secuente, u la cabeza de una fuerza de infantería. 
Este, al tener noticia de la aproximación de Ronda 
Á la Villa, sale de ella rumbo á la Tirímicua. en 
cuyo trayecto se le da alcance, mediando algunos 
disparos de armas de fuego, que se cambiaron am- 
bas fuerzas; pero Ronda que procuró omitir el de- 
rramamiento de sangre en aquellas circunstancias. 
^ da tiempo al perseguido de que llegase á aquel 
ancho. 

Una vez en él, le mandó Ronda una cita por con- 
teto del encargado, á fin de tener una conferen- 

24 



—186- 
cia, que admitió Cardona y que tuvo lugí^v en !u 
tarde de ese día; y mediando, sin duda, explicacio- 
nes de alffún valor y aun debidas de amistad, con- 
convino Cardona en ponerse desde lue.^o á las i5r- 
üenes de Ronda y en presentarse al Gobierno en 
solicitud de indulto y consideraciones por aquella 
falta* / 

Ella le fué castigada refundiéndole los infantes 
en la fuerza del Estado y señalándole prisión en el 
cuartel de Lanceros. La pena impuesta se extin- 
guió por tín y Cardona volvió á la gracia del Go- 
bierno y á prestar sus servicios á la República, pe- 
ro que, fueron bien pocos, por haber fallecido en 
Panindfcuaro en breve tien:ipo. 

Acordada por el Coronel Ronda una expedición 
por los Distritos de Uruapan y^ Zamora, se propo- 
ne montar, armar y equipar en lo posible, la tropa 
de su mando. En consecuencia, sale de la Villa 
de Quiroga, A ese fin. en Febrero de 1864, quedan- 
do el Alférez Madrigal habilitado del cuerpo iance^ 
ros de la Libertad en aquella población, sin permi- 
so previo, tal vez por asuntos graves de familia, 

Llega Fronda con su fuerza á Nahuatzen y al 
tercer día, se le presenta en aquella plaza Madri- 
gal, disculpándose hasta donde le fué dable de su 
falta cometida. Ronda bastante molestado por 
ella, no le atiende y manda que se le fusile lue^o 
en la plaíía de aquel pueblo, por haber dejado tam- 
bién sin socorro á la tropa en tres días, dentro de 
los cuales había consumado deserción, con la cir- 
cunstancia agravante de estar en campaña. 

Luego que el cura del lugar, Presbítero Hernán ^ 
dez, tuvo noticia de que se trataba del fusilamiento 
de un oficial, en aquellos momentos se le presenta 
á Ronda implorando gracia en favor de Madrigal: 
el Coronel se niega á concederla y se dispone la 
ejecución. En esos momentos, ocurren tanlbién a; 
aflojamiento de aquel jefe las autoridades y vecino: 



—187- 

de la pobkción coa la misma solicitud que el cura. 
Ronda, inflexible, se niega á su de.maajda. En vi s- 
ta de !o expuesto y de que ya se conducía al ofi- 
cial al i ug-ar de la ejecución, el párroco, de oficio, 
se encargó de auxiliarlo en aquel terrible trance;' 
incontinenti, se oyen las detonaciones de las ar- 
mas y la víctima se desploma exánime, pasando á 
otra vida. 

En seguida, se manda cavar una fosa y cons- 
truir una caja mortuoria y en aquella fue encerra- 
do el cadáver del infortunado Madrigal y sepulta- 
do á las 5 de la tarde de se mismo día. sustituyén- 
dole en el cargo de habilitado, el Alférez de dicho 
cuerpo, Juan Delgado. A continuación, mandó el 
Coronel: que el nuevo habilitado, entregara á la 
viuda de Madri^^al 200 pesos regalados por dicho 
jefe, para gastos de viaje; cuya entrega se haría 
con intervención de la primera autoridad de aquel 
lugar, recibiendo de la beneficencia el correspon- 
diente recibo que se entregó al Coronel. 

Madrigal al salir de Quiroga para incorporarse 
á su cuerpo en Nahuatzen trajo consigo á su Se- 
ñora, con objato de mandarla á Tancítarp de don- 
de era originaria para que pasara algún tiempo 
con su familia» según dijo aquel» mientras tanto 
disponía otra cosa. 

Tan luego como fué reducido á prisión el Alfé- 
rez Madrigal pói* orden del Coronel jefe del cuerpo 
entregó é este los haberes ,de la tropa que por ac- 
cidentes de familia mantuvo en su poder tres dias 
y aquel superior á su vez, los mandó distribuir en- 
tre la tropa, quedando así saldada la cuenta de lo 
que se le debía. 
Al siguiente día sale Ronda de Nahuatzen con di- 
ción á Purépero, y <^n la orden del mistpo man- 
se dé á reconocer corado habilitado del cuerpo 
Mférez Juan Delgado, en SMstitución del finado 
idrigaL 



-188— 

Parece que Ronda con el procedimiento indica- 
do, á más de castigar severamente una gran falta 
en el servicio, como la que cometió Madrigal, tu- 
vo también por objeto, prevenir á sus subordina- 
dos con ese hecho, el cumplimiento de sus deberes 
militares» á fin de que no se repitiera otro caso que; 
con sentimiento mandó corregir; y en el supuesto 
de repetirse estaría resuelto á proceder con toda 
severidad, en contra del culpable. 

La plaza de Coeneo guarnecida por imperialis- 
tas, al mando del jefe Juan Avalos. fué atacada 
por tropas republicanas que respectivamente man- 
daban los Coroneles García, Ronda y Villa nueva, 
quedando en poder de dichos jefes en los primeros 
días de Febrero de 1864, lo mismo que el arma- 
mento municiones y otros objetos de guerra, así 
como prisioneros algunos oficiales y tropa que el 
mismo día se dejaron en libertad; y en cuanto á 
Avalos no se encontró en el ataque, por haber es- 
tado en Morelia, como conductor de los jefes Can- 
to y Vidal que en calidad de prisioneros, se lleva- 
ron á aquella Capital. 

En Marzo de 186^^ el Mayor Eugenio Ronda 
que tenía á su cargo entonces los lanceros de la 
Libertad, á quienes pretendía aumentar y organi- 
zar debidamente para tenerlos listos á ía defensa 
de la República, carecía de elementos, á fin de lle- 
var á efecto tan patriótico pensamiento, y en con- 
secuencia, tratando de organizados solicita del em- 
pleado en rentas de Santa Clara de Portugal, una 
noticia de los adeudos pendientes de pago en la de- 
marcación de su mando. El receptor respectivo, 
atendiendo á la solicitud de Ronda le remite por el 
adeudo fiscal pendiente de pago, la liquidación en 
que figuraba la cifra de 480 de rezagos y cuenl 
corriente, debía la Hacienda de Jujacato, para q^ 
con arreglo á ella pudiera exijirse el pago de 
cantidad indicada. 



— ié9— 

Tan luego como Ronda recibió en Quiroga di- 
cha liquidación, tuvo á bien ordenar al que esto 
escribe, por estarle subordinado entonces, marcha- 
se inmediatamente con 10 lanceros á la finca refe- 
rida á hacer efectivo el pag"o de la cantidad indica- 
da en la liquidación que le entreg'ó aquel jefe contal 
objeto, advirtiéndole quCt en caso de no haber dine- 
ro disponible^ procediese al embarg^o de bienes ' 
equivalentes al crédito pendiente. 

Una vez el comisionado indicado al fj ente del 
Administrador de la Hacienda de fujacato, le no- 
tifica de pag'o; y declarando no tener dinero con 
que hacerlo, se procedicü á travar ejecución á 16 
mancuernas de bueyes de trabajo que se manda- 
ron sacar de la reserva, las cuáles mandadas voto- 
rizar, resultó de esa dilig^encia que los peritos las 
apreciasen á treinta pesos cada una, arrojando, con 
tal motivo, esos muebles, un valor total de 280 pe- 
sos, importe del crédito, acusando el comisionado 
recibo provisional, entretanto la oficina respectiva 
expedía el correspondiente. En esa virtud, dispuso 
aquel se aireasen los muebles, embargfados t:on di- 
rección A Quirog^a, residencia entonces del jefe 
Ronda con sus lanceros. 

Por orden del mismo fueron vendidos los mué- 
bles expresados, al precio de valúo, en l^is pobla- 
ciones del tránsito, San Andrés, San Gerónimo y 
Santa Fé de la Lag^una. con cuyo producto quedó- 
cubierto el adeudo dejujíicato y Ronda recibido 
de dicha suma de cuatrocientos ochenta pesos en 
efectivo y en papeletas de sueldos vencidos por los 
10 soldados que sirvit-ron de escolta al comisiona- 
do. 

Trascurrieron alg'unos días v después de ellos se 

ce sentir mus la falta de dinero por la necesidad 
equipo para los lanceros. En visita de esa ur- 
ncia, se pide al receptor de Quirog^a, ciudadano 
"^ón Rodríguez, una noticia i^ual á la anterior; 



'--m 



—190— 
y aquel empleado ministra entre otros adeudos fis- 
cales de poca importancia, el mayor de 516 pesos, 
que por rezagos y cuenta corriente .debía la ha- 
cienda de Napízaro. propiedad que fue del presbíte- 
ro José María Gordillo, que administraba en ese 
tiempo Don Isidro Navarro, por su hermano el 
presbítero Don Dieg'o, arrendatario de dicha finca, 
adjuntándole la liquidación respectiva para su co- 
bro. 

En virtud de ella, Ronda en persona sale de 
Quiroga, con alg"unos lanceros, dirigiéndose á la 
referida hacienda, y estando en ella/ por su orden, 
notifica de pago el que escribe estas líneas, al ma- 
yordomo Ignacio Solorio. por la cantidad de 516 
\ pesos que debía al fisco, la hacienda de Napízaro, 

I procedentes de contribuciones por rezagos 3^ cuen- 

ta corriente; presentado al notificado el manda- 
miento de estilo quien después de oirle leer, con- 
testó no tener instrucciones de su patrón Navarro 
que vivía en Pátzcuaro, para pagar la cantidad que 
se cobraban ni dinero con que hacerlo. 

Media*nte esa contestación, se mandaron sacar de 
la reserva cuarenta y tres vacas de vientre que 
fueron valorizadas, á doce pesos cada una. resul- 
tando de esa operación un producto de 516 duros 
igual al adeudo de la hacienda, siendo vendidos 
esos muebles al precio de valúo, en los pueblos del 
tránsito y aplicada esa suma al equipo de los lan- 
ceros, expidiéndose más luego en la oficina recau- 
dadora de Quiroga los recibos correspondientes á 
favor de la hacienda. 

Dicho embargo, ejecución y venta de vacas pro- 
cedentes de Napízaro, dio por resultado que el ad- 
ministnidor de ella Don Isidro Navarro al saber er 
Pátzcuaro tal ocurrencia, desaprobara el procedí 
miento, y molestado por ello, solicitase el auxilie 
de una fuerza francesa de la guarnición de aquelh 
plaza para ocurrir con ella á Quiroga á recojer I? 




-191- 
vacas embargadas, de las que no encontró, una si- 
quiera por haberse vendido antes, dirigiéndose en- 
tonces Navarro muy colérico, con algunos solda- 
dos íl la oficina de Rentas, con objeto de aprhender 
al receptor, Ciudadano Simón Rodríguez por ha- 
ber dado el informe de ese adeudo; y no encon- 
trándole en el despacho debido á una mera casua- 
lidad, sino sólo al escribiente Don José Doloi^es 
Zavala natural de Coeneo, le tomaron preso los 
franceses y le condujeron á Pátzcuaro, poniéndolo 
íl disposición del Prefecto Don Miguel Patino quien 
le mandó asegurar en la cárcel de la Ciudad refun- 
t uñando el anciano mandatario, por la evasión 
del empleado que deseaba poner á disposición de 
la corte Marcial, á fin de despacharle á otros mun- 
dos por tenerle prevención, á causa de un cobro. 

Las fuerzas republicanas del Ejército del centro 
se encontraban acantonadas por orden del Coronel 
. General en el paso del Río de las. Balsas y Estan- 
cia de los Padres, litorales entre Michoacán y Gue- 
rrero, en Mayo de 1864; y el día 5 de ese mes, se 
conmemoró en aquel lugar por dicho Ejército, el 
glorioso hecho de armas que tuvo lugar á' orillas 
de Puebla, en igual fecha de 1862; organizándose 
al efecto una bonita Brigada, compuesta de las tres 
armas para el paseo, la cual mandó en jefe el Ge- 
neral Miguel Eguiluz, haciéndose salvas y descar- 
gas de artillería, conforme á ordenanza. 

En seguida se pronunciaron discursos alusivos á 
la celebridad de ese día, por el Coronel Lie. Justo 
Mendoza y Dr. Leónides Gaona, amenizando el 
acto con las músicas acostumbradas en aquella re- 
gión* y terminada la festividad con una humilde 
mida, que se sirvió en el alojamiento del Gober- 
dor Mendoza, en hi cual abundaron los brindis, 
i protestas de amistad, lealtad y firmeza en la 
^ensa de la patria, reinando en esa reunión, la 



-192— 
mejor cordialidad, asistiendo á esa fiesta muchos 
campesinos de la comarca. 

En el trascurso de Mayo citado, el Coronel Ron- 
da que con su fuerza, formaba parte del menciona- 
do Ejército, enfermó del estómago, en la Estancia 
de los Padres; y en ese estado, un soldado de los 
del enemigfo pasados con anterioridad á la fuer- 
za de Ronda, diciendo ser procedentes de Argel y 
llamarse, uno Alí Pachán y el otro Aran Bajá este 
desobedeció una orden del servicio que el Coronel 
le dio, y molestado ese jefe por su falta de subor- 
dinación y peor por sus enfermedades, le dispara 
un tiro con su revolv^er, rosándole el proyectil, el 
costado exterior del antebrazo izquierdo, mandán- 
dole luego poner preso. 

Esa ocurrencia llegó en el acto á conocimiento 
del General Regules, en jefe entonces del referido 
Ejército, y con ese motivo, se mandaron practicar 
algunas diligencias, recibiéndose á Ronda y al sol- 
dado Bajá sus respectivas declaraciones, y en vista 
déla luz que ellas dieron, se pone en arresto al 
primerO; en su alojamianto. y al segundo preso en 
la 2^. compañía de lanceros. 

Así terminó el mes de Mayo sin que Ronda se 
restableciera, y en principios de Junio del mismo 
año, se mandó retirar el Ejército del Centro, del pa- 
so de las Balsas y Estancia de los Padres para con- 
ducirle á San Antonio de Las Huertas, su cantón 
más antiguo, continuando con arresto Ronda, lo 
mismo que el soldado en prisión. 

Comienza á tocar á su término el mes de Junio 
y Ronda á ponerse grave, y en vista del alarman- 
te estado que guardaba el enfermo, el que esto es- 
cribe, servidor á sus órdenes entonces, y sin su 
consentimiento, se dirigió al General Regules, par- 
ticipándole la gravedad de su Coronel y solicitan 
do permiso para llevarle á Quiroga, lugar en que 
residía la familia, á fin de que, en el seno de ella 



—193— 
se le asistiera debidamente. En virtud del parte 
recibido, aqtiel jefe superior dispiLso que. el Coro- 
nel José Dolores Vargfas, que fungfía en esa época 
conao Físico de la 3^ División del mismo Ejército, 
pasara al alojamiento de Ronda para que le reco- 
nociera, informando lueg"o ti el estado de gravedad 
que presentara el enfermo para disponer lo con ve* 
niente. 

Esa determinación fué cumplida en el acto por el 
Coronel -Vargas, quien reconoció escrupulosamen- 
te al paciente y en vista de ello, informó al Gene- 
ral Régfuies, diciéndole que la enfermedad de Ron- 
da, por su estado delicado necesitaba cuidados de 
familia 3^ eficaces medicinas, porque, de lo contra- 
rio corría pelig^ro la vida de aquel patriota. 

Mediante ese informe, el General dispuso se le- 
vantase el arresto al Coronel Ronda y se le diese 
orden de marchar con su fuerza al si gruiente día 
para Quirog^a, con objeto de que se atendiera á su 
salud quebrantada^ porque tenía interés en su 
restablecimientOt como uno de los mejores organi- 
zaüores del Estado; y que, en cuanto al argelino 
Baja, continuase preso en el cuerpo por el término 
de dos meses más. En consecuencia, Ronda man- 
da dar las gracias á Regules por su benévola de- 
terminación, V que se alistase su tropa para salir 
de San Antonio al siguiente día, haciéndose así á 
las primeras horas de la mañana siguiente; más co- 
mo el enemigo tuvo conocimiento de la salida de 
esa fuerza, sin saberse por qué conducto, preten- 
dió salirle al encuentro en Cruz de Caminos, y lo 
habría logrado si no ¿e procura pasar por ese pue- 
blo, á la madrugada de ese día, desechando el ca- 
mino ordinario y tomando algunas veredas bien 
onocidas, para esquivar un encuentro* A no ser 
sa precaución, de seguro se tiene un choque con 
i fuerza enemiga; porque apenas se habían fran- 
ueado las goteras de dicho pueblo, cuando se 

25 




—194- 
oyert detonaciones de armas de fuego, en distintas 
direcciones, ocasionadas en virtud de haber encon- 
trado e! enemigo en aquel lugar la guerrilla del 
mayor Vicente Solorio, que batió y dispersó por 
entre la sierra, y ese golpe lo hubiera recibido in- 
dudablemente la fuerza de Ronda, si no se toman 
las precauciones indicadas, á causa de su grave- 
dad. 

Ese jefe llega á Quiroga, le recibe su familia y 
se le asiste con solicitud, y entretanto el cuerpo de 
caballería, sale á expedicionar por el Distrito de 
Puruándiro, á las órdenes del que esto escribe. 
Ronda se restabl'^ce dentro de poco, y en Caeneo 
se pone al frente de los laneros, que recibe sin no- 
\ edad; y de allí sale á hacer expediciones por dis- 
tintos lugares del Estado, levantando el espíritu 
patrio y hostilizando al enemigo. 

Kl Coronel Ronda, en la época de que antes se 
hace referencia, tuvo á sus órdenes la 1* Brigada 
de la 2'^ División del bjército del Centro, y como se 
encontraba aquella, sin embargo de las difíciles 
circunstancias porque atravesaba el país, regular- 
mente 01 ganizada y equipada, era respétacUi aun 
del enemigo. Bajo esa consideración, el ciudada- 
no Coronel Francisco Hernández, con el apodo 
de -El Cantarito,»» no pudiendo permanecer en su. 
Estado de Guanajuato con la sección que manda- 
ba, porque le perseguía sin tregua el enemigo, 
solicitó et consentimiento del Coronel Ronda para 
incorporarse á la B/igada de su mando y militar 
b¿i jo sus órdenes, con la caballería que le estaba 
subordinada y su cuadro de oficiales, compuesto 
de los ciudadanos Agustín García, Juan Bermódez, 
Rafael Domínguez, Ignacio Aranda, Tranquilina 
Navarrete y Juan García 

Consecuente á esa salicitud. el Coronel Ronda, 
recibe á su cargo la^ sección indicada^ en Comanda, 
incorporándose luego á la Brigada, .mediante íafs 



—195— 
precauciones convenientes en el ingreso de que se- 
rrata, para no ser la víctima de una mala pasada» 
y en la inteligencia, de que sólo Ronda sería el úni- 
co que agenciaría recursos para los haberes de la 
fiitrza, y de quién serían atendidas y ejecutadas 
sus órdenes, en el servicio y fuera de él. En esa 
íntelig^encia, la Sección Hernández con su cuadro 
de üíidaíe?, estuvo pagada con eficacia de los fon^ 
dos de la Brigada, desde Junio de 1864. en que íné 
alta hasta ^u separación, en Febrero de 1865, sin 
haber llevado motivo de queja. 

En mejor estado la revolncióu en favor del país 
solicita aquel Coronel separarse de la Brigada, co- 
mo lo hizo, en la fecha antes expresada, con el fin 
de funcionar de por sí, en su Estado de Guanajua- 
to; cuya pretensión desaprobó Ronda, porque pre- 
sentía lo que pudiera pasarle á ese patriota, al en- 
contrarse en aqu2l lugar, con poca fuerza y sin 
apoyo de ninguna otra, manifestándole. así Ronda; 
pero que sin embargo, no le fué dable hacerle de- 
sistir de su propósito, y al fin tuvo que marcharse 
con su sección, librándose antes al Pagfador res- 
pectivo orden, para que por cinco días, cubriera el 
presupuesto de la Sección referida. 

Una vez en aquel Estado el Coronel Hernández, 
fué sorprendido por una fuerza francesa y muerto 
en la ¡ucha el valiente Hernández, acontecimiento 
que, al separarse de la Brigada le anunció Ronda 
y que por una fatalidad tuvo efecto, siendo muy 
sentida su muerte entre compañeros, liberales y 
amigos, quedando dispersa con aquel motivo, la 
tropa que componía la Sección. 

Estnndo la fuerza del Coronel Ronda en* la pía- 
'=^" de Zacapu, fué asaltada en Junio de 1864, por 
^ partida imperialista procedente de Puruándiro, 
mando del Comandante Sousa; y con ese motivo, 
mda tuvo necesidad de abandonar la plaza, to- 
mdo el rumbo de Comanja. Michoacán. ' 



— 196- 

De paso la ti opa de Ronda por el llano del Cua- 
tro, en Junio de 1864, en dirección á Puruándiro y 
á las órdenes del Mayor Francisco Pérez, es asal- 
tada en aquel punto por una fuerza imperialista, al 
mando del Coronel Cristóbal Orozco; y en ese he- 
cho de armas fueron derrotados los republicanos, 
perdiendo algunos hombres, y tomando prisione- 
ros ál Capitán Mariano Gil y á dos subalternos, de 
los cuales se mandó fusilar al primero, en la ha- 
cienda de Santa Gertrudis, fugándose los dos res- 
tantes del lugar en que se les tenía en prisión, en 
la hacienda de Zipimeo. 

Tan luego como Ronda recibió parte de ese 
acontecimiento, se dirigió al lugar del suceso con 
unos cuantos soldados, poniéndose al frente de sus 
lanceros, que ya encontró reunidos por el rancho 
de Jacuaro, regresando luego á Coeneo para re- 
ponerlos y continuar la lucha en defensa de la pa- 
tria. 

Encuentro con imperialistas á inmediaciones de 
Huango del Rosario con fuerzas republicanas, á 
las órdenes del Coronel Ronda, verifiicado el 24 de 
Junio de I864, dispersándose aquellos en medio de 
una fuerte tormenta y sin poder seguir en su al- 
cance por la entrada de la noche, pernoctando con 
ese motivo en el Rancho del Salto perteneciente al 
municipio de Chucándiro. sin novedad alguna que 
lamentar. 

En Julio de 1864 se encontraba de nuevo en Za 
♦capu la fuerza del Coronel Ronda, en donde fué 
asaltada por los imperialistas que mandaba el re- 
ferido Coronel Cristóbal Orozco. Con ese motivo 
abandonó aquél jefe la plaza de la población, reti- 
rándose en dirección al inmediato Llano de las Te- 
pacuas. en donde se propuso resistir la carga qu< 
le iban dando Iqs infantes y caballería de Orozcc 
formalizándose luego el combate, en el que se d( 
rramó alguna sangre. Ronda por fin salió victork 



—197- 
so y en consecuencia levantó el cannpo, recogfiendo 
de él armas, caballos y prisioneros, mandando aten- 
der los heridos, dar sepultura á toí^ muertos y de- 
iar en libertad los prisioneros, sin condición alg"u- 
na- 

Al siguiente día 20 del mes y año antes citados» 
se dio parte de ese triunfo -A General en jefe del 
Ejército del Centro y al Gobierno del Estado, resi- 
dentes entonces en Uruapan y á carg^o del Gt^neral 
Juan Caamaño, cuyo parte^ sin duda, no fué de su 
ag-rado, porque al tratarse del número de jnuertos 
del enemigo, !e manifestó disgusto á Ronda, dicicín- 
dole: que le parecía exceso que, en unas cuantas 
horas de escaramuza, hubieran resultado más de 
20 víctimas, ú lo que contestó Ronda personalmen- 
te: ^^Seflor, mucho siento esa ocurrencia que le ha 
causado disgusto, pero en defensa propia y del ho- 
nor nacional, fué bien poco e! número de ellas, t^ re- 
cibiendo órdenes en seguida y retirándose de su 
presencia pai'a volver á su línea. 

El Coronel Santa Cruz, servidor del Imperio y 
jefe de una expedición sobre la plaza de Tacámba- 
ro, á la cabeza de] cuatro de caballería, sorprendió 
en dicha ciudad, en Julio de 1864 ú una fuerza re- 
publicana que mandaba en jefe el General Pérez 
Hernández, derrotándole por completo en las go- 
teras de la población y tomándole prisionero, al 
Teniente Coronal Vicente Solache, al Comrmdante 
del 6^ José Espinosa, un Sargento segundo del pro- 
pio cuerpOj á dos belgas de trt>pa como servidores 
de la República y al Mayor Eernando González he- 
rido mortalmente, en cuyo concepto, el enemigo le 
dejó abandonado en una de las calles de la ciu- 
dad 
Luego fué recogido ese herido por la bienhecho- 

a casa del finado ciudadano Antonio Gutiérrez de 
iquel comercio y atendido con solicitud mediante 

is precauciones del caso para evitar una sorpresa 



' -198- 
de consecuencias, hasta su completo restableci- 
miento, incorporándose luego ¿1 las tilas republi- 
canas; y en cuanto á los prisioneros, estos infortu- 
nados patriotas, fueron fusilados, en el centro de la 
población, muriendo todos con valor digno de elo- 
gio, distinguiéndose Solache por sus versiones y 
entereza á presencia de sus verdugos, imitando 
su ejemplo el Capitán Vilianueva. 

A ese hecho de armas asistieron los plateados 
imperialistas del Coronel Villafuerte y las guerri- 
llas de Jorge Alejandre 3^^ la de Orozco. Todo ese 
conjunto á las órdenes del mismo Santa Cruz, que- 
dando entonces derrotada por completo la fuerzíi 
de Hernández. 

Dando principio el Coronel Ronda á las expedi- 
ciones antes indicadas, toca el pueblo de Zacapu 
en Julio de 1864, y en atención á lo extragado que 
salió la remonta del cuerpo lanceros de la Libertad 
del río de las Balsas, por escasez de pasturas en 
aquella región, resolvió dicho jefe permanecer al- 
gunas semanas en la población con objeto de re- 
ponerla usando de abundantes y buenas pasturas. 

Entretanto, tuvo presente el Coronel la aproxi- 
mación del 16 de Septiembre, y con ese motivo 
dispuso solemnizar en lo posible el grandioso acon- 
tecimiento de esa fechn. solicitando al efecto, al 
maestro sastre de Morelia, ciudadano Pedro Aré- 
valo para contratar con él la hechura de uniformes 
de oficiales y tropa, cuyos vestidos se propuso fue- 
ran estrenados en tan memorable día. en que, de- 
bería tener lugar, como lo tuvo, una bonita forma- 
ción para el mejor lucimiento de la festividad. 

E! maestro Arévalo, en virtud de la cita, ocurrió 
á Zacapu hizo la contrata con el Coronel y en se- 
guida llevó oficiales de confianza, recibió los géne- 
ros de color azul, con las instrucciones convenien 
tes para la confección del vestuarip; y la obra co 




_199— 
Tnenzd con vertiginosa actividad por estar entrado 
el tiempo. 

A principio de Agosto del año citado, se solicitó 
también al patriota maestro Abrahan Molina, de 
Nahuatzen, director de una buena música de alien- 
to, A eíecto de que, ocurriera á Zacapu con los in- 
dividuos que la componían, áiin de daj mayor ani- 
mación A la fiesta de la Patria. El director aludido 
en vista de la invitación y del ofrecimiento hecho 
por retribución de su trabajo, contesta de confor- 
midad, asegurando estar con los suyos en aquella 
población desde la tarde del 14 de Septiembre 
siguiente hasta el término de la función. 

Arreglado satisfactoriamente el Coronel con am- 
bos maestros, se dedica á la instrucción de la tro- 
pa que debía formar para el mejor desempeño de 
las maniobras militares como la uGran Guardia,, 
de las autoridades militares que presidieron el acto 
desfilando al concluir la ceremonia por el frente del 
templete improvisado, en el portal de la casa 
ííMier" que fué propiedad del insurgente General 
de ese apellido, situada en la plaza del mercado, de 
la referida población. 

En ese templete se pronunciaron discursos y 
poesías alusivos á la festividad, concluyendo aqué- 
lla con fuegos artificiales, gran serenata y un buen 
baile en la misma casa del insurgente General, que 
habita aun su familia. 

El Coronel Rosalío Elizondo. estando en la H. 
Zitácuaro al servicio del Gobierno de Michoacán, 
con el carácter de Prefecto y Comandante Militar 
de aquel Distrito, se resuelve á abandonar la plaza 
que se le tenía confiad^, pasándose á las filas im- 
oerialistas con los soldados que tenía á sus órde- 

;s, en Julio de 1864, y á los pocos días de ese 

sieal procedimiento, murió ese Coronel en un 

cho de nrmas, bajando al sepulcro con )a horri- 

" mancha de la traición. 



1 



—200— 

Acometida la plaza de Pátzcuaro en fines de Ju- 
nio de 1864, por fuerzas republicanas, á las órde- 
nes del General Manuel García Pueblita y con las 
de otros jefes de la 2^ División del Ejército del Cen- 
tro, después de un lig-ero tiroteo en las trincheras 
que defendían los imperialistas, y sin alcanzar na- 
da de provecho, se letiraron dichos jefes el mismo 
úíí\, dejando en paz la ciudad levítica. 

En las primeras expediciones de las tropas fran- 
cesas por Michoacán, tocan de paso la H. Ciudad 
de Zitácuaro, en Agosto de 1864, desalojando de 
aquella plaza una pequeña fuerza republicana que 
mandaba entonces el patrieta General Vicente Ri- 
va Palacio, á cuyíxs. órdenes se encontraba también 
el valiente guerrillero Nicolás Romero, quien más 
luego por sus arrojos temerarios, los franceses lo- 
graron hacerle prisionero, en Papazíndán en un 
hecho üe armas, y en consecuencia remitido á la 
C:jpitnl de la República, donde se le mandó fusilar 
en la plazuela de Mexicaltzingo. de orden del .Co- 
mandante de aquella plaza, quedando la población' 
de Zitácuaro reducida á escombros y cenizas, con 
motivo del incendio que sobre ella ejecutaron los 
enemigos de la República, de cuyo accidéntense 
ha reparado algo. 

Mas tarde la llamada Emperatriz Carlota, toman- 
do, sin duda, en consideración los perjuicios causa- 
dos al vecindario, en virtud del inceudio, manda 
una cantidad de dinero á Zitácuaro, que no es da- 
ble precisar, á fin de que se distribuyese entre 
aquellos vecinos como un acto de reparación á los 
perjuicios resentidos por aquel accidente; pero que 
no aceptando los vecinos tal remuneración, se de- 
volvió á la Emperatriz el dinero remitido, dándole 
las gracias por el amable conducto de los comisio- 
nados conductores. 

El General en jefe del Ejército del Centro, ciuda 
daño José María Arteaga, de tránsito porjiquil 



-201— 
pan, tuvo un encuentro con fuerzas imperialistas 
ai mando de jefes franceses, en las g^oteras de esa 
población, ]a mañana del 21 de Noviembre de 1864, 
falleciendo en ese hecho de armas dos jefes re- 
publicanos» Órnelas, Rioseco y otros subalternos, 
así como otros individuos de tropa, lo mismo que 
un oficial de la fuerza enemigfa; quedando sepulta- 
dos los cadáveres en el panteón respectivo, según 
aviso de los exploradores y el Eiército republica- 
no derrotado por completo. 

Después de algfunos días del acontecimiento in- 
dicado llega á Tacámbaro el General Arteaga con 
el resto del Ejercito íRepublicano derrotado en Ji- 
quilpan, como antes se ha dicho, con objeto de re- 
organizarlo en aquel Distrito., pero el enemigo no 
le da tiempo; y ^n consecuencia resuelve pasar co- 
mo lo hizo, lú Distrito de San Juan Huetamo, con 
tal fin, mientras tanto se reorganizaban y aumenta- 
ban las fuerzas de García y Ronda, en el centro 
del Estado» para continuar la campaña contra in- 
vasores y traidores. 



* * 



Encuentro con fuerzas imperialistas, en el paraje 
del *'Testerax;o»^ y retirada de la División Republi- 
cana de la plaza de Tacámbaro. al cerro de la Al- 
berca, et 1^ de Diciembre de 1864, sin ser persegui- 
da aquella por el enemigo^ la cual mandaba el Ge- 
neral Regules. 

Perseguido el General Regules por los imperia- 
listas de Purnándiro en convinación con los de 
Pátzcuarop en 18 de Diciembre de 1864, toca la po- 
blación de la Villa de Quiroga, como á las 9 de ta 
noche de ese día» trayendo á su retaguardia á los 
e Puruándiro, y viniendo á su encuentro los de 
Itzcuaro. Sin embargo-de estar en esos antece- 
jntes el General, pernocta maliciosamente en di- 
a Villa, y como á las 11 de la propia noche, 

26 







—102- 
abandona la plaza con el mayor silencio y precau- 
ciones del caso dejando al frente de los portales de 
ella algunas fogatas que ardían de lo lindo, al im- 
pulso de los vientos, á la vez que sus perseguido- 
res de frente, llegan á las orillas de Quiroga, soli- 
citando informe de la ronda municipal respecto de 
la tropa que ocupaba la plaza, y entretanto el jefe 
imperial, de ser la de Regules, se dirige con sus 
soldados por distintas calles del lugar á su centro, 
que ocuparon luego, así como los de Puruándiro 
que le seguían muy de cerca, tomando ellos tam- 
bién las principales avenidas, que conducen á la 
plaza, en donde ardían aún pequeños restos de las 
hogueras. 

En consecuencia, ^ entra en ella con precisión 
ambas partidas, en la inteligencia de ser Regules 
á quien iban á batir, pero afortunadamente no fué 
así y tuvieren que batirse rudamente los de Pu- 
ruándiro, con los de Pátzcuaro, mediante una ho- 
rrible confusión entre los jefes de ambas tuerzas; 
porque habiéndose separado de la plaza el General 
Regules, con oportunidad, los imperialisas queda^ 
ron burlados teniendo necesariamente que sufrir 
las consecuencias de una mala combinación, en el 
asalto que se proponían dar á Regules en aquella 
población y que lamentar las pérdidas de sus tro- 
pas, entre heridos, disperos y muertos, que fueron 
algunos, y por conclusión tener que cargar con la 
responsabilidad que pudo producir tan torpe co- 
municación y que soportar en silencio los comenta- 
rios entre militares y paisanos. 

Mientras tanto. Regules en esos momentos de 
confusión entre sus enemigos, descansaba tranqui- 
lo con su fuerza en el pueblecito de Tupátaro, de 
donde, á las primeras horas del día siguiente, etp- 
prendió su marcha rumbo á Tacámbaro. muy sa- 
tisfecho de lo acontecido en Quiroga, que le parti 
cipo luego por extraordinario violento, que recibi(í 



""♦ / 



-203- 
en el mismo pueblecito en los momentos de partir; 
dejando á sus perseguidores mirando á la luna de 
Valencia y como responsables de sus desaciertos 
militares. 

El referido pueblo de Tupátaro donde descansó 
Régfules algunas horas de la noche/ de la tragedia 
en Quiroga, se halla á tres leguas de ese lugar, 
rumbo al Sur y sobre el cammo que de esa villa 
conduce á Tacámbaro. 

Como es de suponerse, los jefes imperialistas que 
perseguían á Regules, tuvieron que regresar, sin 
duda á sus respectivas plazas al siguiente día, del 
íatal desenlace de su comisión. 

En Febrero de 1865, el General Regules con la 
fuerza de su mando, se acerca á los muros de la 
ciudad de Zamora con objeto de practicar en lo po- 
sible un reconocimiento de la fortaleza que asegu- 
raba ia plaza de aquella población, mediando al 
efecto un tiroteo de algunas horas, dentro de las 
cuales pudo ser reconocida la fortificación de una 
manera violenta; y convencido el General de lo 
inespunable de ella para resistir con .éxito cual- 
quier ataque, y más aún, si á la fortaleza se une 
el auxilio de las aguas corrientes del río^ que 
pasa por las gotoras de la ciudad, corriendo de 
Occidente á Sur. se tuvo por conveniente abando- 
nar los muros y suspender toda hostilidad. 

Por lo que. mediante esas consideraciones, dis- 
puso el General recoger las fuerzas que tenía si- 
tuadas en las garitas y en la hacienda de la Tuna, 
para utilizarlas en caso de un ataque, á cuyo fin 
mando colocar' las caballerías de Ronda en esa fin- 
ca, pero como en vista del reconocimientos, cam- 
bió de parecer Regules, se comunicó á las fuerzas 
^publicanas la orden de retirada y en consecuen- 
i, al emprenderla las de Ronda por espaldas del 
ai pío de la Salud, ó sea del Cah^ario, tuvieron 
e sufrir bastante con el íuegp de fusilería que se 



k, 



-204— 
les hizo de las alturas del mismo edificio, así como 
con el ataque qué se les echó por las compuertas 
de las zanjas y callejones contiguos de la misma 
hacienda, así como por los inmediatos al referido 
templo, que con la velocidad del trueno quedaron 
anegados por completo, y la tropa convertida en 
patos, en más de media hora, hasta que después 
de grandes esfuerzos sus jefes, pudieron sacarla á 
tierra firme y continuar la marcha que se les man- 
dó hacer la tarde del mismo día en que se practi 
có el reconocimiento de que se viene hablando. 

En el período antes referido, . prestaron sus ser- 
vicios en el Estado Mayor del Coronel Ronda, jefe 
de hi Brigada de su nombre, el Mayor Vicente Ca- 
brera, Capitán Pablo Córdoba, Tenientes Eduardo 
Mendizábál y Rañ^el Valdés Mora, quien enfermó 
gravemente de tifo en Zacapu á consecuencia de 
las fatigas de la campaña, y asistido con eficacia 
en la casa *de la anciana Señora Dolores Valdés, 
esta Señera auxiliada por algunas familias de 
oficiales, especialmente por la Señora Mari Ramí- 
rez^ esposa del que escribe estas líneas, este 
ameritado oficial logró el restablecimiento da la sa- 
lud, volviendo al servicio militar en el mismo Esta- 
do Mayor. 

La plaza de Tacámbaro que cubrían los impe- 
rialistas, al mando del Comandante Jesús Alatorre, 
fué atíicada y tomada por los republicanos del 
Coronel Ronda, en los primeros días de Febrero 
de 1865; y en atención al buen comportamiento 
de la tropa vencedora al respetar familias y pro- 
piedades en medio de los abusos á que se presta 
un asalto, y mediante esa conducta, el vecindario 
de dicho pueblo supo reconocer el mérito de los 
soldados de ía República y corresponder á ella 
mandándoles regalar por el respetable conducto 
ce] Ciudadano Mariano Mujíca, la cantidad de cu a 
trocientos pesos, en premio de sus miramientos; fi 




— 205-- 
játidose además, en que, si allí, se hubiera hecho lo 
que en otras plazas al ser vencidos, sus fortunas 
hubieran concluido sobre el motín y las llamas y 
la honra de las familias, pudo también estar ame- 
ñafiada como consecuencia del desorden. 

La referida suma de 400 pesos, la recibió el Co- 
ronel Ronda en su alojamiento, casa de la familia 
Coria, mandándose distribuir luego entre los mdi- 
viduos de tropa, por conducto de los Comandantes 
de Compañía, y en presencia de algunos vecinos 
que asistieron al reparto verificado en la placa del 
mercado de aquella población. 

Al quedar vencido el enemigo, se recogieron ar- 
mas, caballos y heridos, dándose sepultura á los 
muertos, y curar los heridos, poniéndose en liber- 
tad los prisioneros del enemigo que se conside- 
raron acreedores á esa gracia, y fusilándose á 
otros que lo merecían, haciéndole por fin. muy 
buen entierro al soldado de la 2» compañía del 
cuerpo lanceros de la Libertad, José María Juárez, 
da Tacaro, que murió al comenzar el ataque, en la 
calle principal de aquel pueblo; quedando en poder 
de) Coronel la parte que con motivo del reparto de 
los 400 pesos, entre la tropar correspondía al fina- 
do Juáreíí para entregarse, como se hizo á su viu 
da. 

El Coronel Ronda, estimando en cuanto vale esa 
acción del vecindario, da por si y á nombre de la 
tropíi, las más debidas gracias por el respetable 
conducto del Ciudadano Mujica, Presidente enton- 
ces del Ayuntamiento del repetido pueblo; y á las 
5 de ia tarde del mismo día del ataque, abandonó 
el Coronel la plaza, tomando el rumbo de Uruapan 
^ ajando bien puesto el honor militar y el buen 

ombre de sus soldadas, en ese hecho de armas- 



-206— 

EPISODIO SEMSACIOAiAL 



Una parte del Ejército del Cenrro» á las órdenes 
del General Carlos Salazar, al separarse del Dis 
tríto de Tacámbaro de Codallos, en Febrero de 
1865, con dirección á los Reyes de Salg-ado, toca 
de paso los "Llanos de ^ntúnez,»» camino que le 
convino tomar, tan caluroso, como seco, desnu- 
do por completo de árboles que pudieran comuni- 
car alg^una sombra y de un piso bien fatal, á causa 
de le mucha piedra suelta que se extiende sobre la 
vía; pero que sin embargo, fué preciso emprender 
por él la marcha. 

Después de algunas horas de tránsito en tan pe- 
nosa vereda, un relox de bolsa marcó las 12 del día 
y en esos momentos comenzaba á sentirse ya un 
calor sofocante; y con ese motivo, se empezó á no- 
tar entre la tropa, los terribles efectos de la «»inso- 
lación,,, así como la muerte de algunos soldados 
atacados de esa enfermedad, de la cual fallecieron 
con tanta violencia, como si hubieran sido heridos 
por una descarga eléctrica. En esos insolados se 
notaron desde luego, como síntomas precurosores 
del ataqne, un estremecimiento desesperado y ho 
rribles contorciones: pasado esto, se les vio arrojar 
espumas sanguinolentas por la boca, sacudidos de 
una fuerte convulsión y luego* caer en tierra, sin 
esperanza de vida. . 

No obstante introducido ese acontecimiento, en 
e¡ Cuerpo de Ejercita la sorpresa, los temores y el 
pánico, los Coroneles José Vicente Villada y José 
María Méndez Olivares* .4ia^nos aturdidos que lo? 
demás jefes, tuvieron la feliz ocurrencia de manda 



-207- 
se aplicara á los atacados de dicho mal el aguar- 
diente de caña en pequeñas dosis para entretener 
sus avances, líquido que pidieron al comerciante 
de Uruapan, Ciudadano Juan Duarte, como el úni- 
co recurso de que pudieron disponer en tales cir- 
cunstancias y en aquel desierto; dando por resul- 
tado esa medicina que en semejante caso habían 
visto aplicar, la recuperación de la salud» de los 
atacados del funesto mal de la insoíación, íalie- 
ciendo antes algunos de tropa y prepararse para 
aplicarla en los mismos términos, á los que des- 
pués fueren atacados. ¡Bien, muy bien! por los 
Ciudadanos Coroneles Villada y Olivares que, fue- 
ron inspirados de tan salvadora idea, en favor de 
oficiales y tropa. 

Los muertos á causa de tan terrible enfermedad 
fueron sepultados en aquel sitio, cavando fosas con 
bayonetas, no siendo dable precisar el número de 
las víctimas que fueron varias porque indistinta- 
mente se fueron sepultando; y concluida esa faena 
el cuerpo de Ejército emprendió su marcha rumbo 
á Apatzingán, y de allí a los Reyes, á donde llegó 
aquel, al día siguiente. 

La plaza de los Reyes de Salgado, que ocupaba 
el General Garlos Salazar con fuerzas republicanas 
del Ejército del centro, fué atacada por franceses 
en Febrero de 1865. siendo rechazados de la mis- 
ma plaza con mucha pérdida de tropti, tomándose 
prisioneros á los principales jefes de esa expedición, 
así como algunos subalternos é Individuos de tro- 
pa, disperándüse el sobrante de la infantería ene- 
miga por la sierra inmediata, mandando, en conse- 
cuencia, el superior que el Coronel Ronda con la. 
raballería de su mando, fuese en su persecución; y 

m ella les persiguió hasta el pueblo de Charapan, 

n poder darles alcance. 

Los jefes, oficiales y .tropa prisioneros en dicha 

'-nada; recobraron su libertad mediante una pe- 



—208- 
quena suma de dinero que dieron al General Sala- 
zar, la cual en apuellas circunstancias de miseria 
no pudo quedar mejor aplicada, que en beneficio 
de la tropa que, carecía aun de lo muy preciso pa- 
ra la vida; cuya determinación quedó aprobada 
tanto de los jefes superiores, como de los subalter 
nos del Ejército del Centro. 

Al ser atacada esa plaza existía en ella poca ca- 
ballería; porque la que mandaba el Coronel Agus- 
tín García, se encontraba entonces en comisón en 
Cotija, y lá de Ronda en San Juan Peribán. donde 
fué colocada un día antes de la sorpresa, por dis- 
posición del mismo General Salazar, en espera de 
órdenes; mas en los momentos del ataque se le 
llama y ocurre con oportunidad en auxilio de la 
plaza acometida por el enemigo. 

Pasó el día de la carga y al siguiente sale Ron- 
da de los Reyes regresando á su línea, después de. 
haber rendido el correspondiente parte de la comi- 
sión que se le encomendó de perseguir á los impe- 
rialistas dispersos. 

Conviene hacer mención honorífica en estas lí- 
neas del valeroso comportamiento del joven Te- 
niente de artillería Francisco Pineda quien al en- 
trar el enemigo en columna de ataque á la plaza 
indicada, aquella es rechazada con grandes pérdi- 
das por los certeros y ejecutivos disparos por una 
pieza de artillería de montaña que estuvo á su car- 
go, en aquel hecho de armas, con la que fué bati- 
da la columna enemiga y que dicho subalterno su- 
po manejar en los momentos supremos, con sere- 
nidad y actividad. 

¡Bien, muy bien por esa conducta militar. 

Del hecho de armas antes señalado, fué testigo 
presencial, el que esto escribe, como subordinado 
del Coronel Ronda. 

El Capitán Román Macías que se encontraba ér 
la plaza de Yuriria al servicio del Imperio, negoci 



-209-^ 
con el Coronel Ronda, por medio de un comisiona- 
do, su ingreso á lá Brigada^ ique mandaba ese jefe 
an aquélla época, á fin de prestar en ella sus ser- 
vicios á la república en contra del llamado impe- 
rio; cuya solicitud fué atendida, y -en consecuencia 
pasó Macías en los primeros días de Febrero de 
1865 á las fuerzas republicanas, trayendo consigo 
un piquete de 25 infantes que sacó de aquella pla- 
za. 

Mediante aviso de venir en. marcha ese oficial 
para incorporarse á la Brigada, manda Ronda 50 
hombres de caballería á las órdenes del que esto 
escribe, con el carácter de Mayor que entonces te- 
nía, con objeto de que fuese á recibir á Macías, con 
los que trajera^ hasta orillas de Morpleón, y en la 
primera oportunidad le diese á reconocer á los je- 
fes, oficiales y tropa de la Brigada, como amigo y 
compañero» en la clase de Capitán en su arma, á 
efecto de que se le guardasen los respetos y consi- 
deraciones de su empleo á que fué ascendido, pues 
en el servicio del: imperio tenía la categoría de 
Subteniente. 

Esa orden fué cumplida, tan luego como se pre- 
sentó la Brigada en Coeneo. quedando Macías in- 
corporado en ella y con instrucciones de aumfentar 
la infantería. x 

En 18 de Febrero de 1865, es ocupada la plaza 
de la Villa de Quiroga pot* los jefes imperialistas 
Tapia y Begueris, cubriéndola con las fuerzas que 
mandaban y á las órdenes del primero 

A los tantos días de estar ocupada la plaza, el 
imperialista Tapia nombra Prefecto de la Villa in- 
dicada á Don Qirlos López vecino de la misma 
quien aceptó tal nombramiento, olvidando su con- 
dición de mexicano, como si hubiera sido un hom- 
bre enteramente vulgar, y sus compromisos con 
I partido liberal, en cuyo bando estaba . filiado. 

1 consecuencia, recibe órdenes de Tapia y entre 

27 



j|5^ 



-210— 
ellas, como la más preferente, la de notificar á la 
madre deí Coronel Villanueva. á la esposa de Ron- 
da, á la del Pagador Narciso Garcilaso y lo mismo 
á ia del que escribe estas líneas, á fin de que den- 
tro der perentorio término de 24 horas, saliesen de 
la población por ser allí peligrosas á la causa del 
Imperio; bajo el concepto que de no verificarlo, se- 
rían aprehendidas y remitidas á Morelia,como ene- 
migas de su política. 

Las. señoras aludidas, en vista de la notficación 
del Prefecto, no les fué dable, sin embargo, aban- 
donar la población tan luego como se les previno, 
tomaron la providencia de ocultarse dentro de ella 
con la mayor reserva, en las casas amigas, en espe- 
ra de nuevas ocurrencias; quedando en la creencia 
el Jefe de las arabas, lo mismo que el Prefecto, de 
haberse separado de la localidad las personas indi- 
cadas privadas con. ese motivo, de toda comunica- 
ción con sus inmediatos deudos que, servían enton- 
ces en las fuerzas Republicanas; y en virtud de ta- 
les circunstancias, tuvieron que permanecer en el 
escondite por más de 2Q días que duró guarnecida 
aquella plaza con las tropas miperialistas. 

Al vencimiento de ese plazo, en lá mañana del 
día 13 de Marzo de 1865, aparecen frente á los 
muros de la población de Quiroga las fuerzas del 
General Pueblita unidas á las del General Coronel 
García y Coroneles Vil+anueva y Ronda, todos 
esos jefes de acuerdo para batir la plaza. Luego 
se comunicaron entre sí el plan de ataque y des- 
pués de un ligero reconocimiento en las fortifica- 
ciones del enemigo, se mandó que las infanterías 
de la República atacasen las trincheras bajo la di- 
rección de dicho General que se nombró en jefe 
en aquel hecho de armas. 

El ataque indicado fué sostenido por los imperia- 
listas todo el día 13 y una parte de la noche del 
mismo, oyéndose un tiroteo ejecutivo en las trin- 



-211— 
leras del cementerio de la Parroquia. Mas lue- 
se notó una calma interrumpida sólo por las 
oces de los centinelas que corrían la palabra den- 
o de la fortificación/cesando los fuegos que de ella 
alian, y después de un par de horas todo él recin- 
) quedó en el más completo silencio, el cual anun- 
aba ya la evación del enemigo que. ejecutó con 
velocidad del caso y con la mayor precaución 
ara no darse á -sentir. 

Apareció la aurora del siguiente día 14 hora en 
uese disponian las fuerzas repv.blicanas á em- 
rtnder el asalto, quedando sin efecto ese procedí- 
liento, porque se pudo descubrir la fuga del ene- 
lig^o y abandono de sus fortificaciones, de algunas 
rniiis y pertrechos de guerra que de aquellos re- 
olieron los republicanos, teniéndose noticia á la 
tzde que los imperialistas fugitivos habían toma- 
oelrambo de Pátzcuaro. Luego se mandaron 
eMruir las fortificaciones que el enemigo tenía 
entro y fuera del cementerio de la Parroquia, así 
DIO las de sus alturas, lo mismo que las de la 

in visra de esa plausible ocurrencia para las 

oras ocultas en casas de confianza, se separa- 

^iKle ellas con reconocimiento á la hospitalidad 

recibieron de sus propietarios, en aquellas cir- 

tancias dirigiéndose gustosas á las que antes 

oblioró á abandonar. 

diante la fuga de los imperiales, los republi- 

s se reunieron en Quiroga, y cada uno de sus 

s'se encaminó á la línea que tenía encomenda- 



U indicada plaza, durante la lucha con el llama- 
pperio, no volvió á ser ocupada por sus tro- 
visitando solo la población con alguna fre- 
ííicia muy de paso sus guerrillas, mandadas 
ríos idores Pureco, Orozco y otros de quien 
}^u -rdan sus mombres. 



-212— 

El llamado Prefecto Carlos López, no siguió 
sus jefes al fugfarse de Quiroga, sino que se quec 
en esa población oculto en su casa, como origi 
rio del lugar y mal aceptado del vecindario. 

Después de algunos días. Ronda tocó de p 
para Puruándiro aquella Villa, con la fuerza 
Su mando, y entonces logró aprehender en 
al Supuesto Prefecto consignándolo al servicio* 
las armas, en la segunda compañí» del cuerpo 
ceros de la Libertad, qiie fué á cargo de! caf^ 
Pedro Rivera, uniformándosele y mandándola 
mismo que la tropa, sin nombrarle servicia 
guardia, como recluta, quedando encargado d 
vigilancia el mismo Capitán^ pasando el Sr, Prd 
to algunas penalidades, en los nieses que sirvió 
la compañía indicada y con peligro de la vida 
los hechos de armas en que se encontró y muc 
sustos, á la vista del enemigo. Por fin, despu 
ios sufrimientos indicados de la supuesta autoridi 
vuelve Ronda á Quiroga por asuntos del servií 
y entonces, mediando la influencia del Secreti 
de ese jefe, le mandó poner en libertad sin cot 
ción alguna, recogiéndole el caballo, armas v 
más prendas, dándole por compurgado de m 
consecuencia, con la Patria y dejándole en su 
blo. 

El Ciudadano Prima Serranía natural de !a 
de Quiroga, desempeñó el encargo de Jefe Poli 
de su municipio desde 1864 hasta 1S6ü, fecb 
que se ocupó la plaza deesa población por losi 
dores Tapia y Begueris, prestando en Cí^a éfro 
la fuerza republicana que estuvo á las ordene 
Coronel Ronda, diferentes servicios compati 
con su autoridad y muchos como patriota, cm 
batiendo las dificultades que surgían entóneos 
Al ser ocupada la citada plaza por una fuerz \ en 
miga del país, con ese motivo el ciudadano Se ran 
tuvo que saUr de ella, como autoridad, al s' rvic 



^ —213— 

1 Gobierno del Estado; y en consecuencia le fué 
ecisa cambiar de domciiio. . . 
El Coronel Ronda, con noticmde esa ocurrencia» 
atendiendo al peligro que amenazaba á ese pa- 
Qta lo manda invitar para que ingresara á su 
Tza, donde podía estar á salvo dé una intriga de 
tlquiera infame; y accediendo Serranía á la pro- 
esta de. aquel Jefe, se dirige ú Coenco de la Li- 
rtad, en donde es alta en el Estado Mayor de 
ael Coronel, en Marzo de 1865, dándosele á reco-. 
■ en la orden del día siguiente, con la categoría 
Comandante de Escuadrón, auxiliándole luego 
1 dinero para la familia, facilitándole buena re- 
nta y poniendo á su disposición un regular asis- 
te. 

)(ísde la fecha indicada, sirvió en aquella fuerza 

tfayor Serranía hasta Agosto de 1867. fecha en 

í fueron reducidas las tropas del Ejército del 

tro en Michoacán de orden superior, al cual 

tenecía la fuerza que mandaba entonces el Co- 

lel Ronda; quedando con ese motivo en receso 

jefes oficiales y tropa, habiendo asistido este ciu- 

•dno .al sitio y ocupación de la plaza de Queréta- 

sufriendo en dicho campamento ese Mayor una 

osa y fuerte erupción en los pies, de que pa> 

ió algunos meses después. 

Iser guarnecida la plaza de la Villa de Quiro- 

por fuerzas imperialistaas al mando de sus res- 

tivos jefes Tapia y Begueris, en la fecha antes 

cada;, el empleado de rentas de . aquel lugar- 

iadano Simón Rodríguez, tuvo que abandonar 

violencia la oficipa recaudadora, entregando*- 

pave del, local y el pequeño archivo de ella, al 

pl^ 2 V de la Villa, marchándose luego á Xoe- 

tOy * incorporarse ala fuerza del Coronel Ronda, 

i la ?ual prestó sus servicios en toda Ma época de 

lint -"vención francesa, con el honroso carácter 

eC "^isario,, . 



-214- 

Él ciudadano Agustín García Real perteneciente 
a la familia Serranía, quedó sin colocación en Pátz- 
cuaro, en virtud de haber sido ocupada aquella 
plaza por fuerzas imperialistas, teniendo tambiéi 
que salir de aquel Distrito en pos de seguridad ; 
garantías. Serranía con conocimiento de esa ocu 
rrencia en una persona de su familia, le da avis( 
de ello al Coronel Ronda y en consecuencia, ese 
jefe solicita á García Real para que ocurriera 
reunirse á su fuerza, en donde tendría garantías j 
sería auxiliado con algún dinero para la familia. 

Dicha persona ocurre al llamamiento de Ronda 
quien le señaló dos pesos diarios que le entregaba 
-el pagadnr del Estado Mayor de aquel jefe, en Pu- 
ruándiro, en su alojamiento en la casa áel présbite 
ro Casalot, por orden del mismo jefe. 

Así pasaron algunos días, hasta que por fin st 
separó de la Brigada García Real, por haber sido 
solicitado para llevar la contabilidad en una casa 
de comercio, en donde estuvo lejos del contacto 
«con los enemigos de la patria, dando á su favore 
cedor al separarse de las filas las más debidas gra- 
cias por sus buenos servicios que con gratitud sa^ 
bría relcoriocer y despidiéndose de los oficiales que 
por algunos días fueron sus compañeros. 

De paso por el pueblo de Erongarícuaro, Mi 
choacán, la fuerza del Coronel Ronda en febrerí 
de 1865, el ciudadano Ambrosio Reynoso vecin( 
de esa población, abandonando su comercio qu( 
dejó á cargo de su familia, solicita incorporarse á 
la Brigada que mandaba entonces aquel jefe, mon-í 
tado y armado por su cuenta, á efecto de prestar 
en ella sus servicios en favor de la patria. Esa so-^ 
licitud es atendida, dándosele á reconocer c mo 
uno de los proveedores de la Brigada, exíenvcién- 
dosele provisionalmente el nombramiento de Tapi- 
tán de caballería, desempeflando esa comisión les-* 
*de la fecha indicada, en las expediciones de'" ois- 1 



-215— 
raa. que asistió al sitio y ocupación de la plaza de 
Querer aro y después en todas sus correrías, hasta 
Agosto de 1867, fecha en qne se mandó reducir en 
Michoacán la fuerza del Ejército del Centro, al que 
perteneció la Brig^ada; quedando con ese motivo 
en receso sus jefes, oficiales y tropa. 

El ciudadano Martín Mercado, también de la fa- 
milia Serranía 5" compadre del Coronel Ronda, de- 
sempefid en la época de la intervención francesa ó 
del llamado imperio, diferentes comisiones que ese 
jefe le encomendó, contratando equipo para la tro- 
pa con el talabartero ciudadano Felipe Zaragoza, 
caballos, herraje, frenos y cabezadas, parque, car- 
tucheras, casquillos fulminantes y otros diversos 
objetos de guerra, cuyas comisiones desempeñó, 
como particular, mediante gratificaciones que reci- 
bía del jefe de la Brigada, corriendo ese comisio- 
nado algún peligro en esa demanda. 

En Febrero de 1865, en una expedición que hizo 
el Coronel Ronda por el Distrito de la Piedad, Mi- 
choacán tuvo un encuentro con los imperialistas de 
ese lugar, en el rancho de * 'Casas Viejas" del muni- 
cipio dé Purépero, resultando de él una escaramu- 
za de poca duración y ella mediante, algunos heri- 
dos de parte de los republicanos así como algunos 
dispersos montados, de parte del enemigo que cap- 
turó la tropa de dicho Coronel al retirarse «en pre- 
cipitada fuga, rumbo á Zamora, los cualeá fueron 
puestos en libertad al siguiente día en sierra de 
Cherán, recogiéndoles, armas y caballos. 

En Marzo de 1865, el Coronel guerrillero Flo- 
rentino Mercado, sospechando acaso, que, el Ge- 
neral Juan Caamaflo Gobernador y Comandante 
* 'Hitar de Michoacán en aquella época estaba á 
mto de defeccionar, le desconoce, negándole la 
bediencia. y deseoso el Gobierno de castigar esa 
^'ta de subordinación, manda una fuerza de ca- 
cería que le persiguiera á las órdenes del Mayor 



—216- 
ciudadano José Cordero. En consecuencia, el je- 
fe de ella cumpliendo ' con la orden superior que 
había recibido, se lanza en seguida en busca del 
insubordinado guerrillero, á quien descubre expedí- 
cionando en la municipalidad de Cuitzeo de la La- 
guna y comienza á batirle, cuando de improviso les 
sale al encuentro una fuerza imperialista que ata- 
có y derrotó por completo, tanto á perseguidores 
como Á perseguidos, poniéndoles en dispersión la 
tropa republicana, que mandaban. 

De ese hecho de armas resultaron algunos 
muertos y heridos que los imperialistas recogie- 
ron del campo de la lucha, y en virtud de ese acon- 
tecimiento, Mercado disperso, tomó el rumbo de 
Huango del Rosario y la fuerza del Gobierno que 
le perseguía, reconoció á Uruapan, con el sobrante 
de ella, lo mismo que los imperialistas vencedores, 
á la ciudad de Puruándiro. 

El indicado guerrillero» á su paso por Huango, 
cometió algunos actos con que molestó á los ve- 
cinos y estos, con ese motivo, se quejaron al Go- 
bierno, cuyo personal en vista de ello, dio orden 
de que le persiguiera el vecindario, como epemigo 
de la Patria, lo que no tuvo efecto porque Merca - 
do no volvió á la población; y ^al defeccionar Caa- 
maño, reconoció como antes al Gobierno del país, 
prestándole sus servicios á la República hasta el 
sacrificio de su vida en el sitio de Querétaro^ al 
frente de la Casa Blanca, batiándose con el enemi- 
go. 

Encuentro en la hacienda de Chapultepec, Mi- 
choacán, con fuerzas imperialistas al mando diel 
Coronel Suárez, con las republicanas del Coronel 
Ronda, en los primeros días de Marzo de 1865; y 
en ese hecho de armas, fué derrotado por comple- 
to aquel jefe falleciesndo en la lucha (entérrenos de 
la misma finca, quedando en poder de los republi 
canos algunos prisioneros y heridos, unos ctíante 



X 



' -217- 
caballos, varios muertos que se ipandaron sepultar 
y atender á los enfermas; quedando libres los pri- 
sioneros al siguiente día, así como remitido el co- 
rrespondiente parte al General Regules, en jefe 
del Ejército del Centro. 



El Capitán Rafael García Jaso, natural de Zíica- 
pu, hoy CoroneLy actual Prefecto del Distrito de 
Ario de Rosales," estando al servicio de los impe 
rialistas de la plaza de Puruándiro de Calderón» en 
1865, entra en arreglos con el General Rafael Gar- 
nica y en seguida se le pasa con 25 lanceros ccn 
que sirvió á la República, á las órdenes •de ese jefe 
hasta el íinal de la guerra de intervención y ¿es- 
putó de la reduéción def Ejercito del Centro, en 
Michoacán/de orden superior, al cual pertenecía 
la fuerza de Garnica, quedando, en receso lo mis- 
mo que sus jefes, oficiales 3^ tropa, pero considera- 
do por el Gobierno del Estado, al nombrarle Jefe 
Político del mencionado Distrito. 

En Marzo de 1865, de tránsito la fuerza que 
mandaba el Coronel Ronda, por la calzada del 
Obispo, se tuvo un encuentro con una fuerza im- 
perialista, que, servía de resguardo á unos oficíales 
que de Pátzcuaro se dirigían á Morelia, con objeto 
de pasar en aquella capital la Semana Ma5^or, se- 
gún dijo un soldado de aquella que se tomó prisio- 
nero y se dio libre al siguiente día, miércoles san- 
to. Con motivo de dicho encuentro, se dispersc5 la 
tropa escolta, dejando en el lugar del suceso algti- 
nos equipaje, prendas de ropa de uso y objetos de 
merceríaicdrriente, que recogieron los soldados de 
londa. : 

En dicha íépocá el republicano guerrillero Coronel 
osé Vicente Verduzco, procedente del Estado de 
"ruanajuato y originario , de Guanímaro, fué sor- 
' 28 



-218— 
prendido en ese lugar por una fuerza imperialista, 
derrotándolo por completo, resultando ese jefe pa- 
triota herido del costado derecho. 

Con ese motivo, liega á Zacapu el guerrillero 
expresado, al parecer algo grave por efectos de la 
herida, con dos asistentes, presentándose luego al 
Coronel Ronda y manifestándole lo ocurrido tres 
días antes en Guanímaro poniendo á la vista de 
ese jefe la autorización del Gobierno de su Estado 
para organizar y mandar dicha guerrilla, solicitan- 
do, en consecuencia, su favor para ponerse en se- 
gura curación- 
Ronda atendiendo á esa petición y al estado del 
herido, lo manda con un oficial de confianza, al in- 
mediato rancho de los Ajolotes» á casa segura y 
luego al flebotomiano del lugar Sacramento To- 
rres, también de buenos antecedentes para que le 
asistiera con eficacia» remitiéndole finalmente, dine- 
ro y otros objetos de comodidad. 

Una vez restablecido el guerrillero, después de 
algunas semanas de asistencia, regresó de nuevo 
. á su Estado con el fin de organizar de pronto la 
guerrilla y continuar la campaña, haciendo antes 
presente al Coronel Ronda su eterno reconocimien- 
to por sus buenos oficios; dándole con ese motivo 
las debidas gracias y despidiéndose en seguida de 
su favorecedor bastante emocionado, ignorándose 
si ese guerrillero pereció en la demanda ó si vive 
aún. 

Los soldados Argelinos de que antes se hace 
mención, después de recibir el bautismo,, continua- 
ron al servicio de la República en el mismo cuerpo 
"Lanceros de la Libertad,» hasta el restablecimien- 
to de la misma; y al ser reducido en Michoacán el 
Ejército del Centro, de orden superior, en 17 de 
Agosto de 1867, tuvieron que quedar en receso, lo 
mismo que los jefes y oficiales pertenecientes al pro- 
pio Ejército. Por esto es, que Cipriano se destina 



—219- ' 
de caballerango en una casa de México, en 1867, y 
Justino se marchó á Veracruz en el mismo año; 
ignorándose lo que habrá sido de esos dos servido- 
res de la República. • 



Ataque y ocupación de la plaza de Cuitzeo de la 
laguna con tuerzas del Ejército republicano del 
Centro, al mando de su General en jefe ciudadano 
Nicolás de Regules, en Marzo de 1865, recogiendo 
de aquella plaza los vencedores, armas, caballos, 
municiones y otros útiles de guerra, mas respecto 
de sus defensores, éstos se evadieron embarcándo- 
se en la noche por el lago inmediato á la misma 
población. 

El relacionado General persiguió y atacó la tuer- 
za imperialista que guarnecía á la plaza de Zina- 
pécuaro en los últimos días del mes y año antes- 
citados; quedando derrotados el total, dejando 
algunos muertos y heridos en su retirada, evadién- 
dose los jefes, abandonándose armas, caballos y 
municiones que fueron recogidos de los republica- 
nos. ' ' 

Pasados los hechos de armas de Guitzeo de la 
Laguna y Zinapécuaro que antes quedan expresa- 
dos, el General Regules abandonó esas poblacio- 
nes, dirigiéndose con el Ejército de su mando al 
Distrito de Tacámbaro en espera de nuevos acon- 
tecimientos y con el fin de dar algún descanso á la 
tropa que había sufrido tantas fatigas. 

Encuentro con franceses y traidores al mando 
del Conde Depotier en las lomas de Santa Fe de la 
Labor y Puente de San Isidro, en los primeros 
días de Abril del aflo antes citado, con los republi- 
canos del Ejército del Centro, á las órdenes del 
propio General Regules, quien dispuso al avistarse 
el enemigo, que el Coronel Ronda con sus sóida- 



-222- 

En cumplimiento de tal orden, el oficial comisio- 
nado al efecto, así lo ejecuta, ocurriendo & la casa 
indicada, y penetrando á la recámara de dicha Se* 
ñora, le obliga en seguida á abandonar el lecho, 
sin concederle más tiempo que el necesario para 
colocar en brazos al más pequeño de sus hijos y el 
indispensable para tomar un abrigo con que cubrir 
al chico; pues que, en cuanto á ella, la Señora, te- 
nía puesta la camisa de dormir y un rebozo que 
hubo á la mano, con que se abrigó al salir de casa, 
á las órdenes del oficial comisionado. 

Cubierta con dicho traje aquella pobre dama« 
atravesó las calles del tránsito, á la plaza al naci- 
miento de la aurora de aquel funesto día vigilada 
del comisionado, siendo presentada la prisionera 
con el miserable traje que la cubría al jefe de las 
armas, quien sin compasión, alguna dispuso se le 
arrestase dentro de la trinchera de la puerta prin- 
cipal del templo, mientras tanto se disponía otra 
cosa. 

Mientras pasaba esa terrible y desapiadada es- 
cenai el General Regules, ocupando algunas calles 
de la ciudad, sin sospechar siquiera lo que pasaba 
á la esposa, manda colocar las tropas republicanas 
en los puestos que juzgó más convenientes para 
emprender un formal ataque sobre la plaza, y una 
vez en ella, se manda romper el fuego de fusilería 
sobre la irincheríi de la parroquia que ocupaban 
los legionarios de la Emperatriz Carlota, como el 
punto de defensa más fuerte, á la vez que se hizo 
lo mismo én las demás fortificaciones que defendía 
el enemigo, comunicándose también á los asaltan- 
tes las órdenes conducentes al buen éxito del com- 
bate. 

Pasada una hora de esas mai^iiobras y comenzan- 
do ya á aparecer el incendio sobre algunas casas 
de la ciudad, en vista de ello el General Regules, 
tomando en cuenta que ese accidente debía de im- 



223- 
poner demasiado al enemigo, se propone aprove- 
char 3iH efectos, ordenando que la artillería, dis- 
puesta de antemano á todo servido, arrojara sus 
proyectiles sobre las trincheras del templo» á fin de 
aumentar con ese hecho la desmoralización entre 
la tropa enemiga. 

Trascurrieron algunos momentos y el fuego de 
artillería no se escuchaba aún. Con ese motivo, 
el General bien molestado por esa falta en el ser- 
vicio, ordenó en seguida á uno de sus Ayudantes 
Teniente Coronel Jesús Gómez, fuese á informarse 
del por qué no estaban cumplidas sus órdenes, é 
hiciese que en el acto se llevasen á efecto. Des- 
pués de algunos minutos regresó el Ayudante á 
presencia del General, informándole, con pena qué 
la artillería no había dirigido sus fuegos sobre las 
trincheras de la parroquia, según se tenía manda- 
do en consideración ú que la esposa del General 
en jefe con su niño en los brazos, se le vio con 
sorpresa colocada sobre la cubierta de la trinche- 
ra que debía atacarse, la cual resguardaba la puer- 
ta principal del templo, en cuyo lugar se exhibie- 
ron esas dos personas por orden del jefe belga, ó 
en busca de un cambio de operaciones de los asal- 
tantes, fijándose acaso, en que éstos, podrían te- 
mer por la vida de una dama y de un niño tan 
allegados al jefe asaltante, mediante el gran peli- 
gro en que se encontraban. 

Una vez impuesto el General Regules de la cau- 
sa por que se había demorado el fuego de artille- 
ría, doblemente molestado entonces, y con voz 
enérgica dijo al Ayudante Górnez: ¡Vuelva Usted 
en el momento y diga de mi parte al Comandante 
de la Artillería, que sin atender respetos y sin con- 
^ ración á sexos, ni edades, ejecute desde luego 
; órdenes, haciendo fuego sobre la trinchera de 
)arroquia, según lo he mandado, en la inteligen- 
de que, es primero la patria y luego la familia, 



—224— 
porque mujeres é hijos, se tienea con facilidad! 

Como se vé de lo expuesto, no hubo tampoco 
consideración alguna de parte del General, quien 
con dolor en el alma, se desprende de las afecciones 
de familia, sacrificándola todo por atender á los de- 
beres de soldado en bien de la patria. 

A pocos momentos quedaron cumplidas sus ór- 
denesv oyéndose ya el estruendo del cañón, porque 
así estaba mandado, considerando sólo el peiig^ro 
en que estaban aquellos dos seres tan queridas del 
General, pero que sin embarg'o. abandonando ese 
jefe toda consideración, por algunas horas el com- 
bate entró en mayores proporciones, lo mismo 
que la matanza y el incendio, en fuerza de las lla- 
mas y de los efectos de la metralla. ¿Cómo pues. 
pudieron salvar la vida la madre y el hijo, coloca- 
do's en tan inminente peligro? Se ignora hasta hoy. 
Mas si los hombres no se conmovieron á la vista 
de ese cuadro de horror y salvajismo, nada impor- 
tó, cuando estuvo de por medio la mano bienhe- 
chora de la Providencia, bajo cuya protección sólo 
pudieron salvarse, como sucedió, de una muerte 
segura, la esposa é hijo del General. 
• Esa resolución heroica de parte de Regules, al 
tratarste de la patria y de la familia, dos grandes 
intereses, por cierto, la oyeron salir de sus labios 
con toda eftergía muchos jefes que viven aún y 
que en aquellos mementos, unos recibían órdenes 
y otrx)s rendían partes de algunas comisiones que 
habían desempeñado la noche anterior. 

Acto continuo se destacó una fuerza de las tres 
armas, á las órdenes del General Coronel Rafael 
Cárnica sobre la loma de la Cruz, en cuyo paraje 
dominante á la plaza de Tacámbaro, construyó el 
enemigo una fortificación de adobe y piedra par 
impedir, acaso, que los republicanos no se aprovt 
charan de esa altura, de donde podía batirse co 
.mejor éxito la plaza de aquella ciudad. Sea ^ 



—225- 
ello lo que fuere, ese fortín formado con anticipa- 
ción quedó destruido á pocas Jboras de combate y 
sus detensores, armamento, pertrechos de guerra 
y municiones de boca en poder de los asaltantes. 
Todo lo que se puso á disposición del General en 
jefe, con el correspondiente parte, tratándose á 
los prisioneros del fortín indicado, con todas las 
consideraciones que merecían por su estado, man- 
dándose arrasar desde luego los restos de aque- 
lla fortaleza. 

Pasado ese hecho de armas, el combate siguió 
dentro de la ciudad con mayor fuerza, hasta que 
por fin, fué vencido el enemigo, ocupándose luego 
la plaza por los asaltantes, vitoreándose á la Re- 
pública, al Gobierno y al General en jefe, median- 
do los respectivos toques de diana de las bandas 
de los cuerpos vencedores; por que con tan buen 
éxito llevó á su término el General Regules tan 
importante jornada, ocupándose también el arma- 
mento y municianes que se encontraron en los pun- 
tos que cubrían los vencidos, de los cuales la ma- 
yor parte de sus muertos, sucumbieron en fuerza 
de las llamas y bajo los escombros de la parroquia 
que se desplomó sobre aquellos al estar batiendo 
así como los que fallecieron en el curato y demás 
casas en que estaban fortificados los defensores de 
la plaza, de entre las cuales se hace mención de la 
del Lie. Calderón y mesón contiguo, situadas am- 
bas fincas en la plazuela denominada del Santo Ni- 
ño, en dicha ciudad. 

Hsos cadáveres tostados por el fuego, á la vez 
que inspiraban compasión, daba tíorror la presen- 
cia de aquel cuadró, eri qué la miseria humana pu- 
do contemplarse tal como ella es, quedando así- 
ismo á disposición del General en jefe los prisio- 
ros oficiales que defendían las fortificaciones, y 
tre ellos el médico de la Legión Belga, lo mismo 
^ la tropa enemiga sobrante, recibiendo luego 

29 



/" 



-226— 

la muerte ese Profesor, que se encontraba entre 
aquellos en la misma plaza, con un disparo que de 
su revólver le hizo sobre su cabeza el Teniente Co- 
ronel Jesús Gómez, Ayudante del General en jefe, 
de la manera más inesperada; y del mismo mo- 
do, murió ese oficial al ser ocupada la plaza de 
Querétaro el 15 de Mayo de 1867 por las fuerzas 
republicanas, al mando del General Escobedo, de 
un balazo que, mediante una equivocación le dio 
en la cabeza, un soldado del cuerpo Cazadores de 
Galeana, que se encontraba apostado de centinela, 
en la puerta del cuartel que ocupó al ser tomada 
la plaza; y como el Ayudante aludido pasara por 
frente de aquel local, en buen caballo y á todo es- 
cape, el referido centinela, creyéndole servidor de 
la fuerza imperialista, le disparó su carabina al des- 
cubrir, atravesándole el cráneo el proyectil, por lo 
que murió en el acto dicho Ayudante. 

De esa fatal ocurrencia se dio cuenta por media 
de parte al General Escobedo, quien en vista de él 
dispuso se hiciera por el Coronel de Cazadores de 
Galeana, Sr. Doria, la correspondiente averigua- 
ción, asegurando entre tanto, al soldado y que una 
vez concluida se mandase á la Mayoría respectiva 
para su secuela y procedimientos ulteriores. 

Al siguiente día del acontecimiento indicado, se 
dio parte circunstanciado de todo lo ocurrido en la 
memorable jornada del 11 de Abril del año antes 
citado, al cuartel general, establecidp entonces en 
Huetamo; y su personal consignó por vía de segu- 
ridad > á los prisioneros de la Legión Belga, á Zi- 
rándaro, á cargo del Comandante Militar de aqiiel 
Cantón, en donde permanecieron aquellos hasta 
que se negoció un canje de prisioneros que tuvo 
lugar en el pueblo de Acuitzio, con las formalidí 
des debidas, después de algMnos meses; con cuy. 
motivo» jefes oficiales y tropa, así imperialistas o 




-^_227- 
mo republicanos reconocieron, con algunas excep- 
ciones, á sus respectivas filas. 






En la ciudad de Tacámbaro de Codallos, el día 
5 de Mayo de 4864, en presencia del malogrado 
patriota Sr. General Carlos Salazar.' Gobernador 
del Estado de Michoacán de Ocampo, subió á la 
tribuna el joven Carlos Navarro, y dijo una poesía 
muy aplaudida. Su tema fué la siguiente premi- 
sa: 

Gózate y alégrate hija de Sión 
Que moras en la tierra de Hús, 
A tí también llegará el cáliz, 
Embriagada serás y deshonrada. 



Jeremías. 



FRAGMENTO. 



Gózate de tu obra Francia, 
Que el cáliz de la amargura 
Ha de turbar tu ventura, 
Y ha de enrojecer tu sol. V 

Tú también serás herida 
Cual mi patria infortunada, 
Francia, serás humillada, 
Cual hoy tu depravación. 

Y, cuando plazca al Eterno 
Castigar tu alta osadía, ^ 

Francia, será su agonía 
Del mentido **Napoleón.'' 

(Los prusianos en Francia, 1870.) 

A los traidores les decía entre otras cosas: 

Como espectro mi sombra por doquier, 
Doquier te ha de seguir hijo maldito, 
Y el día terrible que mi patria muera, 
lAy del infame t y del traidor proscrito •. . 



^ 



—228- 

Y perdona á los traidores, 

Si es que ignoran lo que han hecho, 
Que no es de fierro su pecho 
Ni mármol su corazón. 

Y volviéndose al pueblo le decía: 

Y tu pueblo, que hoy reunido 
Celebras tus días de gloria, 
No consientas en tu Hitoria 
Manchas de aprobio y baldón;] 
Mas vale que halles la tumba 
Siempre del soldado asilo, 

Que quieto en tu hogar tranquilo 
Ver mancillado tu honor. 



Giie íle prisim «¡leM i AéMo. 



r^&BB^ 



Negociado ese cange con más anterioridad, en- 
tre el jefe francés y el General Riva Palacio, este 
último libró sus órdenes al Comandante Militar de 
al plaza de Zirándaro, á fin de que se trajesen áTa- 
cámbaro todos los prisioneros de la Legión Belga, 
capturados en aquella plaza, el II de abril de 1865, 
al ser ocupada por las fuerzas republicanas que 
operaron en ella, á las órdenes del mismo General 
Regules, á efecto de celebrar cuanto antes el can- 
je acordado. 

En cumplimiento de tal orden, son remitidos á 
Tacámbaro los prisioneros belgas, á donde ari^iba- 
ron después de algunas jornadas y de ocho m-^ is 
de detención, la tarde del 2 de Diciembre de d., o 
año; y mediante ese arribo, el General en jefe, i- 
vo á bien disponer: que en h orden del día, se ir i- 



-229— 
dasen alistar 50 hombres de caballería de la fuerza. 
que mandaba el Coronel Ronda, poniéndose á la. 
cabeza de ellos, un capitán y dos correspondientes 
subalternos á fin de que custodiasen hasta el pue- 
blo de Acuitzio á los prisioneros belgas que debían 
canjearse en ese lugar por los republicanos; y en 
virtud de esa determinación. Ronda alista los 50 
lanceros á que se refería la orden general de la 
plaza, los cuales pone á las órdenes del Capitán Pe- 
dro Rivera con sus respectivos subalternos, 

A esa escolta, se une de orden superior el Paga- 
dor del mismo Ejército, ciudadano Agustín Linarte 
comisionado por el General Regules para entregar 
y recibir ios prisioneros de guerra, en razón de ha- 
blar con regularidad el idioma, entendiéndose así 
con el jefe francés que saliese comisionado al efec- 
to, de la capital del Estado. Estando todo listo, 
sale la escolta de Tacámbaro con los prisioneros 
belgas y llegan á Acuitzio el 5 de Diciembre del 
año citado, de 1865; y después de los procedimien- 
tos del caso, Linarte tiene una conferencia con el 
jefe francés; éste en virtud de ella, entrega los pri- 
sioneros republicanos y recibe los de la Legión 
Belga, despidiéndose cordialmente ambos comisio- 
nados y retiráncjose á sus respectivos rumbos ó lu- 
g*ares de su procedencia. 

Al regresar á Tacámbaro el Capitán Rivera con 
sus compañeros libres ya del cautiverio. Borda, 
Caldelas. Márquez y otros de quienes no se re- 
cuerdan sus nombres, el referido Capitán, entrega 
á ese último jefe un caballo negro, ensillado y en- 
frenado que recibió, el cual le mandó regalar el Co- 
ronel Ronda, recordando que Márquez fué leal y 
cur^.plido como Maj^or en el ser\ício de la Brigada 
de "lu mando, con objeto de que pudiera caminar 
coi menos fatiga, volviendo de nuevo al servicio 
de illa en la categoría indicada, de orden superior; 
cu; ■"» mueble pereció después, en un hecho de ar— 



—230— 
mas en el llano de la Palma del Municipio de Coe- 
neo de la Libertad. 

Concluidas las ocurrencias del canje, el Capitán 
Rivera, con los 50 lanceros que mandó en esa ex- 
pedición, se puso á las órdenes del Mayor Márquez, 
quien colocado á la cabeza de esa fuerza, se pre- 
paró á la defensa, cuando circulaba la voz entre 
algunos oficiales de que el enemigo avanzaba en 
persecución de los republicanos que componían la 
escolta del canje. Ese procedimiento de parte de 
Márquez inñuyó demasiado en el ánimo de aquéllos 
y la desmoralización en que habían entrado quedó 
conjurada. 

La noche de ese día apareció muy en breve y en 
conscuencia, fué preciso pernoctar en la hacienda 
del Mesón citado, sobre la vía que conduce de 
Acuitzio á la ciudad de Tacámbaro, lo mismo que 
Linarte que también regresaba á esa población, 
amparado por los 50 lanceros, después de haber 
desempeñado la misión que le encomendó el Ge- 
neral en jefe. 

A la madrugada del siguiente día 7, ocurrió en 
la referida hacienda un acontecimiento sensacional 
al espantarse la caballada de la escolta, saltando 
con ese motivo las trancas de los macheros y las 
cercas de madera que sirven de resguardo á la fin- 
ca, corriendo por entre la sierra, en distintas direc- 
ciones; pero conociendo el terreno, y teniendo gen- 
te útil de que disponer, se recogió una parte de la 
remonta espantada, en la hacienda de Serrano, 
otra en el puente de las ánimas, y el resto, sin que 
faltara un sólo caballo, en los montes de Pueblo 
Viejo. 

Dichas fracciones fueron llegando al Mesón ur 
tras otra, después de ocho ó más horas de constí 
te persecución á la remonta fugitiva y luego 
mandó ensillar, emprendiendo en seguida la mr 
cha de aquella casa de campo á la ciudad de ^ 



-231— 
cámbaro, arribando á ella á las 7 de la mañana del 
citado día, dando parte en seguida, Márquez y Ri- 
vera al |efe respectivo de todas las ocurrencias 
habidas en el tránsito, entregando al General en 
jefe, los jefes y oficiales republicanos que fueron 
canjeados por los del enemigo y poniendo en des- 
canso la remonta, en el cuartel que ocupábala 
Brigada que fué á las órdenes del Coronel RonJa. 
Este jefe al saber lo ocurrido en la hacienda del 
Mesón con lo remonta, se molestó demasiado y 
tanto á Márquez como á Rivera, les hizo un serio 
extrañamiento con aquel motivo. 

A las 5 de la mañana del 10 de Diciembre del 
año citado, el Coronel Ronda^no tenía objeto ya 
en la ciudaa de Tacámbaro y salió de ella por or^ 
den superior, en dirección á la línea que tenía en- 
comendada, volviendo así á ponerse al frente de la 
Prefectura de Puruándiro que también tenía á su 
cargo, en donde repuso la remonta de lanceros de 
la Libertad. 

Al defeccionar el General Juan Caamaño Go- 
bernador y Comandante Militar de Michoacán, en 
la época del llamado imperio, hizo la declaración 
de ese hecho en el "Llano Rosillo,»» situado entre 
Zirahuén y Santa Clara de Portugal; y con ese mo- 
tivo, era preciso que sus soldados desconociesen 
ya á sus antiguos camaradas los republicanos. En 
consecuencia, esos malos patriotas dieron el prí- 
mer paso, sorprendiendo al Coronel José María 
García, que mandaba entonces á »»Lanceros de 
Toluca,** acontecimiento que tuvo lugar á orillas 
de Santa Clara, y muerto en el paraje denominado 
ia »»Puerta,'* del mismo nombre, dispersándose la 
fuerza que mandaba, la cual en virtud de ese acci- 
dente, reconoció á Pátzcuaro» dando parte al Go- 
bernador del Estado de Michoacán que allí residía 



—232— 
entonces, el segundo jefe de aquel cuerpo; siendo 
ese infortunado Coronel la primera víctima de 1^ 
traición, en el municipio de Portugal, y en cuyo 
panteón descansan sus restos. 



Mandado llamar á Uruapan el Coronel Ronda de 
parte del General Carlos Salazar, como jefe acci- 
dental del Ejército del Centro, para asuntos del 
servicio tuvo aquel que ocurrir á aquella ciudad, en 
Mayo de 1865, presentándose luego al superior, 
éste, entre otras cosas, de que se trató relativas á 
la campaña contra el llamado imperio, le dijo tam- 
bién que por disposición del Gobierno del Estado, 
le ordenaba rindiese ante la Tesorería General del 
mismo, cuenta justificada de los créditos pertene- 
cientes al fisco que había cobrado en el Valle de 
Tacámbaro por conducto de Ordorica, Rubio y 
otros que no recordaba, todo para atenciones mili- 
tares; y aunque el Coronel Ronda se encontraba 
entonces enfermo del estómago, que pudo ser mo- 
tivo para demorar un poco el cumplimiento de esa 
orden, sin embargo el Coronel no hizo indicación 
alguna y ofreció rendir las cuentas según se desea- 
ba. 

Con ese motivo el General Salazar le prevjna 
que si se encontraba mal en la salud, se hacía pre- 
ciso que la atendiera, poniéndose en curación radi- 
cal, y que entretanto mandase poner el cuerpo de 
lanceros que tenía á su cargo á las órdenes del 
General Coronel Rafael Garnica, hasta nueva or- 
den, bajo el concepto de que, no debía separarse 
de la ciudad^ aunque antes hubiese rendido la 
cuenta justificada con pago, en caso necesario, de 
que le tenía hablado, cuya valedura les debió el Co- 
ronel, á sus gratuitos enemigos Dr. Leónides Gao- 
na y Gil Abarca, que indispusieron sin razón el 



-233- 
ánimo del General, á las órdenes del cual servían 
esas personas en su Estado Mayor. 

En vista de lo dispuesto, el General Garnica re- 
cibió el cuerpo que le entreg-ó Ronda y éste quedó 
en Uruapan, comenzando á preparar sus apuntes 
para formar la cuenta que se le tenía pedida, á fin 
de presentarla al Tesorero General del Estado Don 
Miguel Bernal y de ponerse en curación mientras 
pasaba la formación de la cuenta, cuyo tratamien- 
to duró más de dos meses sin resultado, porque las 
medicinas del sistema alópata fueron impotentes, 
resolviéndose con ese motivo el paciente á sufrir 
el tratamiento de la hidropesía, ofrecido y aplica- 
do por su buen amigo, el Sr. Peña, natural de aqu- 
ella ciudad. Después de lisar eficazmente ese trata- 
tamiento, en menos de tres meses, Ronda quedó 
enteramente sano, sin embargo de lo grave que 
se puso; y las susodichas cuentas formuladas, pre- 
sentadas á la Tesorería y revisadas por el Conta- 
dor ciudadano Narciso Garcilaso, resultaron apro- 
badas del Gobierno y con un alcance de 11 pesos 
50 centavos, que Ronda pidió y que no le fué en- 
tregado por escasez del Erario. 

Una vez restablecido Ronda y cumplida la de- 
manda de las cuentas, recibió la caballería que por 
algunos mesos mandó el General Rafael Garnica 
y ordenes para pasar á Puruándiro á encargarse 
por segunda vez de la Prefectura de aquel Distri- 
to, inclusivejas de pago de los haberes que se le 
adeudaban, tanto al Coronel como á los subalter- 
nos que permanecieron en su compañía los cinco 
meses de su curación en Uruapan; quedando, en 
consecuencia pagados todos y Ronda en posesión 
éla Prefectura dé Puruándiro, funcionando con 
^►e carácter y con el de Comandante Militar de la 
.lea del Poniente que antes tenía encomendada; 
á la fecha, así el curandero Sr. Peña como el Co- 
nel, han dejado de existir, lo mismo que el conta- 

30 



—234- ^ 

dor Garcilaso; mas en cuanto al Tesorero Beinal 
éste, acompañado del poeta Vicente Moreno y de 
otros, secundaron la traición del General Caama- 
fio, marchándose en su compañía para Morelia, de- 
jando abandonados sus empleos en el Estado y 
mpJ puestos sus nombres como mexicanos. 



Después de los diferentes contratiempos de la 
campana contra la intervención francesa, especial- 
mente por el General Regules, este sufrido y ame- 
ritado jefe, dispone pasar á Carácuaro. pueblo^del 
Distrito üe Tacámbaro, á reponerse un tanto con 
!a reducida fuerza que entonces mandaba, y en esa 
situación ocurre á aquel lug-ar el Prefecto de Hue- 
tamo, Coronel Leonardo Valdés, y antes de ofre- 
cerse á sus órdenes como Jefe subalterno del Ejér- 
cito de! Centro, se empeña en desarmar la tropa 
de Regules, lo mismo que á sus oficiales, y en re- 
cojerles las armas para darles mejor colocación, 
según dijo; porque en manos de los soldados del 
General para nada servían, puesto que con tanta 
frecuencia se dejaba derrotar del enemigo, pero 
que, mediante algunas observaciones de alta con- 
sideración hechas por los oficiales amenazados. 
cambió de parecer el Prefecto Valdés y en vista 
de ellas desistió por completo de semejante incon- 
secuencia, separándose luego de aquel pueblo y 
tomando el rumbo de Huetamo, dejó en paz al Ge-' 
neral, pero con el sentimiento de haber sufrido 
esa falta de subordinación que por circunstancias 
anómalas no le fué dable corregir. 

No debía esperarse otra cosa, sino esos procedi- 
mientos propios de un hombre tan \ailgar como 
desprovisto de educación civil, y militar, como lo 
estaba el finado Coronel Valdés. 



-235— 

En la misma época de que se viene hablando, el 
General Don Florencio Antillón, por razón de cir- 
cunstancia, se colocó al frente de las fuerzas libe- 
rales que mandaban respectivamente los Corone- 
les Esteban Bravo y Francisco Franco, cuyos je- 
fes comenzaron á cometer abusos en las poblacio- 
nes del tránsito, ofendiéndose por esa conducta sus 
vecinos con que desprestigiaron en alto g-rado el 
buen nombre de la causa que defendían, y en una 
de las correrías que hicieron por Michoacán, toca- 
ron el pueblo de Zacapu, en donde se cuidaban en- 
tonces unos caballos de la propiedad del Capi- 
tán Dámaso Sandoval, perteneciente á la fuer- 
za republicana que mandaba el Coronel Ronda, los 
cuales caballos, sin consideración al compañerismo 
tomaron de la casa en que vivía la familia de aquel 
Capitán y los distribu3^eron entre sí. 

Tal ocurrencia obligó á la Señora de Sandoval á 
mandarle un parte á Coeneo, comunicando al es- 
poso lo que pasaba con los caballos. Dicho Capi- 
tán pasa el recado de familia al conocimiento de 
su jefe el Coronel Ronda; y éste, cumpliendo con 
un deber y tratando de que su subordinado el Ca- 
pitán Sandoval recobrara los caballos, comisiona 
al que esto escribe, como uno de sus subordinados 
para que marchando á Zacapu, se apersonase con 
el General Antillón. y le pidiese á su nombre como 
una gracia, la devolución de los caballos» y conce- 
dida ó no esa solicitud, hiciese presente de su par- 
te al mismo General que no correspondiendo á la 
elevada categoría militar, tan bien merecida, en el 
Ejército Nacional, estar al frente de la fuerza de 
dichos Coroneles, ni menos autorizar como jefe de 
ellos procedimientos inconvenientes de su9 subor- 
dinados, y que con tal de alejarlo de compromisos 
de consecuencias, le propusiese pasase á Coeneo 
si lo tenía á bien, en donde, desde luego, pondría á 
sus órdenes la fuerza republicana que mandaba, 



—236— 
para que al frente de ella continuase la campaña 
contra la intervención francesa, quedando Ronda 
también á sus órdenes, como uno de sus jefes su- 
balternos. 

El General Antillón contestó á Ronda por con- 
ducto de su comisionado, serle bien sensible no po- 
der atender á sus buenos deseos, porque al orde- 
nar á los Coroneles aludidos la devolución de los 
caballos del Capitán Sándoval, temia mucho ser 
desobedecido y tener en ese caso que tocar el ri- 
dículo, por carecer de otra tuerza en que apoyar 
sus determinaciones, temiendo también por su vida 
mediante la insubordinación de aquellas gentes. 

Que en cuanto á sus ofrecimientos que conocía 
ser sinceros, los estimaba en cuanto valían y los 
agradecía debidamente, sintiendo no poderlos 
aceptar, porque al efecto, había muchas dificulta- 
des que le impedían aprovecharse de ellos para 
desprenderse de una situación tan difícil, como 
comprometida, pero que sin embargo esperaba sa- 
lir pronto de ella. 

Tomando en consideración el comisionado de 
Ronda lo expuesto por el General, ocurrió en lo 
particular á los repetidos Coroneles, en solicitud 
de la devolución de los caballos de Sándoval ofre- 
ciendo aún por su rescate algún dinero, que no fué 
admitido ni las bestias devueltas, por no disgustar 
á los oficiales á quienes se les habían pasado, se- 
gún dijeron aquellos Coroneles; perdiendo Sándo- 
val, con ese motivo y para siempre sus buenos ca- 
ballos, regresando luego el comisionado á Coeneo 
á dar cuenta de su cometido; cuyo resultado, no 
fué del agrado del Coronel Ronda. 

Al siguiente día de haber regresado á Coeneo el 
comisionado repetido, dispuso el Coronel Ronda 
abandonar ese lugar y llevar una expedición por 
el Distrito de Zinapécúaro, con objeto de perseguir 
la guerrilla imperialista que mandaba el Capitán 



—237— 
Contreras, la cual fué sorprendida en la hacienda 
de Irapeo, en Mayo de 1865; quedando derrotada 
y en poder de los republicanos, armas, caballos y 
algo de parque, lo mismo que algunos heridos y 
prisioneros que al terminar el día fueron puestos 
en libertad; resultando de parte de los asaltantes 
varios heridos levemente que. con oportunidad fue- 
ron atendidos. 



Otro episodio de sensación. 



De tránsito por el memorable ««Llano de las Es- 
cobillas,»» del Distrito de Ario de Rosales la 3* Di- 
visión del Ejército del Centro, á las órdenes del 
General Arteaga, en 1865, se mandó hacer alto en 
aquel sitio, á fin de dar á la tropa algún descanso 
por la fatiga de la noche anterior, eñ que venció 
varias leguas á marcha forzada, y como ni aqué- 
lla, ni sus jefes ni oficiales habfan tomado alimento* 
hacía algunas horas, encontraron á su paso aquel 
hermoso campo cubierto de verdes arbustos pro- 
vistos de una bonita frutilla, que los- campesinos 
de aquel lugar le dan el nombre de "tulillo** que el 
color del fruto y su figura tiene mucho parecido á 
otro que se llama mora. En consecuencia, aquella 
frutillla á la vista de los que tenían sed y hambre, 
les excitó el apetito y todos, sin temor alguno, co- 
mieron de ella con ansiedad; porque la encontra- 
ron agradable, dulce, suave y aguanosa al paladar, 
.pretendiendo mitigar con ella la sed y aplacarla 
necesidad, de alimento que se sentía en el estóma- 
go. ^ 



—238- 
Pero ¡oh fatalidad! cuando que á pocos momen- 
tos se anuncian conatos de envenenamiento entre 
jefes oficiales y tropa que á cada instante se ha- 
cían bien notables, caracterizándose más el acci- 
dente en la persona del General Vicente Riva Pa- 
lacio por abuso de aquel fruto; y en tan críticas 
circunstancias, el enemigo acercándose á la fuerza 
republicana en su persecución. Más. entre tanto, 
enmedio del confleto y la sorpresa que causó tan 
grave mal. el General Salazar con otro oficiales 
menos enfermos, pudieron por fortuna ver con cal- 
ma aquel cuadro de enfermos, en que la muerte 
cernía sus alas sobre toda una División y fijarse 
en algo con que combatir el mal, ocurriéndoles 
luego disponer de aceites contenidos en algunas 
latas de sardinas y licores que por casualidad se 
encontraron entre los vivanderos llegados á la 
División después del medio día. de cuyas subs- 
ta,ncias se ministraron pequeñas dosis á los en- 
fermos, comenzando por el General Riva Palacio, 
como el más grave; y así hecho con los demás, 
ao pasaron muchas horas sin que no se hubiese 
tenido el gusto de ver restablecidos los enfermos 
de un modo providencial, y en estado de poder 
continuar desde luego la marcha interrumpida con 
motivo de aquel accidente y el sentimiento de ha- 
ber perdido en aquel lugar, á los infortunados ofi- 
ciales y soldados aue murieron antes de encon- 
trar la medicina salvadora que se aplicó á los de- 
más. 

Algunas horas después de separada la División 
del sitio indicado, dejando sepultados sus muertos 
envenenados, aquel fué ocupado por el enemigo, 
en pos de los republicanos, que poco antes le ha- 
bían abandonado; pero que sin embargo de tener 
aquél noticia de lo ocurrido no siguió en su perse« 
persecución, continuando ( su marcha los repubíi- 



-239— 
canos, lamentando solo la muerte de sus buenos 
hermanos. 

A la simple lectura de los acontecimientas refe- 
ridos, bien puede comprenderse cuál sería el esta- 
do de desesperación en que debieron encontrarse 
con ese motivo, todas las clases de que se compo- 
nía' entonces la 3^ División del Ejército del Centro, 
perseguida del enemigo, Ijastante estropeada con 
la fatiga de la noche anterior, sin agua con que la 
tropa pudiera humedecer los labios, ni alimento 
con que reparar un tanto las fuerzas perdidas, ni 
tiempp aun para descansar algunos momentos; y 
mediante todas esas ocurrencias, la situación era 
grave, gravísima, mas para avanzar á mayor tér- 
mino la fatalidad, les pareció haber encontrado, en 
medio de aquella angustia, un lenitivo á su mal 
tomando de la frutilla que tanto abunda en las 
Escobillas, creyendo que con su substancia mi- 
tigarían la sed y se calmarían un tanto las necesi- 
dades de la vida, pero que desgraciadamente esa 
creencia les dio resultado contraproducente, me- 
diante á que en demanda de consuelo á los pade- 
cimientos de esa expedición^ se encontraron á las 
puertas de la muerte, unos y otros se fueron con 
ella, por el uso de aquel fruto venenoso, que dio 
violenta muerte á los que se excedieron en tomar- 
lo y enfermó de peligro á los que con más pruden- 
cia comieron de ella. 

Respecto de eso, los campesinos de aquel lugar 
dicen: que la frutilla de que se trata, es veneno$a^ 
cuando al tomarla se mastica y pasa la semilla que 
contiene; pero que, al tomar solo el jugo, es ino- 
fensiva. Puede que á ese respecto no carezcan de 
»*azón los labriegos, puesto que, los que estuvieron 
n el primer caso, fueron los muertos; y enfermos 
g colocados en el segundo, por haberse restáble- 
.do, con la mediciaa antes indicada. 



j? 



—240— 

Unos oficiales del cuerpo lanceros de la Libertad 
y el Teniente 2^ Ayudante del mismo, tomaron de 
esa frutilla con abundancia, pero que afortunada- 
mente no masticaron ni pasaron la semilla de aquel 
fruto, no sintieron novedad alguna; quedando 
así confirmada la opinión de los campesinos aludi- 
dos. 

Al fin pasaron los acontecimientos expresados, 
entró la calma y la División continuó su marcha 
sin otra novedad que lamentar. 



El Mayor Pedro Enríquez Bravo y el Mayor Mi- 
guel Adorno que se encontraban en camino y de re- 
greso de ella en solicitud de la fuerza del Coronel 
Ronda, de la que dependían, llegan á Zacapu á fin 
de rendir su cometido y en esos momentos seles 
sorprende en aquel lugar, en mayo de 1865. por 
unos cuantos, por una fuerza enemiga, se les toma 
prisioneros y se les manda fusilar el día siguiente, 
en las goterae del pueblo de Chucándiro; quedan- 
do los cadáveres de esos infortunados patriotas 
sobre la vía pública hasta que fueron recojidos 
y sepultados por disposición de la autoridad res- 
pectiva de aquella localidad, cuyo acontecimiento 
fué comunicado á Ronda por un amigo vecino 
de la población, sintiendo mucho aquel jefe la pér- 
dida de esos dos patriotas. 

Los exploradores que estuvieron al servicio de 
la Brigada Ronda en la época del llamado imperio, 
fueron el Capitán de ellos, Antonio Madrigal, Mi- 
guel Hurtado. Rafael Cisneros y Silviano Ve- 
lázquez.* El último de esos buenos servidores, fué 
sorprendido en E.rongarícuaro, en Junio de 1865, 
al dirigirse á Zacapu á rendir el resultado de una 
comisión encomendada por su jefe el Coronel Ron- 
da y hecho prisionero de una ínerza imperialista, 



"Tíi.. 



1 



—241— 
fusilándole en seguida, en el paraje denominado la 
Cuesta, camino que de Erongarícuaro conduce á 
Sinciro y de allí á Zacapu. 

La autoridad respectiva de aquel pueblo, con no- 
ticia de aquél funesto acontecimiento, mandó le 
vantar el cadáver del patriota Velázquez, después 
de las diligencias del caso, mandó sepultar el ca- 
dáver, en estado ya de descomposición, en ei pan- 
teón municipal d^l repetido pueblo y dar aviso á 
sus deudos residentes en Cótiro. rancho del muni- 
cipio de Coeneo de la Libertad. 



Con motivo de la defección del General Juan 
Caamaño, en Michoacán, y á efecto de que el Go- 
bierno no permaneciera acéfalo en aquellas cir- 
cunstancias, quedó encargado de él provisional- 
mente, el Lie. Antonio Rodríguez Gil, como Secre- 
tario oficial que fué de aquél funcionario. En con- 
secuencia, después de algunos días pasó el Gobier- 
no á cargo del General Garlos Salazar, quien go- 
bernó á satisfacción de los patriotas y en bien de 
la causa un corto tiempo. 

Más tarde recibió el mando el General Vicente 
Riva Palacio. Este mandatario nada dejó que de- 
sear en el desempeño de su encargo qiie tambiún 
fué de poca duración; y por último, una vez ascen- 
dido á la categoría de Coronel el Lie. Justo Men- 
doza, se encargó del mando del Gobierno del Es- 
tado de orden superior, tocándole en suerte estar 
ya en el Poder Eiecutivo, al restablecimiento de la 
República, y continuar en él mediante el sufragio 
nopular, cuya persona falleció después en Morelia 
m la mayor pobreza; y tanto los jueces antes ex- 
)resados como los Generales Epitacio Huerta, San- 

ago Tapia, Lie. Luis Couto, José López Uraga, 

31 



—242- 



—242- 

Juan Caamaño y Felipe Berriozábal, formaron el 
círculo de los 'Gobernantes de Michoacán en la 
época del llamado imperio. 



El Gen eral, Manuel García Püeblita, se despren- 
de de su fuerza situada en San Juan Parangaricu- 
tiro* el 24 de Junio de 1865, con una pequeña es- 
colta, dejando en aquella localidad, el resto á las 
órdenes del Coronel León Ugfalde, por encargo 
especial, entretanto regresaba de la ciudad de 
Uruapan, á donde se dirigía con motivo de asun- 
tos del servicio. 

Llega ese jefe superior á la población indicada 
la mañana del mismo día 24 y se le dá por aloja- 
miento la casa que entonces fué del ciudadano Her- 
menegildo Solís. Unos cuantos minutos después 
de haberse alojado el General, éste dispuso que su 
escolta quedase formada en la plaza de la ciudad, 
á cargo del oficial que la venía mandando y luego 
es conducido el General al comedor á tomar la so- 
pa. Estando en esa tarea, se oyen detonaciones 
de armas de fuego, que se disparaban sobre la es- 
colta* 

Con ese motivo se agitan los transeúntes y los 
vecinos sorprendidos se asoman á las puertas y 
ventanas de sus habitaciones, ansiosos de saber 
la causa de los disparos, y luego vieron un gran 
movimiento entre la tropa francesa que sorprendió 
la población, desalojando la escolta de la plaza, 
poniendo en seguida sitio á la manzana en que es- 
taba ubicada la casa alojamiento del General, la 
cuál manzana fué registrada cuidadosamente por 
oficiales y soldados franceses y descubierto por 
esa maniobra el referido General Pueblita, sobre 
quien dispararon aquellos sus armas sin compa- 
sión alguna» dejándele muerto en el mismo sitio. 



—243— 

El cadáver fué recog-ido por los vecinos velándo- 
le la noche de ese funesto día y dándole sepultura 
al siguiente, en el Panteón de San Juan Bvange- 
lieta de la propia ciudad. 

La escolta que se encontraba en la plaza, fué 
puesta en dispersión por el enemigfo, tomando el 
rumbo de Parangaricutiro, á donde llegó la ma- 
drugada del siguiente día, dando parte el oficial 
que la mandaba al Coronel Ugalde de tan fatal 
acontecimiento, quien á su vez lo hizo comunican- 
do el suceso al General en jefe del Ejército del Cen- 
tro, á que pertenecía la Brigada Puebüta, para su 
inteligencia y á fin de que se sirviera disponer lo- 
que estimara por conveniente. 

En vista del parte recibido de la muerte del Ge- 
neral Pueblita, el General en jefe acordó que, ea 
calidad de por mientras, quedara al frente de la 
Brigfada el repetido Coronel Ugalde. 

Dejó de ser Gobernador y Comandante Militar 
de Michoacán el General Vicente Riva Palacio, en 
virtud de haberle sustituido en ese empleo, el ciu- 
dadano Lie. Justo Mendoza, de orden superior; y 
en consecuencia se dirigió aquel jefe á la ciudad de 
Toluca, en donde organizó una brigada que llevó* 
á Querétaro y con ella unas cuantas madres de la 
caridad; aquélla para auxiliar al Gobierno en la cir- 
cumbalación y ataque de la plaza de dicha ciudad, 
y éstas, con objeto de que ejerciesen su misión, en 
los departamentos del hospital de sangre, situado 
en aquella época en un vasto salón de la fábrica 
de tejidos denominada **Hércules.»' 

Concluido el sitio y tomada la plaza por el Ge- 
neral Escobedo, el 15 de Mayo de 1867, el General 
Riva Palacio, después de los memorables aconte- 
ientos del '^Cerro de las Campanas," regresó 

istado de México con su fuerza y las herma- 
de la caridad, de quienes recibieron los menes- 

^sos, grandes servicios en dicho establecimien- 



^^ 



—244- 
to provisional, dándoseles en virtud de ellos, una 
regular gratifición y las más debidas gracias de 
parte de aquel Estado. 

Después del restablecimiento de la República, el 
citado General Ri va Palacio, se radicó, en México 
ocupando la casa número 11 de la calle de Donce- 
les, en donde atendió en cuanto pudo á todos los 
patriotas oficiales michoacanos que ocurrieron á 
ese jefe en solicitud de certificados á efecto de 
acreditar servicios á la Patria, de cartas de reco- 
mendación para obtener la requisitación de sus 
despachos y fianzas, á fin de ocupar en aquella 
época viviendas en Rejas de Balvanera, mientras 
tanto hacían sus gestiones ante el Ministerio de 
Guerra y Marina; y aun dinero en efectivo, siem- 
pre que se le pedía. 

Entre los beneficiados por el referido Sr. Gene- 
ral en la época antes indicada, se encuentra el que 
esto escribe, lo mismo que su hijo Martín, como 
servidores á sus órdenes en sus respectivas cate- 
gorías militares^ combatiendo la intervención fran- 
cesa en la Brigada que mandó entonces el Coronel 
Eugenio Ronda; dándosele á aquel jefe con ese 
motivo un voto de gracias. 



Los soldados Argelinos de que antes se hace re- 
ferencia solicitaron por los conductos debidos, el 
permiso de su jefe para ingresar al seno de la Igle- 
sia católica, recibiendo al efecto las aguas del bau- 
tismo; y concedido el permiso por el Coronel Ron- 
da como jefe de la fuerza en que servían aquéllos, 
se manda disponer á los solicitantes, según las ri- 
tualidades de los cánones, á recibir la gracia de' 
bautismo católico que se les dio en la Parroquia 
de la ciudad de Puruándiro, á las 11 de la maña 
na del L*6 de Septiembre de 1864, con la mayor 



—245— 
solemnidad, siendo padrino del que respondía al 
nombre de Aran Pacha, el Coronel Ronda, y del 
que lo hacía por el de Ali Pacha, el ciudadano 
Lie. Ricardo Villaseflor, y esos nombres de la pa- 
tria ó de las creencias, fueron sustituidos desde 
luegfo, con el de Cipriano, para el primero, y res- 
pecto del segundo con el de Justino, santos del día 
en que aceptaron la bandera del cristianismo; to- 
mando ambos neófitos desde ese día, el apellido de 
los padrinos, respectivamente; por lo que uno se 
firmaba Cipriano Ronda y el otro Justino Villa- 
señor. 

Dicha ceremonia estuvo bastante concurrida, 
mucho lujo buenas músicas, general regocijo y bo- 
los con profusión. 

Los referidos soldados católicos ya continuaron 
al servicio de la República hasta su restablecimien- 
to; pero al ser reducido en Michoacán el Ejército 
del Centro por disposición superior de 17 de Agosto 
de 1867, quedaron los argelinos en receso, lo mis- 
mo que iefes, oficiales y tropa que pertenecieron al 
propio Ejército; por esto es que Cipriano se desti- 
nó de caballerango en una casa de México, en 1868 
y Justino se dirigió á Veracruz en el mismo año. 
ignorándose si están aún en la República. 

De la ceremonia de que antes se trató fué testi- 
tigo presencial, como subordinado del Coronel 
Ronda entonces, el que esto escribe- 



En Septiembre de 1865. el cuartel general del 
Ejército del Centro, residente entonces muy de 
ínsito en la ciudad de Uruapan, tuvo á bien li- 
ar sus órdenes á los jefes de las Brigad¿is que lo 
nponían para que con ellas asistieran á dicha 
:>lación, en los primeros días de Octubre siguien- 
^on objeto de practicar la protesta de bande- 




M 



—246- 
ras de sus respectivos cuerpos con la solemnidad 
correspondiente, á ese respetable acto militar. 

Cumpliendo con lo mandado, los jefes de Briga- 
da, comenzaron á llegar á la ciudad con las que 
mandaban, segiin se tenía dispuesto en los prime- 
raeros días de Octubre del año citado; y una vez 
reunidos todos, se acordó por el jefe superior cele- 
brar antes una «Gran parada»» que tuvo lugar con 
demasiado lucimiento el día 5 de ese mes, en el 
hermoso llano de la repetida ciudad de Uruapan, 
el cual se halla al, oriente der ella y en la parte con- 
tigua al pintoresco barrio de la Magdalena. 

Terminada la Parada, como á las 11 de la maña- 
na, siguió la protesta de banderas, con la mayor 
solemnidad, después de lo cual y de las maniobras 
de ordenanza mandadas por el General Arteaga 
en jefe del Ejército del Centro, y de haberse pro- 
nunciado algunos discursos análogos á la festivi- 
dad, en presencia de más de 2,0(X) combatientes, 
terminó el acto á la una de la tarde de ese día, y 
tanto en uno como en otro de esos dos actos, se 
manifestaron los sentimientos de patriotismo v en- 
tusiasmo en favor de la República, influyendo en 
los ánimos de los concurrentes los acordes de las 
buenas músicas militares que allí asistieron y que 
en dichos actos, se escucharon con placer sus pre- 
ciosas melodías, con las cuales se amenizó la fun- 
ción, excitándose más y más los sentimientos por 
la Patria, no solo de los soldados republicanos, si- 
no aun de los circunstantes, y vecinos de dicha ciu- 
dad, tanto más, cuanto que siempre han sido éstos 
decididos partidarios de la democracia. 

Por fin, á las 2 de la tarde terminaron las tarer'^ 
del Ejército del Centro, abandonando el lugar < 
los acontecimientos, dirigiéndose al interior de 
población la columna, de la cual una vez sitúa 
su vanguardia en la plaza de aquélla, se mandó 



—247— 
car fagina, reconociendo las Brig^adas á sus respec- 
tivos cuarteles á tomar descanso- 

En la noche de ese día, obsequiíiron los vecinos 
á los jefes y oficiales republicanos con un mag^nífi- 
co baile que tuvo lugar en la casa del Sr. Toribio 
Ruiz, al que asistieron las principales familias de 
la ciudad, y en él se dijeron algunos brindis alusi- 
vos á las circunstancias porque atravesaba el país 
entonces, estando en esa reunión muy inspirado el 
General Riva Palacio, recitando patrióticas poe- 
sías, y entre ellas una que dedicó á las damas de 
la ciudad, y otra al río de "Cupatitzio*'» que corre 
de Poniente á Sur, abrazando una parte de la po- 
blación; y en dicha diversión de familias, la unión 
y la cordialidad fueron el complemento armonioso 
del baile. 

Al siguiente día se dispuso una abundante comi- 
da para los militares que se sirvió en una casa de 
campo demasiado pintoresca por su situación to- 
pogr^ífica, su jardín» sus muchas y variadas flores 
y por el esmero y delicado gusto con que fué ador- 
nado el salón destinado á recibir á los patriotas 
huéspedes; cuya finca está situada en los confines 
del barrio de San Juan Bautista, de la misma ciu- 
dad. Dicha fiesta se amenizó con una buena 
orquesta procedente del pueblo de Paracho, y 
en aquélla, á más de los hermosos cantos naciona- 
les, ocurridos en el festín de ese día, se cantó tam- 
bién un himno patriótico, compuesto por el Profe- 
sor Don Florentino Martínez, natural de aquel pue- 
blo y director de dicha orquesta, que mucho agra- 
dó, A juzgar por el sentimiento de su composición 
y de ío correcto, así de la música como de la letra, 
según los inteligentes en el divino arte. Se dije- 
on además bonitos brindis por los Generales Ár- 
^aga, Salazar y Riva Palacio, escuchándose otros 
e los Señores Lie. Eduardo Ruiz, Coronel Anto- 




-248- 
nio MacieU Manuel Ocaranza. Profesor de dibujo y 
de varios individuos de la concurrencia. 

En la sobre mesa aún, dispuso el General Artea- 
gfa se le acercase el Coronel Ronda, hombre hura- 
ño y de carácter reconcentrado» y estando ese jefe 
á su presencia, le dice: en testimonio de amistad, 
querido compañero, es preciso que apuremos en- 
tre ambos, estas copas de Málaga, que le presentó- 
de las cuales, aunque con alguna dificultad apuró 
el Coronel la que le correspondía. Luego se sir- 
vieron otras de jerez, y en seguida otras más, que 
Ronda tuvo que aceptar, sirviéndose también á los 
asistentes en la mesa las que correspondían. En 
seguida duplicó el General diciendo: 

¡Señor compañero! Usted nada ha hecho de su 
parte en esta reunión, y en consecuencia le suplica 
antes, se sirv^a complacerme, haciendo el sacrificio 
de bailar algo en esta fiesta, el expresado Coronel 
atendiendo á los respetos del jefe superior, tuvo 
que ser consecuente cumpliendo los deseos de su 
General en jefe, y después de tomar un te, dirigién- 
dose á los concurrentes ese iefe superior, hizo pre- 
sente haber exigido mucho del compañero Ronda, 
siendo tan desafecto á los licores como indiferente 
por el baile ^ pero que confiado en las bondades de 
ese jefe, le suplicaba le dispensara sus exigencias, 
emanadas del regocijo que le causó aquella fiesta 
de compañeros y hermanos. 

Por fin, siguió diciendo el General, que estimaba 
en cuanto valían los servicios del Coronel Ronda^ 
porque, en aquella época de prueba ese abnegado 
patriota, ha sido en ella el primer organizador en 
Michoacán de las caballerías que mandó y el que 
enmedio de las desgracias de los republicanos sos- 
tuvo en aquel Estado con unos cuantos patriotas 
la representación y dig-nidad del Gobierno legítimo 
del país, y al oír los concurrentes particulares y 
militares esas versiones de los labios del General 



—249— 
Arteaga, en coro todos, exclamaron con entusias- 
mo: ¡Bien, muy bien! por el patriota Coronel Ron- 
da que supo afrontar la situación en favor de la 
República; dando aquél á sus favorecedores las de- 
bidas gracias. 

A las 4 de la tarde se levantó la mesa, la reunión 
se disolvió en distintas direcciones, y los GeneraleSj 
jefes y oficiales que asistirron á ella, se encamina- 
ron gustosos y satisfechos á sus respectivos alo- 
jamientos muy reconocidos al vecindario urua- 
pense» por sus esfuerzos en complacerlos, llevando 
consigo un recuerdo de la preciosa casa de campo 
en que fueron atendidos con tanta solicitud. 

En la noche de ese día del mismo mes }'' año, se 
repitió otro baile de despedida á los jefes y oficia- 
les en la misma casa del Sr. Ruiz, tan concurrido 
y animado que nada dejó que desean en el cual no 
escasearon los brindis, las poesías, las protestas de 
adhesión y las libaciones, así como los vivas de es- 
tilo en las reuniones de aquella época, dando fin la 
tertulia á las 5 de la mañana^ hora en que algunos 
comerciantes y militares regresaron, aquéllos al 
hogar y éstos á sus alojamientos señalados. 

Después de haber regresado á Uruapan el Gene- 
ral Saíazar de su expedición á Tacámbaro, acordó 
y dispuso la fiesta militar antes reseñada. 

Al siguiente día 8 del mes y año antes citados 
se alistó el Ejército del Centro para abandonar la 
pintoresca ciudad de Uruapan, dividiéndose en tres 
partes por acuerdo del Cuartel General, poniéndo- 
se una de ellas á las órdenes del General Salazar, 
que en dicha fecha dejó el mando en jefe del mis- 
mo Ejército; otra á las del jefe de carabineros de 
Jalisco, con la cual regresó al territorio tapatío, co- 
mo lugar de su procedencia, y la otra, al mando 
;Jel General Vicente Riva Palacio. tomando el cuarto 
al salir de Uruapan el rumbo de Tancítaro, el jefe 
e carabineros jaliscienses el de San Tuan Paran- 

32 



-250- 
garicutiro, ó sea el de las Colchas, y el General 
Riva Palacio, el de los pueblos de la sierra del Po- 
niente de la capital de Michoacán, en dirección á la 
Villa de Quiroga, y de allí á la de Morelia. 

Las tropas republicanas, en la época del llamado 
imperio, en sus marchas y cuarteles tenían sus 
cantares predilectos, análogos á la situación por 
que atravesaba el país entonces, y uno de ello<^ fué 
la siguiente canción patriótica: 

"La mujer es un ángel del cielo 
Destinada á infundimos valor, 
Elevando á los hombres valientes 
Con caricias y besos de amor, 

De ella somos, si acaso espiramos, 
Combatiendo en el campo de honor, 
Esparciendo en la tumba mil flores 
Y pna lágrima pura de amor. 

Cuando suene el clarín de la guerra 
Cuando se oiga con fuerza el cañón, 
A una voz, todos digan Iqué muera 
El Imperio de Luis Napoleón!'* 

Con los cantares indicados, la tropa republicana, 
hacía menos sensibles las fatigas del camino y los 

efectos de las vigilias 



El General Riva Palacio, con su carácter de Go- 
bernador y Comandante Militar del Estado de Mi- 
choacán^ tuvo á bien ascender á la categoría de 
Tenientes del cuerpo lanceros de la Libertad que 
mandaba el Coronel Ronda, á los Alféreces del mis- 
mo, Cayetano Martínez, Pablo Córdoba, Teodosio 
Arévalo, Eduardo Mendizábal y Martín Barbosa, 
en 6 de Octubre de 1865, en la ciudad de Uruapan, 
expidiéndoles la constancia respectiva. 



—251— 

El mismo General Riva Palacio, en virtud de lo 
acordadado can el Cuartel General, en la ciudad 
de Uruapan, comienza á expedicionar por el rum- 
bo del Oriente. Luego toca á Quiroga, y de paso 
al día siguiente por los muros de More lia el 10 de 
Octubre de 1865. con la fuerza del Coronel Ronda 
que llevaba á sus órdenes, sorprende el destaca- 
mento de la garita del Poniente **Chicácuaro,*' que 
se componía de soldados de la »»Legión Belga,» 
desarmándoles, resistiendo unos y fugándose otros* 
resultando de ese hecho de armas, algunos muer- 
tos y heridos, recogiéndoseles armas, municiones 
y objetes de guerra. 

Ese asalto fué ejecutado valerosamente por bue- 
na tropa á las órdenes del Coronel Rafael Domen- 
zain, de Salamanca y del Teniente Coronel Pedro 
Cortés, deMorelia 

Pasada esa escena no faltó quien presetitara á 
)os jefes asaltantes, un ejemplar del decreto impe- 
rial, de 3 de Octubre de 1865, que los republicanos 
oyeron leer despreciando sus anatemas. 

Mientras tanto pasó lo de la garita indicada» el 
sol del día citado comenzaba á ponerse y con ese 
motivo, el General Riva Palacio se retira con su 
fuerza de las goteras de la Capital, á fin de pernoc- 
tar en el rancho del Chayóte, de donde marchó al 
día siguiente, en dirección á Puruándiro, cuya pla- 
za se encontraba cubierta por tropas imperialistas- 

Una vez el General en las garitas de aquella ciu- 
dad, da sus órdenes y dispone el ataque de la pla- 
za, que no resistieron sus guardianes, abandonan, 
dola en precipitada fuga, el mismo día 12 del mes 
y año antes citados, fecha en que los republicanos 
se avistaron y acometieron á la plaza, dejando el 
enemigo armas, caballos y municiones» que fueron 
recogidas del cuartel abandonado. 

El día y noche de la fecha repetida, permaneció 
en la ciudad el general aludido; y á la madrugada 



—252— 
del síg-uiente, emprendió su marcha, rumbo á los 
Distritos de Maravatío y Zitácuaro. en busca del 
enemigo. 

En algunos hechos de armas de los que tuvieron 
lugar en la época del llamado imperio, prestaron 
sus auxilios personales á las fuerzas de la Repúbli- 
ca, los Coroneles Antonio Arandia, Sabás Lomelí, 
Vicente Becerra y Lie. José María García, de Mo- 
relía, que tantas veces con sus propios recursos 
proveyó en las grandes necesidades de tierra ca- 
liente, á los servidores de la Patria, y con frecuen- 
cia al Estado Mayor del General Regules, lo mis- 
mo que á otros necesitados, cuyos nombres se han 
perdido al paso de los años, haciendo solo en estos 
apuntes mención honorífica de los patriotas indica- 
dos antes. 

En dicha época, los cantares de las tropas repu- 
blicanas en sus marchas y cuarteles, fueron los si- 
guientes: 

*^La dulcísima esperanza 
De vencer á Napoleón 
Se abriga en el corazón 
Del guerrero contra Francia. 

] Vivan bellas Mexicanas! 
Que en unión de los guerreros 
Kmpuñaron los aceros, 
Defendiendo la Nación. 

Diciendo ¡viva el que es libre 

Y el que combatió al tirano! 
¡Qué muera Maximiliano 

Y el bandido Napoleón! 

Y las lindas Mexicanas 
Con sus gracias y bellezas 
Nos arrojan sin cesar 
Las flores de sus cabezas. 



-253- 

Diciendo 1 vivan Ion libres 
Y la Independencia hermosa I 
¡Viva Juárez, Zaragoza, 
La reforma y libertad! 

¡Muera la traición maldita 
La que nunca imperará! 
Oficiales de Pueblita 
¡Qué viva la Libertad!" 



En cuanto á la fuerza del General Regules que 
marchó unida á la del Cuartel General al salir de 
Tancítaro la columna, se separó de ella, de orden 
superior para desempeñar una comisión en Para- 
cuaro, con instrucción de incorporarse después de 
haberla cumplido, en donde quiera que se encontra- 
ra la columna, circunstancia por la cual no estuvo 
presente Regules en el desgraciado acontecimien- 
to de Amatlán. 

Ese fatal suceso tuvo lugar el día 13 de Octubre 
de 1865» fecha en que fueron sorprendidos los Ge- 
nerales Arteaga y Salazar, en la población indica- 
da, por fuerzas del imperialista Ramón Méndez, lo 
mismo que los subordinados de aquellos jefes, 
Coroneles Jesús Díaz, Villagómez, González y 
otros, que no se recuerdan, escapando oportu- 
namente el Gobernador de MichoacáUp Coronel 
Justo Mendoza, en los momentos de la sorpresa y 
regresando á Uruapan,^á fin de incorporarse al 
primer guerrillero republicano que encontrara á su 
paso, para continuar luchando. 

La guerrilla del Coronel Sola,no estuvo de avan- 

:ada ese funesto día. con su jefe á la cabez?, sobre 

íl camino que conduce de Amatlán á Tancítaro, 

r como por esa vía penetró el enemigo hasta el 

loja miento de los Generales, sin haber recibido 



—254- 
aviso de parte de Solano^ ni escucharse algún tiro- 
teo, se infiere que ese jefe por miedo ó soborno, 
abandonó el camino, sin saber hasta hoy de ese 
gruerrillero. 

Dichos prisioneros fueron llevados á Uruapan y 
fusilados por orden del traidor Méndez, en la ma- 
ñana del infausto día 21 de Octubre de 1865, en la 
plazuela del jardín contiguo al atrio de la parro- 
quia, de dicha ciudad, manifestando sus vecinos 
gran condolencia, por Ul muerte de tan eminentes 
patriotas; y el paraje de la ejecución lleva ho}^ el 
nombre de los »»Mártires del 21 de Octubre de 

Los cadáveres de dichos patriotas fueron recogi- 
dos y sepultados en el panteón respectivo de la 
misma ciudad, menos el del Coronel Díaz, porque 
fué llevado a sus deudos y á instancia de los indí- 
genas de su pueblo natal de Paracho, dándosele 
sepultura en el cementerio del templo del hospital 
de la misma población. 

Al tener noticia Réguíes de las ocurrencias de 
Amatlán, torna ni interior del Estado para conti- 
nuar luchando en defensa de la República, organi- 
zando en lo posible, á ese fin la fuerza de su man- 
do. 

Atacó y tomó el General Regules la plaza de 
Angangueo» el 7 de Diciembre de 1865, sin pérdi- 
das que lamentar, recogiendo caballos y diferentes 
útiles de guerra abandonados por el enemigo, de 
quien qu^aron prisioneros algunos de tropa que, 
al día siguiente puso ert libertad aquel jefe. 

Lo mismo hizo el 26 de dicho mes y año en el 
Valle de Temascaltepec, resultando Regules heri- 
do en la lucha, quedando á su disposición la plaza, 
algunos caballos y diferentes pertrechos de guerra, 
lo mismo que prisioneros v heridos; mandándose 
curar éstos y porerse en libertad los otros y dan- 
do sepultura á los muertos. 



—255- 

Encuentro con franceses y traidores, en el paraje 
de «'Loma Blanca,** á inmediaciones de Chilchota, 
con fuerzas del General Regules, en 20 de Enero 
de 1866, y retirada de éstas, á la sierra del Ponien- 
te, después de una escaramuza de que no resultó 
accidente que lamentar. 

Encuentro en el paraje de la **Yervabuena,«» con 
fuerzas imperialistas, aí mando del General Ramón 
Méndez, con las republicanas del Coronel Ronda y 
del Comandante Vicente Solorio; ' cuyos jefes han 
muerto, el primero, aprehendido en la ocupación 
de la plaza de Querétaro y fusilado luego, sin las 
formalidades con que fueron fusilados y ejecutados 
en el Cerro de las Campanas los demás Generales 
sus compañeros; el segundo de[jó de existir en Qui- 
roga, á consecuencia de una complicación pulmp- 
nar, y el último también fué fusilado, por inconse- 
cuente al Gobierno de la República. 



En Febrero de 1866, fecha en que el cuartel ge- 
neral dispuso se avanzara sobre los traidores que á 
las órdenes del General Ramón Méndez, se diri- 
gían á üruapan, se libró orden al Coronel Ronda 
para qme con su fuerza se aproximase á aquella 
ciudad y en virtud de la cual salió luego de Quiro- 
ga en dirección á donde se le mandaba, y en su 
tránsito por la sierra de Pichátaro, encontró dis- 
perso con su fuerza al Coronel Rafael Rangel, 
quien le dio aviso de haberse perdido en la maña- 
na del día 20 del mes citado. la batalla que se libró 
á los imperialistas, en el llano de dicha ciudad con- 
tiguo al barrio de la Magdalena, perteneciente á la 
úsma población; que, en consSecuencia le parecía 
ije Ronáa con los suyos, debía por entonces ha- 
r otra cosa de utilidad, en la inteligencia de que 
^ngel venía de aquel campo ya de retirada. 



^^ 



-256— 

Mediante esa noticia recibida de un jefe carac- 
terizado, y valiente, como lo fué aquel, nada hubo 
que dudar, y apoyado Ronda en aquella noticia, 
caminó en dirección á Pátzcuaro, entrando á esa 
plaza sin resistencia alguna, la tarde del 20 citado, 
ocupando en seguida el armamento y municiones 
que encontró en los cuarteles, solicitando luego las 
existencias de dinero de la Administración de Ren- 
tos de la ciudad y un préstamo forzoso del comisa- 
rio, de 4,000 pesoS; por los conductos respectivos, 
que por influencias dignas de atención quedó redu- 
cido á 3,000 pesos; pero que, uniendo esta suma á 
la de 1^000 que existía en caja de la oficina dicha, 
siempre se reunieron y recogieron de la ciudad los 
4,000 pesos, por el pagador de las fuerzas republi- 
canas, Mayor Miguel Ordorica. 

Al siguiente día al aproximarse el General Mén- 
dez á aquella plaza, de regreso de la de Uruapan, 
salió de Pátzcuaro el Coronel Ronda con rumbo ^ 
Tacámbaro^ presentándose al Cuartel General y 
poniendo á disposición de su personal dinero, ar- 
mas y prisioneros imperialistas que tomó en aqué- 
lla ciudad, los que se pusieron en libertad al si- 
guiente dfa» de orden superior; y oidas en seguida 
las causas que impidieron á Ronda su oportuna lle- 
gada á Uruapan, siendo la principal entre las de- 
más, el retardo con que recibió la orden de marcha 
que se le remitió por cordillera, de Tacámbaro á 
donde se encontraba, remisión era esta que me- 
diante la importancia de ella, pudo hacérsele con 
propio, á fin de que aquella se hubiera acatado 
oportuna y debidamente* 

Tal afirmación como fundada en justicia, tué aten- 
dida por el General en jefe C. Vicente Riva Pala- 
cio, y en consecuencia, ordenó á Ronda volviese 
luego á su línea, mandando además que su paga- 
dor entregara á ese jefe 1.000 pesos, de los 4.000 
que el día anterior habían entrado en caja, á efecto 



—257— 
de que les diese aplicación en los gastos de la Bri- 
g-ada, dejando el correspondiente recibo. En se- 
guida recibe Ronda la orden escrita de regresar á 
su línea de Occidente, y marchó para ella al si- 
guiente día 24 del mes y aflo antes citados. 

El Geoeral Regules, "con una parte del Ejército 
del Centro, combatió también, en la batalla de la 
Magdalena, contra las fuerzas imperialistas que 
mandaba el traidor Méndez, en cli5'o hecho de ar- 
mas se colocó la fortuna del lado de los traidores. 

Desastre en el rancho de Tengüecho, ocurrido 
el 18 de Marzo de 1866. en una parte de las fuer- 
zas del Ejército del Centro que á las órdenes del 
General Regules hacía la campaña en contra de la 
intervención francesa, falleciendo en la sorpresa el 
-Coronel Hilario Cervín, de Tacámbaro, otros, su- 
• balternos é individuos de tropa, cuyos nombres se 
han perdido al paso de los aflos. 

En semejante peligro, á no ser por el Mayor 
Eduardo Deveaux, que servía entonces en el Esta- 
do Mayor del General Regules, la matanza hubie- 
ra sido terrible, tomándose también muchos prisio- 
neros que pudieron ser fusilados luego, porque, al 
disparar sus 'armas los franceses sobre los republi- 
canos, en los momentos de la sorpresa, el enuncia- 
do Mayor, habló á aquéllos con entereza en el idio- 
ma francés, diciéndples: »»No tiren sobre nosotros, 
que somos de Ustedes.'* Al escuchar aquellos esa 
voz, suspendieron sus fuegos para t-econocer, sin 
duda, á los que atacaban. 

Entretanto elGrál. Regules con su Estado Mayor 
y Deveaux entre él, pudieron evadirse de aquélsitio 
en dispersión precipitándose á un profundo y espa- 
cioso barranco, que se encuentra rixuy inmediato á 
as principales casas del rancho, favorecidos por la 
)bscuridad de la noche; perdiendo los de Regules 
caballos, sillas, armas }'' parque, que fué preciso 
bañdonar para salvarse, recogiéndolo todo el ene- 

33 



—258- 
migfo, y debido á la voz d^l Mayor se evitó la efu- 
sión de sangfre que pudo ser abundante. En con- 
secuencia, ¡Bien, muy bien! por tan valiente Ayu- 
dante. 

Un cuadro de jefes y oficiales procedentes del 
desastre de Tengüecho que á las órdenes del Co- 
ronel entonces, Miguel Eguiluz, se dirigía á la H. 
Zitácuaro, de orden del General Regules, en jefe 
del Ejército del Centro, para que se organizaran 
en aquel Distrito del Oriente de Michoacán, y con 
el doble objeto de que el jefe de esa expedición, se 
encargara de la Prefectura del mismo Distrito, con 
el fin de que mediando sus respetos, tuviera efecto 
la deseada rorganización de dichos oficiales. 

Al efecto, y de tránsito para esa ciudad, toca la 
hacienda de San Vicente del municipio de Taretan, 
al aproximMr.^e la noche del 22 de Marzo de 1866 y 
con ese motivo, dispone el jefe pernoctar en jesa 
finca, donde descansaren tranquilamente los milita- 
res que componían dicho cuadro, la mayor parte 
de esa noche. 

Mientras tanto dormían los patriotas, llegan á la 
hacienda de Tomendán, de la misma municipali- 
dad, los cabecillas imperialistas Alatorre y Pureco 
que se dirigían á Taretan con objeto de sorprender 
en aquella plaza, al Coronel Republicano Francis- 
co de Landa, jefe Político y Comandante Militar de 
ella; y hablando con el administrador de aquella 
hacienda, Sr. Orozco. de Pátzcuaro, le comunica- 
ron el deseo que les llevaba á dicha plaza. El em- 
pleado aludido, en vista de la revelación hecha por 
sus amigos, les dio su opinión diciéndoles: que en 
Taretan podrían encontrar resistencia por el jefe 
de aquel punto. 3^ que en ese caso, les convenía 
mejor huir á aprehender á Regules que acaba]|)a 
de pasar por allí con una procesión de sangre y 
que debía pernoctar, según había dicho en la indi- 
cada hacienda de San Vicente, donde no encontra- 



-259- 
ríah resistencia alguna y por lo mismo lograrían 
\2^ aprehensión del General en jefe del Ejército Re- 
publicano del Centro. 

Mediante la indicación de aquel administrador, 
los cabecillas expresados cambiaron de parecer y 
optaron, por marchar desde luego á San Vicente, 
á donde llegaron, A la madrugada del funesto día 
23 del mes y aflo antes citados, sorprendiendo á los 
jefes y oficiales que. dormían aún y que componían 
el indicado cuadro, sin lograr capturar á Regules; 
porque él había tomado otro rumbo. 

Los militares sorprendidos no tuvieron más me- 
dios de que disponer en aquellas circunstancias pa- 
ra salvar la vida de los de fuera, según que les fue 
dable, tomando unos los potreros de los plantíos de 
caña inmediatos á la hacienda; otros, arrojándose 
al inmediato río, con cuyas aguas se riegan las se- 
menteras; y algunos trepando por las bardas con 
suma dificultad, á las alturas de la finca, descen- 
diendo de allí al cárcamo del molino, donde que- 
daron ocultos, desprendiéndose los que más no pu- 
dieron, de las cubiertas de la casa principal de la 
misma hacienda, cayendo sobre un duro banco de 
cascajo, lastimándose los pies, porque se les busca- 
ba enfipeñosamente, y era preciso salvarse á costa, 
de cualquier sufrimiento. 

Una vez descendido á ese sitio el Mayor Genaro 
Román, se resolvió, sin embargo de lo lastimado 
que estaba, á atravesar descalzo el potrero de la 
soca recién cortada, quedando á flor de tierra 
abundantes y filosos troncones que á su paso hi- 
rieron y destrozaron por completo la piel de la plan- 
ta de los pies; y con motivo de ese accidente que 
inspiraba compasión, tuvo a su pesar que detener- 
; en su marcha por estar bien fatigado y no po- 
^T ya seguir adelante, desplomándose con ese mo- 
zo sobre el suelo con agudísimos dolores. En 
as circunstancias y íie tífl modo providencial, es> 



—260- 
encontrado el Mayor ea aquel lugar por el Capitán 
Francisco Javier Suárez que también huía, y este 
buen hombre de quien era paisano Román, lo le- 
vanta, lo lleva cargado á cuestas sobre sus espal- 
das algunas leguas», haciendo posas en el transito 
hasta llegar con tan pesada carga á la hacienda 
de At aparícuaro; y de esa finca se le condujo en 
una bestia á la villa de Ano de Rosales, en un 
estado bien lastimoso, haciéndosele en esa locali- 
dad ]a primera curación, por su tío el Dr. Lucas 
Román, y una vez restablecido el enfermo, volvió 
al servicio de la República hasta triunfar del llama- 
do imperio. 

Entre los militares sorprendidos en San Vicente, 
se encontraba el Teniente Coronel Nogueira y 
el Capitán Fernando Barcena, quienes también ex- 
perimentaron las consecu(íncias de la sorpresa con 
otros oficiales del mismo cuadro, de quienes no se 
recuerdan sus nombres, que también por distintos 
rumbos se salvaron. 

Quien esto escribe, no presenció la ocurrencia 
que antes se refiere, pero la conoce por conducto 
de los jefes y oficiales que sufrieron sus conse- 
cuencias. 

Al participar el Coronel Eguiluzal General Re- 
gules el acontecimiento de San Vicente, este jefe 
superior le dice en contestación que sentía infinita- 
mente tan desagradable suceso y se alegraba bas- 
tante al no tener que lamentar la pérdida de esos 
buenos patriotas; y que temiendo ser sorprendido 
del enemigo en la indicada hacieiKla, donde pre- 
tendía pernoctar la noche del 22 del mismo mes y 
año, pensó diferente, haciéndolo en otra localidad; 
y que esperaba del conocido patriotismo de su-í 
oficiales, se les incorporarían cuanto antes, en d 
de quiera que se encontrara el Ejército del Cent 




-261— 

Nombrado el Coronel José Vicente Villada Co- 
mandante Militar de los departamentos de Urua- 
dan y Zamora, con residencia entonces en Apatzin- 
gán, organizando su pequeña fuerza con los pocos 
elementos que le daban aquellos pueblos de la tie- 
rra caliente, puesto que las principales poblaciones 
de la línea de su mando las tenía ocupadas el ene- 
migo. 

Hn los primeros días de Junio de 1866. resolvió 
el Coronel expresado trasladarse ú, Tancítaro p^ra 
darle descanso al vecindario de Apatzingan y pro- 
veerse de algunos elementos en. aquella población. 
Llegó á ese punto la tarde del día 7 con un pequeño 
cuerpo de infantería, como de 300 hombres, en su 
ma3^or parte reclutas, un grupo de oficiales y ex- 
ploradores, de 30 individuos aproximadamente é 
igual número de jinetes procedentes de Jalisco que, 
para apoyar su fuerza, le había prestado el Coro- 
nel Francisco Magaña, á ñn de que utilizara sus 
servicios en esa expedición. 

En la mañana siguiente se ocupaba la fuerza ei> 
recibir instrucciones en la plaza del pueblo, los ofi- 
ciales y exploradores en sus alojamientos 3^ la es- 
colta de Jalisco en su cuartel, situado en una de las 
calles que dan salida para el pueblo de Acahuato; 
Villada en su alojamiento sitUcido en la pbza dis- 
tante de ella algunas cuadras. 

Fué sorprendido á esa hora, 8 de la mañana, por 
una fuerza enemiga. La sorpresa fué tal, que na- 
die trató de organizarse, sino de ponerse en salvo. 
Villada mismo, salió en los momentos de la confu- 
sión y atravesando por entre el enemigo y sus in- 
fantes que se dispersaban, corrió para la salida de 
'Vcachuén. A su paso por el cuartel de los 30 jine- 
is de Jalisco, vio que éstos se alistaban para sa- 
^• pero organizados allí, se detuvo y ya con la es- 

>Ita aquella, emprendió su retirada por la salida 

í Acahuato, viendo cómo se dispersaban sus ín- 



—262- 
fantes y tiraban sus fusiles entre los solares del 
pueblo. 

La fuerza enemiga que los sorprendió procedía de 
los Reyes; había pernoctado en el pueblo de Apo, y 
de allí, tomando la madrugada, emprendió el asalto. 
Esta fuerza la mandaba un comandante Granados 
que Hevilba 300 infantes de línea, fuerza muy ague- 
rridap y 50 caballos al mando del contraguerrillero 
Julián Espinosa [á] el Manco; éste muy conocedor 
del terreno y enemigo ac(5rrimo de los Republica- 
nos- 
Pasados los primeros momentos de la sorpresa. 
Espinosa emprendió la persecución de Villada 
quien iba aun muy cerca de la población. Comen- 
zaron ;i tirotearse y dar cargas que cada vez com 
prometían más la retirada de los pocos que acom- 
pañaban á Villada, hasta que éste ordenó una «me- 
dia vuelta,» que como se hizo casi á quema ropa, 
fué de muy buen resultado. A la primera descar- 
ga, cayó muerto de un balazo el manco Espinosa. 
Esta ocurrencia desconcertó á sus compañeros é 
hicieron alto, y quedaron ambas guerrillas frente á 
fi'ente; la de Villada con Arcadio Zepeda, que se le 
había incorporado en la dispersa y los traidores en 
número de 50» que contemplando un momento el 
cadáver de su jefe, cargaron con él y regresaron 
al centro de la población de Tancítaro. 

Este hecho desmoralizó un tanto á Granados y 
los suyos que habían quedado en el pueblo; pero 
aumentó sus temores la falsa noticia de que el Ge- 
neral Regules venía por el rumbo de Uruapan. 
^ Villada por su parte, con la retirada de la fuer- 
za de Espinosa, tomó una posisión ventajosa so- 
bre el camino que llevaba, á una legua de distan- 
cia de Tancítaro 5^ de allí estuvo recogiendo algu 
nos de sus dispersos y organizándolos. Los veci 
nos de ese pueblo, eran muy adictos á los republi 
canos y pronto estuvieron á comunicar á Villada 1< 



-263- 
que ocurría en la plaza. Le llevaban alimentos 
para él y sw gfente y levantaron la moral dé la tro- 
pa; ya se le habían reunido los oficiales y explora- 
dores, y contaba con ese motivo, con unos ciento 
y tantos hombres. 

En la tarde mandó algunos jinetes para que por 
eí camino de üruapan arrastraran ramas de árbo- 
les, simulando con la polvareda que levantaran la 
aproximación de una fuerza. Este subterfugio y 
la afirmación del vecindario de que se aproximaba 
Regules, acabó por desmoralizar á Granados, 
quien disponía su retirada ya muy cerca del ano- 
checer, cuando Villada, Zepeda y los suyos, caye- 
ron sobre Granados en Tancítaro, al grito de ¡Vi- 
va Regules! Aquel jefe emprendió su retirada 
perseguido de los republicanos que recuperaron 
sus prisioneros dispersaron la fuerza de Gra^jados, 
al grado de que llegó éste á Los Reyes al día si- 
guiente con sólo 8 oficiales y sus asistentes. To- 
do el armamento que iban tirando en la dispersa lo 
recogió Villada, quien llególa Tancítaro el día 9 
del citado Junio con mejores elementos de los que 
tenía al ser sorprendido. 

Por supuesto que muchos oficiales y soldados en 
los momentos de la sorpresa, emprendieron su fu- 
ga y llegaron á Apatzingán, llevando la triste nue- 
va de la derrota que se lamentaba cuando llegó 
también el parte en que Villada daba cuenta de su 
completo triunfo, del cual se dudaba. 

Estos elementos sirvieron para derrotar más tar- 
de, al traidor Luis Madrigal, en Jucutacato, el 14 
de Octubre siguiente, cuyos hecho se referirá en 
el lugar correspondiente. 
En cuanto á los dispersos llegados á Apatzin- 
án, regresaron cuanto antes á Tancítaro, reunién- 
>se á la tropa de Villada, á que pertenecía. 
Tan luego como ese Jefe se repuso un tanto de 
fatiga de que se hace mención, procuró organi- 



-264- 
zar, aumentar y disciplinar la fuerza republicana, 
que debni servirle de apoyo, en sus operaciones 

subsecuentes. 



No obstando los productos de la recaudación de 
las reducidas rentas de algunas poblaciones del 
Estado de Michoacán, en las cuales el enemig^o 
aun no senlaba sus reales, para atender á los glas- 
tos de ia Brigada que mandó el Coronel Ronda 
desde 1864, con su c^irácter entonces de Mayor del 
cuerpo Lanceros de Guerrero, hubo que recurrir al 
arbitrio de empréstito para cubrirlos; y notándose 
el destignido de los pueblos en satisfacer ese im- 
puesto provisional por moderado que fuese, como 
lo era en efecto, al estar la Brigada en aquella épo- 
ca basíanle reducida, no faltó un Jefe subalterno, 
muy amigo de Ronda que, le hiciera la siguiente 
itidicaciun. 

"Es conveniente que para combatir esas penu- 
rias se recurra a la recaudación de excepciones de 
la Guardia Nacional, impuestas por decreto del 
Cuartel General desde 1861. á los ciudadanos que 
estén fuera del servicio de las armas, á fin de que 
la carica sea llevada por parejo entre todos ellosj^ 

Tal indicación fué aceptada, y en consecuencia, 
para ponerie en práctica, inició ese pensamiento el 
Coronel Ronda al mismo cuartel general, á fin de 
que al obtener su aprobación se sirviese autorizar- 
le para recaudar ese impuesto en la línea de su 
mando y atender con su producto á los gastos mi- 
litares, teniendo además la amabilidad de remitir- 
le ejemplares del decreto y reglamento respectivo 
en que debería fundarse el cobro, y en vista de 
esos recados, emprender los trabajos conducentes 
como padjones, listas y demás antecedentes, parí" 
el establecimiento de la recaudación y relevar as 



—265^ 
á los vecinos de la línea que se Ic tenía, encomen- 
dada, de la pesada car^a que solos estuvieron Ue- 
vandq por algún tienipo. 

De conformidad el cuartel general remite á Ron- 
da con su propio la orden y documentos queisolici- 
tu y con ella algunas instrucciones paní el cobro, 
adjuntándole el despacho de Teniente Coronel, en 
premio del celo que manifestíí en favor de sus su- 
boi dinados y por el buen nombre del Gobierno y 
del listado. 

Ronda una vez autorizado por la superioridad pa* 
ía el íin que se indica, emprendió los trabajos rela- 
tivos» con el mejor resultado; y después de algunos 
días se comenzó el cobre que encomendó á las au- 
toridudes 3^ subalternos de su línea, que ejecutaron 
con cxito y buenos rendimientos á quienes se les 
asignó el correspondiente honoi'ario de recauda- 
ción, y reunidos los productos de esa renta á los de 
las^ficinas de la línea, fueron más que suficientes 
.para las atenciones de la fuerza, por lo que no hu- 
bo ya que molestar á nadie con pedidos de ningu- 
na c!ase> teniendo también fondos de que disponer 
para comprar remontas, armas, equipo y lo más 
que el soldado necesitaba para prcsentarí^:e con lu- 
lo, pagándosele su haber, con demasiada puntuali- 
dad. 

Sin embargo de todos esos elemento, el enun- 
ciado CoroneK' veía con pena los inconvenientes 
que se le presentaban para poner como deseaba, 
en alta íuerza la Brigada; y peor aún. cuando con 
motivo de la ley imperial de 3 de Octubre de 1865, 
nadie quería prestarse al servicio de las armas ni 
á saludar siquiera á los patriotas ni menos á reci- 
birlos en su domicilio, ó casas de campo por no in- 
currir en sus anatemas; pero que teniendo presente 
aquello de que "por el cebo caen las ratas^^i se 
mandó abrir un enganche en el pueblo de Coeneo, 
proponiendo algunas ventajas para los que quisie- 

34 



-266- 
ran inscribirse en el. y pasados algunos días de su 
pablicación y desechando los temores de la repe- 
tida ley, la gente del pueblo comenzó á alistarse, y 
Ronda en conclusión, tuvo el premio de sus afanes, 
logrando por aquel medio poner la Brigada en alta 
fuerza para afrontar la situación, y cojer las ratas 
en virtud del cebo; siendo tanto más necesario el 
aumento de ella, cuanto que en aquella fecha no 
había más fuerzas republicanas en Michoacán. si 
no eran las que mandaban Garnica y Ronda, en 
sus respectivas líneas, puesto que las de los Pode- 
res de la Nación se hallaban en el Paso del Norte, 
como escolta del Presidente Señor Juárez, circuns- 
tancia que hacía preciso aumentar las de aquellos 
jefes para apoyo del Gobierno de Michoacán y á 
efecto de combatir á imperialistas y traidores. 

Al signiente año se dio cuenta al cuartel gene- 
ral del resultado de la recaudación de excepciones 
del servicio de la Guardia Nacional, remitiéndole 
estados en que figuraban los rendimientos del ra 
rao, según los padrones, su aplicación 3'^ existencia 
en numerario en la caja de la brigada que, con la 
mayor honradez fué llevada por el pagador Mi- 
guel Ordorica, no dejando nada que desear la con- 
ducta de los comisionados de la misma Brigada 
Cervín, Bernal y Simón Rodríguez. 

En vista de los recados y noticias recibidas en 
el mismo cuartel general, en el sentido de la re- 
caudación, su personal queda satisfecho de la con- 
ducta de Ronda, tanto por las agencias de ese 
arbitrio» como respecto del enganche de hom- 
bres para el servicio de la Brigada; y al acusar 
recibo de los" documentos remitidos por el Co- 
ronel Ronda, le adjuntó el General Uraga. el des- 
pacho que confirmaba esa categoría militar con 
frases benévolas que con sorpresa y gratitud, reci- 
bió el agraciado, quedando en espera de una opor- 




—267— 
tunidad para dar las gracias al superior por tanj va- 
lioso servicio. 

Con los hechos que antes se refieren, que fue- 
ron del agrado del cuartel General, quedó cerrada 
y justificada la carrera milita,r del Coronel Ronda, 
fallecido en Quiroga, como se ha dicho antes. 

El cuerpo lanceros de Guerrero formado con 
voluntarios campesinos de oue se hace referencia, 
fué mandado en jefe por el Coronel Cárnica en la 
época de Ayutla. siendo mayor de él Don Eugenio 
Ronda. Dicho cuerpo se mantuvo en alta fuerza, 
bien montado, armado y equipado conveniente- 
mente siendo su jefe instructor el Coronel Juan Ve- 
lasco, quien le instruyó en las maniobras del arma» 
dándole también buena educación militar. 

Hl referido cuerpo tuvo su buena historia y un 
regular cuadro de oficiales, distinguiéndose entre 
éstos los capitanes José María Vallejo, de Eronga- 
rfcuaro y Luis Sagrero, de Taretan, por su porte 
marcial, buen personal, regular educación y mane- 
ras elegantes de llevar el uniforme. 

El repetido cuerpo tan luego como triunfó la re- 
volución de Ayutla y fué electo el General Huer- 
ta Gobernador y Comandante Militar de Michoa- 
cán, se le mandó suprimir el nombre de »*Guerre- 
ro," y se le puso de orden superior el de "Lance- 
ros de la Libertad»»» para perpetuarla memoria del 
pueblo de Coeneo de la Libertad por haber nacido 
en él el referido General. 

Dicho cuerpo combatió al Gobierno despótico 
del General Santa Anna, en defensa del Plan de 
Ayutla y una vez triunfada esa causa y ocupada la 
plaza de Morelia, quedó de guarnición en ella. 



I 



I 



Con la concesión antes indicada hecha por el 
cuartel general en Abril [de 1864, en favor de la 



—268- 
fuerza republicana, que en esa fecha mandaba el 
Coronel Ronda, este jefe vio desde luego corona- 
dos sus esfuerzos, porque con nuevos y suficientes 
fonSos ya le fué dable aumentar, como deseaba, á 
un número suficiente la fuerza de su mando, á la 
que pudiera dársele el nombre de Brigada. A ese 
fin tuvo que recurrir dicho jefe, á los medios de en- 
ganche, mandando abrir en seguida en la cabecera 
del municipio de Coeneo de la Libertad, á los po- 
cos días de aquella concesión. 

Al trascurso de algunas semanas de esa apertu- 
ra, se comenzaron á presentar algunos ciudadanos 
aptos para el servicio de las armas, recibiendo lue- 
go el precio de su enganche, mediante las seguri- 
dades de estilo, formándose con ellos. 400 soldados 
de caballería y 200 de infantería, poniéndose éstos 
á las inmediatas órdenes del Teniente Coronel Pe- 
dro Cortés, de Morelia, ascendiendo los de una y 
otra arma á 600 de tropa, y á esa cifra se le dio el 
nombre de Brigada, la cual se mandó equipar, uni- 
formar y organizar, dándose á los dragones buena 
remonta y mejor educación militar que también 
recibieron los infantes. 

El que escribe estas líneas fué testigo presencial 
de los acontecimientos que antes se refieren. 



La mañana del 19 de Abril de 1866, se encontra- 
ron las fuerzas imperialistas que mandaba el Te- 
niente Coronel Juan de Dios Rodríguez con las re- 
publicanas del Coronel Ronda, á las órdenes en 
esa fecha del que esto escribe y del Ma3^or Rosen- 
do Márquez, como su segundo. Ese hecho de ar- 
mas tuvo lugar en el llano de la Palma, casi á las 
goteras de Coeneo, el cual terminó hasta las cinco 
de la tarde del día citado; y en él triunfaron los re- 



—269- 
publícanos, aunque á costa de algunas pérdíaas de 
las que tampoco fué librado el enemigo. 

Como á las cuatro de la tarde del mismo dfa, 
siendo menor en número la tropa de Ronda y en- 
contrándose la caballada muy fatigada por haber 
caminado la noche anterior de Penjamillo A Coe- 
neo, y sin auxilio de infantería, de que el enemigo 
estaba provisto en muy buenas condiciones, el je- 
fe accidental de las tropas republicanas que cobi" 
batían á las imperiales, atendiendo á esas circuns- 
tancias tan desfavorables y á las bajas que esta- 
ban ocurriendo en la fuerza de su mando, ocasio- 
nadas por los fuegos (Je la infantería enemiga, es- 
tuvo á punto de mandar cortar la pelea y retirarse 
á la hacienda de Bellas Fuentes ó al pueblo de Co- 
manja. pero tal pensamiento no tuvo lugar, por- 
que, afortunadamente se presentó en el campo de 
la lucha con mucha oportunidad el auxilio del Ge- 
neral Garnica. por el rumbo de la Presa, tra^^endo 
LL sus órdenes unos cuantos soldados republicanos- 
Mas luego llega el del Coronel Ronda, no obs- 
tante sus enfermedades, que con oportunidad apa- 
reció por el potrero de la Caja, 3^ en seguida el de 
los Coroneles Antonio Huerta y Rafael -Rangel 
arabos con sus mozos, resultando uno de estos por 
el Granjeno y el otro por la Vinata, haciéndose 
con ese motivo más fuerte el combate, porque los 
jefes auxiliares nada dejaron que desear, ni como 
patriotas ni menos como soldados xJel país, pues 
se manejaron con valor y actividad e;^ la lucha de 
esa tarde, y en esa carga decisiva, fué herido por 
mano del Coronel Rangel el jefe imperialista Ro- 
dríguez, lo mismo que el Mayor por uno de los ofi- 
ciales republicanos, y de gravedad, sin duda, por- 
que en la noche de ese día que pernoctó la tropa 
imperial en Quiroga, falleció en aquella Villa, re- 
sultando, además, en ese hecho de armas, algunos 
muertos 3^ heridos que se recogieron del campo al 



—270— 
ser levantado, mas luego de los republicanos, y de 
éstos, muertos los Tenientes de caballería Pablo 
Martínez de la Presa y José Dolores Aguirre, de 
Zamora, Alférez Epigmenio Ruiz y un joven Ayu- 
dante, Miguel Béjar, un sargento 1® Leocadio Es- 
camilla y cuatro individuos de tropa, de quienes 
también se ignoran sus nombres; mandándose lue- 
go curar los heridos y dar sepultura á los muertos. 
Al empuje de los republicanos unidos, reconoció 
el enemigo de lo belicoso de su infantería, y de las 
ventajas antes expresadas, aprovechó aquél la 
aproximación de la noche, fjara retirarse del cam- 
po de la lucha, en dirección á Quiroga sin que se 
le persiguiera, porque la tropa estaba muy fatiga- 
da y la remonta bastante maltratada; y con ese 
motivo los soldados de Ronda regresaron á Coe- 
neo, en donde se dio descanso 4 la tropa, forraje á 
la remonta, y en seguida el correspondiente parte 
de ese hecho de armas al General en jefe del Ejér- 
cito del Centro. 




Asalto á las fuerzas imperialistas al mando del 
General Vera Quintana, por los republicanos que 
obedecían al General Coronel Rafael Garnica, en 
la plaza ác ^acapu, en Mayo de 1866, resultando 
de ese hechOj.de armas que el Capitán Víctor Gon- 
zález proceaente de las fuerzas asaltantes, despren- 
diera una parte de la remonta del enemigo que en 
aquellos momentos se hallaba encadenada en la 
misma plaza para la limpia y se llevara fuera de la 
población, aprovechando el tiroteo entre asaltantes 
y asaltados, á fin de hostilizar al enemigo y de po- 
ner luego como !o hizo á disposición del General 
Garnica, al incorporarse en la fuerza, los veinte ca- 
ballos extraídos de la plaza enemiga. 



-271— 

De la remonta indicada, et General Garnica, tu- 
bo á bien regalar al Capitán arrojista, dos caballos 
de los mejores, que vendió más tarde, y el resto de 
dieciocho fué distribuido á las compañías para el 
servicio de la tropa, no habiendo ocurrido ninguna 
desgracia que lamentar, en ese hecho de armas. 

Repuesto el enemigo de los efectos de la sorpre- 
sa, sale de Zacapu el jefe imperialista Macario Sil- 
va, siguiendo el movimiento de los republicanos. 
con objeto de recuperar los veinte caballos que et 
Capitán González extrajo de la remonta imperial, 
y aunque al ser alcanzados los soldados de Garni- 
ca en la puerta de Buenavista, se repitió otra esca^ 
ramuza más seria. Silva tuvo que regresar á la 
plaza de Zacapu, lo mismo que había salido, sm re- 
Gojer los caballos y los republicanos que continuar 
la marcha emprendida sin novedad alguna. 



En 7 de Septiembre de 1866^ encontrándose eí 
General Regules con las tropas de su mando en 
Etúcuaro de la Cal, pueblo perteneciente áMichoa- 
can, es atacado por la fuerza imperialista que man- 
daba el traidor General Ramón Méndez, de Ario 
de Rosales del propio Estado. Con ese motivo tu- 
vo Rógules que abandonar la población batiéndose 
en retirada tomando el rumbo del paraje deno- 
minado »»Uflas de Gato/* en donde la lucha tomó 
mayores proporciones, siendo en ella derrotadas 
las fuerzas republicanas y dispersos por la sie- 
rra que de allí conduce á la de Zitácuaro. Ultimo 
golpe de tantos que sufrió en aquella tí poca el su- 
nido General Regules; parque de ahí en adelante» 
la fortuha le acarició con diferentes victorias que 
le concedió, hasta el restablecimiento de la Repú- 
blica, en 1867. 



—272- 
El mismo General Regules, después de las ocu- 
rrencias de Uña de Gato, repuso y organizó su 
fuerza y penetrando al interior del 'Estado de Mi- 
choacán, de paso por Indaparapeo, á los pocos días 
de aquel suceso, en el mismo mes de Septiembre 
de lS6b, desalojó y derrotó un pequeño destaca- 
mento imperial que cubría la plaza de aquel pue- 
blo accidentalmente, recogiendo armas, parque y 
algunos caballos que en su fuga abandonaron los 
soldados del enemigo. 



En 14 de Octubre de 1866, el Coronel José Vi- 
cente Villada llega á las inmediaciones de Jucuta- 
cato, población situada lA Sur de la ciudad de 
Uruapan, como á una y media leguas de distancia. 

Villada venía entonces del rumbo de Apatzin- 
gán con su Brigada que se componía de unos tr^ 
á cuatrocientos hombres de infantería y caballería. 
Su objeto era forzar el paso por el río" de Cupati- 
tzio, salir al llano y hacer una correría por las ha- 
ciendas inmediatas á Taretan para proveerse de 
recursos pecuniarios y de algunos pertrechos de 
guerra. 

Cubría entonces la plaza de Uruapan una guar- 
nición de traidores al mando del Coronel Luis Ma- 
drigal, de Penjamillo, de infantería, caballería y ar- 
tillería, en numero de cuatro á quinientos hombres, 
estando el perímetro de la plaza bien fortificiado. 

Al saber en Uruapan la aproximación de Villada, 
Madrigal dispuso una columna, como de trescien- 
tos hombres, con una pieza de montaña para salir 
á'batirlo. Llevó el mando en jefe el mismo Ma- 
drigal, y entre los oficiales que le acompañaban 
iba el Capitán Fagpaga y un oficial Zuloagá, a 
quien ha visto en México elque esto escribe ert un 
cuartel fungiendo de Teniente Coronel. La plaza 



%-273- 
indicada quedó con el resto de la fuerza, al ma^do 
de un Capitán Queridón, antiguó soldado del Ejér- 
cito del dictador Santa Anna. 

Serían las dos de la tarde cuando salió la colum- 
na de tiradores, á espantar las chusmas de ladro- 
nes y castigar al Villadita, que así le decíati Ma- 
drigal y sus oficiales, que jactanciosos y charlata- 
nes creían humillar al vecindario y muy especial- 
miente al bello sexo de la ciudad partidaria de los 
republicanos, tan amiga de Villada, en cuya fuer- 
za venían jefes, oficiales y tropa ligados en paren- 
tesco y amistad con todas las clases sociales de la 
ciudad cautiva. Madrigal salió con los suyos inso- 
lente y burlón con el vecindario. Este guardó una 
actitud digna, negándose por completo á cubrir el 
servicio de trincheras que se le tenía impuesto y 
-que entonces se le exigía, pero sin éxito. ÍPuede 
juzgarse del estado violento en que ahí se que- 
daron las familias, que sabían que con Villada ve- 
nían sus jefes sus hermanos, sus hijos, deudos, po- 
bres y enfermos y tener que habérselas con la tro- 
pa de línea, bien municionada 3^ con la confianza 
de sus victorias recientes. 

En menos de media hora franqueó Madrigal la 
distancia entre Uruapan y Jucutacato: en las ca- 
lles de ese pueblo, se encontraron las guerrillas 
avanzadas de una y otra fuerza y después del tiro- 
teo de reconocimiento, cada guerriila se concentró 
al grueso de su fuerza. 

Villada al saberla aproximación del enemigo to- 
mó sus precauciones en una pequeña eminencia 
que está al salir de Jucutacato sobre el camino que 
conduce á tierra caliente. La caballería al mando 
del Coronel Francisco Magaña, cubrió los flancos 
;• desprendió la guerrilla de observación, con or- 
len de que al encontrar al enemigo lo provocara 
:on un tiroteo y lo atrajera al sitio en que se le es 
^eraba. 

35 



—274—^ 

Madrigal que no creyó lo esperaba el enemigo, 
le sorprendió la actitud en que se le recibió. En 
consecuencia, ordenó que un oficial con una peque- 
ña escolta montara la pieza y cubriera la retaguar- 
dia; y él con el grueso de la fuerza, avanzó desple- 
gando sus tiradores por los flancos, y por el cen- 
tro en columna cerrada contra el enemigo. El 
choque fué rudo, las posesiones fueron disputadas 
por los contendientes; la victoria estuvo indecisa 
por más de una hora, hasta que los traidores tu- 
vieron que ceder dispersándose y abandonando á 
sus jefes. Madrigal cayó prisionero» Taguada 
muerto y muchos soldados prisioneros también. 
El oficial que tenía á su cargó la pieza, viendo la 
desvandada de la tropa, corrió para Uruapan y así 
pudo salvar el caflón. Algunos oficiales tuvieron 
que abandonar sus caballos para escapar en la fra- 
gosidad del pedregal de Jicalán. Aun no se obscu- 
recía cuando estos dispersos llegaban anunciando 
á la ciudad obligada su vergonzosa . derrota, con- 
firmada con el cadáver del Capitán Taguada, que 
por sus exageradas exigencias v odio á los libera- 
les, se había captado el aborrecimiento de los ve- 
cinos. 

ViHada se ocupó de levantar el campo, engro- 
sando sus tilas con los soldados prisioneros que 
quisieron servir en las fuerzas republicanas, reco- 
giendo más de doscientos fusiles, algunos cajones 
de parque, caballos y lanzas, y la moral de su fuer- 
za muy levantada, fué el fruto que obtuvo en esa 
jornada. 

No atacó en seguida la plaz i de Uruapan, por- 
que ^victorioso, como estaba, no tenía los elemen- 
tos indispensables para dominar á c^í'ca de dos- 
cientos hombres que la cubrían tras las trincheras 
de regreso y con mucho parque. 

En consecuencia, Villada se retiró entonces parí 
la haciendade los Bancos, habiendo pernoctad 



-275— ^ 
en las ranchería^ del tránsito. Contento v satíi^ 
fecho, como lo estaba, el vecindario de Uruapant 
que luego supo habían salido ilesos de la refriega 
todos los suyos, se felicitaba entre sí. 

El Coronel Villada, considerando el gran peligro 
que amenazaba á su prisionero Madrigal al ser pre- 
sentado al jefe superior de las fuerzas república ^ 
ñas, se disimuló de su vigilancia á fin de que se 
evadiera de la prisión y se pusiera en salvo de una 
níRierte segura, al ser fusilado ppt orden superior^ 
cuya evasión verificó el prisionero á los pocos días. 



El 26 de Octubre de 1866, de tránsito el Coronel 
Esteban Bravo con la fuerza republicana dé su 
man^o, por el municipio de Huaniqueo, en direc- 
ción ala hacienda de la Labor, se encuentra de 
improviso en el trayecto que divide e^^os puntos, 
con la tropa imperialista acaudillada por el traidor 
Ramón Méndez, comenzando desde luego una lu 
cha desesperada pero de poca duración. 

En ese hecho de armas lué adversa la fortuna á 
los traidores que mandaba Méndez, falleciendo en 
la fecha citada, el imperialista Andrés Avelino Pi- 
neda, ascendido pocas horas antes del día del en- 
cuentro á Coronel del 4 de caballería, cuyo cuerpo 
favorito de Méndez, fué derrotado en el paraje in- 
dicado. 

Como á ese jefe traidor causó mucha indigna- 
ción tal acontecimiento, mandó reclutar campesi- 
nos indefensos, quitándolos de sus trabajos y sa- 
cándoles de sus casas ron el carácter de prisione- 
ros, con motivo de no haberle dado aviso de la 
aproximación de las fuerzas republicanas cíel Co- 
onel Bravo. Con aquellos infelices reclutados en- 



-276— 
;tró Méndez á Puruándiro, el L7 de Ocubre, dándo- 
les el nombre de prisioneros de guerra; y el 29 del 
propio mes y año, dispuso el traidor Méndez, se 
fusilasen de su orden, quince campesinos en cada 
una de las cuatro gantas que dan acceso á la ciu- 
dad; dejándoles bien muertos en los lugares de la 
ejecución á cargo de la policía para su remisión y 
entierro en el panteón de aquella ciudad. »«Digno 
acto de aquel hombre feroz y sanguinario, á quien 
con sobrada justicia se le titulaba el Tigre de Mi- 
choacán." 

De esos infortunados seres, solo uno no quedó 
bien muerte, como los demás por que los proyec- 
tiles disparados sobre su cerebro, no le causaron 
más mal que» ligeras contusiones y una pequeña 
herida, al parecer un rozón. La Policía notando 
que uno de aquellos iníelices estaba vivo aún, pro- 
curó guardar silencio y dar parte al Prefecto de 
aquella ocurrencia, quien protegió la vida de aquel 
campecino. mandándole ocultar en seguida con la 
mayor reserva, y al día siguiente que Méndez dejó 
á Puruándiro marchándose á Morelia, el mismo 
íuncionario dispuso volviera el ranchero á su casa 
sin condición alguna, por lo que ese quedó muy re- 
conocido á la autoridad, estimando en cuanto valía 
ese servicio, lo mismo que agradecido á la policía 
encargada de recojer y sepultar los cadáveres; ig- 
norándose el nombre y procedencia del campesino 
afortunado, porque la prefectura respectiva no to- 
mó^ razón de ello. 

Por esto es que los vecinos de Puruándiro^ tu- 
vieron que presenciar con horror é indignación la 
sangrienta hecatombe que tuvo lugar en el funes- 
to día 29 de Octubre citado en las garitas de la ciu- 
dad. Ei mismo General Méndez mandó fusila 
taml^ién en la misma fecha, éntrelos campesino 
al Teniente de caballería Juan de Dios Robles* qi 
un día antes obtuvo licencia de su coronel Ronc 



—277— 
dará pasar á la hacienda de Tecacho á. asuntos de 
familia, en donde fué capturado por una fuerza de 
Méndez y llevado á Puruándiro. Lo mismo pasó 
al Alférez Antonio Pimentel, perteneciente á otra 
Brigada republicana, siendo ambos fusilados en las 
garitas entre los campesinos. 

El mismo General Méndez recibió informes muy 
satisfactorios de los vecinos de Puruándiro, antes- 
de la ejecución, respecto de la inocencia de éstos y . 
de no pertenecer á las fuerzas republicanas, pero 
como ese traidor estaba sediento de sangre, aun 
quería verla derramar y por lo mismo no atendió 
al informe del vecindario, llevando á efecto la eje- 
cución d,e aquellos hombres ajenos á la política y 
dedicados á sus tareas campesinas. 

A los pocos días de los fusilamientos expresados, 
regresó de Morelia á Puruándiro el General Mén- 
dez, y como los tiranos siempre tienen aduladores, 
no faltó uno que le dijera que dentro de los sesen- 
ta y tantos hombres ejecutados por su orden en las 
garitas de la ciudad, á uno de ellos, campesino de 
oficio, no le ocasionaron la muerte los proyectiles 
disparados sobre su cerebro, puesto que solo le 
aparecieron ligeras contusiones en ese sitio y leves 
raspaduras en la piel, y que con ese motivo se ha- 
bía encontrado vivó entre los que sí quedaron bien 
muertos en los lugares respectivos de la ejecución. * 
A ese informe contestó Méndez encojiéndose de 
hombros, pues si tal cosa pasó, buen provecho ha- 
ga al afortunado labriego; pero que sin embargo 
se cuide mucho de no meterse en otra. 

De la noticia y contestación que anteceden fué 
testigo presencial el propietario de la hacienda de 
Copándaro del mismo Distrito de Puruándiro, Sr. 
Serapio González, quien hablando con el Coronel 
Ronda acerca de los fusilamientos del día 29 de 
Octubre antes citado, á presencia del que esto es- 




—2^8- 
cribe, le refirió aquél lo ocurrido entre el adulador 
y el traidor Méndez. 

Los episodios que anteceden los trasmitió el Pre- 
fecto de Puruándíro al que esto escribe por haber- 
se permitido solicitarlos de ese funcionario, A íin 
de que merezcan el correspondiente crédito; cuya 
nota, como otra de la misma naturaleza, cqnserva 
entre sus papeles. 



De paso por la jVilla de Quirog'a para Morelia 
et General imperialista Ramón Méndez, mandó fu- 
silar en aquella población, el 25 de Noviembre 1866 
en la plaza de la Loza del mismo lugar los prisio- 
nerps de guerra que ese traidor tomó en el Distri- 
to de Pátzcuaro; cuyos nombres que se recuerdan 
son los siguientes, Teniente de infantería. Eufrasio 
Silva, Sargento 2<> Juan Dueñas, Felipe N., proce- 
dente de la Legión Belga y diez de tropa sin re- 
cordar sus nombres. 

Los cadáveres de esos infortunados servidores 
de la República que ascendieron á trece, fueron le^ 
Yantados y recogidos del lugar de la ejecución y 
sepultados en el panteón municipal de dicha Villa, 
por orden de la autoridad respectiva de aquel lu- 
gar. 



Las fuerzas imperialistas de Zamora, asaltaron 
en el paraje de la Angostura, á las republicanas 
que mandaba el Coronel Rafael Arias, derrotilndo- 
le y dispersándole la tropa, en Noviembre de 1866. 



■•■■ c 



,j-' 



-279- 



itimie y ocupan I la plaza ile la GiaM 



La ciudad de Pátzcuaro fué atacada por las fuer- 
zas republicanas en los días 5 3^ 6 de Enero de 
1867, defendida de los imperialistas; Esas tropas 
pertenecían al Ejército def Centro y respectiva- 
mente á los Coroneles Jpsé Vicente Villada, José 
María Méndez Olivares, Rafael Cárnica, Jesús Vj- 
llanueva y Eugenio Ronda, todas mandadas en }efe 
por el General Nicolás de Regules. 

Una vez distribuidas convenientemente las que 
4ebían atacar la plaza á las inmediatas órdenes de 
sus respectivos jefes y colocada en los puntos que 
se juz^ó más apropósito, el mismo General tuvo á 
bien disponer que la infantería de Yuriria manda- 
dada por el Mayor Ramón Macías, procedente de 
la Brigada del Coronel Ronda, se encargase de 
atacar la fortaleza de la parroquia que defendían 
los imperialistas; y en cumplimiento de esa orden, 
Macías, después de reconocer el punto y de tomar 
las precauciones conducentes, manda que su infan- 
tería cargue sobre dicha fortificación, rompiendo 
los fuegos y comenzando el ataque de la plaza por 
ese puntó. 

Después de algunos minutos de carga sobre d¡^ 
cha fortaleza, se hace general el ataque de los re- 
publicanos en los puntos ocupados por el enemigo. 
El Coronel Ronda, en vista de las bajas que esta- 
ban ocurriendo en la infantería de Yuriria, despren- 
de de su lado al Teniente Eduardo Mendizábal, 
ano dé sus Ayudantes entonces, y por ese conduc- 
9, le dice á Macías que siendo difícil obligar al 



m 



-280- 

enemigo á abandonar las alturas de la parroquia 
por medio de las maniobras emprendidas hasta 
entonces, que! dispusiera pegar fuego con ocotes 
á las cubiertas de madera de que se componían las 
techumbres de aquel templo y así concluiría el ata- 
que de ese punto y se evitaría la destrucción de la 
tropa. Macías, que en esos momentos se ocupaba 
de pasar una revista de municiones á sus soldados, 
contestó al Ayudante indicado de enterado, ofre- 
ciendo cumplir cuanto 'antes la orden de su inme- 
diato jefe. 

Tratando de llevar á efecto esa determinación, 
las maniobras comenzaron por forzar las puertas 
del curato que, dan frente al cementerio y luego 
las de la sacristía para penetrar al templo, tal vez 
sin incendiarlo, sufriendo entre tanto algunas ba- 
jas con motivo del fuego de las alturas; pero que 
al fin vinieron también á tierra las hojas de la últi- 
ma puerta de la sacristía. Al verificarse ese he- 
cho, un infante de los del Mayor Macías muy que- 
rido de él, perteneciente á la raza indígena tarazca, 
se permitió decir á su inmediato jefe, en su idioma 
dos palabras en los términos siguientes: ^^¡Achá 
Mayore! ¡Achá Mayore! herá yá hiiecoriste 
puerta inchá, jé Parroquia per cociian, gtiiría, 
guiría.y guandico con los gachiisos de JVand 
Carlota, hasta que petan yurira,^^ Esas frases 
pronunciadas en un tarasco champurrado, como lo 
hizo el indígena soldado, traducidas al español, di- 
cen: ¡Señor Mayor! la puerta ha caído, entre ya 
violento, aprisa, aprisa y palos con los soldados de 
madre Carlota, hasta que les salga la sangre.» Y 
en efecto, el Mayor penetró en el templo luego, y 
cogiendo y castigando algunos traidores, cum- 
pliendo muy bien con la indicación de su querido 
soldado, Juan Pablo, con cuyo nombre pasaba re- 
vista en la 1? compañía del cuerpo antes citado. 



—281— 

La palabra tarazca *»huandico,»» es agresiva, es 
temible entre los indígenas y peor en los motines 
ó tumultos locales de sus pueblos, que se suscita 
por cualquier causa insignificante y de terribles 
consecuencias; porque á la voz de **huandico«» sol- 
tada en una reunión, mediante algún disgusto en- 
tre los concurrentes, no se admiten respetos á las 
autoridades ni al vecindario que basten á contener- 
los, ni consideraciones de familias, ni menos expli- 
caciones que pudieran emplearse para calmarlos; 
porque solo se pretende la destrucción, el destro- 
zo, el aniquilamiehto y la matanza, aun empleando 
al efecto medios cruelísimos y salvajes. 

Sin embargo de un reñido combate en aquel lu- 
gar, la cuestión de armas quedó en pié, porque ha- 
biendo aún tropas del enemigo, en el coro, alturas 
y torre del templo, no era dable obligarle desde su 
centro ó fuera de él, á abandonar esos puntos, y 
mediante esa consideración, la orden de su jefe, y 
sio otro riecurso que tocar, dispuso el Ma3^or qiie 
su. soldado Juan Pablo, como conocedor del terre- 
no, encendiera unas rajas de buen ocote y las aco- 
modase con regularidad sobre las maderas de que 
estaba formado el artqpón de la parroquia, citada. 
Así hecho, salieron de ella los soldados de Macías 
al cementerio de la misma, situándose en el costa- 
do Sur de aquel edificio, y dentro de un par de ho- 
ras, la parroquia y sus alturas se encontraban com- 
pletamente abrasadas por las llamas del voraz ele- 
mento, y los que ocupaban esos puntos, en la ma- 
yor ansiedad por libertarse de una muerte segura, 
al desplomarse el artesón. No tardó mucho en 
llegar -ese terrible caso, porque al trascurso de unas 
cuantas horas, todo vino abajo haciendo un es- 
ruendo horrible, muriendo con ese motivo alguna 
ropa y oficiales que cubrían el templo dicho; y los 
ue descendieron de la torre por la puerta que tie- 

36 



--282— 
ne vista al mismo viento, para encaminarse al ce- 
menterio fusilados en el acto. 

En vista de todas esas ocurrencias, la parroquia 
indicada quedó á las órdenes de Macías. quien diá 
parte luego de ese suceso, sin tomarse aún el for- 
tín llamado del "Cedrito'» y la trinchera del Tam- 
bor, puntos inmediatos á ese templo. 

Mientras pasaban esos acontecimientos, las tro- 
pas republicanas que respeectivamente mandaban 
los Coroneles José Vicente Villada, Méndez Oliva- 
rezt Rafael G árnica y Jesús Villanueva, atacaban 
otros puntos no de menos importancia, como los 
retenes del exconvento de San Francisco, Colegio 
de la Compañía, punto reforzado con artillería, los 
de San Juan de Dios y San Agustín, quedando el 
primero destruido también por el fuego, así como 
algunas casas de particulares. 

Mediante los desastres ocurridos en tan pocas 
horas, el enemigo entró en desmoralización; y en 
seguida le ocurrió tocar parlamento que le fué ad- 
mitido por el General en jefe; mas estando en con- 
formidad los parlamentarios de ambas fuerzas, 
frente á la casa de ejercicios de dicha ciudad, el 
comandante de la trinchera'denominada del Tam 
bor, situada en uno de los ángulos de la plazuela 
del Barrio fuerte, rumbo al Sur, hizo salir de ella 
cerca de 50 infantes, en columna, sobre la persona 
de! General Regules que. con su Estado Mayor, 
se encontraba colocado en una parte de la plazue- 
la de la misma parroquia, en espera del resultado 
del parlamento que estaba en conferencias, entre 
el que esto escribe, como comisiondo al efecto por 
aquel jefe, y el Lie. Lázaro Ramos, de parte de los 
imperialistas, con igual carácter. Esos intrépidos 
soldados, más tardaron en salir de la trinche- 
ra, que en hacerles volver á ella, mediante los 
fuegos de la belicosa infantería del cuerpo de Yu 



— 2S3- 
riria que atacaba en esos momentos la fortaleza 
de la parroquia y que le salió al encuentro. 

Esa ocurrencia, á más de haber violado ciertos 
preceptos de ordenanza, sin, duda fué estudiada pa- 
ra llamar la atención de los asaltantes, mientras 
tanto, se evadía de la plaza el comandante de ella, 
como lo hizo, con su Estado Mayor y algunos de 
los suyos. 

Luego que el General en jefe traslució lo que pa- 
saba, mandó que, una compañía de lanceros de la 
Libertad, saliese en persecución de los fugitivos 
traidores por la sierra de Tacámbaro y camino que 
conduce á Morelia, á las órdenes del Capitán Víc- 
tor González, quien regresó á Pátzcuaro hasta en 
la noche de ese mismo día, sin haber encontrado 
ni alcanzado á los fugitivos; dando al jefe supe- 
rior el correspondiente parte é incorporándose lue- 
go á su cuerpo, de donde resultó que el parlamen- 
to indicado quedase sin efecto, que se descubriera 
traición que montó en cólera al General Regules, 
y mediante ese motivo, el ataque siguiera con más 
ardor, así como que la plaza vencida quedase en 
la misma tarde del día 6 en poder del citado Gene- 
ral y las trincheras del Tambor y del Cedrito toma- 
das también y destruidas luego. 

Se recogieron de la plaza, diversos útiles de 
guerra, algunos caballos 3^ prisioneros que al si- 
guiente día se pusieron en libertad sin condición 
alguna. 

Muchos ciudadanos esperaban que, con motivo 
de esas peripecies, Pátzcuaro quedaría reducido á 
escombros y cenizas; debiendo felicitarse el vecin- 
dario por esa trancisión hija de una mera casuali- 
dad» porque las prevenciones en su contra eran 
•-emendas, terminantes y muy generales en los re- 
ublicanos. 

En ese hecho de armas perdieron los asaltantes 

gunós jefes y oficiales é individuos de tropa, lo 



ff- 



—284- 
mismó que los defensores de la plaza; disponiéndo- 
se luego de parte del General vencedor algxinas 
ejecuciones en la plaza de armas, curándose los he- 
ridos }' sepultándose los muertos. 

Al siguiente día 7 del mes y año antes citados, 
se retiró la División republicana de Pátzcuaro, en 
dirección á la ciudad de Acámbaro, dejando en paz 
la del recreo, como le decían los españoles en la 
época virreynal. . 

En el tránsito de esa expedición, los cantares de 
las tropas republicanas, fueron del tenor siguiente: 

<Le quemaron los bigotes 
á Pátzcnaro por su hablada, 
¡viva el General Ocotes 
con el Coronel Villada! 

Estaba una madrecita 
Casi ya al volverse loca, 
miraba las llamaradas 
que salían de la parroquia* 

Salió un indito diciendo, 
la culpa no tuve yo, 
ese Don Ignacio Méndez, 
fué el que me comprometió. > 

La infantería de Yuriria que concurrió al ataque 
de Pátzcuaro, bajo las órdenes del mayor Macías, 
se componía entonces de 200 hombres inclusive el 
pié veterano de los 25 que llevó consigo á las fuer- 
zas republicanas al abandonar el servicio imperial, 
procediendo al aumento de aquel cuerpo de fanáti- 
cos ejercitantes del Distrito de Puruándiro, que 
fueron cogidos de leva al regresar del santuario de 
Atotonilco en plena romería, tocando las hacien- 
das de Copándaro y el Cuatro, situadas en los con- 
fines del llano de ese nombre; la primera al viente 
Sur y la segunda al Poniente de aquellos puntos 
pertenecientes esas fincas al Distrito indicado. 



-285- 

Por esto es que el Coronel Ronda, como Prefec- 
to y Comandante Militar del mismo Distrito, en- 
cargado con ese, carácter dé vigilar por la obser- 
vancia de las leyes de Reforma, que tanta sangre 
costó su establecimiento en el país, mandó más de 
una vez reclutar á los hombres que las componían, 
consignándolos al servicio de las armas, en las in- 
fantería con aquel motivo y en virtud de las cir- 
cunstancias y de que entonces había tambiéu ne- 
cesidad de brazos que las tomaran, en defensa de 
la Patria. 

A ese fin. depositando el Coronel Ronda toda su 
confianza en sus subordinados Coronel Apolinar 
Quesada y Teniente Coronel Sostenes Villela para 
que ejcutaran la recluta de los fanáticos romeristas, 
sin compadrasgos, auxiliados de un piquete de ca- 
ballería, presentasen los reclutados al Mayor de la 
Brigada Rosendo Márquez, para su destino. 

El referido cuerpo de Yuri ría tuvo en Pátzcuaro 
algunas bajas entre muertos y heridos, porque los 
individuos que lo componían, sin embargo de ser 
reclutas en su ma5'or parte, se batieron con biza- 
rría, en el asalto de la plaza de aquella ciudad, 
giándoles en él como compaüeros. un paisano á 
quien respetaban 3' estimaban como agente princi- 
pal de las romerías en el Distrito indicado. Tal 
paisano respondía al nombre, del hermano Jorge; 
al juzgar del personal de ese individuo, por su ma- 
la catadura 3^ de las diferentes cicatrices en las 
manos, brazos 3^ rostro bastante visibles, daba ese 
conjunto muy "fatal idea de los antecedentes de 
aquel hermano. 

Con motivo al ataque de la plaza de que se vie- 
ne hablando, resultaron heridos los jefes y oficiales, 
'Coronel de caballería Manuel Suavia, Mayor José 
laría Aguilar, Capitán de exploradores Antonio 
tadrigal y muerto el asistente del Capitán Valentín 

guilar, Gon el caballo qjue montaba. , 



-286- 

Al separarse de la ciudad levítica de Pátzcuaro 
la División vencedora, se mandaron á Quiroga de 
orden superion-^os tres heridos mencionados para 
que fuesen asistidos y curados convenientemente, 
una ve¿ éstos en aquella Villa, Suárez dispuso pa- 
sar á Santa Fé de la Laguna por vía de seguridad, 
pasándosele su haber por el Coronel Ronda, jefe 
de la Brigada. El Mayor Aguilar quedó en Quiro- 
ga por tener allí la familia, muriendo á los cinco 
días» siendo los gastos de curación y entierro de 
cuenta de los fondos de la fuerza en que sirvió, , 
mandada por el mismo Coronel. En cuanto al Ca- 
pitán Madrigal, éste pidió se le mandase á Cóman- 
la para que lo asistiera su familia y de cu3''a herida 
falleció después del restablecimiento de la Repúbli- 
ca - 

Después de tres días de marcha, llega la Divi- 
sión Republicana el 10 del mes citado, á los muros 
de Acámbaro y hecho el reconocimiento posible 
de la seguridad de aquella plaza, mediante un día 
de tiroteo, se viene en conocimiento de que conve- 
nía retirarse de ella, porque la fortificación era 
buena y el parque existente no bastaría para em'^ 
prender un ataque de tres ó cuatro días. Bajo esa 
consideración, se mandó retirarla División á últi- 
mas horas del 10 de Enero citado, previas las órde- 
nes de estilo, llegando á Zinapécuaro A horas bien 
avanzadas de la noche y pernoctando allí. 

Al siguiente día 11 emprendió su marcha la Di- 
visión rumbo, á Morelia, tocando sus muros y man- 
dó la mayor parte de ella el de Acuitzio. á las ór- 
denes del General en jefe de la Brigada del Coro- 
ne! Ronda, el de Puruándiro. 

Trascurridos algunos días de esa expedición, los 
Generales republicanos Regules y Márquez, de h 
frontera, atacan y ocupan a Zamora, A cuya plaza 
mandó Ronda, estando en Puruándiro, 200 hotr 
bres de caballería en auxilio de aquellos jefes, á h 




—287- 
órdenes del Mayor de la Brigada Rosendo Mar 
quez, quien, después de algunos días regresó áPii' 
raándiro comunicando el triunfo á los republicanos, 
verificado en uno de los últimos días del raes de 
Enero antes citado, según el parte rendido á Ron- 
da por el citado Maj'^or; y en virtud del cuál, 
conoció el que esto escribe los acontecimientos de 
Zamora en la época del llamado imperio, pues que 
entonces militaba á las órdenes de su Coronel Ron- 
da. 



Pasados los acontecimientos antes indicados, lle- 
ga el 13 de Febrero de 1876, y en esa fecha deso- 
cupa la plaza de Morelia la fuerza imperialista que 
la cubría, dirigiéndose á México. Ronda sabe esa 
ocurrencia por sus exploradores y en el momento 
dispone una expedición que ocupara cuanto antes 
la Capital de Michoacán; se comisionó al efecto, en 
14 del mes y año antes citados, al que escribe es- 
tas líneas, quien como tal comisionado recibió ór- 
denes y se puso luego al frente de 250 hombres de 
caballería que marcharon á las inmediatas del Ma- 
yor Rosendo Márquez, en dirección á Morelia, á 
efecto de cumplir con lo mandado. Llegó por fin 
el comisionado á la capital, el día 15 y dá principio 
á evacuar su cometido, dando parte de ello al su- 
perior. 

A los tantos días llega Ronda á Morelia con el 
resto de la brigada; luego el General Regules y en 
seguida las tropas de Sinaloa á las órdenes del Ge- 
neral Don Ramón Corona, y al siguiente día salen 
con dirección á Querétaro» visitando con sus fuer- 
zas las poblaciones del tránsito, en cuya plaza 
combatieron todas hasta la ocupación de ella por 
1 General en jefe Mariano Escobedo, verificada el 
5 de Mayo de 1867. 



—288— 
En los diferentes ataques de los republicanos á 
. la fortaleza de la •*Cruz," en Querétaro. murieron 
todos los ejercitantes mandados reclutar, como se 
ha dicho antes, para el servicio de las armas, al 
cuerpo de infantería de Yuriria por el Prefecto de 
Puruándiro, como infractores de las leyes de Re- 
forma con sus públicas romerías, y con ellos tam- 
bién falleció el hermano Jorge. ¡Que en paz des- 
cansen los beatitos y su jefe! 



Persecución y derrota del General imperialista 
Leonardo Márquez, en San Lorenzo, del 9 al 11 de 
Abril de 1867, con fuerzas pertenecientes á Michoa- 
cán y á otros Estados de la confederación, al man- 
do del General republicano Antonio Guadarrama, 
las cuales ascendían á 4 000 hombres de caballería, 
á las inmediatas órdenes entonces del General 
Díaz; y con ellos también mas lueg'o, se prestó 
auxilio por algunas semanas, al mismo General 
Díaz en la circumbalación de la ciudad de México 
que en dicha época se preparaba á atacar ese jefe; 
y una vez terminada tal operación, regresó á Que- 
rétaro Guadarrama con la fuerza indicada de or- 
den superior, volviendo á sus respectivos puntos 
en aquel campo. 

En él permanecieron prestando sus servicios, 
hasta después de la ocupación de la plaza de la ca- 
pital de aquel Estado, por cuyo motivo regresó la 
mayor parte de las tropas que concurrieron al si- 
tio,"á las localidades de su procedencia, y otras, in- 
clusive las infanterías de Michoacán, á las órdenes 
del Teniente Coronel Pedro Cortés, marcharon á 
la Capital de la República, por disposición supe- 
rior, en auxilio del repetido General Díaz "que ata- 
caba aún la plaza de esa ciudad. Esas fuerzas re- 
gresaron á sus Estados hasta después de haberse 



-289-^ 
ocupado aquélla, el 21 de Junio del año antes cita- 
do. 

Perseguido el traidor General Márquez y sobre 
la marcha que emprendió en retirada, rumbo á 
México, se tomaron prisioneros por el General 
Díaz, en la hacienda Colorada, los cuerpos de in- 
fantería que obedecían á Márquez, algunos pique- 
tes de caballería, ocupándose equipajes y parque 
abandonados sobre la vía cubriendo la retaguardia 
del jefe traidor la caballería del Regimiento de 
Húngaros que, á las órdenes de sus respectivos je- 
fes, sostienen el empuje de las caballerías republi- 
canas que respectivamente mandaban los Corone- 
les Ronda. Bravo y otros que le perseguían; todos 
á las inmediatas órdenes del General Antonio Gua- 
darrama, y tiroteándoles desde antes de llegar 
á Texcoco y al paso por esa población hasta in 
mediaciones de la garita del Peñón; por cuyo 
punto entró Márquez de huida á la Capital de la 
República, lo mismo que los Húngaros sostenedo- 
res de su retaguardia. 

Con ese motivo las fuerzas republicanas que le 
perseguían, regresaron á Texcoco, como á las 9 
de la noche del mes^ y año antes citados, por ha- 
ber pernoctado en ese lugar el cuartel General, 
quien al siguiente día salió en dirección á la Capi- 
tal con el fin de atacar aquella plaza, mediante los 
próceílimientos del caso; fijando entonces su resi- 
dencia el mismo cuartel general en la Vijla de Gua- 
dalupe. 

Eheí referido hecho de armas fué arrollada al 
paso de los Húngaros la pequeña guarnición repu - 
blicana cjue había en Texcoco á las órdenes de 1 
comandante dé la plaza de aquel lugar, ciudadano 
Mucio Maldohádo, dispersándole las tropas que, 
dentro de pocas horas se reunió al grueso de las 
que perseguían á Márquez, falleciendo en la lucha 
el comandante indicado, sus dos Ayudantes, el Ma 

37 



./ 



-290- 
yor y el pagador, todos hijos de la población de 
Texcocó. 

A las 9 de la noche del referido día, hora en que 
regresaron á dicha población las tropas republica- 
nas que persiguieron á Márquez, y con motivo del 
hecho de armas ocurrido en aquella plaza, se en- 
contraba la localidad convertida en un panteón, 
porque en las calles céntricas de ella, se veían por 
puertas y ventanas cadáveres tendidos que se ve- 
laban en el centro de las piezas, alumbrados con 
gruesos cirios y acompañados de buena concurren- 
cia, la cual procuraba consolar respectivamente, á 
los dolientes de aquellos patriotas sacrificados en 
defensa de la Patria, que amargamente lloraban la 
pérdida de sus deudos. Todo ese conjunto presen- 
taba un cuadro fúnebre, triste, tristísimo, en las 
altas horas de esa noche, digno de la mayor con- 
dolencia. 

También. se vio otro cuadro bastante triste y 
conmovedor, en la misma población á un lado de 
las casas consistoriales, el cual procedía de la reu- 
nión y acomodamiento en desorden délos divecsos 
cadáveres de los re^jublicanos que allí se velaron y 
reunieron con los del enemigo, recogidos todos por 
las autoridades de aquel lug^r; dándoseles sepul- 
tura al siguiente día en el panteón respectivo. 

Las caballerías que más de cérea fueron tifi'o- 
teando á Tas que cubrían la retaguardia eneoiiga, 
tuvieron también sus bajas y. entre aquéllas, la del 
Coronel Ronda, á cuyas Órdenes sirvió entonces el 
que esto escribe, perdiendo la Brigada al valiente 
Capitáp déla 3* compafluí del. cuerpo lanceros de 
la Libertad, Andrés 'Olivares, á dos subalternos dé 
los aposentadores, al sargento 2? Luis. Morales y 
un individuo dé tropa, el cual respondíaí aí nombre 
de Juan de. D. Dueñas. . . , 



—291 — 

El joven Príncipe de KevendüUer Carlos Juan». 
coronel del Regimiento Húngaro, de quien tanta 
confianza tenía el imperialista General Leonardo 
Márquez, por su acreditado valor y pericia militar, 
fué nombrado á fin de que con su Regimiento hi- 
ciera la defensa de su retirada de San Lorenzo á 
México. En cumplimiento de esa disposición su 
perior, se pone el Coronel húngaro á la cabeza de 
su Regimiento y con él cubre la retaguardia, se- 
gún se le mandó, rechazando en su tránsito las ca- 
ballerías que mandaba el General Antonio Guada- 
rrama, cuantas veces le acometieron, sin ser incoo- 
veniente las lluvias de aquella fecha, haciendo así 
resistencia á las tropas republicanas hasta el Pe- 
ñón, por cuyo punto penetró Márquez á la Capital 
el día antes indicado. 

Con ese motivo el General Guadarrama abando- 
nó la persecución, regresando á Texcoco como á ' 
las 9 de la noche de aquel día, según se ha dicho an^ 
tes, con las caballerías qué mandaba, alojándose 
en las localidades determinadas por la autoridad 
respectiva, \siendo testigo presencial de ese hecho 
de armas el que esto escribe, como servidor de las 
cábállerfas del Coronel Ronda que á él concurrie / 
ron. ' . 

El Príncipe aludido, con motivo de la violación 
de ciertos convenios de alta importancia, en Junio 
del año citado, se dtsgust<5 dentasiado, por lo que 
ya no quiso obedecer á Márquez, replegándose lue- 
go al Palacio Nacional con su Regimiento, avisan- 
do al General Díaz, que capitulaba, y ál llegara 
Palacio ese jefe, el Príncipe en personarle abrió las 
puertas de ese edificio, quedando preso con la ciu- 
dad por cárcel ¿ bajo su palabra de honor, según se 
le indicó, y más luego en pléhá libertad. 

El referido Príncipe- Carlos Juan^ sé dejó ver 
muy dé cerca de los'republicanos, en. la jornada de 
San Lorenzo en la fecha antes ^xpr^sada, en la 



— 292— 
cual apoyaba la retirada el traidor General Már- 
quez, que de aquel lugar se dirigía á escape á Mé- 
xico, dejando cubierta su retaguareia con el Regi- 
miento Húngaro, que dicho jefe mandaba como su 
•Coronel efectivo. 

Con ese motivo pudo ver el que esto escribe que, 
el relacionado Príncipe montaba un briosa caballo 
fino de grande alzada, do color retinto mascarilla, 
estrella, cordón y bebe, cubierto con hermosa ca- 
pa imperial de rojo color para resistir las lluvias de 
aquella tarde; y al frente de su Regimiento, daba 

• con' frecuencia medias vueltas sobre las caballerías 

• de Michoacán y Guanajuato, que mandaba en jefe 
el General Guadarrama, y que le perseguían en- 
tonces rechazándolas con brío; por lo que se com- 
prendió que. el Coronel Carlos Juan era un valiente 

^á carta cabal. 



=^R 1 1 > 



ocDPin DE u fim m wmiM 

por fuerzas ret)ublicanas al mando del General Ma^ 
riano Escobedo. 



y" > 



Después de cinóo años seis meses catorce días 
<de continua lucha con invasores y traidores, triun- 
fó por completo de sus enemigos el Ejército de la 
República, con la ocupación de la plaza de Queré 
"taro, verificada la madrugada del 15 de Mayo de 
1867, por el General Mariano E^cobedo, y con los 
acontecimientos subsecuentes eh el memorable ce* 
rro de las Campanas, muriendo en consecu^encía el 
mamado Imperio. , 



fe:- 



-293- 
Con ese motivo, dicho Ejército hace su entrada* 
triunfal en la Capital de la República, el 21 de Ju- 
nio del año citado, al encontrarse esa plaza á dis- 
posición del mismo Ejército, y á su frente el Bene- 
mérito de las Américas, ciudadano Lie. Benito Juá- 
rez, como Presidente de la República. 



El Coronel Lie. Justo Mendoza, Gobernador y 
Comandante Militar que fué del Estado de Michoa- 
cán, después de restablecida la República, en vir- 
tud de haber triunfado ésta de la intervención fran- 
cesa, recibe orden de la Secretaría de Guerra, en 
Agosto de 1867, de reducir el Ejército del Centro 
en aquel Estado, 3^ en cumplimiento de ella, se fija 
el Sr. Mendoza en los cuerpos de infantería que de- 
bían ser desechados del servicio militar los cuales 
tenían su cuartel en el ex-con vento de mcnjas Ca- 
tarinas; y una vez asegurado de ello dispone: que 
los jefes de los mismos cuerpos mandasen recoger 
de la tropa las jergas de munición de que ésta ha- 
cía uso y las correspondientes schácots de baqueta, 
á fin de que esos objetos fuesen conducidos al de- 
pósito de vestuario y equipo. 

Así hecho, se ordena que los cuerpos abandona- 
ran el cuartel indicado, á la vez que se anunciaba 
un buen chubasco de agua. Sin embargo de ese 
inconveniente así salió la tropa de aquel local, diri 
giéndose luego á la plaza de armas, desprovista 
enteramente de abrigos y sombreros con que cu- 
brirse de la interperie y de la tormenta que á to- 
rrentes caía sobre ella, en su tránsito la tarde y 
noche de uno de los días de Agosto citado, toman- 
do por alojamiento la relacionada tropa, los porta- 
les de la misma plaza.. 

El comercio y los vecinos de la Capital que pre- 
senciaron el estado lastimi^o que guardaban los 



gfrupos de hombres de tropa que con constancia 
sirvieron d la Patrin, en las inf^mterías del Estado, 
se compadecían de ellos y prove3''eron como mejor 
les fué dable» á los patriotas desechados de las fi- 
las, mediante ¡as penurias del Erario en aquella 
época, de sombreros y frazadas con que se cubrie- 
ran, al marchar á las localidades ele su origen, á 
cuyo ñn solo contaban para los gastos de viaje con 
los 25 centavos que habían recibido de sueldo el 
día anterior; y ese procedimiento de parte del Go- 
bierno íué bastante ingrato á la vez^que indolente 
y censurable. 

En virtud de la orden cíe 17 de Agosto ya citado, 
el Ejército del Centro quedó reducido; la tropa que 
en él sirvió en la época de la intervención francesa 
(sus individuos de tropa) tornaron Á sus respecti- 
vos hogares, y los jefes y oficiales que la manda- 
ban quedaron en receso desde luego. 

En la Administración del mismo Sr. Mendoza, 
tuvo lugar otra ocurrencia que también conviene 
mencionar, y es como sigue. 

La tarde del día 5 de Agosto de 1871, el Capitán 
José María Al varado, como agente de policía de la 
'Prefectura del Distrito de Morelia, ocurrió á su 
personal el Corone] 'Don José Dolores Vargas, 
participándole que el presbítero Cavero predica- 
ba en esos momentos en el templo de San Agus- 
tín, en mentido subversivo á las leyes de reforma. 
En vista de esa noticia el relacionado Sn Prefecto 
ordenó al agente mdicado, dijera de su parte al pa- 
dre Cavero, se abstuviera de predicar en aquel 
sentido, y sin embargo continuó la predicación con 
más fervor. Mediante la obstinación de ese padre, 
el Prefecto en persona le obligó á descender del 
pulpito, mandándole en seguida poner en la cár- 
cel pública por irrespetuoso á la ley. 

De ese procedimiento resultó en la citidad un 
^ran escándalo formado por el populacho fanáticOi 




-295- 
que en pocos momantos tomó creces de conse- 
cuencias, cebando su furor en la destrucción 
.del templo del Rito Escocés, de sus adornos y 
muebles, situado en pertenencias del ing-enierc Sr, 
Soríne, en el ex-convento de San Francisco. Con 
motivo de ese escándalo, también las farolas del 
alumbrado público y muchas yidrieras de casas 
particulares fueron hechas pedazos á pedradas, por 
la misma gentuza del pueblo. 

Ese escúndalo llegó á conocimiento del Gober- 
nador Mendoza, quien impuesto de su origen, líama 
al Prefecto, se dirige con él á la cárcel, manda 
poner en libertad al padre Cavero. disponiendo 
que el Sr. Vargas ocupara su lugar en aquel recin- 
to, permaneciendo en esa reclusión más de cuatro 
horas, en virtud de que los amigos del Gobernador 
Mendoza, le hicieron comprender lo inconveniente 
de esa determinación. 

Entre tanto el comandante de la artillería Marti- 
niano León, calocaba oficiosamente las piezas de 
la arma, al frente de Palacio en proporción de 
obedecer cualquera orden que dictara el Goberna- 
dor para contener aquel motín. En ese delicado 
asunto la conducta de ese gobernante se estimó 
entonces como desleal é inconveniente il sus debe- 
res como hombre público y como miembro del 
gran partido liberal. 

El Gobierno General con conocimiento de todo 
lo ocurrido en Morelia, manda una fuerza en apo- 
yo del Gobierno y de la conservación del orden en 
aquel Estado. 

Mas luego fué llamado á México el Coronel 
Don José Dolores Vargas, Prefecto que fué en 
Morelia, y se le manda de orden superior á San 
Luis Potosí, á efecto de que organizara una fuerza, 
á la que se le dio después el nombre de Brigada de 
operaciones. 



-296— 
Circunstancias del servicio obligaron más tarde 
al Coronel Vai'g^as á regresar á Michoacán, que- 
dando en ese Estado desempeñando al gf unas co- 
misiones del Gobierno del mismo. 



\ 



PERSECÜCIO» A LOS SÜBLSVADOS 

en contra de la Administración del Benemérito Lie. 
Don Benito Juárez. 



Comisioníido el General Coronel Don Pablo Gó- 
mez^ por la Federnción, en 1872, para perseguir en 
Michoacán A los sublevados en contra de la Admi- 
nistración Juárez, ese jefe, residente entonces en 
Pátzcuaro atendiendo, sin duda, á que la compañía 
del uno de caballería permanente que tenía á sus 
órdenes, no bíií^taba para llevar la persecución á 
buen término, de acuerdo, por lo mismo, con la Se- 
cretaría de Guerra, nombra en comisión para aquel 
objeto, al General Coronel Rafael Garnica, ponien- 
do á sus órdenes 25 soldados de dicha compañía 
á cargo de un subalterno, y comisiona también at 
Coronel liugenio Ronda, en el mismo sentido, au- 
torizándole para que organizara 50 hombres de la 
Guaidia nacional, en el Distrito de Puruándiro, a 
fia de que obrando de acuerdo esos comisionados 
con el General Gómez, la persecución fuera menos 
duradera y mas eficaz. 

Así dispuesto, cada uno de aquéllos tomó su rum- 
bo, y reunidas después de glgunos días la fuerza 
de Ronda con la de Garnica, aquélla pasó su revis- 




-297- 
ta de entrada en Pátzcuaro, comenzando desde 
luego la persecución de las gavillas, en la cual se 
utilizaron también los servicios del que esto escri- 
be con su carácter de Teniente Coronel, siendo al- 
ta en la caballería de Ronda, de acuerdo con el Sr. 
Gómez y con la misma Secretaría dé Guerra, lle- 
vando de paso por Arocutín, una de las gavillas 
un buen susto, en la persecución que se hizo en 
aquel lugar hasta dispersarla entre el malpais in- 
mediato á dicho pueblo. 

De allí se pasó á Morelia Ronda, á recibir órde- 
nes, y de regreso para Coeneo se encontró, á in- 
mediaciones de Capula. la principal gavilla que 
mandaba Salvador Zavala, á la que se le dio alcan- 
ce en el cerro del Melón, en Marzo de 1872, quedan- 
do enteramente derrotada y muertos los subleva- 
dos, con algunos de tropa y Salvador en fuga, co- 
rno conocedor del terreno, dándose al General Co- 
ronel el correspondiente parte de ambas ocurren- 
cias. 

Vuelta á organizar la gavilla de Salvador Zava- 
la, se le dá otra carga en el rancho de San Berna- 
bé, en principios de Abril del año citado, en la 
cual fué derrotado de nuevo, perdiendo algunos 
hombres. 

En fines del mismo Abril, y aumentadas las ga- 
villas con gente de los Potreros, rancho de fatal 
memoria en Michoacán, se les persigue y se les da 
alcance en el del Aguacate por los comisionados 
Garnica y Ronda, siendo también derrotados des- 
pués de una escaramuza de alguna duración. 

A otras gavillas del Bajío que aparecieron por 
las Cruces y San Martín, terrenos de Villachuato, 
Distrito de Puruándiro, que mandaban por aque- 
llos mmbos, de acuerdo con Salvador, los cabeci- 
llas de los Potreros, corrieron también la misma 
suerte que los demás, porque fueron derrotados en 

38 



—298— 
]a hacienda del Rosario, á últimas fechas de Abril 
citado. 

En la época de que se viene hablando, también 
prestó sus servicios al Gobierno el Capitán de caba- 
llería Rafael Valdés Mora, á las órdenes del Gene- 
ral Garnica, llevándole la correspondencia oHcial. 

Poco después apareció por San Francisco Anga- 
macutiro una nueva gavilla de sublevados, al man- 
do de Juan Bermúdez, Victoriano Ortiz y Casimiro 
Alonso; 3^ hallándose en Puruándiro el Coronel 
Ronda con sus 50 hombres de Guardia Nació 
nal, tuvo aviso de sus exploradores de que las 
chusmas de dichos cabecillas se encontraban en 
dicho pueblo y que probablemente se dirigfírfan á 
Santiago Cong-uripo, por ser allí su cuartel gene- 
ral. Tal noticia trasmite Ronda al Coronel Juan 
Velasco, como Prefecto de aquel Distrito, y en la 
tarde del día 9 de Mayo de 1862, se organiza la ex* 
pedición que debía perseguirlas con infantería y 
caballería con acuerdo de ambos jefes; aquélla al 
mando del Teniente Coronel Feliciano García, y 
toda la fuerza de las armas iadicadas á las órdenes 
del Coronel Ronda, con la cual salieron al día si- 
guiente con direción á Santiago. 

Una vez avistada la tropa del Gobierno en aque- 
lla población, los pronunciados se disponen al com- 
bate y en él fueron derrotadas las gavillas, al pie 
del cerro del Comalillo, quedando muerto en el 
campo de la lucha el cabecilla Juan Bermúdez y 
los demás en dispersión, lo mismo que la tropa; re- 
sultando de ese hecho de armas algunos muertos 
y heridos, así de los sublevados como del Gobier- 
no; y en cuanto á los pronunciados de Caurio que 
allí concurrieron, mandados por su jefe (á) Palitos, 
no se dejaron ver en el campo del combate, en vir- 
tud de haberse ocultado en los momentos supre- 
mos, en los bosques inmediatos al río de Santiago, 
levantándose el campo por las tropas del Gobierno, 






-299- 
la tarde del día 10 de Mayo de 1872, fecha en que 
tuvo lugar tal hecho de armas. 

El cabecilla Salvador Zavala, apareció de nue- 
vo por Tiristarán con su gavilla, y luego se le 
mandó perseguir, empeñándose una ligera escara- 
muza en San Bernabé, derrotándole por completo 
la fuerza que mandaba, quedando muerto Zavala 
lo mismo que algunos individuos de la gavilla; ocu- 
rrencia que tuvo lugar en fines de Mayo del aflo 
de 1872. 



Con aviso de que por Nahuatzen y en la sierra 
de ese municipio permanecía aún el sublevado Vi- 
cente López con su gavilla merodeando por aque- 
llos rumbos, se destacó en su persecución una par- 
tida de 40 hombres montados, á las órdenes del 
Mayor Francisco Ramos, vecino que fué de Coe- 
neo. 

Dicho jefe después de destruir la gavilla, median- 
te algunos días de persecución, tomó prisionero^ 
en el Distrito de Uruapan al referido cabecilla, Vi- 
cente López, y por temor.de una fuga lo puso en 
Tingambato, á disposición de aquella autoridad, 
quien lo remitió después á la cabecera del Distrito 
respectivo, y la fuerza aprehensora con su jefe 
Ramos, regresaba á Pátzcuaro donde se encontra- 
ba entonces el centro de operaciones, ante el cual 
se proponía rendir -cuenta de sus actos en la expe- 
dición que se le encomendó; y yendo en marcha 
con aquél fin, descargó sobre el camino que lleva- 
ba una fuerte tempestad que bien molestó á la tro- 
pa, y sobre el jefe una corriente eléctrica^ que le 
dejó sin vida, mandándosele llevar por el Cí^pítán 
de la compañía Bonifacio Ronda, á un puebloMn- 
mediato, en donde se le aplicaron las medicinas 
que estuvieron á la mano, para reponerle un tanto, 
pero todo fué inútil; porque dicho Mayor estaba 



—300- 
sin vida y en consecuencia, al sigfuiente día se man- 
dó sepultar su cadáver, después de algfunas dili- 
gencias practicadas por la autoridad de aquel pue- 
blo, á petición del Capitán Ronda, quien condujo á 
Pátzcuaro los 40 hombres de su compañía y puso 
á disposición de su hermano el Coronel Ronda. 

Al siguiente día le rindió informe de todos los 
antecedentes ocurridos en esa expecición tan fatal, 
entregándole las constancias de la autoridad i es- 
pecto de la muerte del Mayor Ramos y de su en- 
tierro. 

Parece que con motivo de la persecución de los 
sublevados y del sentido fallecimiento del Presiden- 
te de la República ciudadano Lie. Benito Juárez, 
desapareció el pretexto y las gavillas terminaron 
por completo* 

Los 50 hombres que mandaba el Coronel Ronda, 
procedentes de la Guardia Nacional, regresaron á 
sus localidades, y los soldados del 11 que estuvie- 
ron á las órdenes del General Garnica en Agosto 
de 1872, quedaron á disposición del Coronel Gó- 
mez, volviendo con ese motivo aquellos jefes á los 
goces de la vida privada. 

En las diferentes sorpresas que tuvieron los su- 
blevados de aquella época por Bellas Fuentes, al 
mando del Coronel Juan Cervín de la Mora, murió 
este jefe, en un alcance que las tropas del Gobier- 
no á las órdenes del Coronel José Dolores Vargas 
dieron A sus soldados, en el paraje de la Vi nata, á 
inmediaciones de la propia hacienda, como defen- 
sores del plan de San Luis, en 1872. 

Mediante las distintas revueltas de que se viene 
hablando, también el Coronel Diódoro Corella, es- 
tuvo en Coeneo de destacamento con una fuerza 
federal, persiguiendo á los sublevados de aquella 
época, situándose en esa Villa á fin de hacer más 
eficaz )a persecución de aquéllos, en las montañas 
inmediatas: donde tenían sus madrigueras. 



—301— 
Al trascurso del año antes indicado, el General 
Díaz por conducto de su comisionado el Coronel 
Apolinar Quesada, invita por recado escrito al de 
igual categoría Eugenio Ronda para que secunda- 
se en Michoacán el plan de San Luis, que se le dio 
á conocer por el mismo comisionado. Ronda se 
impone de los pliegos presentados y se niega á la 
solicitud de aquel General, apoyándose en razones 
de alta consideración, que tal vez recibiría mal ese 
jefe superior, pero que sin embargo era preciso ha- 
cerlo así, contestándole á su invitación por el mis- 
mo conducto de su apreciable comisionado Sr, Que- 
sada. 



i 






^éfrtima ij úUinin ép^m. 



a m iK 



3e organiza nueva expedición para per- 

segvxir a lo» stjit>levaciQs en contra de 

la Administración^ del Sr. Lerdo 

deTejada, en 1876. 



^ ■■■ 1 ' < 



En 1876 tuvo lugar la sublevación que el pueblo 
tanto conoce, en contra del Presidente Lerdo, quien 
al abandonar^ la Capital déla República, con ese 
motivo toca dé tránsito á Moreíia,; en Diciembre 
decano citado, d\ drijirse al Sur de MicHó'acán con 
una parte de su g-abinete. Éh esa expedición le ha- 
ce compañía él Genéi'ál Regules con las fuerzas del 
Estado hasta el paso del Río. dé las Balsas, de dón- 
de se ít mandó regterar á la Capital déi mismo, 
así como á la acordada de Erongarícuaí^o que en- 
tonces'máridaba ia autoridad política de; aquel lu- 
gar, coa cuya fuerza; perseguía de orden Superior 
las gaviflíis sublevadas, que merodeaba^ por aquel 
ruirlbo. . • 



-304- 

Con la referida acordada que mandaba el que 
esto escribe, se presentó en Morelia á aquella au- 
toridad militar que desempeñaba el Ministerio de 
la Guerra, Sr. Escobedo, ofreciendo sus servicios 
por ese respetable conducto, al Sr. Lerdo» los cua, 
les fueron aceptados, dándosele luego alojamiento- 
recursos y órdenes para el día siguiente. 
^ El 8o Regimiento que es á las órdenes aún del 
General Epifanio Reyes y un cuerpo de infantería 
que mandaba el Coronel Preciado que también 
acompañó al Presidente, se mandaron volver de 
Tacámbaro por Ario, en donde encontró y atacó 
Re3xs en la plaza de aquel lugar, á los sublevados 
que el público les dio la denominación de **Criste- 
ros.» por haberse pronunciado en defensa de reli- 
gión y fueros, quedando derrotados completamen- 
te. A esji hecho de armas auxilió eficazmente el 
Teniente Coronel Arcadio Zepeda^ que en la car- 
ga del mesón que ocupaba el enemigo, se les vio 
en un llano^ como suele decirse, al salir librado de 
un peligro, al haberle matado el caballo que 
montaba, cogiéndole una pierna debajo, auxilian- 
dolé para desprenderle de la cabalgadura muerta 
algunos compañeros, y tanto Zepeda como el Co - 
ronel Garibay, vecino de Ario, y otros ciudadanos, 
acompañaban al Sr, Lerdo. , j 

Dicho Regimiento contra marcnó al siguiente día 
para Morelia, á donde llegó en' circunstancias en 
que dominaba una agitación política, incapaz de 
definirse, supuesto que, en un solo día se cambia- 
ron en Míchoacáh más de seis Gobernadores y en 
que algunos sublevados al Gobierno del mismo Es- 
tado, con pistola amartillada en mano se negaron 
á obedecer las ordene? de sus superiores, según se 
vio en el Palacio de Gobierno del propio Estado, 
entre el Mayor de Artillería Martiniano León y el 
General Huerta, que fué desobedecido del jefe en 
acto del servicio, falta de subordinación bien ¿fra- 



— 305-- 
ve por cierto, que quedó impune por razón de las 
mismas circunstancias. 

De regreso á la Capital de Michoacán las tropas 
de ese Estado que acompañaron al Sr. Lerdo has- 
ta el Río de las Balsas, á las órdenes del General 
Regules, al pasar con ellos por las lomas de San 
José, fué sorprendido por las gavillas de Domingo 
Juárez, quedando enteramente derrotado y prisio- 
nero. La fuerza fué desarmada, lo mismo que los 
oficiales, que también quedaran capturados, remi- 
tiéndoles á Pátzcuaro. á cuya localidad entró en- 
medio de la rechifla del populacho, de insultos y 
tropelías que con él se cometieron, poniéndosele 
luego en capilla, para fusilarlo al siguiente día; pe- 
ro que, empeñándose por la vida del Genei al el co* 
mercio de Pátzcuaro. se concedió fuese conmutada 
la pena de muerte impuesta á ese jefe por Domin- 
go Juárez, dándose á éste bandido 11,000 pesos 
que pidió por su libertad. Dicha suma reunieron 
los españoles residentes en aquella ciudad asocia- 
dos con el comercio, y entregaron al cabecilla. 
quien desde luego mandó se pusiera en libertad ál 
General, después de haber sufrido de la canalla 
patzcuarence, frecuentes y groseras amenazas con- 
tra su vida, no obstante estar encapillado. 

Sin embargo de haberse librado orden de li- 
bertad para el General, ésta no tuvo efecto, por- 
que al siguiente día que debió obtenerla, se le re- 
mitió á Morelia en calidad de preso, á disposición 
del General Florencio Antillón, que entonces ocu- 
paba con sus fuerzas aquella plaza, hasta que al fin 
allí se le dejó completamente libre síii exigirle co- 
sa alguna, gozando de la misma franquicia sus su- 
balternos detenidos, pero despojados de cabalga- 
duras, armas y prendas. Pero hay del Pindó y su 
familia, porque á los pocos meses de esa ocurren- 
cia fué fusilado Domingo, cambiándose así los pa- 
peles, en los parajes de Capula y así pagó con usu^ 

39 



r 



-SOC- 
HI lii mal contraida deuda, de los 11,000 pesos, en- 
contrándose actualmente Regules avecindado en 
Tacubaya. 

La acordada del Distrito de Pátzcuaro que acom- 
pañó al Sr. Lerdo, se mandó volver á su localidad 
dándose las gracias al jefe de ella, por la oíiciosi- 
dad de sus servicios, regresando también para Mo- 
relia la infantería que mandaba el Coronel Precia- 
, do» y los vecinos que hicieron compañía al Presi- 
dente caído^ á las localidades respectivas. 

De los cabecillas sublevados en contra de las 
dos administraciones de que se \áene tratando, han 
fallecido la mayor parte de ellos, inclusive Vicente 
López que fué fusilado en Uruapan por la autori- 
dad competente; y en cuanto á los jefes que los 
perseguían sólo viven dos. 



En dicha época el cabecilla »»cristero*' PeJro Gon- 
záleZj de la municipalidad de Coefteo, sorprendió 
al Coronel Don Rafael Arias, que vivía pacífico en 
el rancho del Cortijo» tomándole prisionero bajo el 
pretexto de ser enemigo de su causa y conducién- 
dole á Comanja, en Marzo de 1876 Una vez en 
aquel pueblo, González hace cargos á su prisione- 
ro, siendo el principal el de estar comisionado por 
el Gobierno del Estado para perseguirle. Arias 
contesta á ese cargo bastante molestado, diciendo: 
'*Pedrillo, bien se conoce que eres un mocoso im- 
bécil, porque no has comprendido que, si yo tuvie- 
ra tal comisión, pocos de ustedes existirían á la fe- 
cha, puesto qucr mucho sé cómo se persigue á los 
bandidos*" A esto contestó el cabecilla: ^'pues 
bien, por sí ó nó* prevéngase tío, porque allí en el 
cementerio que tenemos á la vista lo voy á man- 
dar fusilar, como enemigo de la causa que defien- 
do.^ El preso replicó: i»Nada me importa, abusa 



-307- 
de la fuerza como quieras y has lo que te parezca^ 
pero no me digas tío, porque ni parientes somos y 
ten entendido que estoy curado de espanto; ya Ule 
conoces, mas si te empeñas en asesinarme por su- 
ponerrñe comisionado del Gobierno para perseg*uir 
á los tuyos, ó enemigo de tu causa, no tardaré mu- 
cho en ser vengado, bien sea que los mismos de tu 
gremio te den la muerte, ó que por otra causa ten- 
gas una muerte desastrosa." 

El bandido González oyó con desdén esa predic- 
ción y sin escuchar razones de su gente, ni atender 
á las observaciones del cura Don Hilario Castro,^ 
que se encontraba ese día en Comanja confesando 
á sus feligreses por estar en cuaresma, 3'' que tan- 
to intercedió por el Coronel Arias para salvarle la 
vida, no fué dable hacer desistir de su propósito al 
cabecilla que se obstinó en él, ordenando sin pie- 
dad á sus soldados se le fusilara luego, y en tan 
terrible trance fué auxiliado el Coronel por el mis- 
mo cura Castro; dándosele sepultura al cadáver, 
en el mismo cementerio, en que se fusiló, perdien- 
do así el país un patriota honrado, valiente y fiel 
servidor que fué del partido liberal; cuya muerte 
se lamentó entibe sus compañeros y amigos. 

Ese infame procedimiento obedeció al temor que 
el bandido tenía de que el Coronel Arias fuese co- 
misionado de un día á otro por el Gobierno del Es- 
tado para hacer la persecución de las gavillas «cris- 
teras,> según lo deseaban aquellos pueblos, y an- 
tes procuró González dar fin á la existencia de 
aquel pacífico ciudadano. 

No tardó muclio en cumplirse lo que vaticinó el 
Coronel Arias, al bandido González, pocos momén- 
tos antes de ser asesinado, porque como á los cua- 
tro meses de aquel suceso^ perseguido tal cabecilla 
por las tropas del Gobierno en terrenos de la ha- 
cienda de Zipimeo, se le dio alcance con una fuer- 
za del Distrito de Puruándiró y al salvar un por* 



-308- 
tillo de una cerca doble para poder escapar, se le 
encabritó el caballo que montaba y en cuyo movi- 
miento se le disparó la pistola que llevaba al cinto 
atravesándole el abdomen el proyectil, quedimdo 
muerto en el acto» la gfavilla en dispersión y el ca- 
ballo del bandido, con silla y armas en poder de 
sus perseguidores, así como el cadáver recogido y 
sepultado debidamente. 

Si en efecto el Coronel Arias hubiera tenido la 
autorización del Gobierno para perseguir las g^avi- 
lias de aquella época, como suponía González, de 
seguro que cualquiera de ellas en que se hubiera 
fijado, habría tenido que concluir al total y lo mis- 
mo seguiría sucediendo con las demás, hasta su 
término, pues ese jefe era activo, valiente hasta la 
temeridad, conocedor del terreno y ágil en el ca- 
ballo, sin que le estorbara el peso de los años. 



En la fecha de que se viene hablando gobernó 
él Estado de Michoacán el Lie. Don Rafael Carri- 
llo, siendo su Secretario oficial el Sr. Aristeo Mer- 
cado, quien más tarde sirvió provisoinalmente el 
Gobierno del mismo Estado que,^ después de al- 
gunos meses pasó de nuevo á cargo de aquel Sr. 
por'estar ya restablecido de los males que adole- 
cía. 



Los ««plateados»» en los Estados de Hidalgo y 
Morelos en 1858, fecha de la guerra de reforma, y 
llamados ucristeros»» en Michoacán, pronunciados 
por religión y fueros, en 1868, en contra del Go- 
bierno legítimo del país, parece que se educaron 
en una misma escuela, porque tanto aquéllos co- 
mo éstos, en sus respectivas épocas, causaron á la 
:sociedad perjuicios y trastornos, de suprema gra- 



-309— 
vedad, pero afortunadamente concluyeron esas ca 
lamidades. 

Por último viene el plan de Tuxtepec en triunfo, 
en Noviembre de 1876, á poner fin á los escándalos 
de otros tiempos, iniciándose <iesde luegfo el ad- 
venimiento del deseado bien de la paz, establecida 
ya en la República. 



En la época en que se cierran estos verídicos 
apuntes, tomados de buenas fuentes, experimenta- 
mos la mayor complacencia y nos sentimos anima- 
dos del más legítimo orgullo, al felicitará nuestros 
compatriotas por el verdadero triunfo que han ob- 
tenido nuestros principios, después de más de me- 
dio siglo de constante y terrible lucha, en la que 
se ha derramado tanta y tan benemérita sangre 

La abnegación y el patriotismo de los hijos de 
México, han alcanzado por premio el absoluto 
triunfo de la causa de la Democracia, y A cuya 
deidad la sangre de sus ilustres mártires, han coro- 
nado con el glorioso é inmarcesible lauro de ki paz. 

Desapareciendo los motivos y revueltas que te- 
nían origen en pretensiones ambiciosas, siempre 
exageradas; y el fragor de los combates ha sido 
substituido por el simpático y arrullador ruido del 
Progreso que presta todo su poderoso influjo á la 
industria y al comercio. 

El Progreso ha inscrito el nombre de la Repúbli- 
ca Mexicana en el lugar que le corresponde en el 
gran libro de las naciones civilizadas; y la Demo- 
cracia ha hecho saber al mundo que los mexicanos, 
no reconociendo superioridad alguna en las diver- 
sas razas que pueblan nuestro globo, no serán ja- 
más el ludibrio de ningún déspota de la tierra, 

¡Loor eterno á nuestros compatriotas que para 
siempre afianzaron la Independencia Nacional! 



-310- 
A los que hemos presenciado tanta gloria des- 
pués de tantos sacrificios, solo nos queda, al bajar 
á la tumba, el sincero deseo de que nuestros póste- 
ros sepan aprovechar tan costosa y esclarecida he- 
rencia. 






Quedan concluidos y cerrados estos apuntes, hoy 
4 de Enero de 1895, y en consecuoncia pueden sa- 
carse las copias que se necesiten. 

Es copia de los antecedentes militares que con- 
serva el que suscribe, quien tiene el honor de de- 
dicarlos al Gobierno de Michoacan, contribuyendo 
con este trab^ijo á la formación de la historia espe- 
cial de dicho Estado, siempre que alguna vez haya 
quien se ocupe de ello, conpio es de esperarse 
de sus ilustrados Gobernantes y buenos patrio- 
tas que en la época de la intervención france- 
sa prestaron tan eminentes servicios á la Repú- 
blica< Tal vez el servicio á que rae refiero sea el 
último que consagro á esa Entidad federativa, con 
motivo de mi avanzada edad, ocupando la mayor 

Í)arte de ella en el servicio de la patria y de las re- 
brmas, encontrando satisfacción por ello como hi- 
jo de Michoacán. 

México, Mayo 17 de 1899. 



&: 



►^^- 



^ÍNDICE^ 

de los episodios militares y hechos patrióticos de 
que trata este volumen. 






Primera época. 

Págiaa, 

El General Juan José Codallos 9 

En 1834, el General Gordiano Guzmán 17 

Pronunciamiento de Angón 21 

El General Isidro Reyes 21 

Los jefes pronunciados en Tacámbaro 26 

Don Eustaquio Arias se pronuncia en 1837. . . _ 27 

El mismo en Diciembre de 1839 32 

El Coronel Manuel Vélez, en Febrero de 1838. ; 34 

Segunda época. 

El General Gordiano Guzmán, en Mayo de 1828, 37 

Coronel Rafael DegoUádo 44 

Tercera época. 

indulto del Mayor Juan Flt^res 50 

El Coronel Francisco Ronda , 51 

Coronel Manuel Vélez 59 



-312— ' 

En una visita del General Galindo á Taretan. . 61 ¡^ 

El Coronel Vélez también se indulta 62 ? 

Coarta época. 

Procedimientos abusivos del General Ángel 

Guzmán , 65 

Mientras pasaban los acontecimientos 69 

Priparaíivús para combatir al invasor Ameri- 
cano. 

En esa intelififencia los Estados 71 

Movimiento de tropas en la Capital 73 

Es comunicada al Ejército la orden de marcha . 74 

El bizarro cuerpo de Matamoros 82 

El General Ángel Guzmán 83 

El joven presbítero Celedonio de Jarauta ...... 8a 

Otra vez el General Ángel Guzmán ' 86 

< Plan de Jalisco, 

La hermosa Guadalajara 88 

Después de algunos días 89 

Restiltado de mía circular. 

En 1853. siendo Prefecto de Pátzcuaro Don Vi- 
cente Franco 90 



Movimiento revolucionario del plan de Ayutla, 
En 1854 es secundado en Michoacán 90 

El Escuadrón de Panzacola, 
El Coronel Eduwiges Martínez. , 91 

Guerrilla de Erongaricunro. 
El guerrillero Erasmo Orozco -. 92 



\ 



-313- 

^ / Página-, 

El General Gordiano Guzmán visita al General 
Juan Alvarez, 

El General Gordiano 92 

Los movimientos de Jalisco y Ayutla 97 

A taque y ocupación de la plaza de Hícetamo, 

No se hizo esperar mucho el día 98 

Sin embargo de las ocurrencias 99 

A pocos días se tuvo otro encuentro 99 

No tardó mucho en tenerse otro 100 

La plaza de la ciudad de Uruapan 100 

La plaza de la villa de Taretan 101 

Otro hecho de armas á orillas de Paracho 102 

En uno de los primeros días de -Agosto ... . 102 

En una expedición de las fuerzas liberales 103 

La plaza de Tamazula, Jalisco , 104 

La plaza del Valle de Santiago 105 

A las 10 de la mañana del 23 de Noviembre. ... 106 

En 8 de Diciembre la plaza de Chilchota 110 

Muerte de un grerrillero. 

Ocurrencias en Enero de 1855 — , . 110 

Después de 6 meses 115 

En Febrero de 1855 el General Epitacio Huer- 
ta.. 115 

También se mandó por el mismo una expedi- 
ción 117 

Los prófugos de Chápala. 117 

La plaza de Puruándiro se atacó y tomó. . . . . ¿ . 118 
De paso por la ciudad de Uruapan el General 

Compnfort •. 125 

Algunos de los dispersos en las montañas. . ... 131 

En vista de lo ocurrido en la sierra de San Juan. 132 

Concluidas algunas correrías , 132 

Elecciones para los Poderes de Michoacán 134 

Los Coroneles Ratael Arias y Rafael Garnica. . 135 
Conviene hacer mención honorífica de un insur- 
gente 136 

40 



( 



-314- ^ 

Página. 

Golpe de Estado del General Ignacio Covionfort, 

Con motivo del golpe de Estado del Presidente 

Comoníort 140 

Pasada la batalla de Salamanca 140 

Quinta «poca. 

Guerra de tres' años. 

La guerra de tres afios se inició en Michoacán. 143 

La ciudad de Morella en esa época 144 

Más tarde aparece en Acámbaro el General Már- 
quez 144 

La plaza de Ixtlahuaca^ Estado de México 146 

La ciudad de Zamora 147 

La plaza de Guadalajara fué ocupada 149 

En Noviembre de 1860 el reaccionario Francis- . 

co García 150 

Los Coroneles José Trinidad y José Troncoso. . 153 

Derruía del General Miguel Miramén. 

El 22 de Diciembre de 1869. el General Gonzá- 

¡es Ortega . _ 153 

En toda la campafla^ de que se viene tratando. . 156 
Al trascurso de algunos días sale de la capital. 156 
Después de la derrota de las tropas de Már- 
quez 156 

Aprehensión y fusilamiento del Sr. Ocampo. 

En r de Junio de 1861 157 

Por disposición de la Secretaría de Guerra y 
Marina sale de Morelia el General Huerta, el 
13 de Febrero de 1862 158 

Persecución á los amarillos. 

El Gobierno de Michoacán '. 159 

Los lanceros de la Libertad 160 



—315— 

Página. 

En la época en que el Gobierno del Estado es- 
tuvo en Uruapan^ 162 

Ingreso de algunas familias al Estado de Mi- 
choacán. 

Próximas las fuerzas imperialistas á ocupar al- 
gunas ciudades de la República 162 

Sajela época. 

Violacim de los preliminares de la Soledad. 

Después de haberse devuelto de las aguas de 

Veracruz 1 65 

Pasados los acontecimientos citados 166 

El Gobierno de Michoacán recibió con beneplá- 
cito las fuerzas Republicanas 166 

En acatamiento á lá orden que antecede 167 

Al ser ocupada la plaza de Mórelia 167 

Movimiento revolucionario en favor de la le- 
galidad. 

El Capitán Rosendo Márquez 172 

El Mayor de caballería Miguel Ordorica. 176 

Ataque á la plaza de Morelia. 

Algunos días después de los acontecimientos,. 178 

Se abre la campaña en Michoacaiu 

Desde esa memorable fecha 179 

Siguiendo los movimientos del Mayor Márquez . 180 

Ppr Febrero de 1864, el Coronel Juaft Cervin ... 184 
Eft fines del mes y afio antes citado, el General 

Arteaga 184 

CoD^ motivo de una inconsecuencia 1 85 

Acordada por el Coronel Ronda una expedición, 186 

La plaza de Coeneo ...... 188 

En Marzo de 1864, el Mayor Ronda. 183 



—316- 

Página. 

Trascurridos algunos días y desórdenes de ellos 189 

Las fuerzas republicanas. 191 

El Coronel Ronda tuvo á sus órdenes 194 

Estando la fuerza del Coranel Ronda 195 

De paso la tropa de Ronda por el llano del Cua- 
tro ...,,, 196 

Encuentro con imperialistas á inmediaciones de 

Huango , 196 

En Julio de 1864 se eecontraba la tropa de Ron- 
da en Zacapu 196 

El traidor Coronel Santa Cruz 197 

Dando principio el Coronel á las expediciones 

indicadas 198 ' 

El Coronel Resalió Elizondo 199 

Acometida la plaza de Pátzcuaro 200 

En las primeras expediciones de las tropas fran- 
cesas . , _ 200 

El General en Jefe del Ejército del Centro José 

María Arteaga 200 

Después de algunos días llega á Tacámbaro. . . 201 
Encuentro con fuerzas imperialistas en el Teste- 
razo 201 

Perseguido el GraL Regules por imperialistas . . 201 
En Febrero de 1865 et General Regules se acer- 
ca á Zamora 203 

En el período antes referido prestaron sus ser- 
vicios 204 

La plaza de Tare tan cubierta por imperialistas. 204 

Episodio sensacionaL 

Una parte del Ejército del Centro á las órdenes 

del General Salazar 206 

La plaza de los Reyes que cubría el General 

Saiazar.,., 207 

El Capitán Ramón Macías 208 

En 18 de Febrero de 1865 es ocupada la plaza 

de Quiroga 209 

El ciudadano Primo Serranía 212 

Al ser ocupada la plaza de Quiroga por impe- . 

rialístas , 213 



^ 



-317- 

Página. 

El ciudadano Agustín García Real 214 

De paso por el pueblo de Erongfarícuaro el Co- 
ronel Ronda 214 

El ciudadano Martín Mercado 215 

En Febrero de 1865 en una expedición del Co- 
ronel Ronda 215 

En Marzo de 1865 el Coronel guerrillero Flo- 
rentino Mercado 215 

Encuentro en la hacienda de Chapultepec 216 

El Capitán Rafael García Jaso 217 . 

En Marzo de 1865 de tránsito la fuerza de Ron- 
da.. 217 

En dicha época el republicano guerrillero Ver- 

duzco 217 

Ataque y ocupación de la plaza de Cuitzeo de 

la Laguna 219 

El relacionado General persiguió y atacó la 

fuerza 219 

Pasados los hechos de armas de Cuitzeo 219 

Encuentro con franceses y traidores. . . • 219 

El Mayor Norberto Salgado 220 

Ataque y ocupación de la plaza de la Ciudad 

de Tacámbaro, 

Al aproximarse las tropas republicanas 221 

Canje de prisioneros» 

Negociado ese canje con más anterioridad 228 

Al defeccionar el General Juan Caamafio 231 

Mandado llamar á Uruapan el Coronel Ronda. 232 

Después de los diferentes contratiempos . . 234 

En la misma época de que se viene hablando . . 235 
Al siguiente día de haber regresado el comisio- 
nado 236 

Otro episodio de sensación. 

De tránsito por el memorable llano de las Es- 
cobillas 237 



—318- 

Pág'ina. 

El Mayor Pedro Enriquez Bravo 240 

Los exploradores que sirvieron en la Brigada 

Ronda 240 

Con motivo de la defección del General Juan 

Caamaño 241 

El General Manuel García Pueblita 242 

Dejó de ser Gobernador de Michoacán el Gene- 
ral Riva Palacio 143 

Después del restablecimiento de la República, 
el citado General Riva Palacio, se radicó en 
México, ocupándola casa número 11 déla 

calle de Donceles 244 

Los dos soldados Argelinos 244 

En Septiembre de 1865, el cuartel general del 

Ejército del Centro 245 

El repetido General Riva Palacio con su carác- 
ter de Gobernador 250 

El propio General en virtud de lo acordado 251 

En algunos hechos de armas 252 

En cuanto á la fuerza del General Regules 253 

Atacó y tomó el mismo General la plaza de An- 

gangueo 254 

Lo mismo hizo el 26 de dicho mes con la del 
pueblo de Temascaltepec, resultando herido 

ese jefe . , 254 

Encuentro de franceses y traidores, en «Loma 

Blanca" 255 

Otro en el paraje de la Yerbabuena, con los Re- 
publicanos del Coronel Ronda 255 

En Febrero de 1866, fecha en que el cuartel 
general dispuso se avanzara sobre los traído- 

res 255 

Desastre de Tengüecho 257 

Un cuadro de jefes y oficiales 258 

Nombrado el Coronel Villada Comandante Mili- 
tar de los departamentos de Uruapan y Za- 
mora ,;.......... - 261 

No obstante los productos de la recaudación. . . 264 
-Con la concesión abites indicada hecha por el 

cuartel general • . 267 

La mafiana del 19 de Abril de 1866 , 268 



—319- 

Página. 

Asalto á las fuerzas del General Vera Quintana 270 
En 7 de Septienibre de 1866, encontrándose el 

General Regules 271 

El mismo General Regules, después de las ocu- 
rrencias 272 

En 14 de Octubre de 1866, el Coronel Villada . . 272 
En 26 de Octubre de 1866, de tránsito el Coro- 
nel Bravo.. 275 

De paso por Quiroga el traidor Méndez 278 

Las fuerzas imperialistas de Zamora 278 

Ataque y ocupación de la plaza de Pátzcuaro, 

La ciudad dé Pátze^aro ., 279 

Pasados los acontecimientos antes indicados. . 2S7 
Persecución y derrota del General Márquez. . . 288 

Ocupación de la plaza de Quéretaro el 15 de 
Mayo de 1867. 

Después de cirrco años, seis meses catorce días . 292 
El Lie. Coronel Justo Mendoza 293 

Persecueión de los sublevados contra el Bene- 
mérito Juárez, 

Comisionado el General Coronel Pablo Gómez. 296 
Séptima V ultima época. 

Se organiza nueva expedición para perseguir á los su- 
blevados en contra de la Administración Lerdo, 

En 1876 tuvo lugar la sublevación en contra del 
Presidente Sr. Lerdo , 303 

En la época en que se cierran estos verídicos 
apuntes 309 



■•«■«- 



Para inteligencia del lector, es adjunto á este ejemplar 
una copia reproducida del plano levantado con motivo 
del sitio y ocupación de la plaza de Querétaro, verificada el 
15 de Mayo de 1867, por el Sr. General Mariano Escobe- 
do, quedando el original en la Secretaría del Gobierno del 
Estado de Michoacán, como un obsequio á su representan* 
te, por haberlo adquirido el autor de estos apuntes como un 
distinguido regalo, verificado en Tacubaya por til mismo 
Sr. General, pocos días antes de su muerte. 



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